18 septiembre 2010

Sobre mí

Llueve. Las gotas de lluvia resbalan por la ventana tras la que puedo ver el muro del edificio de enfrente. Trato de concentrarme en el patrón de líneas que forman los ladrillos rojos, evitando un orgasmo inminente. Ella está sobre mí, moviéndose arriba y abajo, engullendo mi sexo en el suyo, contrayendo los músculos para aprisionarme un poco más.

Desde aquí puedo ver sus labios entreabiertos a través de los cuales escapan gemidos y suspiros, su cuerpo se abandona al placer con ojos cerrados, para que nada la despiste de la cálida sensación de tenerme a su disposición. Su pecho se bambolea al ritmo que imprimen sus rodillas; de vez en cuando me mira, coge mis manos y las conduce hacia sus pezones, preguntándome con voz gutural si me gusta que me folle. Esa palabra tan vulgar me provoca una punzada en la entrepierna, un aviso más de lo cerca que estoy del final.



No quiero que termine, me gusta prolongar el momento en el que ella está encima de mí, enlazando sus caderas con las mías. Pero ella ha decidido descubrirme una pequeña porción del paraíso; suavemente ,se quita la goma que sujetaba su melena y su pelo suelto se desparrama por sus hombros. Apoya las manos en mis rodillas y se inclina hacia atrás, a la vez que coloca sus pies junto a mis hombros y empieza a moverse más deprisa. Le agarro las caderas y la ayudo a seguir el ritmo, la vista se me nubla y ya no veo los ladrillos del edificio de enfrente. Siento la tensión previa a ese final que quería evitar, pero esta vez me dejo llevar por sus vaivenes y muevo mis manos para acariciarla hasta que el clímax llega y se va, dejándonos a los dos exhaustos.

12 septiembre 2010

Huellas en la arena - Relato 4

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos y tres.


Cuando le conocí, nunca habría imaginado acabar en sus brazos. Nada en él anticipaba las maravillas de las que era capaz, las largas horas de sudorosos gemidos seríamos capaces de disfrutar juntos.

Le gustaba morderme los pezones hasta el límite de mi excitación, ansiaba perderse una y otra vez en mi húmeda entrepierna para conducirme sin descanso a la cumbre del orgasmo y conseguir que me derritiera entre convulsiones. Me gustaba deslizar mi lengua por su ombligo, acariciar su sexo con mi lengua para hacerlo desaparecer después entre mis labios, ansiaba sentir sus embestidas impetuosas, mientras me dejaba dominar sabiendo que yo también conducía el juego.

Nuestro lecho era una dimensión donde no existía nada más; nos devorábamos a la espera de un fin del mundo que no llegó jamas. Me aprendí de memoria el color de su piel, sus curvas y rectas, los lugares en los que el vello era más oscuro y sus debilidades; exploté como pude aquel inmenso y cálido océano. Olvidamos la inexistencia de la deidad a la que aclamábamos entre espasmos liberadores, para acabar mirándonos fijamente, entre respiraciones aceleradas y gotas de sudor recorriendo nuestras frentes.

Banda sonora: "Nueche d'insomniu" de Toli Morilla (https://www.youtube.com/watch?v=iaI-YcLGpd0)

16 abril 2010

Al despertar

Abro los ojos lentamente, me revuelvo en la cama, inquieta, las sábanas están enmarañadas A mi lado un hueco en la almohada, iluminado por el sol de mediodía, me revela tu ausencia; respiro profundamente, y noto como la seda envuelve los arañazos de mi espalda, se filtra entre mis muslos y los acaricia. Siento tu sabor amargo, los labios inflamados, el dolor en las ingles, los músculos agarrotados. Recorro con los dedos las marcas de sexo que has dejado tatuadas en mi cuerpo; te echo de menos y pienso: que todavía quedan horas hasta que vuelvas, y conviertas el beso tierno de bienvenida en un intenso vaivén de lenguas, y me lances con furia sobre el lecho aún revuelto, y me ates las manos a la espalda, y me cojas del pelo para morderme el cuello, y me hagas tuya con la furia de un huracán desmedido. Mi cuerpo dolorido reacciona a tu recuerdo y al anticipo de otra guerra de cuerpos desnudos; no puedo, no quiero esperar. Con prisa me levanto para preparar mis armas, mientras mis manos teclean un mensaje en el móvil:
"Aún hay supervivientes en el campo de batalla"

09 enero 2010

Huellas en la arena - Relato 3

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno y dos.


