30 noviembre 2007

Hipnosis


Te voy a hipnotizar...


... tú sólo mira mi ombligo.


Lamento que esta semana no haya publicado nada, pero es que no puedo dar más de mí misma.

20 noviembre 2007

El cliente



Llevé mis manos a la espalda acariciándome la cintura... suave, lentamente, cerní los dedos alrededor del cierre y lo abrí, mientras seguía moviendo mis caderas a breves centímetros de tu cara. Se te notaba, en la incomodidad que suscitaba mi cuerpo semidesnudo, que no eras cliente asiduo; ni de este ni de ningún lugar similar.

Me sujeté los pechos y dejé los tirantes se deslizaran por los hombros al ritmo de mi baile, sin dejar que los pezones asomaran por encima de mis antebrazos.

Cerré los ojos, como siempre, invadida por la música que inundaba el local e impedía cualquier contacto verbal entre bailarina y espectador. Aunque también porque me sentía débil ante miradas como la tuya, inocente y pura, una alma arrastrada al antro donde yo exhibía mi cuerpo, con la voluntad en el corazón de otra mujer, y sin embargo siempre acabáis cayendo en la red del deseo.

Cuando liberé mis pechos frente a ti pude verme reflejada en tus pupilas dilatadas, tus manos se cernieron sobre mi piel, y me miraste suplicante y lujurioso, rogando por un beso.

Una seña mía bastó para que un gorila de dos metros te sacara a empujones del local, perdida ya la voluntad que mantenía impoluta tu alma; captada la esencia del libertinaje. Otro cliente habitual.


Foto de Rafael Robas


Si os aburrís, echadle un vistazo a los resultados de las encuestas, como mínimo, son interesantes y de alguno incluso me atrevería a decir que es revelador...

13 noviembre 2007

Mirada

Me sentí desnuda al advertir tu mirada taladrándome; tus pupilas recorrían mi cuello como si un dedo se deslizase suavemente por él, erizando mi piel. No sólo notaba como si pudieras despojarme de mi ropa clavando tus ojos en mí; supe que también veías mi alma, mis dudas, y por supuesto, la leve excitación que empezaba a sentir humedeciéndome la entrepierna.

Al girarme, descubrí dos pozos oscuros, llenos de deseo y perversión, prometiendo lujurias y pasiones escondidas; ordenándome una rendición sin articular sonido; atándome las muñecas sin mover un sólo músculo.

La curiosidad, ese sentimiento diminuto que crecía en mi interior salvajemente me llevó a acercarme a ti, parándome apenas a dos centímetros de tu cuerpo, esperando sin duda tu muda aprobación; una sonrisa que iluminase tu cara y descubriese tu rostro; me encontré con una mano que se acercó a la mia y la sostuvo un segundo más de lo necesario, un nombre murmullado a media voz, un leve gesto de tu cabeza indicando la salida; tú alejándote de la multitud, esperándome en el umbral; yo siguiendo tu estela, sabiéndome perdida en la lascivia...