25 diciembre 2011

Mi lista de deseos para el 2012

Hola a tod@s,

El otro día, navegando por mis blogs habituales, me enteré de que, si tienes un blog y publicas tu lista de deseos de Fnac.es, puedes ganar 2.012 euros para hacerla realidad, gracias a su concurso "We Wishlist a merry Xmas". Así que manos a la obra:

Lo primero es lo primero, y para empezar, una herramienta de trabajo: un iMac de 27'' de 2,7 GHz, que bastante tiempo hace ya que tengo ganas de uno... 1.649 euros muy bien invertidos



Y como soy tan torpe, y más vale prevenir que curar, el Apple Care Protection Plan para iMac, por sólo 182 euros, garantizará que la cobertura de reparaciones sea de 3 años más.
Pero no todo va a ser trabajar, y hay algunas novelas a las que tengo ganas de meterles mano. La primera, de Sampedro, uno de mis autores preferidos (increíble "El Amante Lesbiano") y las otras dos de cuentos  cortos que prometen mucho...




Un viaje a través de la Historia, desde sus orígenes hasta nuestros días, donde saldrá a relucir el papel de Europa, la economía de mercado, la sociedad de consumo o el eterno debate entre progreso, ciencia y fe. En suma, reflexión, aventura interior, lucidez y radicalidad en estado puro.






El amor salvaje, casi bestial, y las fantasías más locas… El placer de la anticipación llevada al extremo, haciendo del amor un arte sensual y sublime. El deseo que se convierte en obsesión, que casi lleva a poseernos… son las características generales de Ruborízate aún más. Siete cuentos eróticos penetrantes que atraviesan barreras prohibidas y nos introducen en los caminos sinuosos del deseo que nos deslumbra y nos somete a su ley implacable.

*Aunque yo prefiero la versión en catalán, también está en castellano

Cuentos de la tradición oral árabe, que destilan la sabiduría de una cultura auténticamente popular. El verbo es sutil, y oculta más de lo que muestra. Bajo la aparente salacidad y lujuria se oculta también toda una crítica social, de la que no se libra el orden político ni el religioso




Y por último, y viendo el avance de los eBooks, me muero por tener en mis manos el nuevo libro electrónico Fnac eBook, por sólo 129 euros, ofrece una pantalla de 6'', conexión WiFi y una capacidad de 2GB ampliable con tarjetas SD. Lo que más me gusta es que incluye diccionarios y que también es compatible con mp3.

Si tenéis un blog y os apetece participar en el concurso, sólo tenéis que seguir las instrucciones y podréis ganar vuestra Wishlist. Una buena manera de empezar el año, ¿verdad?

Felices fiestas!!!

24 diciembre 2011

Feliz Navidad y próspero 2012

Mis mejores deseos para este año que empieza, espero que sea más pasional y ardiente que el anterior ;)


Y para empezar bien el año, un chiste malo:

Un niño se despierta la noche de reyes escuchando unas voces de su madre.
Se levanta va corriendo a la habitación de los padres y le dice a su padre:
- ¡Papá papá! mamá acaba de descubrir a Baltasar porque esta gritando: “Si negro si! dámelo todo!”


¡¡Un besazo y hasta pronto!!

20 diciembre 2011

Carnaval

Cada año, en esta noche sin rostro, te acercas a mí y me coges por la cintura, deslizas tus labios por mi cuello y me susurras ardientes palabras de deseo: "quiero hacerte subir al cielo", afirmas con misterio, y me citas en un hotel, deslizando entre mis manos la llave de una habitación.

Los minutos entre nuestro breve contacto y la hora fijada para vernos es un suplicio. Nunca he visto tu rostro, siempre escondido tras un antifaz negro. Tú tampoco has visto el mio, escondido también tras un antifaz morado. Pero eso es lo de menos, conocemos nuestros cuerpos a la perfección. Y por eso me pongo nerviosa, impaciente, mientras charlo con desconocidos enmascarados, sólo puedo pensar en la fuerza de nuestros abrazos.


