04 diciembre 2008

Sin actualizar

Hace mucho que no actualizo, y simplemente quería daros una explicación, aunque sé que no hace falta ;)


Como algunos de vosotros ya sabéis, estoy estudiando la licenciatura de Comunicación Audiovisual. Pues bien, antes de irme de vacaciones de Navidad tengo que entregar 4 trabajos y, además, desde ayer soy una de las actrices principales en el capítulo piloto de una serie que están montando los de 4º curso. Por lo tanto, no tengo tiempo para pensar en sexo, y mucho menos para escribir sobre él (el poco tiempo que tengo me dedico a practicarlo :P).

Espero que podáis perdonarme y tener paciencia hasta las Navidades.

Un besazo a todos

24 noviembre 2008

Ainoa

Estaba tan cerca de mí que podía notar su aliento en mis labios. Me miraba, seductora, haciendo temblar mis rodillas. Cerré los ojos y me abandoné a la sensación que me producía el deseo extendiéndose por todo mi cuerpo; el primer contacto fue casi imperceptible, apenas un roce suave que se fue intensificando; se entreabrieron nuestras bocas, saboreé la calidez de su lengua. Sus manos se deslizaron por mi cintura, treparon por mi espalda; su cuerpo se pegó al mío, abrí los ojos y pude ver su sonrisa, traviesa y lujuriosa, invitándome a descubrirla. Agarré su mano y nos alejamos de la gente.

En un rincón apartado, ella me rodeó las caderas desde atrás, y con su lengua juguetona fue recorriendo mi nuca; sus dedos serpentearon por mi vientre hasta mi pecho para pellizcar mis pezones con suavidad. Me di la vuelta, agarré su trasero con fuerza y la besé de nuevo, con furia lasciva, casi obscena; ella me correspondió lanzándome sobre la arena y sentándose a horcajadas sobre mí. Ainoa sabía, como sólo las mujeres pueden saberlo, que era la primera vez que me acostaba con una chica, lo que no fue un impedimento para que empezara a repartir besos por todo mi cuerpo.

Se deslizó sobre las mariposas de mi estómago, mientras con su mano experta subía mi falda y se sumergía en mi sexo. Gemí, sonrió, y tras unos breves instantes su lengua ya recorría mi clítoris. Aprovechando su posición, lamía mis muslos y me mordía suavemente. Yo enloquecía, conquistada por sus dedos hábiles. Se acercó a besarme y me ofreció su cuerpo.

Con la punta de los dedos, acaricié su cuello, su pecho, su vientre, rodee su ombligo y me situé tras ella antes de decidirme a masturbarla. Mi aliento en su nuca, mis pezones erectos rozando su espalda, mi mano perdida entre sus piernas en un interminable vaivén, sus gemidos contenidos, su movimiento de caderas, su piel erizada, su pelo rojo revuelto, mi ansia de mujer colmada entre sus labios, su orgasmo mojando mis dedos, nuestras miradas prendidas. No me cansé de su cuerpo ni de su sexo. El orgasmo que la sacudió no fue suficiente para saciar mi hambre de mujer ni mi deseo por aquella piel pecosa cuya diosa se había abierto a mí sin pudores.

Pero era el momento de ofrecerme, sus ojos así me lo indicaban, y lo hice mirándola a los ojos con toda la franqueza de la lujuria que ardía en mí, recostando mi espalda en la arena y esperando, observando con impaciencia cómo se acercaba. Tentadora, temblando en sus manos el ansia de recorrerme, sonriendo en sus labios la travesura gatuna, retiró rápidamente la falda que aún se replegaba en mis caderas y se estiró a mi lado, con la cascada roja de su pelo reposando sobre mi pecho. Sus dedos ágiles volaban erizándome el vello de los muslos, y sentía su aliento caliente acercándose lentamente a mis pezones, provocando aún más el deseo que nacía en lo más hondo de las entrañas. Aquello no era amor, pero se le parecía tanto que dudaba realmente que pudiera llegar a apartarme de ella.

Me abrazó hasta que empezó a amanecer. No paramos de besarnos, de amarnos, de llegar al cielo y descender para subir de nuevo como en una montaña rusa de placer desconocido.

Las gotas de sudor recorrían nuestras frentes, se deslizaban por las espaldas y se suicidaban por nuestros vientres en una fiesta de confesiones secretas. El sol interrumpió nuestras intimidades, quise yo desayunar con ella en mi habitación del hotel, se negó ella con el pretexto de unos padres inquisidores y acabamos despidiéndonos con un enlace de lenguas duradero y feroz, ante la atónita mirada de un recepcionista al que le dimos tema de excitación para mucho tiempo.

Subí al ascensor con tiempo para verla desaparecer calle abajo, para enfrentarme a una cama fría y vacía, para soñar en el verano que me quedaba por delante, lleno de promesas de sexo placentero.



05 noviembre 2008

Una cena muy especial (3ª y última parte)

Pilar resultó ser una reina exultante de energía erótica. Nuestro nada inocente juego durante el postre nos dejó con muchas ganas de seguir la fiesta en un lugar más privado. Pere y Joan, incapaces de asumir lo que sus ojos estaban viendo, no tardaron ni dos minutos en proponer un baño en la piscina del segundo, y nos dirigimos hacia allí.

Veinte minutos después estábamos Pere, Joan y yo estábamos dándonos el lote, desnudos, en el agua templada de la piscina, cuando Pilar salió de la cocina con una botella de cava y algunas copas. La miré fijamente mientras se desnudaba y dejaba al descubierto un conjunto de ropa interior de lencería que mostraba más que cubría.

No podía apartar mis ojos de su cuerpo joven y terso, era una diosa que conocía de sus encantos. Se sabía poderosa, y se sentó en una silla desde la que se dedicó a observarnos mientras se acariciaba las rodillas, los muslos, el pecho,... Se colocaba provocativamente y de vez en cuando retiraba parte de la ropa interior para dejar ver un pezón erecto, un pubis depilado y húmedo, un ombligo seductor.

No pude evitarlo, salí de la piscina y me acerqué a ella andando a gatas lo más sugestivamente posible, repté por sus piernas y me perdí en su sexo a la vez que ella se agarraba a mis cabellos como si fueran su única salvación. Subí por su cuerpo, mordí sus turgencias y me perdí en sus caderas, besé sus labios como las cerezas y olvidamos por completo a los dos hombres que nos observaban, alucinados, desde el agua.

Nos recorrimos hasta el alba, y al volver la vista alrededor nos dimos cuenta de la ausencia de nuestros machos que, cansados de nuestro juego, se habían esfumado.

Para los aficionados a la fotografía, el autor de esta es Carlo Pieroni

01 noviembre 2008

Cómo me pone


Estoy viendo la tercera temporada de "The L word", y hay que ver cómo, en unas pocas imágenes, consiguen que mi imaginación se dispare... Si queréis pasar un buen rato, os la recomiendo fervorosamente: chicas guapas, sexo libre, lios amorosos, escenas de sexo light,... ¿Qué más se puede pedir?

Aquí tenéis un enlace al trailer de la 5ª temporada (Youtube no me permite introducirlo en el blog porque es para mayores de 18 años).

Si os interesa, las 3 primeras temporadas están disponibles para bajar en español a través del emule. La 4ª y la 5ª están en inglés subtitulado.

P.P.: El lunes o el martes prometo publicar la tercera y última parte de la historia anterior.

28 octubre 2008

Una cena muy especial (2ª Parte)

Quedan 5 días para votar en los premios 20 blogs. Podeis votar mi blog aquí.
A todos los que os decidáis a hacerlo: Muchas gracias.


Esta es la segunda parte de Una cena muy especial. También está íntimamente ligada con: Sms; aunque no hace falta leerla para seguir la historia.

Podía sentir cómo el pie de Pere subía por mi pierna y me acariciaba el muslo. Me estaba excitando, y casi sin darme cuenta mi mano se dirigió a la bragueta de Joan. Pilar, mientras tanto, permanecía ajena al juego que se desarrollaba bajo la mesa, que cada vez estaba más animado.

