30 octubre 2007

Petite mort


Porque esto es exactamente lo que siento cuando decides sumegir tu lengua en mí, porque este vídeo me recuerda la visión de tus cabellos negros entre mis muslos, porque mañana es fiesta y no tengo ganas de escribir, porque, de vez en cuando, me merezco un paréntesis...



Visto en El sexo hiperbólico


22 octubre 2007

Por mi propia voluntad

Pasaste frente a mí y te sentaste en la silla vacía de mi derecha; despacio, permitiéndome observarte detenidamente; disfrutaste de la turbación que provocó el cruce de nuestras miradas cuando terminé de examinarte, y supiste que me gustabas por el rubor que asomó a mis mejillas.

En ese momento empezó un juego en el que sólo tú conocías las reglas; me deseabas, y nada iba a impedirte que me tendiera en tu cama... por mi propia voluntad. Sacaste a relucir tu sonrisa, esa que te marca un hoyuelo encantador, para provocar mi interés, mis ganas conocer el secreto de tus ojos marrones. Dos besos inocentes en la mejilla marcaron el inicio de mi caída.

Tu cuerpo se convirtió en el centro de mi espiral; podía sentir tu presencia cuando aparecías en una fiesta, llamándome, y me lanzaba desesperada en una absurda carrera hacia el breve contacto de nuestros cuerpos al acercar mi pecho al tuyo para el saludo de rigor. Mis manos fueron acostumbrándose a tocarte el antebrazo, el hombro, la rodilla; y con cada avance mi corazón se desbocaba, temerosa de tu reacción. Se alargaron las palabras de cortesía; las sonrisas se hicieron más cómplices, se multiplicaron y llenaron nuestras conversaciones. Y yo seguía sin saber que anhelabas mi cuerpo ansioso, víctima de mi propia ceguera, luchando sin saber muy bien lo que debía evitar.

La primera vez que sentí tu aliento en mi cuello creí que me derretía, un escalofrío recorrió mi columna vertebral y provocó la inmediata reacción de mi sexo; por primera vez, noté la humedad de una manera tangible y terrenal. Seguiste tu camino tras acercar tus labios a mi nuca y depositar un beso tierno y demoledor; me dejaste con ganas de más y una dulce quemazón en la piel.

En un bar rompiste mis barreras y me besaste, entrelazamos nuestras lenguas con la avidez de dos adolescentes, nuestras manos se deslizaron sobre la ropa buscando rincones vedados; te seguí a casa sumida en mi propio interior, percibiendo mi feminidad desatada, enredándonos en cada portal, buscando tus caderas con las mías, inquiriéndote erecto y febril.

Al cruzar el umbral te inmovilicé contra la pared y fui desprendiéndome de la ropa mientras mis labios recorrían tu cuerpo. Mis ojos atravesaron tus pupilas y me dirigí a tu habitación únicamente en ropa interior; sensual y lujuriosa. Segura de mi misma, me tumbé en la cama y gocé al verte acercarte; creyendo conquistarte sin saber que me tenías dónde me querías: en tu cama... por mi propia voluntad.


09 octubre 2007

Esperando

A que me acaricies, suave y turbador
o a que muerdas mis nalgas, febril y provocador.

Mi piel te espera, ansiosa
y mi boca húmeda te anhela.

Arde mi sexo,
se enardece mi deseo.

Intenso, preciso, fervoroso,
un impulso irrefrenable.

Fogosa, libidinosa, lujuriosa,
te espero
.
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Foto estraída del blog
http://tiedgirls.blogspot.com/