02 enero 2006

Deseo


Puedo sentir tu aliento cortante en la nuca, erizándome el vello, quemándome la piel.
Noto en mis muñecas el tacto áspero de las cuerdas que me inmovilizan, obligándome a seguir erguida mientras tú deslizas las manos por mi espalda.
Provocas el miedo, alargando la espera, atrapando el tiempo en este mundo de desesperado erotismo.

Te deseo...

No me obligues a llamarte, no quiero ser la que pierda el juego otra vez. Temo y deseo tu castigo, el momento en que tus dedos se conviertan en garras, ese instante en que te agarras a mi pelo y me obligas a mirarte a los ojos, a suplicarte que me beses, que me muerdas los labios hasta hacerme sangrar.
Te apoderarás de mí, clavándome los dedos en las caderas, poseyéndome con furia desbocada, provocando en cada embestida más dolor y más placer, haciéndome perder el sentido.

Te deseo...

No me obligues a confesarlo, quiero que estos instantes duren para siempre...

3 comentarios:

Sergio dijo...

No hay placer más ardiente
que evitar que pueda arder
ni excitación más extasiante
que la producida por tus cuerdas
que no me dejan ni mover...

Besos.

Anónimo dijo...

Siento y pienso en el vello de tu nuca. Se erizan mis palabras afilando la aguja para tatuarme en tu piel. Puede que no lo logre, pero en el esfuerzo habré rozado el éxtasis.

www.juanbenitez.com

Art_Alegoría dijo...

Calidad