Pere ya había alcanzado mi entrepierna y se dedicaba a rozarme levemente y a animarme con la mirada a que me acercara a Joan. A mí todo aquello me empezaba a gustar y sin darme cuenta fui perdiendo el miedo a posibles repesalias, y me decidí a meterme de lleno en los pantalones de Joan para acariciar lo que ya era una erección con todas las letras, estaba duro, caliente, y sorprendentemente suave... ¡iba depilado! Fue un placer inesperado al que me dediqué con fruición, así estuvimos hasta la llegada de los postres, en un juego continuo de manos y pies del que excluíamos a Pilar.

Para cuando llegó el postre ya estábamos todos al límite de nuestra lujuria, Pere no se parecía en nada al chico tímido y posesivo al que había conocido, Joan respiraba entrecortadamente y un rubor insólito asomaba a sus mejillas. En cuanto a mí, qué decir de mí, la lascivia me corroía, podía notar cómo la humedad de mi sexo se derramaba por mis muslos, mi mano se negaba a abandonar el objeto de mi deseo, porque tengo que admitirlo, me moría de ganas de ver y lamer aquel miembro desconocido.

La carta de los postres me inspiró una idea que me pareció deliciosa, pedí cerezas y cuando el camarero me sirvió un plato con seis o siete cerezas, cubiertas por chocolate fondant, me levanté del sofá y pedí permiso a Pere para sentarme entre él y Pilar. Asombrado, me lo consintió, cogí una de las frutas y se la ofrecí sensualmente a Pilar, ella aceptó el juego, pícara, i deslizó su lengua por el chocolate que goteaba. Se se anticipó a mis movimientos, y cogiendo la segunda pieza la acercó a mis labios y, mientras yo me acercaba por un lado a la fruta que colgaba, seductora, de sus dedos, ella se acercó por el otro lado, convirtiendo el postre en un largo, dulce y chocolateado beso.

(Continuará)

24 octubre 2008

Una cena muy especial

Esta historia está íntimamente ligada con la anterior: Sms; aunque puede leerse de manera individual.

Pero en el coche, se limitó a decirme obedeciera en ese momento la orden incumplida. Haciendo equilibrios para levantar mi falda sin que se viera desde el arcén abarrotado de la terminal de llegadas del aeropuerto y evitando quitarme el cinturón, deslicé las braguitas por mis muslos, sintiendo cada roce de la lencería sobre mi piel, y guardé la prenda en la guantera, como él me dijo.

- Vamos a cenar con Joan y Pilar. Quítate también el sujetador. Cuando lleguemos al restaurante, harás todo lo posible por sentarte junto a Joan, y quiero que se dé cuenta de que no llevas nada bajo la falda. Quiero que se excite pensando en lo buena que estás y lo descarada que eres.

Me quedé anonadada; no era ese el castigo que yo esperaba, y además todo aquello no me gustaba nada. Se lo dije pero sólo obtuve de él una mirada fría y una frase seca.

- Tú te lo has buscado.

Entonces me di cuenta de que todas aquellas fantasías de fetichismo que habían bailado en mi cabeza no se llevarían a cabo. En su lugar, iba a pasar una noche muy difícil. No obstante, me puse el disfraz de felicidad y desparpajo que usaba para los acontecimientos sociales y me conduje como pude hasta la mesa.

Pere, mi pareja, se las apañó sin problemas para conseguir sentarse frente a mí, y que fuera Joan el que ocupara el sitio junto a mí en el sofá de terciopelo rojo de aquel café ambientado en los 70. La ausencia de mi sujetador era evidente, y el clima fresco del local mantenía mis pezones en una continua erección. Joan, prendidos sus ojos en mi pecho, me lo puso muy fácil, y su entrega me gustó tanto que decidí llevarle al límite, dejando caer mi mano sobre su muslo.

Pere me miraba mientras, juguetón, deslizaba uno de sus pies por mi pantorrilla...

(Continuará)

Si te ha gustado, vótame en los premios 20Blogs

17 octubre 2008

Sms

Me mandó un sms al móvil:

"T spro n l aeropuerto. Pont falda. Sin ropa interior"

Me sorprendí, y con razón, pues no era dado a efusividades sexuales y mucho menos a fantasías de macho dominante... al reponerme de la sorpresa no pude menos que plantearme si aquello iba en serio o no, y es que, aunque mi entrepierna se hubiera humedecido, algo de pudor y vergüenza asomaba a mi razón, ¿debía hacerlo?

Llegó el ansiado día del viaje y me arreglé con espero, frente al espejo de cuerpo entero, me pareció demasiado evidente la ausencia del sujetador bajo la camisa y me sentí desnuda al notar la tela de la falda rozando mis nalgas; así que, pese a la curiosidad que despertaba la nueva experiencia me puse la ropa interior con la intención de deshacerme de ella o guardarla en el bolso al llegar a mi destino. Pero una vez allí, la ansiedad por ver a mi amante me distrajo y olvidé por completo las instrucciones.

Cuando las puertas de la recogida de equipajes se abrieron y fui a su encuentro pude ver cómo su amplia sonrisa se tornaba en una mueca de desaprobación al intuir mi sujetador; expresión que se tornó de enfado al rozar mi culo y notar la costura delantera del culote.

Sin besarme, acercó sus labios a mi oído y me susurró que el castigo sería ejemplar... un escalofrío recorrió mi columna y sentí la instantánea reacción de mis pezones. Has sido muy mala, me dijo, y yo me derretí entre sueños de fetichismo.

Si te ha gustado, vótame en los premios 20Blogs

Esta historia continúa en Una cena muy especial

12 octubre 2008

Caliente, árido
el desierto ardiente en que me pierdo
cada noche, bajo sábanas
de suave seda escarlata,
piel que emborracha mis sentidos
curvas leves, abdomen que se tensa
sobre mí,
tras de mí.
Te busco
me encuentras mojada de lujuria,
me penetras entre sonidos que desvelan
el placer que invade nuestros sexos.


A partir de hoy, ya podéis votarme en los premios 20Blogs

10 octubre 2008

El autobús

La noche caía tras las ventanas del autobús. En breve, no quedaría ya nada por ver allá fuera, pero a mi lado, un chico joven y sonriente prometía ser entretenimiento suficiente para ese largo viaje. Me recosté en el asiento, dejando caer disimuladamente mi mano sobre el regazo de mi acompañante. Para mi placer, pude percibir una dureza inusual en su entrepierna, y sentí cómo clavaba sus hermosos ojos azules en mis hombros descubiertos. El vello de mi nuca se erizó al pensar en mis labios recorriendo el bajo vientre de ese desconocido, y él pareció entenderlo, porque antes de darme cuenta su bragueta se había abierto y estaba acariciando la carne trémula de su miembro.

La lujuria que latía en mi sexo estaba haciendo bien su trabajo, y mi compañero de juegos lo estaba pasando en grande; me moría de ganas de besarle, pero simplemente le rocé la oreja con la lengua suavemente y me incliné dispuesta a proporcionarle la mejor de las sensaciones. Mientras mis labios se contraían rítmicamente él deslizó su mano por debajo de mi falda y apartó con gracia mis braguitas para deslizar suavemente sus dedos por mi sexo. No recuerdo el tiempo que pasamos masturbándonos y besándonos al amparo de la oscuridad de la noche, sólo sé que mientras se dibujaba el amanecer tras las montañas tuve el orgasmo más deseado de mi vida, mientras apretaba con fuerza sus manos contra mi entrepierna y mordía su cuello, en un intento de que no se oyeran mis gemidos.

Nos despedimos en Barcelona, intercambiando promesas y teléfonos que perderíamos en algún lugar recóndito de nuestras memorias.

Mil disculpas por el retraso, el comienzo de curso ha sido más duro de lo esperado...

30 septiembre 2008

Otra vez online

Hola de nuevo!

Como habréis podido observar, he añadido el logo de los Premios 20blogs en la parte superior derecha, esto es porque me he inscrito por primera vez al concurso. Desde el 15 de octubre hasta el 2 de noviembre, podréis votarme aquí. A todos aquellos a los que le guste este blog, les ruego que se tomen un momento para votarme.

