23 enero 2006

El duelo

Lo que sigue a continuación se escribió en el bar "Il Tempo" (El molinar - Mallorca), el pasado jueves 19, a eso de la medianoche, mientras escuchábamos un dueto Hardrockero (Black Jack). La inspiración nos llevó a hacer un duelo poético, que ahora transcribo aquí, aprovechando para dar las gracias a los que participaron (Dani, Álvaro y Lourdes). Fue genial.



Un gesto suave,
una mirada intranquila,
hermandad que se transforma,
deseo,
lujuria,
pasión.
Le miro y sus labios me llaman,
me acerco y mis manos tiemblan.
Suavemente me mata,
dulcemente me pierde
su mirada.

Sherezade (Yo misma)


¿Es verdad que las montañas
esconden el nido del Águila?
¡Es verdad que el vuelo del águila
determina la soledad del nido!
Yo quiero estar en la soledad de tu nido
volando con la inquietud del águila
en la soledad de tu nido

El Halcón de Palencia (Álvaro)

La piel de tus pantalones
se ciñe, se confunde
con tus piernas.
Y mi deseo, ardiente, insaciable,
crece y se expande,
acercándose, acariciándote.
Quiero ser cuero

Sherezade

Tal vez el momento sea eterno,
mírame a la cara y dime
que no estamos sino tú y yo,
solos con tu guitarra
en esta habitación.

Lourdes

He nacido en tus labios,
me he perdido en tus ojos,
robándote el fruto
de tu sexo.
Amor,
no existe, es el deseo frustrado
de mi miembro en tus labios.
Pasión,
es lo que ocurre en mi mente,
al intuir tu corazón bajo tus pechos.
Deseo,
es lo que ahora mismo se manifiesta
entre mis piernas.

Sherezade

"Noches"
Noches en soledad
Miedo
Miedo es soledad
¿Porqué?
Porque es duda
duda
dudar no es duda
si dudas en soledad
Miedo, ¿porqué?

El Halcón

¿Por qué lo haces?
¿Por qué me besas con pasión,
mordiéndome con desespero?
Si luego huirás lejos,
dejándome sola con mis dudas y mi miedo.
Mi conciencia martillea
el rincón oscuro de mi mente donde aguardo
que vuelvas a besarme otra vez.

Sherezade

Yo no sé hablar de deseo
¡Quizás, porque no te conocía!
Ahora que te conozco,
a ti deseo,
o a ti desconocida.

El Halcón




02 enero 2006

Deseo


Puedo sentir tu aliento cortante en la nuca, erizándome el vello, quemándome la piel.
Noto en mis muñecas el tacto áspero de las cuerdas que me inmovilizan, obligándome a seguir erguida mientras tú deslizas las manos por mi espalda.
Provocas el miedo, alargando la espera, atrapando el tiempo en este mundo de desesperado erotismo.

Te deseo...

No me obligues a llamarte, no quiero ser la que pierda el juego otra vez. Temo y deseo tu castigo, el momento en que tus dedos se conviertan en garras, ese instante en que te agarras a mi pelo y me obligas a mirarte a los ojos, a suplicarte que me beses, que me muerdas los labios hasta hacerme sangrar.
Te apoderarás de mí, clavándome los dedos en las caderas, poseyéndome con furia desbocada, provocando en cada embestida más dolor y más placer, haciéndome perder el sentido.

Te deseo...

No me obligues a confesarlo, quiero que estos instantes duren para siempre...