22 julio 2005

El paso del tiempo

Eran sus ojos derramándose sobre mí, perdiéndose en mi escote. Sus manos disimulando una leve caricia en mi brazo y su boca dibujando un deseo en el aire.

Entonces fue mi imaginación la que paseó por los recónditos lugares de su cuerpo, pellizcando suavemente sus pezones, recorriendo su pecho con mis dedos, inclinándome para sentir sus latidos.

Luego fueron nuestros cuerpos los que se encontraron, sintiendo alientos y descubriendo sensaciones. Sus labios en mi sexo, mis dientes en sus muslos. Placenteros momentos de saliva y besos

Más tarde fuimos un cuerpo, una respiración, ninguna distancia, mil gemidos, muchos arañazos, un universo.

Ahora somos un abrazo complacido y una mirada satisfecha.

Mañana... falta mucho para mañana.

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