Cuando al fin abro la puerta de la habitación, mi respiración se parece a un jadeo animal, el deseo se escapa por mis poros, y no media palabra entre tú y yo. Sólo besos y caricias nos llevan a lanzarnos ferozmente sobre la cama, sin saber nunca quién de los dos ha caído en las redes del otro. Subes la falda de mi disfraz mientras yo te arranco la camisa y te araño la espalda. Te desabrocho los pantalones y apenas te los bajas lo suficiente para penetrarme, agarrándome fuerte por las caderas, y empujando con toda la fuerza que llevas acumulando todo el año.

Miradas pasionales, labios impúdicos, pieles que arden en manos del otro, pero nunca rostros descubiertos. Cuando la pasión acaba me despido susurrando un hasta pronto, sabiendo que no volveré a verte hasta el próximo carnaval.

06 diciembre 2011

Flor de loto

Aquella noche Elena se dejó llevar por su deseo, y cuando David la invitó a subir a su habitación, le dijo que sí sin dudar. Él la condujo, cogida de la mano, entre sonrisas y charla superflua, hasta la cama. Se sentaron ambos, el uno junto al otro, y la atracción de sus cuerpos les acercó hasta que sus labios se tocaron.

La barba de David le hizo cosquillas a Elena, los dientes de ella rozaron los labios de él, y las risas y juegos enlazaron sus lenguas y subieron la temperatura del cuarto hasta que sus bocas se abrieron en busca de aire y sus respiraciones se aceleraron. Entonces los dos decidieron quitarse la ropa el uno al otro, y cada trozo de piel que dejaban al descubierto era besado, lamido y aprendido de memoria. Cuando estuvieron completamente desnudos, casi sin saber qué hacer, dejaron que el instinto les guiara.


En la flor de Loto que formaron sus cuerpos, Elena sintió cómo era penetrada por primera vez, y cómo sus cuerpo se abría a la presencia de David, acogiéndole en su seno. Él sintió como si toda la magia del mundo le envolviera, y sus dedos se deslizaron entre ellos para acariciar el clítoris de Elena. La pasión hizo asomar lágrimas de amor a los ojos de ambos. El deseo se tornó lujuria y furia revelada en sus movimientos, cada vez más rápidos, hasta que no pudieron más y se dejaron invadir por la satisfacción, reposando desnudos en la cama, el uno junto al otro, sintiéndose completos por fin.

28 noviembre 2011

Lilith

Lilith era consciente de que su nombre había sido casi eliminado de las escrituras. Era una mujer decidida, con un aire de determinación que provocaba que hombres como Adán la odiaran y prefirieran a una sumisa Eva creada a partir de su costilla, incompletas. No, ella no quería ponerse bajo el cuerpo masculino y dejar que él la aplastara con su cuerpo contra la tierra, aprisionándola. Y por eso se alejó de él.


La pelirroja, de amplias caderas y generosos senos, huyó del paraíso, condenando a Adán a sufrir en silencio por el abandono y el orgullo herido. Y Lilith, en compañía de Asmodeo, descubrió el sexo de igual a igual.

La sangre femenina hirvió la primera vez que yacieron juntos. Ella, dominada por la excitación que el joven le provocaba, se entregó a sus más ardientes anhelos, recorriendo la piel que se le ofrecía con la lengua, bordeando el ombligo sin apellas vello y descendiendo hasta el miembro de Asmodeo, que se erguía hacia el cielo. Le lamió primero, para introducirlo luego en su boca y disfrutar recorriéndolo de arriba a abajo, hasta que sintió que él estaba cerca del orgasmo. Subió de nuevo en busca de sus labios, y le besó con furia lujuriosa. Asmodeo le suplicó entonces que le dejara satisfacerla, y conteniendo su pasión, lamió, mordió y besó los pechos de Lilith, cuya respiración se aceleraba por momentos.

Él no dejó de acariciarle el pelo mientras descendía hasta su sexo y se perdía entre las tibias humedades de su amante, moviendo su lengua en círculos, sorbiéndola, mordisqueándola suavemente, acercándole a la cumbre que nunca había alcanzado con Adán. El cuerpo de Lilith no tardó en responder, y llegó al orgasmo con la espalda sudada y las piernas temblorosas. Luego Asmodeo se sentó y ella se abalanzó sobre él, y cabalgaron juntos hasta que la luna se escondió tras las montañas, y el sol salió entre gemidos que dejaban las gargantas secas y los corazones desbocados.