Hubo un tiempo en el que odiaba los fines de semana, no tenían nada especial; de lunes a viernes, en cambio, cuando se acercaba la hora, mis rodillas temblaban. Hubo un tiempo en que todas las noches, él aparecía en mis sueños como un Adonis merecedor de mis más húmedos parajes; era mi hombre Cola Light. Pero incluso las fantasías más arraigadas terminan tarde o temprano, y aquello que nos unía en el mismo lugar cada tarde estaba a punto de terminar.

Aquella última noche fue, por mi parte, la realización de un acto desesperado; cuando la recuerdo, pienso que el ansia por tenerle debía percibirse con la misma claridad que la luna llena; por supuesto, él lo supo, porque me condujo discreta y elegantemente lejos de las miradas ajenas, a un lugar solitario desde donde podía contemplarse lo que yo creía que era todo mi mundo.

Rememoro ahora sus caricas maduras y mi sexo palpita... Me miraba, ni un instante dejó de clavar sus ojos en mí; y eso me encantó, era el primer amante que no se abandonaba ante mis caricias inmerso en sus pensamientos y con los párpados caídos. Sus palabras me electrizaban, elevándome, acercándome a las estrellas que nos observaban. Las conservo intactas en la memoria, envejecidas por el tiempo y repetidas hasta la saciedad por otros amantes; y aunque no parecen más que alientos insignificantes, cobran de nuevo todo su sentido cuando las traslado a aquel mirador perdido.

Era delicioso sentir su cuerpo ardiente tan cerca del mio, dejarme arrastrar por su torbellino, tan preocupada por gustarle, tan niña y tan mujer entre sus manos, completamente entregada, absorbiendo todos los detalles para revivirlos más tarde, en un delirio de fantasías y caricias a escondidas. Me hizo sentir como una diosa, cuyas manos contenían todo el placer del mundo.

Su sabor perduró mucho tiempo en mi memoria, excitante y único; creía que gracias a él había aprendido a gustarme sin reparos, a dejarme llevar; pensé que había madurado de golpe y porrazo; pero, aunque tardé un tiempo, descubrí que lo que realmente me había enseñado era que el sexo es mucho mejor cuando se trata de dos personas que disfrutan de él. Algo que sigo teniendo muy presente...

Banda sonora: "Bella, de vos so enamoros" de Raimon (https://www.youtube.com/watch?v=pxWJH-19m5o)

07 enero 2010

Las edades de Lulú

Acabo de leer (más bien devorar) esta magnífica novela de Almudena Grandes; apenas tengo palabras para describirla, la sangre ha abandonado mi cabeza para situarse en lugares más interesantes...

Buscando una imagen para esta entrada, he descubierto que se hizo una película del libro en el año 1990; pero creo que no voy a verla. No creo que Bigas Lunas, por mucho que me guste, haya conseguido trasladar al cine las sensaciones que este libro me ha transmitido.

Porque me he sentido Lulú en muchos momentos, la he creado con mi imaginación a mi imagen y semejanza, la he transformado en una metáfora de mi vida, de mis ansias, amores, temores, deseos,...

Queda en mis labios un sabor agridulce, porque he terminado el libro y no puedo seguir leyéndolo, pero me ha resultado delicioso. Y queda, en este blog, la recomendación de que la leáis, porque estoy segura de que disfrutaréis.