29 julio 2008

Sin querer


He pensado en ti, y mis dedos han ido, por propia iniciativa, a instalarse entre mis muslos. Sin quererlo, sin poder siquiera darme cuenta de lo que pasaba, me he acariciado, mientras te recordaba tras de mí, penetrándome con fuerza, mordiendo mi cuello y amarrándote a mis caderas.

He querido parar pero la imagen de tus ojos lujuriosos perforando mis pupilas me ha hipnotizado, y de nuevo mis manos han buscado mi clítoris y lo han hallado húmedo de deseo. Reptan por mi sexo, cuando evoco tu lengua entre mis piernas. Abajo, más abajo, junto al cielo que nos espera a los perversos seres que amamos el cuerpo de otro. Justo ahí donde te recreabas mi placer se expande de nuevo; te tengo sobre mí como si pudieras de verdad poseerme; grito de placer para que puedas oírme, más allá del mar, dondequiera que estés.

Te necesito.

23 julio 2008

El humo de un cigarro

Te envuelve en el misterio irresoluble de la seducción, y me envenenan esos labios que, ardientes, se aferran a la boquilla de un cigarro. Te observo, y lujurioso me invento otros lugares donde apoyar la carne seductora de tu boca.

Contemplo tus movimientos, todos me parecen lascivos, cargados de erotismo,... dejas escapar el humo suavemente, como si le hicieras un favor, y yo sin poder apartar mis ojos de tu boca entreabierta, deseando que te gires, me mires, y me invites a tu cama. Una cama en la que te imagino felina, hiriente, dominante; un lecho en el que me gustaría amanecer tras haber pertenecido a ese bendito cuerpo que algún dios en el que no creo te dió.

Una calada más y mi mente perturbada vuela directamente al séptimo cielo, me obsesiono con tu cuello, el nacimiento de un escote de vértigo que muestras sin vergüenza. Ah, ángel demoledor, te sabes poseedora del don de la belleza... Eres sangre roja que tiñe de escarlata mis más profundas perversiones. Te deseo, sobre mí, amazona errante, mordiéndome con fuerza todo cuanto quede a tu alcance, lamiéndome con toda la pasión que tu cuerpo de diosa te confiere.

No huyas de mis anhelos, no vendes tus ojos a este pobre ser que te acecha desde el otro lado del bar.

15 julio 2008

Tu cuerpo

Este texto está dedicado a mi hermana, que tan amablemente se ofreció a ser mi modelo.

Me enredas entre las cuerdas de tus brazos; cuando ardiente me tientas con miradas que me electrifican.

Mi piel se eriza con el contacto de tus pestañas en mi nuca; cuando de noche te acercas, silenciosa, y rodeas con tus armas de mujer este cuerpo deseoso de ti.

Tu aliento me envuelve, seductor, caliente; cuando temblando acaricio las curvas de tu templo.

Y muero en cada beso que mis labios posan entre tus muslos, me condeno con cada movimiento de mi lengua, acercándote al exilio del dolor, descubriéndote y dejándote, indefensa, con los latidos de tu corazón acelerados y un brillo fugaz en tus ojos.

Penetro en ti con la dulzura con que el mar acaricia la playa, retornando siempre, una y otra vez, incapaz de abandonar tu imán, el suave color que desprenden tus ojos.

08 julio 2008

Preparativos

Se mira al espejo mientras se pinta los pezones con henna, serán rojizos cuando se seque y la pasta caiga, seca, al suelo. Para ese momento ella habrá pintado también sus labios de un granate intenso como la sangre ardiente que ruborizará sus mejillas en el encuentro. La sombra de ojos será dorada, leve, como un suspiro en la nuca. Las uñas, delicadamente afiladas, como a él le gustan. Adornará su pelo un lirio blanco, y cubrirá su piel tan sólo un vestido de algodón, también blanco, a través del cual él adivinará la intensidad que adorna sus pechos y la ausencia de ropa interior.

Se calza, se maquilla, se acaricia mientras se cubre de crema hidratante con olor a lavanda. Será una flor, impúber y fresca, cuando fingiendo inocencia se acerque a su amante y le dé dos besos, tocando levemente sus mejillas.

Con un gesto teatral, escudriña el espejo en busca de imperfecciones, se da la vuelta y observa cuidadosamente la curvatura de su espalda, el inicio de su trasero, la leve marca de los dedos fuertes que él dejó la última vez que la penetró. Son marcas que jamás se borrarán, pues siguen en su mente, las recuerda cada noche, cuando el sol cae y la soledad la acecha, y sus manos vuelan recordándole.

Se recoge el pelo, dejando el cuello al descubierto, la tentación estirada al máximo, desliza el vestido por sus curvas, se examina. Falta más de una hora para verle, pero llena el bolso con lo que necesita, y se hace a la calle, ansiosa, esperando que él también llegue pronto.



01 julio 2008

Webcam

Erótica llama a la puerta virtual que la conecta con lascivia, ser transmutable que tiene la asombrosa facilidad de proporcionarle tremendos e inolvidables orgasmos. No sabe si es hombre o mujer, y desde luego, no le importa. No es más que negro sobre blanco, excitantes líneas llenando la ventana del chat. Son sus propias manos las que, guiadas por cordones invisibles, acarician su cuerpo de marioneta y la conducen inevitablemente al clímax.

Sentada frente a una pantalla, con un ojo digital enviando a través de una red infinita sus partes más íntimas al descubierto, con la sensación de que está llevando a cabo una perversión inconfesable, los dedos temblando, los labios entreabiertos y la respiración acelerada. Así se muestra ante lascivia: puro deseo, incandescente, inalcanzable, invisible.