19 agosto 2005

Juego


Sonrío mientras cruzo las piernas, decidida. Vas a tener que pagar un peaje.

Te acercas despacio y me besas los dedos de los pies, provocándome cosquillas que suben por el abdomen para estallar en una carcajada loca. Sonríes, cómplice. Estás seguro de ti mismo, conoces tus armas, mis debilidades. Te sabes campeón.

Pero me gusta hacerte creer que no lo conseguirás, y me escondo entre las sábanas, fingiendo con poca credibilidad que no quiero besarte.

Lento y decidido, vienes a buscarme con los labios entreabiertos... siento tu aliento en mi espalda, se eriza el vello de mi cuello, y al juntarse nuestros labios estalla el deseo reprimido sin firmeza.

Nos besamos, arañándote, mordiéndome, luchando con la furia de los amantes. El climax se anuncia con dos gemidos al unísono; llega a tropel, invadiéndonos, y abandonándonos en un segundo.

Nos fundimos en un abrazo húmedo de sudores y placeres escondidos, para recuperarnos, para empezar de nuevo.

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