21 abril 2008

Ella





Hoy la he soñado, su pelo largo como la eternidad cubriéndole los pechos desnudos, liso y azabache como la noche más oscura; ya se encarga la luna de hacer brillar su melena cuando la ilumina, la quiere para sí, la adora y ansía, como yo, que soy incapaz de decirle todas las cosas que haría por una sonrisa suya. Sus ojos me hechizan, marrones y profundos, me arrastran a profundidades abisales en las que me pierdo sin remedio. 

Mi ángel, tibia y suave como la manta que me abraza las tardes frías de invierno; generosa en sus gestos como su cuerpo en curvas; menuda, delgada y fina cual muñeca que se hizo adulta de golpe y se olvidó de crecer. Y dulce. Nadie sabe ser tan dulce como ella, su sabor se fija en mi lengua recordándome los algodones de azúcar, las tardes de verano y la brisa fresca junto al mar. 

Mi niña bonita, se le eriza la piel con mis caricias que, a pesar de mi empeño, no consiguen ser tan tiernas e intensas como su mirada. Me derrito entre sus brazos, cadenas de terciopelo que me envuelven, sus labios expertos me arrancan los más placenteros gemidos, música para sus oídos; con su lengua traviesa mis penas se hacen agua de rosas, se funden como la nieve bajo el sol. Es mi estrella.


Me he despertado húmeda de sudor, lágrimas y excitación, y una sensación aplastante como la losa de una tumba se ha abatido sobre mí sin compasión. Volvería a dormirme si supiera que volverá, cantarina y alegre, como la primera vez; pero sé que no puedo conjurarla y me regodeo en lo único que me queda: la soledad.

La foto, de Enigma

2 comentarios:

Aires dijo...

Me ha gustado compartir ese sueño tuyo. Besitos.

Sherezade dijo...

Ha sido un placer :)