13 diciembre 2007

París, la ciudad del amor... y del sexo




Por una vez, y sin que sirva de precedente, os hablaré un poco de mi vida tras este muro informático.




Recientemente he visitado París, comúnmente conocida por monumentos como la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo y el Louvre; entendida como la ciudad europea del amor y el romanticismo (compitiendo con Venecia). Sus calles enamoran al que la visita, y el idioma es una delicia; no sólo porque es realmente sexy, sino por sus matices, sonoridad,...




Por supuesto, también hay lugar para el sexo "à foison"; concretamente, en la Rue Pigalle.






Se trata de un barrio que hay que visitar de noche, cuando está realmente animado, y como podréis observar por las fotos que hice, está plagado de sex-shops y locales de shows eróticos.




Los precios de entrada a los shows oscilan entre 30 y 50 euros, y son anunciados por empleados del local que intentan convencer a la gente que pasea por el barrio de que entre.




Además de los espectáculos eróticos, podemos disfrutar de un buen rato entrando a los grandiosos sex-shops, donde todas las perversiones encuentran su juguete ideal: consoladores, condones, botas, látigos, cine X, ropa interior, disfraces, máscaras, bolas chinas, juegos, ...




No suelo entrar en este tipo de tiendas, así que no puedo comparar los precios con los de España, pero sí os diré que jamás había visto tanto material, tan diverso y tan original.






Hacia el final de la calle encontramos el famosísimo "Moulin Rouge", reformado a imitación del anterior, y que ofrece, entre otros, el "French Cancan", un espectáculo muy famoso entre los turistas.



Descubriremos también un museo erótico donde podremos ver cosas tan curiosas como una silla para chicas en la que cinco lenguas se turnan para dar placer (parte inferior izquierda de la siguiente foto).



Sólo me queda decir que, si vais a París, no dejéis de pasear por esta calle y ver el ambiente que allí se respira, dejando a vuestra elección si queréis participar (o no) en él.


30 noviembre 2007

Hipnosis


Te voy a hipnotizar...


... tú sólo mira mi ombligo.


Lamento que esta semana no haya publicado nada, pero es que no puedo dar más de mí misma.

20 noviembre 2007

El cliente



Llevé mis manos a la espalda acariciándome la cintura... suave, lentamente, cerní los dedos alrededor del cierre y lo abrí, mientras seguía moviendo mis caderas a breves centímetros de tu cara. Se te notaba, en la incomodidad que suscitaba mi cuerpo semidesnudo, que no eras cliente asiduo; ni de este ni de ningún lugar similar.

Me sujeté los pechos y dejé los tirantes se deslizaran por los hombros al ritmo de mi baile, sin dejar que los pezones asomaran por encima de mis antebrazos.

Cerré los ojos, como siempre, invadida por la música que inundaba el local e impedía cualquier contacto verbal entre bailarina y espectador. Aunque también porque me sentía débil ante miradas como la tuya, inocente y pura, una alma arrastrada al antro donde yo exhibía mi cuerpo, con la voluntad en el corazón de otra mujer, y sin embargo siempre acabáis cayendo en la red del deseo.

Cuando liberé mis pechos frente a ti pude verme reflejada en tus pupilas dilatadas, tus manos se cernieron sobre mi piel, y me miraste suplicante y lujurioso, rogando por un beso.

Una seña mía bastó para que un gorila de dos metros te sacara a empujones del local, perdida ya la voluntad que mantenía impoluta tu alma; captada la esencia del libertinaje. Otro cliente habitual.


Foto de Rafael Robas


Si os aburrís, echadle un vistazo a los resultados de las encuestas, como mínimo, son interesantes y de alguno incluso me atrevería a decir que es revelador...

13 noviembre 2007

Mirada

Me sentí desnuda al advertir tu mirada taladrándome; tus pupilas recorrían mi cuello como si un dedo se deslizase suavemente por él, erizando mi piel. No sólo notaba como si pudieras despojarme de mi ropa clavando tus ojos en mí; supe que también veías mi alma, mis dudas, y por supuesto, la leve excitación que empezaba a sentir humedeciéndome la entrepierna.

Al girarme, descubrí dos pozos oscuros, llenos de deseo y perversión, prometiendo lujurias y pasiones escondidas; ordenándome una rendición sin articular sonido; atándome las muñecas sin mover un sólo músculo.

La curiosidad, ese sentimiento diminuto que crecía en mi interior salvajemente me llevó a acercarme a ti, parándome apenas a dos centímetros de tu cuerpo, esperando sin duda tu muda aprobación; una sonrisa que iluminase tu cara y descubriese tu rostro; me encontré con una mano que se acercó a la mia y la sostuvo un segundo más de lo necesario, un nombre murmullado a media voz, un leve gesto de tu cabeza indicando la salida; tú alejándote de la multitud, esperándome en el umbral; yo siguiendo tu estela, sabiéndome perdida en la lascivia...



30 octubre 2007

Petite mort


Porque esto es exactamente lo que siento cuando decides sumegir tu lengua en mí, porque este vídeo me recuerda la visión de tus cabellos negros entre mis muslos, porque mañana es fiesta y no tengo ganas de escribir, porque, de vez en cuando, me merezco un paréntesis...



