29 julio 2005

Promesa

Me prometo a mi misma que esta vez no sucumbiré a tus designios, que no me rendiré a tus labios. Me acerco a ti tranquila y serena, seré dama de hielo inalcanzable, impávida. Someteré tu voluntad para no volver a ser débil ante ti.

Me miras el escote deliciosa y salvajemente; intento no imaginar lo que harás si te permito entrar en mi círculo polar y sigo mi avance entre la gente, acercándome lentamente hacia ti.


Me intentas fundir con tus gestos libidinosos, que ahora fingen encontrar mi cuello en el borde de una botella, pero yo me sigo fingiendo inmune a tus encantos, luchando interiormente para no lanzarme corriendo a tus brazos. Témpano de hielo frente al fuego abrasador de tu cuerpo. Ese fuego que tantas noches ha quemado mi espíritu, que tantas marcas de dientes ha dejado en mi piel, ese fuego que tanto tiempo he acogido en mi seno.


Tu deseo escapa por los poros de tu piel, inundando el ambiente, llegando a mí a pesar del humo de cigarros, del olor nauseabundo a alcohol y marihuana, del ruido infernal de la música cada vez más estridente. Y a ti llega la seguridad de que ha cambiado algo, no sabes muy bien de que se trata, pero tu mente empieza a buscar salidas para evitar el enfrentamiento que temes será arduo e ingrato.


Me miras a los ojos, insinúas con la punta de la lengua un movimiento rozando tus dientes. Y yo, ignorando tu predisposición, sigo avanzando lenta e inexorablemente, reduciendo tu posibilidad de escape, tanteando el terreno, observando tu nerviosismo, descubriendo tu punto flaco.


Te considerabas impertérrito, has resultado ser un corderito con piel de lobo feroz.


Miras a tu alrededor incansable, sin parar tus ojos ni un momento en un lugar concreto, sin fijar tu vista en mi, que te alcanzo y te planto un beso en la boca, impulsivo, desesperado, apasionado, inevitable. Mi lengua invade tu boca con la furia de mil mares, con la impaciencia del que ve llegar su victoria.


Sigues mi juego, no sabes lo que te espera, cojo tu mano y el contacto me recuerda tus caricias. Con firmeza te llevo a la salida. El aire frío nos envuelve y me siento más fuerte, mi corazón late acelerado y la parte baja de mi abdomen empieza a reclamar su turno.

Acerco mi boca a tu oreja y con un susurro apenas garabateado te dejo entrever mis intenciones:

- Prometo portarme bien contigo



No hay comentarios: