26 octubre 2005

Mentira

Me refugio en sus brazos, con la furia de quien se sabe vencido. Rendida a ti pero durmiendo en su pecho, la culpa aflorando a mis labios, pronunciando las palabras envenenadas que le alelan y me permiten una escapada más, unos metros más cerca de ti.

Me escapo, evitando sus miradas inquisidoras, murmurando apenas una excusa a medio fraguar. Para acudir corriendo a tu lado, llenarme de caricias prohibidas, de sexo provocativo y dudosamente inocente, de gemidos incontrolados, de mentiras pronunciadas a flor de piel y deseo.

Sabes, sé, sabemos, que esto no nos llevará más allá de la cama de un hostal. Presentimos que esto no es más que la pasión desbocada de dos cuerpos anhelantes.

Pero cuando estoy en tus manos, cuando tembloroso recorres mi vientre camino de mi sexo, cuando al borde del orgasmo me agarro desesperada a tu pelo,... Nada importa, nada existe más allá de nuestros momentos tras la luz de un neón que anuncia habitaciones por horas.

20 octubre 2005

La ducha


Me meto en la ducha y dejo correr el agua ardiendo sobre mi cuerpo. Jabón, espuma, y la suave sensación de mis manos (las tuyas) en mi cuerpo, deslizándose por mi vientre, recorriendo mis muslos húmedos (es tu boca adentrándose en mi sexo impaciente, mordiendo, sorbiendo, derritiéndome, acunando mi deseo).

La música suave sustituye los teléfonos, las visitas imprevistas, las constantes interrupciones... Una mano escapa hacia mis pechos, la otra intensifica el ritmo, sigue firme, controlando y alargando el placer, mi mente vuela entre tus brazos, (mi boca lame tu sexo) te miro con los ojos cerrados y empiezo a sentir como una ola me alcanza, choca contra mí, me desmorona.

Apoyada contra la mampara, rendida y con las piernas temblorosas (llena de ti).

19 octubre 2005

Pecado


Me coge las muñecas, atrapándome con los brazos en alto, y muerde mis pezones. Me gusta a pesar del ligero dolor que me provoca pero no quiero que lo sepa, así que transformo en quejidos los gemidos de placer que escapan de mis labios.

Espero el siguiente paso, su mano recorriendo mi vientre y adentrándose con fuerza en mi sexo húmedo de placer. Aumento mis quejidos y, casi sin querer, me muerdo los labios.

Intento sin muchas ganas oponer resistencia, pero eso parece darle fuerza, y vuelve a morderme los pechos con violencia renovada.

Lento pero imparable se adentra en mí, mojándose con mi deseo, sorbiendo a besos furiosos mi saliva. Ya no reprimo mis gemidos, son inevitables muestras de pasión, atrapada entre sus manos y su sexo, sintiendo con locura creciente sus brutales embestidas.

Y al final, ese intenso instante en que nos diluimos en un orgasmo extraordinario, escapan de nuestras gargantas los gritos felinos de dos animales en celo.