Más información sobre Lilith en la Wikipedia

18 noviembre 2011

Huellas en la arena - Relato 6

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos, trescuatro y cinco.


Dos cosas son las que más recuerdo de él. Sus ojos, azules, ventanas al mar de verano que tanto adoro, eran capaces de hacerme temblar sólo con un vistazo. Siempre tuve la sensación de que era capaz, no sólo de desnudarme con la mirada, sino también de modelarme. Y sus manos, grandes y fuertes, pero suaves; manos de violinista, experto en las sutilezas de las curvas femeninas, arrancaban de mi garganta los más eróticos acordes.

Guiado por sus manos, mi lengua recorrió todo su cuerpo, descubriendo el placer del sabor ajeno. Mientras, tras las ventanas la tarde se convertía en noche, y sólo abandonábamos la habitación para reponer fuerzas, ante las cómplices miradas de sus compañeras de piso. Tensó mis cuerdas y logró que mis armónicos llegaran hasta lo más primitivo de mí misma.

Como muchas de las cosas buenas de la vida, aquello llegó y se fue en un tiempo breve, pero me dejó una cálida sensación de gozo... y ahora, cada vez que oigo un violín, me tiemblan la piernas.

Banda sonora: "Minoush"(https://www.youtube.com/watch?v=HOews0yBWZo)

12 noviembre 2011

Pasión incontrolable - tercera y última parte

Le dejó respirar un instante, lo justo para colocar sus rodillas junto a su cabeza, una a cada lado, y ofrecerle la visión más impresionante que él había visto jamás. Erguida y recta, sus pechos recortándose contra el techo, su sexo a la altura de sus labios. No dudó, sólo se sumergió en aquellas aguas ardientes, saboreando con su lengua los labios hinchados de poder.


Ella guiaba su boca, moviéndose adelante y atrás, ahogándole entre sus muslos, dejándole espacios cortos de tiempo para coger aire. Y él asistía sin poder moverse, atadas las manos a la espalda, a la explosión de sensualidad de su mujer. Nada podía hacer más que obedecer las órdenes que ella le daba.

"Saca la lengua", le dijo, y le cabalgó mientras le cogía el pelo y gemía cada vez más fuerte, estrechando sus piernas contra su cara, llevándole al límite de la excitación. El orgasmo de la chica le dejó la cara húmeda y el corazón desbocado, y sintió llegar el máximo placer cuando ella descendió de las alturas para lamer sus labios y susurrarle que quería que se masturbara para ella. Le desató y le ofreció sus pechos para que se corriera en ellos, mientras ella le miraba, gratamente sorprendida de la excitación a la que le había conducido.

Cuando él llegó al clímax, y sudoroso se acurrucó en el regazo femenino, ella le acarició el pelo y le susurró "ahora tendrás que limpiarme", y con una sonrisa seductora le condujo hacia el baño.

Pero eso, queridos lectores, es otra historia...

06 noviembre 2011

Pasión incontrolable - segunda parte

Si quieres saber por qué está esperando el protagonista, puedes leer la primera parte del relato.

Ella tardó apenas dos minutos; los 120 segundos más largos de su vida. No paraba de repetirse que merecería la pena, y luchaba por mantener sus manos quietas, y evitar la tentación de masturbarse para calmar sus ansias.


Cuando ya empezaba a pensar que no lo conseguiría, ella apareció con un foulard en las manos. Sin mediar palabra, le cogió las muñecas y le ató las manos a la espalda, dejándole boca abajo, completamente desnudo. Se tumbó sobre él, con los pezones erectos aprisionados contra su espalda, y le ordenó masturbarla con las manos atadas, mientras ella se movía para facilitarle la tarea. Él no veía nada, tenía la cabeza contra las sábanas y sólo podía guiarse por los gemidos de placer de su amada.

Ella le mordía el cuello con fuerza, y él sentía cómo su pene erecto se endurecía más y se clavaba en su bajo vientre. La mano femenina se deslizó entre la cama y sus muslos para acariciarle el miembro, hasta que él casi no pudo retener el orgasmo que se agolpaba en su entrepierna.