Visto en El sexo hiperbólico


22 octubre 2007

Por mi propia voluntad

Pasaste frente a mí y te sentaste en la silla vacía de mi derecha; despacio, permitiéndome observarte detenidamente; disfrutaste de la turbación que provocó el cruce de nuestras miradas cuando terminé de examinarte, y supiste que me gustabas por el rubor que asomó a mis mejillas.

En ese momento empezó un juego en el que sólo tú conocías las reglas; me deseabas, y nada iba a impedirte que me tendiera en tu cama... por mi propia voluntad. Sacaste a relucir tu sonrisa, esa que te marca un hoyuelo encantador, para provocar mi interés, mis ganas conocer el secreto de tus ojos marrones. Dos besos inocentes en la mejilla marcaron el inicio de mi caída.

Tu cuerpo se convirtió en el centro de mi espiral; podía sentir tu presencia cuando aparecías en una fiesta, llamándome, y me lanzaba desesperada en una absurda carrera hacia el breve contacto de nuestros cuerpos al acercar mi pecho al tuyo para el saludo de rigor. Mis manos fueron acostumbrándose a tocarte el antebrazo, el hombro, la rodilla; y con cada avance mi corazón se desbocaba, temerosa de tu reacción. Se alargaron las palabras de cortesía; las sonrisas se hicieron más cómplices, se multiplicaron y llenaron nuestras conversaciones. Y yo seguía sin saber que anhelabas mi cuerpo ansioso, víctima de mi propia ceguera, luchando sin saber muy bien lo que debía evitar.

La primera vez que sentí tu aliento en mi cuello creí que me derretía, un escalofrío recorrió mi columna vertebral y provocó la inmediata reacción de mi sexo; por primera vez, noté la humedad de una manera tangible y terrenal. Seguiste tu camino tras acercar tus labios a mi nuca y depositar un beso tierno y demoledor; me dejaste con ganas de más y una dulce quemazón en la piel.

En un bar rompiste mis barreras y me besaste, entrelazamos nuestras lenguas con la avidez de dos adolescentes, nuestras manos se deslizaron sobre la ropa buscando rincones vedados; te seguí a casa sumida en mi propio interior, percibiendo mi feminidad desatada, enredándonos en cada portal, buscando tus caderas con las mías, inquiriéndote erecto y febril.

Al cruzar el umbral te inmovilicé contra la pared y fui desprendiéndome de la ropa mientras mis labios recorrían tu cuerpo. Mis ojos atravesaron tus pupilas y me dirigí a tu habitación únicamente en ropa interior; sensual y lujuriosa. Segura de mi misma, me tumbé en la cama y gocé al verte acercarte; creyendo conquistarte sin saber que me tenías dónde me querías: en tu cama... por mi propia voluntad.


09 octubre 2007

Esperando

A que me acaricies, suave y turbador
o a que muerdas mis nalgas, febril y provocador.

Mi piel te espera, ansiosa
y mi boca húmeda te anhela.

Arde mi sexo,
se enardece mi deseo.

Intenso, preciso, fervoroso,
un impulso irrefrenable.

Fogosa, libidinosa, lujuriosa,
te espero
.
.
.


Foto estraída del blog
http://tiedgirls.blogspot.com/



24 septiembre 2007

Lectura de poemas



El pasado viernes leí por primera vez mis poemas en público y en voz alta.

Ruego disculpeis que el tema de hoy no sea erótico; pero ante un ataque de narcisismo, he decidido subir los vídeos a Youtube y, lógica e inevitablemente, enlazarlos aquí.



21 septiembre 2007

Placeres tortuosos

Esos tortuosos placeres, las inconfesables fantasías, pesadillas de cuerpos consumidos por la lujuria que asaltaban su mente cuando el día se convertía en noche y le llevaban al borde de la locura.

Bajo la luna, se henchía su imaginación, perdiéndose por bosques oscuros de deseos ardientes. Era su piel fuego incandescente, suavidad que acariciaban las sábanas, ansiosa de caricias que nunca llegaban. Animal, en busca de una pasión que convirtiera su anhelo en una explosión de sensaciones, de pechos turgentes, de muslos húmedos e inquietos, de amantes inagotables.

Se revolvía en el lecho, sudoroso, libidinoso, desenfrenado, indecente, obsceno; hasta que el cansancio rendía al fin sus párpados con el amanecer y le sumía en sueños breves e insuficientes que le dejaban imágenes vagas de mujeres desnudas, la entrepierna melosa y el cuerpo abatido.

10 septiembre 2007

Observada


Te miraba desde lejos, pero a la vez estaba tan cerca que podía sentir cómo tu piel se erizaba al sentirte observada. Inclinaste levemente la cabeza, acariciándote con suavidad el pelo, provocando más de una mirada de deseo. Ajena al mundo que te rodeaba, y a la vez inquieta al no encontrar el motivo de la incomodidad que te invadía.

Algo me decía que tu ropa interior se iba humedeciendo, revelando cuánto te gustaba ser objeto de miradas encubiertas. Lo supe porque te removiste en el asiento, intentando en vano obviar que estabas excitándote. De nada sirvió que escrutases los rostros que te rodeaban, buscando unos ojos fijados en tu cuerpo. Nadie dentro del local te prestaba atención.

