22 diciembre 2005

Sorpresa

Inquieta es tu mirada en la noche, invitándome a beberte una vez más. No creas que puedes engañarme, sé que deseas que te agarre y te haga gritar de placer; pero esta vez es diferente, y mientras con tus manos me conduces al lecho noto como el pelo de mi nuca se eriza, anticipándose a mi imaginación; pues mi mente no puede prever la sorpresa que me aguarda entre tus brazos.

Y sin embargo te sigo.

Y te encuentro tumbada boca arriba, entreteniendo tu lengua en el miembro erecto de un chico... tenemos compañía. Me desvisto lentamente, observando alucinado tus vaivenes, tus mordiscos, tus chupadas,... Él se abandona al placer de tener tu cabeza entre sus rodillas, y deja que tus manos le acaricien el trasero mientras se agarra desesperado a tu pelo.

Voy acercándome a la cama, lamiéndote las piernas, acariciando tus rodillas, hundiendo mi lengua y mis dedos en lo más profundo de tu sexo. Tus gemidos ahogados resuenan en la habitación vacía, acercándote cada vez más al orgasmo, arañando su espalda, rodeando mi cabeza con tus piernas, contoneándote como una serpiente, disfrutando de tu momento.

Él no aguanta más y se derrama junto a ti, entre tus gritos de placer. Y yo, cansado de esperar mi turno, invado tu sexo con la furia de un animal, embistiéndote, convirtiendo tus gritos en alaridos, llegando más allá del cielo, más cerca del sol.

Rendidos, abrazados, refugiados en las sábanas húmedas de sexo y sudor. Tres no siempre son multitud.

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15 diciembre 2005

Caricias

Suaves dedos largos que recorren mi espalda.
Húmeda lengua que se adentra en mí.
Lentas manos que exploran lugares recónditos.
Vibrantes susurros que se posan en mi cuello.
Sedosos momentos que transcurren en el hueco de tus labios.
Átame a la vida, al deseo, al placer.
Quémame en el altar de tus manos.
Fúndeme en el infierno de tus labios.
Esclavízame entre tus piernas.
Que quiero saborearte,
recorrerte,
comerte,
lamerte,
tragarte,
morderte.

13 diciembre 2005

Perdición


Me seduces sin piedad, derramando tu cabellera sobre mi espalda mientras me besas suavemente el cuello. El vello de la nuca se me eriza, y un suspiro escapa de mis labios entreabiertos.

Te abrazo y pierdo mis sentidos entre tu pelo, ese al que me agarro fuerte cuando llego al orgasmo, el mismo que roza el interior de mis muslos cuando te dedicas a lamerme el alma, tu arma más poderosa, mi perdición.