Después de este apunte, y con la promesa de un nuevo relato en breve, os contaré que, como en cada uno de mis viajes, el sexo, aunque yo no lo busque específicamente, sigue estando ahí, en este caso en la cultura romana. Túnez es la cuna de grandes y bellos yacimientos del imperio más lascivo de la historia (Cartago, Dougga, Bulla Regia, El Jem, son los que visitamos). En ellos, pude encontrar diversas representaciones de la protagonista de nuestra historia anterior (Venus) mostrando al mundo sus atributos; que el museo clasificaba bajo la denominación de "venus impúdica":



Además, queda patente en mosaicos y representaciones lo mucho que les gustaban las curvas y los cuerpos desnudos:



Por último, la curiosidad por excelencia: la representación de una dama practicando sexo con un caballo, la constancia de que los romanos ya practicaban (o imaginaban) la zoofilia:



Espero haberos motivado para conocer más cosas de esta magnífica cultura, y haberos dejado un buen sabor de boca.

17 septiembre 2008

Venus

Reposaba tendida en el diván, con el pelo alborotado cayéndole en negra cascada sobre los hombros; una túnica bordada en oro y malva cubría brevemente su desnudez. Me miraba fijamente a través de las cortinas de sus oscuras pestañas, y yo no sabía qué pretendía, a qué aspiraba con el escrutinio al que me sometía. Hacía breves instantes que sus labios firmes se habían abierto para proferir los más guturales sonidos de placer que el cuerpo humano era capaz de emitir, hacía un momento había curvado su espalda bajo mi pecho y se había disuelto en convulsiones incontrolables. Y ahora, desde el esplendor de su divinidad, me observaba a mí, simple mortal, que la había amado lo suficiente para hacer que olvidase su nombre entre las sábanas de seda de su lecho.

En un gesto que abarcaba toda la seducción del Olimpo, se sentó, dejando que la tela que había descansado sobre sus pechos se deslizara a cámara lenta por su vientre, para reposar en su regazo y mostrarme de nuevo el esplendor de su piel caramelizada por el sol. Mi entrepierna mostró su alegría al contemplarla con un pequeño tirón, suficiente para que ella lo percibiera y se dibujase en su boca una sonrisa pícara y juguetona. Pero no continuó en su avance, y yo, cobarde caballero del mundo terrenal, no me atreví a iniciar ningún acercamiento.

Venus notaba, a pesar del reciente acto amatorio, una ligera humedad incómoda entre los muslos, recuerdo del placer experimentado que, por controversia, le hacía desear más; más contacto de un cuerpo joven, más arañazos sobre la espalda blanca de un guerrero valiente, más embestidas de una virilidad recién estrenada en su propio dormitorio, más pelo rubio al que aferrarse mientras su cuerpo se tensaba en un arco casi imposible, desflorar a un joven adolescente inflamaba la lujuria que ardía en su interior hasta convertirla en un amasijo de inconfesables perversiones. Le habría gustado disfrutar un poco más de él, comérselo, respirarlo, agotarlo hasta que suplicase por su vida. Y ¿quién podría impedírselo?

Sus pensamientos eran translúcidos, y yo podía intuirlos porque ella me los mostraba, quizá con la esperanza de que le demostrara que no bastaba una noche para deshacerme, quizá pretendiendo aludir a mi orgullo, o quizá simplemente para dejar claras sus intenciones.

Se levantó, en el suelo quedaron los dorados y malvas que la arropaban, andó hacia mí, felina y sugerente, sus curvas danzando al son de una música imperceptible, alargó su mano y me rozó el pecho, una suave caricia que recreaba un amor inexistente, acercando su aliento a mi cuello, rodeándome con su perfume, enloqueciéndome, cegando mis sentidos a la razón, atándome a sus piernas, obligándome a arrodillarme para perder mi lengua en los recovecos inalcanzables de su sexo, enredando mi pelo entre sus dedos, llevándome al infierno de su lascivia, descendiendo para arrodillarse frente a mí y besarme, mordiendo mis labios, escarlata recorriendo mi nuca, poseyéndome con el rítmico resonar de su respiración entrecortada, escondiéndome del mundo en su abrazo, levitando en un bosque en penumbra, perdiéndome entre pieles cálidas y erizadas, confusas, sin saber dónde terminaba yo y empezaba su dulce feminidad.

Desperté recostado entre laureles, rodeado de nubes de algodón blanco, mi cuerpo repleto de cicatrices no batalladas, su voz cantando a lo lejos, engatusando con sus artes a otro amante al que atormentar con juegos tan complacientes como peligrosos. Una daga sobresalía de mi pecho tiñendo el tiempo de lenta muerte, indolora, casi placentera, cálido río devastador que cerraba mis párpados para devolverme al lugar del que me había rescatado. Se derrumbaron a mi alrededor los paisajes divinos y empezó a dibujarse el escenario de una cruenta guerra, una llanura en la que había recibido una puñalada hacía apenas unas horas, o quizá siglos,... qué más daba.

Estaré en Túnez hasta final de mes. Nos vemos en Octubre.

10 septiembre 2008

De madrugada

Estaba durmiendo y algo me ha despertado, ha sido un despertar suave, y tampoco me importa saber qué interrumpido mi sueño, porque a pesar del frío que hace fuera de la cama, entre las sábanas el calor de nuestros cuerpos ha subido la temperatura.

Silenciosa, disfruto de esta sensación tan peculiar, tu piel desnuda, tan cercana, sintiéndote rodeándome la cintura con los brazos, mientras tu respiración cálida se desliza por mi nuca. Me pego más a ti, y ahora puedo notar lo que me ha despertado, tu pene erecto roza mi trasero, y el deseo empieza a invadirme, humedeciendo levemente mi entrepierna. Me doy la vuelta y te beso suavemente al principio, mi lengua recorre tu cuello, me abrazas más fuerte, te estás despertando y te gusta la sorpresa.

Nuestras manos se buscan, se pierden en mi pecho, en tus muslos, arden. A medio camino entre la vigilia y el sueño, nos encontramos para fundirnos. Me penetras y te mueves despacio, pero la pasión nos corroe, y cada vez dejamos más atrás el letargo de la madrugada. Cambias tus besos por mordiscos y yo te araño la espalda, intensificas tus embestidas y acabamos llenando de gritos y gemidos el aire gélido de las 5 de la mañana.

Rendidos y sonriendo nos miramos tras el orgasmo, dispuestos a dormir un rato más... si nuestros cuerpos nos dejan.

02 septiembre 2008

Encuentro

Me dirigí hacia el lugar elegido para la ocasión, la terraza de un bar céntrico, y elegí una mesa en la que fuera fácil encontrarme. Llegaba pronto, pero no llegué a sentarme, alguien a mi izquierda dijo mi pseudónimo; convirtiéndolo, por primera vez, en algo real y tangible. Me giré y observé a la pareja que me había estado esperando, sentí como también ellos me analizaban mientras les invitaba a sentarse frente a mí.

Recuerdo los nervios, las cosquillas en los pies, la incomodidad de no saber muy bien qué decir; no obstante, tras unos instantes las palabras fluyeron por si solas, teníamos muchas cosas que explicar de nosotros mismos, las identidades tras nuestros respectivos blogs.

Él, maduro pero interesante, me gustaba sentir su mirada clavada en mí. Yo, bebiendo vino blanco, quizá un poco más deprisa de lo habitual. Ella, simpática y dicharachera, llevaba el rumbo de la conversación.

Pero no era como me había imaginado. Al mirarla no podía evitar mi decepción ante aquella mujer que no tenía nada que ver con la imagen que yo había supuesto que se ocultaba tras el velo de la pantalla del ordenador. Y a pesar de no saber qué las distinguía, mediaba entre ellas un abismo insalvable.

Era atractiva, de rostro y rasgos dulces, e intenté recrear su cuerpo desnudo junto al mio, acariciándome, mirándome con sus ojos profundos, jugando a aprisionar mis pezones entre sus labios, recorriendo yo con mi lengua la curva sensual de su cuello,... pero la punzada de placer que esperaba sentir en mi entrepierna no se producía.