Sentí una punzada al ver cómo te humedecías los labios rojos, mordiéndolos ligeramente, y te supuse nerviosa, anhelando evitar la situación pero sin querer que terminase. Te imaginé desnuda en mi cama, rendida tu cabellera roja sobre mi almohada, erectos los pezones y ansioso el sexo, invitándome a adentrarme en él. Adiviné tus curvas desnudas, la morbidez de tus caderas, la docilidad de tus suspiros. Me olvidé de observarte, me zambullí en mis pensamientos, y al despertar de mi letargo, habías abandonado el bar.

No te vi marchar y no pude buscarte, pero quedó en el aire el fragante olor de tu perfume.


05 septiembre 2007

Shakira - Las de la intuición

Después de ver este vídeo, a uno le entran ganas de ponerse a jugar con cueros y falditas; aparte de ser una clara invitación sexual (incluso me atrevería a decir que se acerca perversamente a la sumisión); me parece muy fetichista, y para corroborarlo, busco en el diccionario de la Rae la definición de esta palabrita:

fetichismo.

1. m. Culto de los fetiches.

2. m. Idolatría, veneración excesiva.

3. m. Psicol. Desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo.


Ampliando el círculo:

fetiche.

(Del fr. fétiche).

1. m. Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.


Hay una cierta tendencia a pensar que el fetichismo se refiere únicamente a los pies, los tacones, las botas de cuero,... Está claro que es una premisa completamente falsa. Todos somos un poco fetichistas, ¿o no?

Vamos a abrir las puertas de este mundo y de nuestras mentes; yo me declaro fetichista de las sombreros, las corbatas y las perillas...

¿Y vosotros?


30 agosto 2007

Hoy


Hoy sólo quiero sentir

tu boca en mis pechos

tu lengua deslizándose

húmeda

erizándome los pezones

observar desde mis alturas

tu pelo

y agarrarte con fuerza para llevarte

más adentro si cabe

para que te inundes de la feminidad de mis curvas



21 agosto 2007

Látex



El tejido se ciñe, aprisionando mis pechos, marcando los pezones erectos y dispuestos, impidiéndome los movimientos bruscos, convirtiéndome en la gata negra que deseo ser para ti.

Siento en mi entrepierna el calor del látex, alimentado por mi excitación al ver cómo me observas acercarme, golosa, taladrando tus pupilas con miradas libidinosas, prometiéndote humedades, aventurándote noches inolvidables.

Las botas dejan al descubierto mis muslos, contraste de blancos y negros sin gris, suaves como la tela que cubre mis nalgas, provocativos como mis labios, enrojecidos y brillantes de deseo.

En un susurro, grave y solemne, me pides que me acerque a cuatro patas, para subir por tus piernas hasta tu pene, para lamerlo, mirarte desde abajo y mostrarte mi escote desde tu privilegiada posición. Y obedezco, porque me gusta enardecerte, estimular tu imaginación y tu lascivia. Y te inflamas de poder, pensando que obedezco tus designios cual esclava dócil y sometida. Y no sabes que estas haciendo lo que más me gusta; ignoras que soy yo la que te guía a través de los caminos que me deleitan. Inocente, desconoces que eres mi siervo. Ahora y siempre.


16 agosto 2007

La oficina

Me empujas contra la mesa, obligándome a apoyar las manos sobre la dura superficie de madera. Te siento tras de mí, respirando con la dificultad de quien es presa del deseo feroz, caliente y cercano, mordiéndome el cuello con avidez, deslizando la lengua por mi nuca y las manos por mis muslos.

No acierto a moverme, la pasión del momento me mantiene quieta y solícita, mientras subes mi falda y dejas al descubierto mi ropa interior. Recorres con tus dedos la tela húmeda de mis braguitas, provocándome, bajándolas con suavidad, temeroso de que te diga, indignada, que pares.

Miro a mi alrededor, y no acabo de creerme que estemos en mi oficina, expuesto mi sexo ante ti, desabrochada la camisa, erectos los pezones, empapada de lujuria y perversión. No quiero gritar y ahogo mis gemidos en la sensualidad del momento, centrando mi atención en el pene que se acerca y me penetra, lentamente al principio, con violencia comedida a medida que coges confianza.

Sabes que me gusta, que me muero por dentro cada vez que la siento entrar; tienes la seguridad de que disfruto, pero pretendes oírme vociferar mi impudicia, y me agarras fuertemente de las caderas, acercas tu boca a mi oído y estallan las palabras obscenas, la reproducción de tantas escenas, vividas o no, en las que yo soy protagonista, y siento como una oleada de placer sube desde mi entrepierna hasta mi garganta y se derrama en forma de gemido, un sonido tan animal, tan cargado de lascivia, que nos conduce a un orgasmo intenso, denso, demoledor.

Al observar mi mesa y ver el teléfono descolgado, los papeles desordenados, la mancha de sudor que dejaron mis manos,... sé que nunca podré volver a trabajar sin que el sexo inunde mis sentidos.

Imagen extraída de www.angelplace.com


08 agosto 2007

Sabor a mar




En una playa cualquiera, allí donde el agua nos cubre y los bañistas escasean, me pierdo en tus ojos .

Te acercas suavemente para amarrarte a mi boca, húmeda de sal. Nuestros cuerpos se encuentran, y cubre mi desnudez tu piel ardiente.

