12 agosto 2016

El apartamento

Me encontré a mí misma desnuda y tumbada sobre la cama, las nalgas descansando al borde del colchón, las piernas abiertas y los brazos relajados. Frente a mi, arrodillado en el suelo, él se hundía en mi sexo húmedo y deslizaba su lengua por él, serpenteando por mis labios y mi clítoris.

Todo había sido muy rápido, y a pesar de que mi mente se esforzaba en recordar cómo habíamos llegado a aquel punto, lo único que ocupaba mi pensamiento era deseo. Un deseo intenso, demoledor.

Sus manos, que hasta entonces se agarraban a mis caderas, se movieron para agarrar mis pechos. Los pezones reaccionaron erizándose y un suspiro de deleite escapó de mis labios cuando su lengua encontró el punto exacto y empezó a moverse más deprisa.

Acaricié su pelo, me incorporé un poco para ver la magnífica imagen, tantas veces soñada, de su cabeza enterrada entre mis piernas. Mi mente no acababa de creerse que aquello fuera real, pero mi cuerpo permanecía ajeno a mis cábalas y se dejaba llevar por el movimiento suave pero firme de culebra que me empujaba con fuerza hacia el orgasmo.

Sentí mi sexo palpitar, la excitación empapando su barbilla y mis muslos. Contuve el deseo de tenerle dentro y me dejé llevar para disfrutar de aquel momento mágico en el que sólo existía su boca.

06 abril 2014

La tormenta perfecta

El otro día tuve un arranque de inspiración, así que toca un breve paréntesis en la pausa del blog... Espero que os guste.

Mientras me besas deslizo mi mano por tu pecho, acariciando el hueco entre tus pectorales y parándome al sentir el latido de tu corazón en las yemas de mis dedos. Nuestras lenguas enredadas se exploran, y una corriente eléctrica recorre mi espalda. 

Como empujada por un resorte, acerco mis caderas a las tuyas y me fundo en nuestro abrazo. Tu excitación se clava en mi vientre, gimo y me pierdo en el erotismo del momento, en tus manos que me ciñen y me atraen más hacia ti.

El beso se hace más intenso, más febril, sujetas mis piernas y me levantas para que rodee tu cintura con ellas. Prendida de tu cuello, agarrando tu cabeza, me aparto un segundo para mirarte a los ojos y constatar que eres real. Cojo aire y me sumerjo de nuevo en tus besos. La pasión del momento me marea, y ni siquiera soy consciente de que me has llevado a la habitación hasta que me depositas suavemente sobre la cama.

Por un instante todo parece ralentizarse mientras me acaricias sin dejar de besarme, apoyándote ligeramente sobre mí. No tardamos en desnudarnos el uno al otro con prisa por sentir nuestras pieles tocándose.

Quiero besarte, pero me retienes y diriges tu lengua y hacia mi sexo, húmedo ya, arrancándome suspiros de placer que llenan el silencio. Arqueo la espalda y abro más las piernas para recibirte. Mis manos se pierden por tu nuca y tu cuello, debatiéndome entre pedirte que continúes o atraerte y besarte de nuevo. La duda se disipa cuando tus dedos entran en acción y serpentean, volviéndome loca. 

De nuevo vuelves a mi boca. Sabes a mí, y te saboreo, transmitiendo sin palabras lo excitada que estoy. Ahora soy yo la que te tumba en la cama y desciende por tu cuerpo hasta encontrar tu miembro erecto. lo acojo entre mis labios y me deslizo arriba y abajo mientras mis manos recorren tus muslos y tu pene al ritmo que marca mi boca. 

Dedico toda mi atención a la sensación de tenerte en mi boca, a mi lengua jugueteando con tu glande, a los sonidos de deleite que escapan de tu garganta. El mundo se diluye dejando solamente el olor a sexo y a sudor y tus roncos gemidos.

Te deseo tanto que no puedo parar, pero tú tienes otros planes y me paras. Vuelves a tumbarme sobre la cama, y esta vez no esperas, me penetras con firmeza, y al sentirte al fin dentro de mí, mi cuerpo te recibe con ansia y se contrae. 

Nos movemos al unísono, perlas de sudor se forman sobre nuestra piel a medida que el ritmo se incrementa. Es tal el placer que nos resistimos a que termine, y mordemos, arañamos, apretamos, jadeamos intensamente y sin control, como animales desbocados.

Abrazados, susurramos palabras que no saldrán de la habitación ni de nuestras mentes, y cedemos al orgasmo que nos sacude y nos deja rendidos y con una sonrisa en los labios.

