06 mayo 2008

Recuerdo

- ¿Te acuerdas? (la voz tiembla)

- Quizá... (ella empieza a sentirse acorralada, se le tensan los músculos de la espalda imperceptiblemente)

- Solía agarrarte fuerte de las caderas y empujar, tomarte como algo de mi propiedad... (se ríe, jocoso, disfruta del momento) me gustaba amarrarme a tu culo, siempre tan duro.

- Si, me acuerdo (un poco molesta quizás, no piensa darle lo que él ansía. Ya no le hace tanta falta)

- Te gustaba que te cogiera la coleta y tirara de ella... (la voz se vuelve más suave, evocadora) la mayoría de mis castigos eran por eso, debías decir "No", y en cambio no parabas de pedirme más. Cuántos latigazos te podrías haber ahorrado... (acaricia la mano femenina que reposa, tranquila, sobre la mesa)

- Sí (le interrumpe, no quiere oírlo). Ahora ya no hago esas cosas (ahora la que se ríe es ella, juguetona, se sabe en posesión de otra realidad, y retira la mano con disimulo, como si la necesitase para atarse la cabellera)

- Deberías hacerlo, estabas muy guapa suplicando que te permitiera tener un orgasmo, que te lo regalara yo (pícaras, las palabras intentan en vano perforar la máscara de ironía de la chica)

- Y tú te regodeabas en tu poder... (su voz se desvanece suavemente, transportada al pasado), me enseñaste mucho...

- Nunca supiste agradecérmelo como debías (una carcajada se le escapa, quiere recuperar el dominio sobre ella y recurre a trucos ya obsoletos)

- ... (no contesta, no sabe si complacerle o mantenerse distante)

- Pero me daba igual, porque me volvías loco (la mira directamente a los ojos, persigue minar su resistencia)

- Sí, aunque al final, eso no sirvió de mucho (busca de reojo el reloj y hace un gesto que indica que se ha hecho tarde). Debo irme... (se levanta, sus labios se acercan a la mejilla del hombre y posan sobre la mejilla un beso dulce)

- ¿Tan pronto? (parece sorprendido, aunque no lo está)

- Sí, va siendo hora de que deje descansar un poco a mi esclavo (coge una correa que descansa en el respaldo de la silla) ¿verdad, cariño? (susurra dirigiéndose a un chico que espera, sentado a su lado, que la cuerda le guíe a la salida)

Él la observa marcharse, erguida y felina como se le impone a una buena ama, y rememora con un nudo en la garganta aquellos tiempos en que fue la sumisa más dominante que jamás conocería.

2 comentarios:

Susy dijo...

Hola:
Me ha encantado visitar tu espacio, pasaré con calma para ir leyendo todos tus blogs..
Un saludo.

Susy.

Sherezade dijo...

Hola Susy, y bienvenida a este mundo de placer...