Erectos, mis pezones provocan, juguetones e impacientes, tus caricias.

Abrazados, mis piernas rodeando tu cintura, mi dulce humedad confundiéndose con el mar.

Deseo creciente y sonriente, traviesas miradas, manos revoltosas, besos alocados y risas nerviosas.

Noto tu dureza chocando contra mi ingle y regalándote mi mirada más pícara, te bajo el bañador y retiro mis braguitas para invadirte.

Y nos mueven las olas, perdidos mis gemidos entre el salitre, y somos agua y cielo y las gaviotas que planean sobre nosotros.


31 julio 2007

Atada


Siento las cuerdas en mis muñecas, afianzándome a tu cama. Tu boca recorre mi estómago y huye para aparecer de nuevo entre mis piernas. Lames con ansia y yo, vendados los ojos, adivino tu presencia a través de tu aliento.

La humedad de mi sexo moja mis muslos y tu barbilla. Esclavo del deseo, mi cuerpo se tensa entre tus manos. Agarras con fuerza mis pezones y pasas la lengua por mis labios.

Yo me derrito entre gemidos de impaciencia...

Desapareces, alejándote de mi tacto anhelante, para aparecer de nuevo sobre mí; tu miembro duro sobre mi vientre, ávido de humedades.

Siento tu apetito latiendo en mi ombligo; desciendes y me penetras de un sólo movimiento; un grito se forma en mi garganta y escapa de mis labios, el placer es tan intenso que siento como se ensanchan mis pulmones para coger aire; mis manos no pueden tocarte, mis ojos no te ven y mi boca no alcanza a besarte; pero siento todos los rincones de mi cuerpo, cada centímetro de mi piel, cada poro, como nunca los había percibido antes.

Mis contracciones se funden con las tuyas, rodeándose, rindiéndonos al deleite de nuestros sudores. Sonrío, vencida; consagrada a un instante de pasión.


26 julio 2007

El garaje

Bajas del coche y te diriges a mí, felino y decidido, con esa mirada cargada de lujuria que me vuelve loca. Quedo a la espera de tus manos, que recorren mis muslos para liberarme del tanga y lanzarte al mar de mis muslos.

Apoyada contra el coche, sólo veo tu cabeza bajo mi falda, y sigo con la mente el recorrido de tu lengua por las cimas de mi sexo. Mi respiración se acelera y escapan de mis labios suspiros breves e incontrolados.

Miro alrededor, buscando ojos indiscretos que puedan observarnos, pero me puede la lascivia, y me abandono a la voluptuosidad de tus caricias, disfrutando de cada trozo de piel por el que deambulas.

Cuando al fin te das por satisfecho, y de nuevo frente a mí me provocas con tu mirada, y mis labios beben del sabor de mi excitación, y sabes que el vicio me ha calado en las entrañas,... Es entonces cuando me penetras, aprisionando mi espalda contra el duro acero, moviéndote con ímpetu, constante y demoledor, encerrando mis gemidos entre tus dientes, poseyéndome, sin importar el dónde, impúdico y libertino; llevándome más allá de este garaje en penumbra, más allá de la decencia; allí donde el placer se hace agua y los terremotos nos liberan.


20 julio 2007

Sólo una noche

Sólo era una noche, pero me besaste como si no existiera más vida tras los rayos blancos de la luna.

Sólo fue un instante, pero volvimos a ser dos niños que juegan en terreno prohibido, sabiendo que ninguno confesará la travesura cometida al amparo de nuestros cuerpos.

En ese momento, fugaz y breve como la primavera, llenamos el espacio de miradas intensas, casi incrédulas, felices de encontrarse. Y absorbí con ansia la visión tu cuerpo desnudo, con la luz nocturna deslizando sus caricias por tus pectorales dorados por el sol; y me hiciste tuya, llevándome cual cometa por los cielos azules del placer; y fuimos amantes, cómplices del deseo que nos invadía, irrefrenable; y clavé mis uñas en tus nalgas mientras se contraían al penetrarme; y mordiste mi cuello cuando el orgasmo se acercaba, para no llenar de gemidos la noche que nos mantenía ocultos...

Y olvidé que sólo eras mío hasta el amanecer, y entre convulsiones y lágrimas te dije que te amaba.

Y me entendiste.



15 julio 2007

Diosa sometida

Tu mano se cierra sobre mi muñeca y me impide escapar. Sucumbo a tus besos y mi respiración se acelera. Sigo intentando deshacerme de tu abrazo, pero caigo por los acuíferos del deseo, empapándome sin que tus dedos cedan ni un milímetro. Inmovilizada en tus brazos, esclava de mi propio deseo, encadenada a tus ojos, atada a tus labios. Voz muda que grita en silencio sin desear que me sueltes. Es tan intenso el placer que cede paso al dolor, para regresar y demostrarme que soy capaz de disfrutar más.



Me entrego sin replicar a la firmeza de tu sexo, olvidada mi batalla perdida. Doblegando mi voluntad a tu cuerpo, estallando en gemidos mal disimulados, ahogándome en las olas del deleite. Existo por, para y únicamente en ti. Me inventas con tus caricias y me consumes en tu cama. Diosa sometida entre tus sábanas.