"Todavía no", dijo muy seria, y le dio la vuelta para besarle, primero suavemente y cada vez con más violencia, hasta morderle el labio inferior. "Antes tienes que complacerme", le dijo mirándole a los ojos.

Continuará....


05 octubre 2011

Pasión incontrolable - Primera parte

Siempre había dejado que su pareja llevara la voz cantante en la cama, pero aquella noche, frente a la visión del cuerpo desnudo de su marido, un impulso se adueñó de ella, haciéndola sentir presa de una pasión que toda su vida recordaría como incontrolable.


Le miró a los ojos con rabia y deseo a partes iguales, con la emoción galopando en su corazón y, sin mediar palabra, le empujó y se colocó a horcajadas sobre su estómago. Él intentó replicar."¡Cállate!", respondió la amazona recién descubierta, a la vez que le ponía las manos sobre la cabeza y le obligaba a lamerle los pezones.

El placer del poder recorrió su espalda. De vez en cuando, presionaba su pecho contra la nariz y la boca de él, cortándole casi la respiración, para acto seguido arrancarle la miel de los labios con un movimiento rápido. Él, erecto y excitado como nunca, se revolvía sin mucha convicción, temiendo que ella volviera a ser la muñeca lánguida de siempre.

Su asombro creció de repente cuando ella se irguió, concediéndole una visión impresionante de su cuerpo, y mirándole a los ojos, muy seria y con un brillo especial en los ojos, le dijo: 
"Voy a buscar un pañuelo para atarte. 
No se te ocurra moverte, o no volverás a verme desnuda".

Continuará...

03 octubre 2011

Museo erótico - Rue Pigalle - París

Este verano estuve en París durante tres meses. Durante mi estancia, visité el Museé de l'Erotisme, que está en la Rue Pigalle.

Os dejo un par de fotos de lo que me encontré en ese impresionante museo ¡¡¡¡de 6 plantas!!!!











18 septiembre 2011

20 años de cómic erótico

Estoy un poco triste, porque este agosto se publicó el último número de Kiss Comix, una revista de cómic eróticos (y también pornográficos) que alimentó mis fantasías durante mucho tiempo.

Como tantos otr@s, yo también quiero hacer mi homenaje particular a esta publicación, en la que el arte y el erotismo se dieron cita una vez al mes durante 20 años (desde 1991 hasta 2011).


Muchos son los fans de Kiss, y en la red se puede encontrar, por ejemplo, una galería de todas sus portadas, o artículos que hacen un repaso de su historia (de manos de su redactor jefe).

Si bien es cierto que hace mucho que no la compraba (creo que en los últimos dos años la compré apenas dos o tres veces), no es menos cierto que hubo un momento en que me gustaban tanto sus historietas, que incluso llegué a ponerme en contacto con algunos de los autores que participaban en ella (como Ignacio Noé).

Echaré de menos sus portadas, siempre provocativas y tentadoras, a las que muchas veces no me pude resistir.

16 septiembre 2011

Luna llena


Los dos estaban tumbados en la cama, con el calor acumulándose bajo las sábanas, mientras la luna se filtraba a través de las persianas, iluminando la espalda masculina. Ella abrió suavemente los párpados, consciente de repente de su piel rozando el cuerpo de su amante. Involuntariamente, se movió un poco, lo justo para que sus pezones erectos se pegaran al pecho de su pareja. Él, ajeno al deseo que provocaba, seguía durmiendo mientras ella deslizaba despacio la mano por su espalda, su pecho, sus muslos... Con mucho cuidado, pero deseando en el fondo que él abriera los ojos, se dio la vuelta y pegó sus nalgas a la entrepierna de él, sintiendo cómo reaccionaba a las caricias que ella le había dado.

Estaba muy excitada, y empezó a masturbarse, intentando no moverse demasiado, para no despertarle. Cerró los ojos con fuerza e imaginó que él le cogía la cintura, apretándola contra sí y penetrándola desde atrás, mientras le acariciaba el pecho como sólo él sabía hacerlo. Sentía cómo se aceleraba su respiración, y abrió la boca con la intención de que no se oyera tanto. Su cuerpo empezó a contraerse, y miró a la luna mientras sentía acercarse el orgasmo.