Pasaron los minutos en las manecillas de mi viejo reloj, y tras dos horas de risas y confesiones, me despedí, sin poder evitar ni por un instante no sentirme en parte responsable del final embarazoso de la tarde.

01 agosto 2008

Vacaciones

Llega agosto, y la red parece haberse sumido en un veraniego descanso. Los comentarios descienden a medida que las temperaturas suben, las actualizaciones parecen perdidas por mares caribeños,...

Así que, viendo el panorama, creo me tomaré un merecido mes de vacaciones (sólo en lo que se refiere al mundo virtual) y volveré en septiembre para retomar, con más ganas, mis relatos.

Mientras tanto, podéis ir votando en la encuesta de este mes, y aprovechando para ir a la playita...

Que paséis un gran verano; sensual, único y lleno de sexo.


29 julio 2008

Sin querer


He pensado en ti, y mis dedos han ido, por propia iniciativa, a instalarse entre mis muslos. Sin quererlo, sin poder siquiera darme cuenta de lo que pasaba, me he acariciado, mientras te recordaba tras de mí, penetrándome con fuerza, mordiendo mi cuello y amarrándote a mis caderas.

He querido parar pero la imagen de tus ojos lujuriosos perforando mis pupilas me ha hipnotizado, y de nuevo mis manos han buscado mi clítoris y lo han hallado húmedo de deseo. Reptan por mi sexo, cuando evoco tu lengua entre mis piernas. Abajo, más abajo, junto al cielo que nos espera a los perversos seres que amamos el cuerpo de otro. Justo ahí donde te recreabas mi placer se expande de nuevo; te tengo sobre mí como si pudieras de verdad poseerme; grito de placer para que puedas oírme, más allá del mar, dondequiera que estés.

Te necesito.

23 julio 2008

El humo de un cigarro

Te envuelve en el misterio irresoluble de la seducción, y me envenenan esos labios que, ardientes, se aferran a la boquilla de un cigarro. Te observo, y lujurioso me invento otros lugares donde apoyar la carne seductora de tu boca.

Contemplo tus movimientos, todos me parecen lascivos, cargados de erotismo,... dejas escapar el humo suavemente, como si le hicieras un favor, y yo sin poder apartar mis ojos de tu boca entreabierta, deseando que te gires, me mires, y me invites a tu cama. Una cama en la que te imagino felina, hiriente, dominante; un lecho en el que me gustaría amanecer tras haber pertenecido a ese bendito cuerpo que algún dios en el que no creo te dió.

Una calada más y mi mente perturbada vuela directamente al séptimo cielo, me obsesiono con tu cuello, el nacimiento de un escote de vértigo que muestras sin vergüenza. Ah, ángel demoledor, te sabes poseedora del don de la belleza... Eres sangre roja que tiñe de escarlata mis más profundas perversiones. Te deseo, sobre mí, amazona errante, mordiéndome con fuerza todo cuanto quede a tu alcance, lamiéndome con toda la pasión que tu cuerpo de diosa te confiere.

No huyas de mis anhelos, no vendes tus ojos a este pobre ser que te acecha desde el otro lado del bar.

15 julio 2008

Tu cuerpo

Este texto está dedicado a mi hermana, que tan amablemente se ofreció a ser mi modelo.

Me enredas entre las cuerdas de tus brazos; cuando ardiente me tientas con miradas que me electrifican.

Mi piel se eriza con el contacto de tus pestañas en mi nuca; cuando de noche te acercas, silenciosa, y rodeas con tus armas de mujer este cuerpo deseoso de ti.

Tu aliento me envuelve, seductor, caliente; cuando temblando acaricio las curvas de tu templo.

Y muero en cada beso que mis labios posan entre tus muslos, me condeno con cada movimiento de mi lengua, acercándote al exilio del dolor, descubriéndote y dejándote, indefensa, con los latidos de tu corazón acelerados y un brillo fugaz en tus ojos.

Penetro en ti con la dulzura con que el mar acaricia la playa, retornando siempre, una y otra vez, incapaz de abandonar tu imán, el suave color que desprenden tus ojos.

08 julio 2008

Preparativos

Se mira al espejo mientras se pinta los pezones con henna, serán rojizos cuando se seque y la pasta caiga, seca, al suelo. Para ese momento ella habrá pintado también sus labios de un granate intenso como la sangre ardiente que ruborizará sus mejillas en el encuentro. La sombra de ojos será dorada, leve, como un suspiro en la nuca. Las uñas, delicadamente afiladas, como a él le gustan. Adornará su pelo un lirio blanco, y cubrirá su piel tan sólo un vestido de algodón, también blanco, a través del cual él adivinará la intensidad que adorna sus pechos y la ausencia de ropa interior.

Se calza, se maquilla, se acaricia mientras se cubre de crema hidratante con olor a lavanda. Será una flor, impúber y fresca, cuando fingiendo inocencia se acerque a su amante y le dé dos besos, tocando levemente sus mejillas.

Con un gesto teatral, escudriña el espejo en busca de imperfecciones, se da la vuelta y observa cuidadosamente la curvatura de su espalda, el inicio de su trasero, la leve marca de los dedos fuertes que él dejó la última vez que la penetró. Son marcas que jamás se borrarán, pues siguen en su mente, las recuerda cada noche, cuando el sol cae y la soledad la acecha, y sus manos vuelan recordándole.

Se recoge el pelo, dejando el cuello al descubierto, la tentación estirada al máximo, desliza el vestido por sus curvas, se examina. Falta más de una hora para verle, pero llena el bolso con lo que necesita, y se hace a la calle, ansiosa, esperando que él también llegue pronto.



01 julio 2008

Webcam

Erótica llama a la puerta virtual que la conecta con lascivia, ser transmutable que tiene la asombrosa facilidad de proporcionarle tremendos e inolvidables orgasmos. No sabe si es hombre o mujer, y desde luego, no le importa. No es más que negro sobre blanco, excitantes líneas llenando la ventana del chat. Son sus propias manos las que, guiadas por cordones invisibles, acarician su cuerpo de marioneta y la conducen inevitablemente al clímax.

Sentada frente a una pantalla, con un ojo digital enviando a través de una red infinita sus partes más íntimas al descubierto, con la sensación de que está llevando a cabo una perversión inconfesable, los dedos temblando, los labios entreabiertos y la respiración acelerada. Así se muestra ante lascivia: puro deseo, incandescente, inalcanzable, invisible.

24 junio 2008

En soledad


Hoy he llegado a casa, y los ecos del silencio me han dado la bienvenida. No se ha acercado tu perfume a darme la bienvenida, tímido, rozando levemente mi nariz, al abrir la puerta.

Yacía la cama vacía, cual cadáver, atravesada por una franja de luz que se filtraba por la persiana. Sábanas frías y el retumbar de mis pasos en el corredor. ¿Es esto lo que me espera?

¿Dónde quedan tus caricias, mis gemidos, nuestro goce? ¡Si ni mis manos obedecen ya mi deseo! Te has llevado, perdida entre tus libros, mi pasión. Soy un cuerpo inerte, una sombra del ayer perdida en un cajón, olvidada.

Abandonaste mis pechos en las manos heladas del adiós; y a mi sexo, húmedo y ansioso de ti, herido por un ardor insaciable, huérfano de amante, no le quedan ya fuerzas para recordar las vibraciones que antes, con tu lengua, provocabas.

18 junio 2008

Imagina...

Cierra los ojos...

inspira... espira...

Imagina un lugar donde no hay nada, ni frío, ni calor, flota en blanco...

inspira... espira...

Sumérgete en ti mismo, recrea en tu mente cada una de las partes de tu cuerpo desnudo, moldéate como si fueras un escultor, con caricias suaves detalla tus ojos, tu cuello, tu pecho, tu vientre, tus muslos,...

inspira... espira...

Una brisa fresca te rodea, abandónate a ella, eriza tu piel con delicadeza, como un aliento sutil...

inspira... espira...

Una mano te acaricia, unos labios te besan, una boca te muerde, hazte lo que más te guste, disfruta de las atenciones que te prodigas, relájate, disfruta...

inspira... espira...

