04 noviembre 2005

Curvas Peligrosas

Enloqueces, pierdes la razón al mirarme, me dices que no puedes evitar que tu corazón se dispare cuando me ves llegar, desnudo e insinuante, entre las ligeras cortinas de tu habitación.

Conquistas cada fibra de mi ser, susurrándome al oido que soy el único que roza tu piel, que peligra tu vida al seguir mis curvas con tus dedos, y yo te miro directamente a esos ojos de gata que dominan tu cara, y con una risa suave pronuncio las únicas palabras que soy capaz de enlazar en este momento:

- Para curvas peligrosas, tus caderas.

Y me pierdo en la oscuridad de tus recovecos, y exploro las sendas desconocidas, y te rozo con los labios, y hundo mis dedos en tu sexo húmedo, y giro cada vez más deprisa sobre tu cuerpo, derrapando en cada curva, aferrándome a tu cuello.

Siento deslizarse tus manos por mi pelo, tus gemidos recorren mi espalda, y me arañan con la fuerza de la necesidad. Somos dos, luego uno, soy tu piel, eres mis manos, somos enfermos de amor, contagiados de deseo.

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