12 julio 2007

Cómplices (tercera y última parte)

Viéndola tendida, con las piernas desvelando la excitación que la embargaba, supo que era el momento de pedir ayuda. Cogió un consolador y usando la vibración más suave le acarició los muslos, manteniéndose alejado para poder ver en el rostro que le observaba la lujuria en su estado más puro; la respiración acelerada reflejándose en el temblor de su vientre, el pecho subiendo y bajando irregularmente,...

Deslizando el vibrador a lo largo de los labios, fue recorriendo los rincones mojados de deseo, deteniéndose durante unos segundos para meter suavemente la puntita en el sexo hinchado. No la besó, a pesar de que la boca de su amante buscaba la suya con ansia y que suspiros cada vez más profundos y ávidos escapaban de sus labios. Le cerró los ojos con la mano libre y volvió atrás para acariciar los pezones erectos. Incrementó la intensidad de la vibración y se centró en el clítoris hasta que ella explotó, mordiéndose instintivamente los labios para evitar un gemido.

Ella le abrazó con fuerza y, sin esperar ni siquiera unos segundos para recuperarse, se colocó sobre él e hizo desaparecer el pene entre sus piernas de un sólo movimiento certero. Se balanceó suavemente, trazó círculos con sus caderas; variando la presión que ejercía sobre él con sus músculos vaginales, alterando el ritmo para provocar el mayor placer posible para ambos. Cuando notó que se acercaban peligrosamente al orgasmo cambió la cadencia de sus movimientos y saltó frenética sobre él, cabalgándole. Al estallar ambos por tercera vez se dejó caer sobre su pecho y se quedaron así, respirando sincronizados, sonriendo. Cómplices.


De nuevo, la foto es de Giuseppe Sarcinella


08 julio 2007

Cómplices (segunda parte)

Él se acercó a la chica y se tumbó a medias sobre ella para poder acariciarle los pechos a gusto, atrapando sus pezones entre los dedos, mordiéndolos, apretándolos hasta el punto de dolor placentero que tanto le gustaba. Laxa y obediente, se dejaba hacer entre gemidos y suspiros, rozando con las uñas la espalda de su amante, acariciando todo lo que sus manos lograban alcanzar.

Dirigió sus dedos hacia el sexo cada vez más mojado y deseoso de caricias y empezó a tocarle el clítoris suavemente, casi imperceptiblemente, dando rodeos para intensificar la sensación de anhelo. Mordió su cuello, sus labios, sus brazos; endureció sus caricias, dando paso a los pellizcos y resbalando en la humedad de la pasión. Con una sonrisa pícara y maliciosa, cogió con fuerza los pezones de la chica y tirando ligeramente de ellos le dijo:

- Ponte a horcajadas sobre mí. Tengo hambre.

Empezó a deslizar su lengua desde el ombligo hasta las nalgas, mordiendo todo lo que quedaba a su alcance, transformando los gemidos en gritos que rompían el silencio. De pronto, aprisionó el clítoris entre los dientes, inmovilizándola y jugando a introducir sus dedos en la vagina; ella contrajo sus muslos, enterrando la cabeza de su amante en su sexo, hasta estallar en convulsiones, movimientos serpenteantes y ronroneos guturales.

Aprovechando el orgasmo femenino, él se liberó del abrazo de los muslos sudorosos y se colocó detrás de ella de rodillas. Su pene volvía a estar en plena excitación, así que lo colocó suavemente junto a los labios dilatados. Ella no se movió; sabía que lo hacía para que se recuperase del orgasmo y para provocar un segundo clímax alucinante, así que se concentró en evitar el movimiento instintivo y esperó mientras él le acariciaba el trasero y le metía lentamente un dedo por el culo, lubricándolo con los fluidos que ahora recorrían su miembro. Poco a poco fue metiéndole y sacándole el dedo, añadiendo otro cuando veía que la lubricación era suficiente. La ayudaba a contenerse cogiéndola del pelo para que mantuviera la espalda arqueada. Podía sentir los pálpitos del clítoris en su glande, la piel erizada y la respiración acelerada de la chica.

Cuando vio que ella estaba completamente lubricada por detrás la penetró varias veces y luego se retiró para observarla. Podía ver su sexo humedeciendo sus muslos, esperándole; y ella, juguetona, arqueando la espalda para mostrar su cuerpo en todo su esplendor. Pero él quería algo más. Volvió de nuevo a la estrechez que tan bien le había acogido antes y empezó a moverse pausadamente, incrementando el ritmo paulatinamente; sin dejar de pellizcar y acariciar el clítoris, advirtiendo como sus dedos se escurrían entre la sedosa piel empapada. Cuando supo que se acercaba el final, agarró las nalgas de la chica con fuerza y se derramó en sus entrañas, sudoroso y febril.

Retirándose muellemente, le susurró al oído que se recostara en las almohadas y abriese las piernas para poder conducirla al segundo orgasmo. Sin dudar, ella se dio la vuelta y se reclinó, brindándole una mirada licenciosa e impúdica, completamente sumida en las aguas de la fogosidad.

(Continuará...)



La foto es de Giuseppe Sarcinella





02 julio 2007

Cómplices (Primera Parte)

La atrajo lentamente hacia si y le mordió el labio inferior con fuerza hasta oír como escapaba un gemido de la boca ajena. La mano que la sujetaba por la cintura se deslizó hacia sus muslos y la apretó contra el miembro erecto, la otra mano buscó su pecho y le pellizcó con fuerza un pezón, los dientes encontraron su cuello y se perdieron en él.