Toma conciencia de tu cuerpo, condúcelo hacia el orgasmo, sólo pensando en ti, sin escenarios ni juegos, sólo tú y el blanco...

Foto de Ilya Rashap

10 junio 2008

La noche de San Juan (bis)

El sol ya se acercaba al mar, poniéndose lentamente y convirtiendo la playa en un caleidoscópico paisaje de naranjas y violetas.

Sentí la brisa fresca del atardecer y se erizó mi piel, escruté el lugar en busca de aquel desconocido cuya promesa aún latía en mi sexo; pero no había rastro de él, y cada vez quedaba menos gente. Decidí esperar hasta que el sol se escondiera completamente, me envolví los hombros con un pareo y me abandoné a mis pensamientos…

Supe que había llegado al notar su aliento en mi cuello, sus manos deslizándose por mi espalda, cogiendo la fina tela que descansaba sobre mí, vendándome con ella los ojos, mordiéndome el cuello. Ya no tenía manera de saber si quedaba alguien en la arena, ya no existía nada más que esos labios cálidos que recorrían mi nuca, unos dedos hábiles desatando mi bikini, unos brazos fuertes que me obligaban a tumbarme en la toalla, y una lengua húmeda recorriendo mi barriga, arrastrando con ella la sal y el calor de mi cuerpo.

El tiempo se detuvo mientras me mordisqueaba suavemente el clítoris a través de la braguita del bikini; continuó su avance, retirando apenas la tela para dar paso a su lengua, serpenteando por mi sexo, alternando caricias, profundizando en mí; y yo ausente, gimiendo al aire de la noche, buscando su pelo para agarrarle, para que no parara, moviendo mis caderas convulsivamente al ritmo de su boca.

Pero paró, y sus dientes atraparon mis pezones, con fuerza, mis gritos desatándose, guturales, ansiosos, felinos, como mi deseo. Rozaba mi ingle con su pene erecto, se enredaba su nariz en mi pelo, susurraba un “todavía no” incitante, que alimentaba mis ganas. Volvió a bajar hacia mis muslos para librarme de lo poco que cubría mi cuerpo, pidiéndome que me volviera, y tumbada boca abajo acarició mi espalda y mordió mi trasero, reptó sobre mí y me penetró, mientras sus dedos expertos se perdían en mi humedad.

Me besó, y en ese beso pude saborear todo el amor efímero del mundo, y el orgasmo fue espectacular, cuando al sentir que me acercaba al final se agarró con fuerza a mis caderas e incrementó su ritmo para fundirse conmigo.

04 junio 2008

La noche de San Juan

Mi piel quema bajo este sol abrasador, o quizá sea la mirada escrutadora del desconocido que me observa desde la otra parte de la playa la que me hace arder. La arena resbala entre los dedos de mis pies, la cojo con la mano y dejo que caiga sobre mis muslos. Se desliza, suave, por mi barriga, es una caricia provocadora.

El agua cristalina me llama y yo acudo a refrescarme, eriza mi piel, mis pezones se endurecen, y él se acerca con los ojos llenos del placer que espera encontrar; dejo que venga, mi lengua le invita al rozar mi labio superior, mi cuerpo le aguarda. Al llegar me coge de la cintura y me atrae; puedo sentirle, cálido y erecto, rozándose nuestros pechos, enlazo con mis piernas y nos adentramos en el mar, lejos, allá donde los bañistas no distinguen más que dos bocas que se besan.

Me muerde el cuello, salado, noto la humedad de mi sexo y le animo con un gesto. Me penetra despacio, llenando mis recovecos, se mueve con soltura, y yo gimo junto a su nuca y me agarro con fuerza a su pelo. Su excitación me enardece, alimenta mi deseo y se funden mis sentidos.

Estamos más cerca del cielo que del suelo, pero él no quiere volar; me susurra que no acaba aquí mientras se separa de mí, que me espera a la puesta de sol, en el mismo lugar, para hacerme sentir el mejor orgasmo de mi vida. Le veo alejarse nadando mientras yo dejo que los latidos de mi corazón dejen de oírse para volver a mi toalla, abrasadora, bajo el sol. Y no sé si creerle, pero le espero.

30 mayo 2008

Cumpleaños feliz

Vine al mundo un día como hoy, 30 de mayo, hace 26 años.

Hace 12 años experimenté por primera vez la delicia de un cuerpo desnudo.

A pesar de mi pronta iniciación, seis años atrás no podía imaginar todo lo que el sexo podía dar de si mismo.

Hace poco más de tres años, empecé a publicar mis relatos eróticos.

En diciembre de 2005 este blog vio la luz. Más de 60.000 visitantes han disfrutado de sus páginas desde entonces.

El año pasado por estas fechas, me regalé a mi misma el dominio cuerposenlazados.com

A principios de este año añadí las encuestas, y ya van veinticinco.

A día de hoy, sigo compartiendo mis descubrimientos, mis sensaciones, experiencias y fantasías a través de este blog.

Hoy sólo pido un regalo: que el tiempo no me robe estas ganas de aprender, el ansia de la piel de otro, el placer por lo erótico, y sobretodo, la gente que, como vosotros, me acompaña en mis viajes.

Muchas gracias a todos,

27 mayo 2008

Irreconciliables

Hacía tiempo que no escribía poemas, la prosa me parece más cálida para el erotismo, me gusta más cómo me acuna. Pero hoy... hoy os dedico un poema que es tan erótico como romántico.


Evitas mi mirada, y exiges
más
mucho más de lo que puedo darte,
de lo que puedo imaginar.

Te di
mi cuerpo, mis ganas, mis alas;
recibiste todo con los brazos abiertos,
con el cuerpo ardiente y la pasión a flor de piel

Absorbiste,
insaciable, de mi sexo, mi vida y mi aliento.

No te bastaron mis manos,
las noches a tu lado,
las fantasías descubiertas,
los arañazos sobre mi pálida piel.

No te bastaron,
ahora estoy vacía,
de ti, de amor, de deseo.


Foto de Oleg Kosirev

21 mayo 2008

Sin cuartel


Culebras salen de tus labios y se enredan en mis muñecas, "puta", susurras en mi oído y atraviesas mis barreras, me pones a mil aunque yo pretenda evitarlo, esconderlo o negarlo; lo notas en mi entrepierna cada vez más húmeda, "zorra", me dices mirándome con odio y yo no sé si lo estás fingiendo o de verdad te repugna que una cosa así pueda gustarme, y sin embargo sigues insistiendo, nombrando palabras que ahora no puedo pronunciar por el rubor que me provocan, letras enlazadas que me erizan la piel y me endurecen los pezones. Tu mano se dirige con fuerza hacia mi trasero, me pegas sin delicadeza, sueltas tu rabia contenida, me castigas, me muestras todo aquello que yo tenía miedo de aprender. Mis caderas te llaman, te buscan y te encuentran, erecto y ansioso, dispuesto a usar toda la violencia que eres capaz de engendrar. Puedes ver el miedo reflejado en mis pupilas pero me embistes como un animal atacando a su presa, sin cuartel, sin descanso. No es sólo sexo, es más que eso, lo noto en mis entrañas, te noto cabalgándome como nunca y sé que te está gustando tanto como a mí; siento que se acerca mi orgasmo, se abate sobre mí, implacable, imparable, me tensa los músculos a su paso, exploto, sorprendido me miras y pareces volver al dormitorio, coges mi melena y me obligas a darme la vuelta para penetrarme de nuevo, por atrás, buscas tu placer, sin importar los quejidos que emite mi garganta, y cuando al fin te derrumbas convertido en un jirón de espasmos incontrolados sé que hemos transgredido las normas inútiles que yacen ahora, rotas, a los pies de la cama.

13 mayo 2008

Relatos Autobiográficos

La encuesta de estas dos últimas semanas ha tenido miga:

Y como creo que se lo merece, voy a dedicarle el post de esta semana. Y me va a tocar mojarme...

Según los votantes (21 en total), la historia autobiográfica por excelencia es Ella; seguida de muy cerca por Sólo una noche, Sorpresa y La oficina. Atrás quedan Para ti, El garaje, Látex y Striptease.