11 diciembre 2013

Los mejores deseos

Parece que el blog ha quedado algo abandonado estos últimos meses. No tengo el tiempo que me gustaría tener para actualizarlo y a la vez mantener un mínimo de calidad.

Pero no se me olvida que algunos de vosotros seguís transitando por aquí de vez en cuando, así que os deseo que paséis unas fiestas inolvidables, cargadas de sensualidad y nuevas experiencias, que os invito a contarme con todo lujo de detalles.

Es posible que nos volvamos a ver el año que viene, por ahora no lo sé... aunque siempre que ha habido un parón en este blog, he vuelto con las pilas recargadas, así que no perdáis la esperanza, yo tampoco lo hago.

Muchas gracias por leerme y mil besos sensuales para vuestras noches de insomnio.

Feliz Navidad y próspero 2014

Fotografía de Marc Lagrange


01 agosto 2013

Detenida (Tercera y última parte)

Este relato erótico está basado en una fantasía de una lectora. Aquí podéis ver la primera y la segunda parte.

El agente Beckett la penetró rítmicamente durante un par de minutos, dejando escapar gruñidos de placer y agarrando con fuerza sus nalgas, de forma que ella podía sentir sus dedos clavándose con fuerza en la carne. Hacía ya un rato que no era dueña de si misma ni de su cuerpo, que excitado humedecía el sexo erecto del agente.

Cuando Miller abandonó la oscuridad de detrás del espejo y entró en la habitación, Beckett la agarró del pelo y le giró la cara para que pudiera verle. Se inclinó sobre ella hasta que su cuerpo estuvo pegado a su espalda, y con movimientos firmes condujo su pene a su trasero.

Miller se acercó, pero ni siquiera la tocó, sólo la miró más de cerca, disfrutando con una sonrisa de los gestos con los que ella intentaba disimular su excitación. El agente Beckett empezó a penetrarla por detrás muy despacio, hasta introducir todo su miembro, y antes de moverse, empezó a masturbarla. Le susurraba cosas incomprensibles al oído, frases en un idioma desconocido, y acariciaba su clítoris a la vez que se movía buscando su orgasmo.

Ella no podía evitarlo, la visión de Miller de pie, frente a ella, con el miembro aprisionado en sus pantalones, y las embestidas de Beckett, cada vez más rápidas, fueron más fuertes que su voluntad, y acabó corriéndose mientras se mordía el labio para no gritar. Su orgasmo provocó espasmos que condujeron a Beckett a su propio clímax, derramándose y dejándose caer sobre ella.

Fotografía de angelplace.com

24 julio 2013

Detenida (Segunda Parte)

Aquí podéis leer la primera parte del relato erótico. Está basado en una fantasía que me contó una lectora a través del e-mail, ya sabéis que si tenéis alguna historia o fantasía picante que queréis ver reflejada en el blog, sólo tenéis que contactar conmigo.

El agente Miller notaba su erección empujando los vaqueros mientras observaba a Beckett, su compañero, obligando a la detenida a levantarse y apoyarse contra la mesa de interrogatorios. Ella se revolvía, pero eso sólo conseguía que Beckett se excitara más.

La colocó de forma que su torso y sus pechos quedaban aplastados contra la mesa, las manos esposadas a la espalda, y su culo alzado en pompa, justo a la altura de su miembro completamente duro. Con movimientos rápidos, esposó cada uno de los pies de la chica a las patas de la mesa, y tirando de sus brazos hacia atrás, le levantó la falda, dejando al descubierto el liguero y el tanga, y empezó a masturbarla. Pese a sus gritos ahogados y a sus protestas, pronto comenzó a excitarse: su cuerpo la estaba traicionando.

Durante unos minutos, Beckett intercaló las intensas y duras caricias en su clítoris con las palmadas en el trasero, y a medida que su piel se iba enrojeciendo, ella se debatía entre seguir luchando por liberarse o entregarse sin reservas al placer que sentía. El agente no paraba de decirle cosas soeces, gritándole que se callara, y ella seguía hipnotizada por su propia imagen en el espejo de la sala, intentando imaginar quién podía estar mirando.

Deseó que esa persona tras el cristal fuera un hombre, imaginó que entraba y la obligaba a lamer su miembro, se excitó trazando mentalmente la sensación de un sexo grande y duro en su boca y a Beckett penetrándola con fuerza. Por eso, cuando al fin Beckett la penetró sin previo aviso, lo que salió de su garganta no fue un grito de inconformismo, sino un gemido de placer...

La continuación de la historia, el próximo miércoles 31 de agosto


Imagen de @CoffeTableSex