La excitación crecía; se agachó frente a él para aprisionar el glande entre sus labios. Suavemente se fue metiendo el pene en la boca, sus manos jugaron a pellizcarle lo que le quedaba al alcance mientras él elevaba los ojos al techo y posaba las manos en sus hombros, deambulando por el cuello y el pelo, perdiéndose en los gemidos de su propia garganta. A medida que el orgasmo se acercaba la agarraba más fuerte del cabello, los labios femeninos moderaban su presión para aumentarla más tarde, variando el ritmo, alejándose de vez en cuando para recorrer con la lengua los alrededores y alargar el momento final.

Cuando la excitación le dominó completamente, no pudo evitar aprisionar el cabello entre los dedos, moviéndose dentro de su boca, frenético y ansioso, hasta explotar. Ella aguantó la embestida y tragó lentamente, dejando que una gota escapara y recorriera su mentón; gota que él recogió con la lengua para besarla después entre risas.

Felina y excitada al máximo, se dirigió a la cama y se tumbó con las piernas abiertas, mostrándose, húmeda y enardecida; con los ojos fijos, reflejando un deseo tan intenso que era casi doloroso.


(Continuará...)

29 junio 2007

Fantasma


Hay un fantasma que me visita cada noche.

Se acerca a mí cuando duermo y deja caer en mis oídos palabras ardientes que me desvelan. Roza mi cuello con su aliento, cálido y húmedo, estremeciéndome.

Se tumba a mi lado y me acaricia el vientre, recorriendo lentamente cada centímetro de mi piel de gallina; y yo gimo, notando cómo se mojan mis muslos, sintiendo fluir el erotismo por mi cuerpo.

Se sabe deseado, pero quiere más; desea mi locura y mis gritos. Su paciencia es infinita. Juega conmigo, acercando su lengua a mis pezones, rodeándolos, lamiendo mis labios, mordiéndolos. Tiene una eternidad de la que yo carezco, un tiempo que a mí se me escapa entre anhelos.

Hay un fantasma que me visita cada noche. No puedo tocarle ni verle, pero cada vez que hunde su boca en mi sexo me condena a través de los orgasmos que me ofrece. Me convierte en un ser entre la vida y el sueño, que no duerme, porque sueña; que no vive, porque espera.


.

20 junio 2007

Lujuria

Tus ojos, deseo puro en plena expansión, contagiándome de sensualidad, empapándome de lujuria.

Una caricia convertida en arañazo, un beso transformado en mordisco. La locura apoderándose de dos cuerpos ardientes. Mis manos y mis rodillas se apoyan sobre las sábanas mojadas de sudor. Arqueo la espalda, buscándote, sintiéndome la más voluptuosa de las mujeres. Tu mano sujeta mi pelo, mantiene mi cuello en tensión, provoca gritos de placer que ya no puedo contener. Siento tus dedos en mis muslos, agarrándome. El ímpetu con que me penetras me hace olvidar dónde estoy, la brevedad de mi existencia, las letras que componen mi nombre,...

No hay mundo, sólo tu pasión y la mía retozando sobre la cama, sólo tus miradas lascivas y mis gestos libidinosos. Murmuras palabras que se clavan en mí, erizándome la piel.

Noto como se acerca tu orgasmo, se tensan tus músculos y tu miembro se endurece. Me derrito entre gemidos ahogados, aprisionando la almohada entre mis dientes, recibiéndote, embriagándome de sexo.

18 junio 2007

Reflexión

El deseo es algo inevitable, que nos atrapa. Irresistible hasta doler. Cuando deseamos algo con mucha fuerza, iniciamos el recorrido por una espiral; de fuera hacia dentro. Imaginaos una línea que cruza la espiral, partiéndola en dos. Imaginaos que recorréis la espiral con un dedo, y que cada vez que tocáis la línea, sentís como la pasión se desata. Cuánto más cerca del centro estáis, más frecuentes son los momentos en que rozáis la línea. El centro, el final de la carrera, es el éxtasis completo.

El instante en que dos personas llenas de apetito sexual se unen no puede ser romántico (entendido por palabras de amor, y gestos teatrales; los besos no son exclusivos del romanticismo). El instinto animal te asalta. Por mucho que ames (o creas amar) a esa persona, en ese momento sólo es el objeto de tu deseo. Te enajena; convierte en locura lo que tú creías tener racionalizado.

Morder, lamer, gritar,... todo vale, todo surge de forma natural; impulsado por el anhelo y la avidez. Somos puro delirio.

Y las miradas; esos ojos que absorben todo lo que se les presenta, nuevo, tentador. Solemnes, juguetonas, oscilando entre la trascendencia y el mero juego. Las manos inquietas, las inseguridades, las decisiones impulsivas...

Pocas veces se nos permite volver atrás y recrearnos en lo más básico de nuestra existencia. No lo desperdiciemos.

12 junio 2007

Despertar a tu lado


Un rayo de sol posado suavemente en el reflejo de tu pelo. Al despertar te veo y alimento mi anhelo memorizando tus rasgos. Qué suaves parecen tus labios entreabiertos, relajados, tus párpados cerrados.