Como supondreis, ninguna de ellas es completamente autobiográfica. Algunas situaciones, aunque reales en esencia, estan un poco trucadas para que los/las afectados/as no se reconozcan en ellas, o para que la gente que me conoce en persona no sepa detalles escabrosos de mi vida sexual, y los disfrazo de ficción.

No obstante, uno tiene lo que se busca, y cuando puse esta encuesta ya sabía que tendría que dar una respuesta sincera sobre lo que preguntaba.

Lamento deciros que "Ella" no es real; ni siquiera se puede decir que estuviera basado en un hombre y que le haya cambiado el sexo por diversión; es completamente fictíceo; así como también son completamente inventados "Sorpresa" o "Látex".

"Sólo una noche" es, como habeis adivinado, autobiográfico. También lo son "Para ti" (aunque ninguno de los dos hombres era mi pareja) y "Striptease" (eso sí, el final fue diferente).

Sobre los otros dos, diré que no son reales en cuanto a haber pasado, aunque sí he fantaseado con ello.

Espero vuestros comentarios...

06 mayo 2008

Recuerdo

- ¿Te acuerdas? (la voz tiembla)

- Quizá... (ella empieza a sentirse acorralada, se le tensan los músculos de la espalda imperceptiblemente)

- Solía agarrarte fuerte de las caderas y empujar, tomarte como algo de mi propiedad... (se ríe, jocoso, disfruta del momento) me gustaba amarrarme a tu culo, siempre tan duro.

- Si, me acuerdo (un poco molesta quizás, no piensa darle lo que él ansía. Ya no le hace tanta falta)

- Te gustaba que te cogiera la coleta y tirara de ella... (la voz se vuelve más suave, evocadora) la mayoría de mis castigos eran por eso, debías decir "No", y en cambio no parabas de pedirme más. Cuántos latigazos te podrías haber ahorrado... (acaricia la mano femenina que reposa, tranquila, sobre la mesa)

- Sí (le interrumpe, no quiere oírlo). Ahora ya no hago esas cosas (ahora la que se ríe es ella, juguetona, se sabe en posesión de otra realidad, y retira la mano con disimulo, como si la necesitase para atarse la cabellera)

- Deberías hacerlo, estabas muy guapa suplicando que te permitiera tener un orgasmo, que te lo regalara yo (pícaras, las palabras intentan en vano perforar la máscara de ironía de la chica)

- Y tú te regodeabas en tu poder... (su voz se desvanece suavemente, transportada al pasado), me enseñaste mucho...

- Nunca supiste agradecérmelo como debías (una carcajada se le escapa, quiere recuperar el dominio sobre ella y recurre a trucos ya obsoletos)

- ... (no contesta, no sabe si complacerle o mantenerse distante)

- Pero me daba igual, porque me volvías loco (la mira directamente a los ojos, persigue minar su resistencia)

- Sí, aunque al final, eso no sirvió de mucho (busca de reojo el reloj y hace un gesto que indica que se ha hecho tarde). Debo irme... (se levanta, sus labios se acercan a la mejilla del hombre y posan sobre la mejilla un beso dulce)

- ¿Tan pronto? (parece sorprendido, aunque no lo está)

- Sí, va siendo hora de que deje descansar un poco a mi esclavo (coge una correa que descansa en el respaldo de la silla) ¿verdad, cariño? (susurra dirigiéndose a un chico que espera, sentado a su lado, que la cuerda le guíe a la salida)

Él la observa marcharse, erguida y felina como se le impone a una buena ama, y rememora con un nudo en la garganta aquellos tiempos en que fue la sumisa más dominante que jamás conocería.

28 abril 2008

Agua caliente

Aprovechas mis momentos de debilidad para conquistarme, cuando cansada me meto en la bañera ardiente y mi piel se torna más sensible, cuando los aromas de las sales de baño me adormecen, cuando cierro los ojos y me dejo mecer por la música chill out,...

Entonces entras como una sombra silenciosa y te sitúas tras de mí. Tus manos se sumergen en el agua rodeando mis brazos, subiendo hasta los hombros, los recorres en círculos y me susurras al oído cuánto te gusta mi cuerpo.

La temperatura está al máximo pero yo me estremezco cuando con un movimiento suave me retiras el pelo de la cara y desciendes hasta mis pechos. Pellizcas mis pezones y tu lengua avanza por mi cuello, fresca y juguetona. Pretendes cazarme, y entre el vapor de rosas me besas con la delicadeza de un amante inexperto. Inocencia puramente fingida, pues cuando tus dedos se sumergen de nuevo para perderse entre mis piernas demuestras cuan placenteras pueden ser las caricias.

Te mueves con mimo y dedicación, paseando la esponja por todo mi cuerpo, absorbiendo con tus labios mis suspiros, mirándome como si fuera lo más bello de este mundo. Nunca es suficiente, pero a regañadientes cedes ante mi petición de abandonar el baño.

Con la toalla te recreas un poco más, gozas secándome poco a poco, mientras yo me observo en el espejo y te indico entre risas qué trozos de piel has pasado por alto. Simulas enfadarte y me coges en brazos para lanzarme sobre la cama entre jadeos mezcla ya de diversión y excitación.

Y enredados, nos dedicamos toda la noche, como si fuera la última.


21 abril 2008

Ella





Hoy la he soñado, su pelo largo como la eternidad cubriéndole los pechos desnudos, liso y azabache como la noche más oscura; ya se encarga la luna de hacer brillar su melena cuando la ilumina, la quiere para sí, la adora y ansía, como yo, que soy incapaz de decirle todas las cosas que haría por una sonrisa suya. Sus ojos me hechizan, marrones y profundos, me arrastran a profundidades abisales en las que me pierdo sin remedio. 

Mi ángel, tibia y suave como la manta que me abraza las tardes frías de invierno; generosa en sus gestos como su cuerpo en curvas; menuda, delgada y fina cual muñeca que se hizo adulta de golpe y se olvidó de crecer. Y dulce. Nadie sabe ser tan dulce como ella, su sabor se fija en mi lengua recordándome los algodones de azúcar, las tardes de verano y la brisa fresca junto al mar. 

Mi niña bonita, se le eriza la piel con mis caricias que, a pesar de mi empeño, no consiguen ser tan tiernas e intensas como su mirada. Me derrito entre sus brazos, cadenas de terciopelo que me envuelven, sus labios expertos me arrancan los más placenteros gemidos, música para sus oídos; con su lengua traviesa mis penas se hacen agua de rosas, se funden como la nieve bajo el sol. Es mi estrella.


Me he despertado húmeda de sudor, lágrimas y excitación, y una sensación aplastante como la losa de una tumba se ha abatido sobre mí sin compasión. Volvería a dormirme si supiera que volverá, cantarina y alegre, como la primera vez; pero sé que no puedo conjurarla y me regodeo en lo único que me queda: la soledad.

La foto, de Enigma

18 abril 2008

La voz / La veu (en directo)

Jesús Bordas me comunica que ya tiene listo el archivo con mi intervención en su programa de radio; para aquellos que os lo bajeis, estoy en el minuto 37 aproximadamente; pero os recomiendo encarecidamente que lo escucheis completo.

Espero que Jesús (y vosotros) sepais disculpar mi inexperiencia...

La foto, de Ben Heys

15 abril 2008

La voz / La veu

Hace unas semanas, Jesús B., el autor del blog Ellos no existen me propuso participar en su cabaret digital; no tardé ni seis segundos en decidir que lo haría. Me pidió que leyera un texto y acepté. La radio me parecía una ocasión genial para terminar un texto que andaba rondando por mi cabeza desde hacía semanas, pero que no acababa de cuajar. Me puse manos a la obra y me lancé. Por ahora no tengo el clip de audio del programa (que se grabó el 11 de abril y al que prometo enlazaros en cuanto lo tenga), pero podeis entreteneros escuchando los programas anteriores. El texto que resultó fue este (para aquellos que no hablais catalán, el texto está traducido más abajo):

Una veu profunda, gutural, que m'arriba, lasciva, d'un lloc tan desconegut com ell. Vaig deixant que rellisqui, voluptuosa, per la meva pell. M'ordena que m'acariciï el coll i la meva mà obeeix; un calfred em recorre, el desig m'abraça i quan em diu que em toqui els pits ja estic perduda. És tan sensual que sento com em fonc en un mar abismal d'erotisme. Pessiga't, murmura, i sucumbeixo a les seves paraules.

