24 noviembre 2008

Ainoa

Estaba tan cerca de mí que podía notar su aliento en mis labios. Me miraba, seductora, haciendo temblar mis rodillas. Cerré los ojos y me abandoné a la sensación que me producía el deseo extendiéndose por todo mi cuerpo; el primer contacto fue casi imperceptible, apenas un roce suave que se fue intensificando; se entreabrieron nuestras bocas, saboreé la calidez de su lengua. Sus manos se deslizaron por mi cintura, treparon por mi espalda; su cuerpo se pegó al mío, abrí los ojos y pude ver su sonrisa, traviesa y lujuriosa, invitándome a descubrirla. Agarré su mano y nos alejamos de la gente.

En un rincón apartado, ella me rodeó las caderas desde atrás, y con su lengua juguetona fue recorriendo mi nuca; sus dedos serpentearon por mi vientre hasta mi pecho para pellizcar mis pezones con suavidad. Me di la vuelta, agarré su trasero con fuerza y la besé de nuevo, con furia lasciva, casi obscena; ella me correspondió lanzándome sobre la arena y sentándose a horcajadas sobre mí. Ainoa sabía, como sólo las mujeres pueden saberlo, que era la primera vez que me acostaba con una chica, lo que no fue un impedimento para que empezara a repartir besos por todo mi cuerpo.

Se deslizó sobre las mariposas de mi estómago, mientras con su mano experta subía mi falda y se sumergía en mi sexo. Gemí, sonrió, y tras unos breves instantes su lengua ya recorría mi clítoris. Aprovechando su posición, lamía mis muslos y me mordía suavemente. Yo enloquecía, conquistada por sus dedos hábiles. Se acercó a besarme y me ofreció su cuerpo.

Con la punta de los dedos, acaricié su cuello, su pecho, su vientre, rodee su ombligo y me situé tras ella antes de decidirme a masturbarla. Mi aliento en su nuca, mis pezones erectos rozando su espalda, mi mano perdida entre sus piernas en un interminable vaivén, sus gemidos contenidos, su movimiento de caderas, su piel erizada, su pelo rojo revuelto, mi ansia de mujer colmada entre sus labios, su orgasmo mojando mis dedos, nuestras miradas prendidas. No me cansé de su cuerpo ni de su sexo. El orgasmo que la sacudió no fue suficiente para saciar mi hambre de mujer ni mi deseo por aquella piel pecosa cuya diosa se había abierto a mí sin pudores.

Pero era el momento de ofrecerme, sus ojos así me lo indicaban, y lo hice mirándola a los ojos con toda la franqueza de la lujuria que ardía en mí, recostando mi espalda en la arena y esperando, observando con impaciencia cómo se acercaba. Tentadora, temblando en sus manos el ansia de recorrerme, sonriendo en sus labios la travesura gatuna, retiró rápidamente la falda que aún se replegaba en mis caderas y se estiró a mi lado, con la cascada roja de su pelo reposando sobre mi pecho. Sus dedos ágiles volaban erizándome el vello de los muslos, y sentía su aliento caliente acercándose lentamente a mis pezones, provocando aún más el deseo que nacía en lo más hondo de las entrañas. Aquello no era amor, pero se le parecía tanto que dudaba realmente que pudiera llegar a apartarme de ella.

Me abrazó hasta que empezó a amanecer. No paramos de besarnos, de amarnos, de llegar al cielo y descender para subir de nuevo como en una montaña rusa de placer desconocido.

Las gotas de sudor recorrían nuestras frentes, se deslizaban por las espaldas y se suicidaban por nuestros vientres en una fiesta de confesiones secretas. El sol interrumpió nuestras intimidades, quise yo desayunar con ella en mi habitación del hotel, se negó ella con el pretexto de unos padres inquisidores y acabamos despidiéndonos con un enlace de lenguas duradero y feroz, ante la atónita mirada de un recepcionista al que le dimos tema de excitación para mucho tiempo.

Subí al ascensor con tiempo para verla desaparecer calle abajo, para enfrentarme a una cama fría y vacía, para soñar en el verano que me quedaba por delante, lleno de promesas de sexo placentero.



8 comentarios:

Selket dijo...

Otra historia fascinante... Disfruto mucho pasar por aquí, me encantan tus historias.

Saludos

Anónimo dijo...

Sherezade me desconectas totalmente cuando leo tus escritos y prácticamente quedo tan impactado como el recepcionsta del hotel.

Un beso.

Brodac

j dijo...

Un placer.

Sherezade dijo...

Selket, a mí también me encanta verte por aquí.

Brodac, esa es mi intención ;)

J, el placer es mio.

Besos a tod@s

Anónimo dijo...

Sherezade....cuándo publicas algo?

Sherezade dijo...

Pronto, lo antes posible, en cuanto tenga un sólo instante para ponerme a describir todo el sexo del que disfruto ;)

sex shop online dijo...

Sherezade queremos conocer como escribes

juan dijo...

me encantan tus relatos http://www.mijuguetex.es