Mi mente no desea que este momento acabe, pero mi cuerpo busca entre las sábanas la turgencia de tus pechos. Qué lástima que la lujuria me pueda. Qué locura que mis manos no puedan estar quietas.

Y sin embargo, retraso en lo posible el momento en que mis manos rocen tu piel, porque sé que cuando empiece no voy a parar hasta oír tus gemidos llenando la atmósfera de cálido domingo.

Duermes, ajena al bullicio de emociones que me consume. Mis dedos se acercan a tu espalda, y acaricio tu hombro, mientras un escalofrío recorre mi columna vertebral, provocando una inmediata reacción en mi entrepierna. Beso sensualmente el vello rubio de tu nuca, mi aliento eriza tu piel. Te estremeces y me miras, averiguando la apetencia que me asalta.

Sonríes, me besas, me muerdes todo lo que dejo a tu alcance.

Sonrío, lamo tu estómago, araño el interior de tus muslos, me sumerjo en tus entrañas.

Gimes, colmando el aire de deseo, acrecentando mi impaciencia.

Te miro a los ojos cuando te penetro, animal e irracional; sujetando tus muñecas, besándote con fuerza, descubriéndote mi lado oscuro, poseyéndote.

Descansas frente a mí, hablando bajito para no perder la esencia de la intimidad. Y yo observo el subir y bajar de tus pechos al respirar, y advierto de nuevo que la emoción me recorre. Qué lástima que la lujuria me pueda. Qué locura que mis manos no puedan estar quietas.

05 junio 2007

Narcisismo


Indiferente, su reflejo la mira atentamente. Ella se siente independiente, quiere amar ese cuerpo que se le presenta, complaciente, frente a sus ojos. Agarrar sus pechos, lamer su sexo. Imagina que la tumba sobre la cama, silenciosa y laxa. Se inventa los gemidos ahogados, su respiración agitada, su placer contenido.

La ama, con pasión y desespero, con ardor imparable, con ansia e inquietud. Pero no se mueve. Un leve gesto bastará para romper la imagen implorante que la observa.

Se desliza el deseo entre sus muslos, húmedo y febril. Quieta, percibe latidos frenéticos que la enardecen. Y espera, resiste, hasta que la pasión le nubla los ojos y se rinde a la tortura. Sus dedos se centran en la espiral de su cuerpo, cada vez más cerca, más veloces, instrumentos de su obsesión arañándole la suave piel de su estómago.

Las contracciones de su vientre se diluyen, y aletargada observa como su amada la mira con deleite, brillantes los ojos, sudada la frente, relajados los sabios en una sonrisa satisfecha.

28 mayo 2007

Labios


Labios. No ve nada más. No puede mirar a otro sitio. Esos trozos de carne húmeda y rosada le hipnotizan. Su cerveza yace, caliente, en la copa. Su cigarrillo se consume, abandonado, en el cenicero transparente. Y esa boca roja, que se entreabre para recibir, complaciente, el trago de vino que su dueña le regala, le absorbe. Se funde, se vuelve líquido. Su forma iguala la de la copa que sus manos sostienen. Siente esos labios sobre su piel. Le beben. Le acarician. Le aman.

Se los imagina, golosos, recorriendo su pecho; deslizando la lengua por su estómago, rozando suavemente su pene erecto, introduciéndoselo, chupándolo, sorbiéndolo,... Inventa su mirada indecente mientras sigue moviendo la boca arriba y abajo, recorriendo incansable su miembro. En la intimidad de su mente, crea una imagen perfecta del momento cumbre, cuando el orgasmo provoca una estampida de placer y ella bebe, ávida, sin dejar escapar ni una sola gota.

22 mayo 2007

Sombrero



Un sombrero cubre levemente su desnudez. Con él, se siente a salvo de las miradas lascivas que provoca. Sobre su piel sólo siente la brisa que, juguetona, eriza la piel de sus pechos. Sobre su pelo, desafiante, el sombrero de copa.

Se siente libre, y aunque se sabe indiscreta, no le importa llevar la mano a sus pezones erectos. Acariciarlos mientras se observa en el escaparate de una tienda. Su sexo se humedece y la presencia de un dependiente al otro lado del cristal incrementa su deseo. Se sabe intocable, resguardada detrás de la transparencia del cristal. Completamente vestida únicamente con un sombrero negro.

21 marzo 2007

Evocación

Se despertó acunada suavemente por las sábanas, la luz del mediodía acariciaba sus pezones, su vientre, sus muslos,… disfrutó un poco más del calor que le proporcionaba el sol, y cuando se levantó, buscó interrogante entre la ropa tirada por el suelo. Recordó la noche anterior, las manos de su amante recorriéndole la piel, pellizcándola, y notó como su corazón se aceleraba y su ingle se humedecía.

Cubrió su incitante desnudez con un tanga, unas medias y una bata negra. Prestó atención y adivinó por los sonidos provinentes de la puerta abierta que él estaba cocinando. Se dirigió al baño sin hacer ruido y una vez allí se desprendió de la bata, dejándola caer al suelo. Observó sus pechos desnudos, el contraste de las medias con el color de su piel, el húmedo triángulo cubierto apenas por el tanga, el pelo negro cayéndole sobre los hombros,… e inevitablemente empezó a acariciarse. Primero el cuello, la curva de su pecho, jugueteó con los pezones, siguió la línea de su ombligo, y paró cuando estaba a punto de empezar a masturbarse.