Dirigeix els meus moviments a través del fil telefònic, m'estira al sofà per a que pugui obrir les cames i tocar-me fàcilment, sempre seguint les seves instruccions, deixant que la humitat de l'excitació augmenti fins a límits insospitats; la seva respiració s'accelera per unir-se als gemecs que escapen de la meva gola, fins que un clímax plaent m'envaeix i el silenci omple el saló...

S'acomiada, com sempre, fins al proper divendres, amb un tò que ja denota impaciència; amb la seguretat de que estaré sis dies cercant la seva veu.



(Traducción) Una voz profunda, gutural, me llega, lasciva, desde un lugar tan desconocido como él. Dejo que se deslice, voluptuosa, por mi piel. Me ordena que me acaricia el cuello y mi mano obedece; mi piel se eriza, el deseo me abraza y cuando me dice que me toque el pecho ya estoy perdida. Es tan sensual que siento como me fundo en un mar abismal de erotismo. Pellízcate, murmura, y sucumbo a sus palabras.

Dirige mis movimientos a través del hilo telefónico, me tumba en el sofá para que pueda abrir las piernas y tocarme fácilmente, siempre siguiendo sus instrucciones, dejando que la humedad de la excitación aumente hasta límites insospechados; su respiración se acelera para unirse a mis gemidos hasta que un clímax placentero me invade y el silencio llena el salón...

La despedida, como siempre, hasta el próximo viernes, en un tono que ya denota impaciencia; con la seguridad de que estaré seis días buscando su voz.

08 abril 2008

Del amor y del sexo

A veces uno se acaba preguntando en qué momento aquello que comenzó con un tira y afloja ligeramente sexy acaba en la cama.

En ese momento, puede pasar que sin saber muy bien porqué aquel desliz de una noche (tan efímero como deseabas) termina convirtiéndose en una relación sexual habitual.

En algunos casos, esa relación invade el terreno sentimental...

... y aquí estoy yo ahora. Me niego a creerlo, pero parece que mi amante más reciente (y el mejor hasta ahora) espera que lleguemos un poco más allá de la conversación pre (10 minutos) y post (5 minutos) coito.

¿Cómo le hago entender que lo que quiero es que se vaya tras ducharse? Me gusta dormir sola. Odio que me mire mientras finjo que estoy en fase REM para ver si se larga ya (¿no entiende las indirectas?)

Ya sé como terminan esas cosas, uno empieza por desear conocer más al otro; luego asumes que TU no quieres sexo con otros, pero no sabes si EL sigue follándose a todo lo que pilla; luego abres las puertas a miedos y pudores estúpidos (¿si le cuento mis experiencias creerá que soy una puta? ¿pedirle que me folle es demasiado fuerte? ¿creerá que soy una golfa si le dejo hacer eso? ¿lo estaré haciendo mal? ¿me quiere? ¿en esta postura se me ve la celulitis?); para terminar deseando que sepa que le AMAS, y entonces el sexo cambia.

Cuando la otra persona nos importa tenemos MIEDO al rechazo, a sufrir, a las ofensas involuntarias, a no saber, a saber demasiado,... Desde hace unas semanas mi amante ya no es tan salvaje... no me ata a la cama, no me grita que le mire, no me araña los muslos con todas sus ganas,...

Si ya sabemos que nos gusta practicar SEXO juntos y sólo hay que ver qué tal va con el AMOR, ¿porqué volver atrás, introduciendo de nuevo las dudas que tenemos cuando viene antes el AMOR que el SEXO?

Uy, yo diría que está a punto de correrse, quizá debería mirarle y lanzar algún gemido para que no sepa en qué estoy pensando...

Ahhhh ohhhhmmmaaa


PD.: Ya sé que esto se sale de lo habitual, pero las conversaciones sobre sexo entre amigos a veces son reveladoras :)

01 abril 2008

Striptease
















Me miras indeciso, sin saber a qué atenerte, casi se podría decir que nervioso. Me sitúo tras de ti y abrazándote la cintura te susurro de nuevo que te sientes.

- Sabes que no me gustan las sorpresas.

- Esta te gustará - te digo y sonrío, pícara, para convencerte.

Te acomodas por fin en la silla y me miras extrañado mientras te ato las manos para que no puedas tocarme. Me alejo sinuosa hacia el equipo de música y dejo que sonidos chill out invadan la habitación. Tu observas sarcástico que tu asiento está situado frente a un espejo de cuerpo entero.

Sin dejar de mirarte, contoneo mis caderas al ritmo lento de la música y te acaricio el pecho. Un beso tranquilizador en la frente y me alejo de nuevo.

Bailo, y mis manos se deslizan a lo largo de mi cuerpo, acariciándome y desabrochando la camisa de colegiala. En un solo gesto, me deshago de la falda y dejo caer la camisa. La música va "in crescendo", y me acerco al espejo para apoyarme en él y mostrarte una visión perfecta de mi culo. Cuando vuelvo a posar mis ojos en ti, ya no sabes a dónde mirar, dividido entre lo que puedes ver de mi cuerpo y lo que te muestra el espejo, mi cómplice.

Me aproximo a ti, sentándome sobre tus rodillas para quitarme el sujetador y pasearme a tu alrededor. Abandono mis braguitas sin apartarme demasiado, para tumbarme en el suelo frente a ti y jugar con mi cuerpo, como lo hago cuando estoy sola. Pero ahora tú me miras y eso me vuelve loca, y me atrevo a ponerme a cuatro patas de cara al espejo sin parar de tocarme, y siento cómo tu respiración se acelera con la mia, y cómo luchas por deshacerte de los nudos.

Mi orgasmo está cerca y decido darme un respiro, mis dedos bajan tu cremallera y mi lengua, ansiosa, recorre tu miembro. Tu corazón se acelera y las palmas de las manos te sudan, pero estoy decidida a no dejarte escapar y cuando te veo preparado me siento sobre ti, de espaldas, para que observes en el espejo el vaivén de mis pechos, hasta que los dos, rendidos, nos derramamos en un mar de sonrisas, contracciones y felicidad.

Mi destino (quinta y última parte)














El amanecer llegó de repente, como la certeza de que no podía esperar más para tenerle entre mis piernas. La excitación que me dominaba era tal que me propuse llevarla al límite. Me puse un vestido vaporoso, blanco y con la espalda descubierta y unas sandalias, omitiendo la ropa interior.

Me pasee por la habitación recogiendo mis cosas y mirándome en el espejo para comprobar que, como era mi intención, la levedad de la ropa dejaba entrever mi cuerpo desnudo.

Tardé en encontrarle, entre los desperdicios de una fiesta que duró mucho más allá de lo que yo pude aguantar. Mi amigo Jones dormía con los pantalones por las rodillas junto a una pelirroja, con la boca abierta y varias botellas vacías alrededor. Aquello era la resaca de Sodoma. Al fin le vi, mirando por una de las ventanas de la cocina, aparentemente concentrado en el paisaje.

Sin mediar palabra, me acerqué a él y le besé, apasionada, abrazándole. No tardó en llevar sus manos a mi trasero y percatarse de la ausencia de impedimentos. Sin dejar de morderme los labios, subió mi vestido y se acercó aún más, consiguiendo que mi libido se elevara al notar su erección.

Me penetró de pie, entre todo aquel caos, y sus gemidos invadieron el aire de la cocina, se colaron en mis oídos. Y a pesar de que no le he vuelto a ver, aún puedo oír su voz al llegar al orgasmo.

14 marzo 2008

Durante estas últimas y próximas semanas, entre viajes, trabajo y placer, el tiempo no me permite actualizar tan a menudo como quisiera.

Espero que abril me devuelva un poco más de tranquilidad y pueda, por fin, revelaros el final de la historia que tenemos a medias; mientras tanto, os dejo una encuesta y la promesa de que voy cogiendo ideas...


27 febrero 2008

Mi destino (cuarta parte)


Volví a la fiesta, pero me sentía completamente fuera del ambiente y no tardé en retirarme a la habitación que una criada puso a mi disposición al manifestar mi deseo de dormir.

Como era mi costumbre (y lo sigue siendo), me desvestí y me acurruqué entre las mantas totalmente desnuda. Antes de que pudiera ponerme a pensar, mi mente había abandonado el mundo real para abandonarse a fantasías húmedas. En algún momento de la noche noté una presencia conocida que se tumbaba junto a mí y me vendaba los ojos. Adormecida, completamente quieta, sentí su pecho caliente contra mi espalda y una caricia en mis muslos. Era él.

Suave y contenido, rozó mis hombros con su lengua, erizándome la piel y despertándome del letargo en el que me hallaba sumida. Mi cuerpo cobraba vida gracias a sus manos expertas, que ahora se dedicaban a pellizcar mis pezones con fuerza y rudeza, mientras sus labios se perdían entre mi pelo, susurrando palabras eróticas.

Húmeda y anhelante, acogí sus dedos en mi sexo, los estreché y recibí sus mimos delicados. Cada vez más mojada, fui sucumbiendo a su voz pausada que me guiaba por senderos repletos de historias ardientes. Cerca ya del orgasmo, percibí su miembro duro contra mis caderas, y estallé entre imágenes de placer desenfrenado.

Y otra vez, sin darme tiempo a recuperar el aliento, desapareció silencioso de la habitación, dejándome esta vez con una venda en los ojos y una explosión entre las piernas.

... CONTINUARÁ

11 febrero 2008

Mi destino (Tercera parte)


El primer botón se deslizó entre mis dedos; le siguió el segundo y el tercero y el cuarto, mientras mis ojos seguían fijos en aquel desconocido que provocaba en mí todo el placer de la perversión. Podía sentir la humedad en mi sexo, tan intensa como en aquellos fugaces instantes de pasión juvenil, antes de que la sociabilidad de mi caracter me redujera a un animal incapaz de sentirse a si mismo sin los demás.

Fui consciente de cada trozo de mi que destapaba al abrir la camisa, sabía el deseo que provocaba el vello suave que cubría mi vientre, la curva perfecta de los pechos recogidos en un sujetador de encaje blanco, la piel levemente erizada de mi cuello, el temblor de mis manos, mi mirada lasciva. Su anhelo podía palparse en el aire que separaba su cuerpo del mio, notaba que su respiración se aceleraba a medida que la tela se escurría por mis hombros y caía, vacía de contenido y de causa, inerte, sobre la alfombra roja.

Su voz ronca llenó la habitación al pedirme que me diera la vuelta y apoyara los antebrazos sobre mi nuca. Quedé casi ciega, en la semioscuridad de la habitación, envuelta en sombras, vibrando de avidez, percibiendo sus pasos acercándose, su respiración ardiente junto a mí, sus manos en mis pechos, pellizcándome los pezones con vehemencia, paseando su lengua por mis omóplatos, bajando hacia el ombligo, recreándose al ver cómo intentaba no moverme y romper el hechizo. No sé decir cuánto tiempo permanecimos así, él explayándose con mi torso desnudo, yo inmóvil.

De repente, me giró hacia él y posó sus labios en los míos para darme un beso suave y lánguido. Me ordenó que me vistiera y salió de la habitación, dejándome sola, enardecida...

... CONTINUARÁ

01 febrero 2008

Elegía al desamor

Me alegra anunciaros la creación de un nuevo blog de poemas, no eróticos, que me he decidido a publicar esta semana. Se llama Elegía al desamor y estais todos invitados.


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30 enero 2008

Mi destino (Segunda parte)

Aquella noche no pude averiguar su nombre. En una fiesta como aquella, preguntar directamente habría sido como admitir que tu círculo social tenía una fisura; claro que siempre le podría haber preguntado a Jones, pero él se enganchó a las caderas de una rubia y desapareció sigiloso y rápido entre la gente.

Hablamos, siempre acompañados por caras cambiantes, de arte y literatura, de cine, de anécdotas infantiles, de política,... las agujas del reloj avanzaban imparables hacia la mañana y yo, cada vez más achispada, veía truncada mi esperanza de calmar mi sed. Se hicieron frecuentes los roces accidentales de nuestras manos, se acortó la distancia entre nuestros cuerpos, su mirada recorrió mi escote y se perdió en mi pelo, la mía taladró sus ojos; no obstante, la situación parecía que no podía ir más allá; el muchacho, caballeroso y galán, parecía reticente a darme una sola oportunidad para declarar mis intenciones, así que abandoné la fiesta antes del amanecer, con toda la desgana y acedía posibles.

Unos meses más tarde, tras acudir a todos los eventos a las que era invitada y obteniendo resultados infructuosos en lo que concernía al encuentro con el desconocido, Jones me propuso una fiesta en un palacete a las afueras, con piscina y posibilidad de pasar la noche allí. Acepté sin saber que aquella era la casa donde mi deseo yacía, dormido, junto a un joven de cabello castaño.


Llegué a la fiesta dispuesta a comerme el mundo, ardiente; como siempre, Jones y yo nos encargamos primero de hacernos con unas copas de cava, para pasar a buscar al anfitrión con la mirada. Confiaba en él, pues yo no tenía ni idea de quién podía ser. Con un gesto elegantemente estudiado, Jones llamó su atención con la mano y se hizo a un lado para observar el cambio de mis rasgos al ver a aquel chico acercándose a nosotros con una amplia y seductora sonrisa en el rostro.

Mi amigo había desaparecido (quizá tras un hombro desnudo) y sólo quedaba yo esperándole, comiéndome con la mirada todo lo que de él alcanzaba a imaginarme. Noté como mi lascivia se filtraba por mis poros y asomaba a mis labios, modificaba mi postura para hacerla más sensual.


No me hizo falta insinuarme más, al acercarse a mi mejilla, y en lugar de los dos besos, me saludó con un susurrante "sígueme" que yo obedecí. Unos instantes después estaba en una habitación en penumbra frente a él.

Se sentó en la cama y me ordenó que me desabrochara la camisa. Su voz era firme, pero delataba su apetencia, su necesidad; y yo no pude resistirme. Mis dedos treparon por mi camisa y soltaron suavemente el primer botón...

... CONTINUARÁ

11 enero 2008

Mi destino (Primera parte)

Nuestro primer contacto físico fue el día que nos presentaron; por aquella época, ya se había puesto de moda la costumbre de saludar a la gente con dos besos en las mejillas, y en el círculo social en el que yo me movía habría sido impensable que yo no lo hubiera hecho; aunque a mí no me gustaba especialmente.

La anfitriona de la fiesta me recibió al llegar con una alegría fingida, recargada como el collar que envolvía su cuello, y me condujo al único grupo de invitados situado junto al gran ventanal del salón. Lo constituían varios hombres, entre quienes reconocí a mi gran amigo Jones y a su hermano; les acompañaban dos banqueros a quienes conocía de vista y un desconocido demasiado joven para los estándares de estas reuniones. No es que la gente fuera precisamente mayor, pero los hombres solían oscilar entre los cuarenta y los cincuenta años; mientras que las mujeres no solían tener más de treinta, que era la edad que aparentaba aquel hombre que me observaba con curiosidad.

Jones debió leer en mis ojos al acercarme a saludarle que deseaba acercarme a alguno de sus acompañantes porque pese a mi habitual reticencia al saludo, fui regalando ligeros toques de mis labios a cada mejilla que se me ofreció con una sonrisa enigmática; mientras él contemplaba embelesado aquel derroche de simpatía tan impropio de mí. Cuando por fin pude rozar su piel sentí como me invadía el olor a su colonia, suave, seductor, embriagador incluso; demasiado suave para resultar ofensivo, pero imposible de pasar por alto. Sin darme cuenta mi mano se acercó a la suya y se encontraron nuestros dedos, enlazándose durante un momento. Supe que mi noche estaba sentenciada irremediablemente, que mi destino estaba ligado a su cuerpo; y un estremecimiento dulce recorrió mi columna, centrándose en mi entrepierna...

... CONTINUARÁ