A duras penas consiguió contener el deseo y adecentarse. Se dirigió a la cocina y observó desde el umbral el trajín del improvisado cocinero. Sus manos asían firmemente los utensilios que usaba y sus movimientos decididos evocaron de nuevo las imágenes de su cuerpo desnudo sobre el suyo; esas manos fuertes separando sus muslos, penetrando con sus dedos en lo más hondo de su ser, arrancándole gemidos de animal en celo. Se sentía terriblemente excitada, los pezones erectos le ardían, deseosos de caricias masculinas, sintió de nuevo los latidos frenéticos de su corazón, la humedad palpitante de su ingle, la impaciencia de su cuerpo,…

De repente, él se giró, y brindándole una sonrisa le dio los buenos días y rozó su mejilla con un beso. Mientras él preparaba la mesa para comer, vestido únicamente con unos vaqueros, ella miraba su pecho descubierto, intentando atrapar las miradas pícaras que él le dedicaba a sus pechos semiocultos.

Se sentaron el la mesa, y ella fijó la vista en los labios de su acompañante, rememoró sus lamidos, sus mordiscos. Evocó la visión de su cabeza entre sus piernas y sin poder evitarlo, deslizó lentamente un pie por las piernas de su amante, presa ya del deseo imparable. Él siguió impasible al avance del pie travieso, fingiendo que no notaba nada hasta que el pie tocó su miembro erecto y el no pudo ocultar su excitación, provocado por la visión que ella le ofrecía.

Ella, decidida, leona, diosa, se mordía suavemente el labio inferior mientras deslizaba sus dedos por la apertura de la bata, siguiendo su desliz hacia sus pezones, abriéndose más la bata, llamándole y sin parar de mover el pie que descansaba sobre su pene.

Se levantó, felina, amante, y sin preocuparse por tapar sus pechos, asió con ambas manos las de él y se dirigió a la habitación. No llegó. Preso de un arranque de deseo, la cogió por los muslos y la aprisionó contra la pared. Sentía su calor a través de los vaqueros. Le mordió el cuello, las orejas, los labios, los pezones, mientras ella intentaba desabrocharle los pantalones entre gemidos. Él la sujetaba, y utilizando su ingle a modo de apoyo, liberó una mano y la deslizó bajo el tanga. Ella se agarraba ahora a su espalda, arañándole la piel, besándole con furia. Los dedos de él jugando con sus otros labios, rozando el clítoris, deslizándose en la profundidad húmeda de la vagina.

En un solo movimiento, él se desabrochó la bragueta y se bajó a medias los pantalones. Su primera embestida fue salvaje, animal. Levantó sus brazos y los sujetó sobre su cabeza, contra la pared, dejando que fuera ella la que mantenía la trayectoria del miembro apoyando sus talones el trasero de él.

Los gemidos iban en aumento, las manos de ella inmovilizadas, la de él recorriéndole el clítoris suavemente, jadeantes y sudando, cayeron al suelo y siguieron amándose, riéndose, fundiéndose.

El orgasmo llegó y les llenó los pulmones de aire renovado y respiración entrecortada. Los ojos vidriosos, los músculos doloridos,… y una sonrisa en los labios.





Fotos de Vanessa Braun

30 enero 2007

Sueño

Te sueño y en mi sueño

la humedad de mi sexo te provoca,

la respiración acelerada te invoca,

junto a mí,

entre mis piernas

eres hombre y animal.

Te sueño y en mi sueño

oleadas de placer me atan a la cama,

mis uñas arañan la carne amada,

que la noche

nos procure

el tiempo para encontrarnos.


Te sueño y en mi sueño

me atrevo a lamerte suavemente

me dejo atravesar por tu deseo.


11 enero 2007

Un dedo en mi espalda


Un dedo en mi espalda es suficiente para que mi imaginación se deslice suavemente en el mundo de los placeres compartidos. Te siento, tras de mí, conteniendo las ganas de poseerme; intentando no parecer impaciente.

Deslizas suavemente la mano por mi columna vertebral y mi piel te corresponde erizándose. En mi entrepierna, el ansia se convierte en un manantial imparable.

Otra mano recorre suavemente mi cuello y se pierde entre mi pelo; yo sigo mirando el infinito, abandonada a la sensualidad del momento. El sol se va colando en la habitación y tus manos bajan juntas a mi sexo; sin poderlo evitar, muevo el trasero hacia adelante, facilitándote el acceso. Juegas con tus dedos, frotándome, introduciéndolos en la vagina, recorriendo los muslos, aumentando mi deseo.

Cuando es insoportable me giro hacia ti jadeante y me abalanzo sobre tu pene con una pasión turbadora; el sabor de tu masculinidad invade mi lengua, que pasea arriba y abajo, adentro y afuera, adueñándome de todo lo que puedes mostrarme.

Saciada, te miro a los ojos y tú te inclinas hacia mí RRRRRRIIIIIIIINNNNNNNGGGGGGG

El despertador me devuelve a la cruda realidad en el momento preciso; parece un adivino que espera hasta que mi sexo se humedece al máximo. Miro el lado de la cama y descubro que te has ido; lentamente, dirijo mi propia mano para saciarme...