De repente, sus dedos se multiplicaron. La mano de él se coló junto a las suyas y empezó a moverse; su lengua se deslizó por el cuello femenino, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Ella arqueó la espalda y se dejó llevar al orgasmo mientras deslizaba sus dedos por el pelo de él, agarrándose más fuerte cuando sintió las oleadas de placer invadiéndola. El último gemido se disolvió con un beso, y ambos volvieron a dormirse, dejando que la luna llena acunara sus sueños.

08 septiembre 2011

Los derechos sexuales universales

El otro día, mientras buscaba inspiración para mi nueva entrada, me encontré frente a un artículo de opinión que hablaba sobre los derechos sexuales universales.

Fue una sorpresa agradable, pues no sabía que había una declaración sobre estos derechos. La frase final "Sólo el respeto y la responsabilidad en el ejercicio de nuestra sexualidad nos transformará en seres humanos más plenos. Conoce y ejerce tus derechos sexuales" me ha llevado a hablar de este artículo en el blog.

Os dejo el inicio del artículo, a ver si os pica la curiosidad como a mí. ¿Mi intención? que lo leáis y reflexionéis sobre ello... mientras esperáis mi próxima entrada ;)

Salud sexual para todos y para todas
El 4 de septiembre celebramos el Día Mundial de la Salud Sexual. De esta efeméride emanan los derechos sexuales universales para gozar del fornicio de forma responsable. Estos han sido recopilados y enunciados por la Asociación Mundial de Sexología (WAS por sus siglas en inglés) en buscan nuestro bienestar: el sexo y su ejercicio responsable y sano es parte de nuestra salud total.
Continuar leyendo


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13 agosto 2011

Tres en la habitación (Tercera y última parte)

Aunque se puede leer de forma independiente, os recomiendo que primero leáis la primera y la segunda partes de esta historia. Sobre todo, porque lo que empezó siendo un trío de chicos ha terminado escapando de mis manos, y ahora nos encontramos en el piso de Marco y Toni, con dos invitados: Darío y Silvia.

Esta es, además, una historia más larga de lo normal, así que acomodaos en el sillón y... a disfrutar ;)

En el 10ºA, Toni estaba de rodillas en una esquina del sofá, completamente desnudo, apoyando las manos en el respaldo y ofreciéndose generosamente. Darío estaba cerca de él, con su entrepierna casi rozándole las nalgas, acariciándole la espalda y los muslos. Marco había desaparecido, y Silvia decidió recostarse en el otro lado del sofá, abandonándose a la excitante sensación de observar cómo Darío agarraba el pelo de Toni, haciéndole arquear la espalda y apretándose contra él.

Marco volvió de la cocina con una botella y cuatro copas de vino. Sirvió la bebida, pero nadie se percató de ello, así que Marco se acercó a Silvia y se inclinó sobre ella, abriéndole ligeramente las piernas y subiéndole la falda. De rodillas, frente a ella, empezó a acariciarle los muslos, acercándose al sexo palpitante.

03 agosto 2011

Tres en la habitación (segunda parte)

Aquí podeis leer la primera parte de la historia... ¿cómo conocieron Marco y Toni a Darío?

Silvia buscaba las llaves en su bolso para abrir el portal del edificio donde vivía cuando les vio llegar por la calle en penumbra. Esa noche, Marco y Toni iban acompañados por un chico desconocido. La curiosidad le pudo, y decidió remolonear un poco para tener la oportunidad de subir con ellos en el ascensor.


Al llegar junto a ella, Marco la besó en los labios y le presentó a su nueva adquisición: Darío. Era un chico muy guapo, de mandíbula cuadrada y barba de dos días. Tenía, además, un cuerpo de adonis bronceado. Sonreía con los labios y con los ojos, mientras su mano se deslizaba por la espalda de Marco hasta su trasero, ante la resignada mirada de Toni. Marco mordió con suavidad el labio inferior de Darío y luego agarró a Toni por la cintura y le besó con fuerza, sin dejar que su mano abandonara la nuca de Darío.

Silvia sintió cómo su excitación se reflejaba en sus ojos, y decidió llamar al ascensor a pesar de que deseaba que no llegara nunca. Seguía viendo a través del reflejo en las puertas plateadas cómo los tres chicos subían el tono de sus juegos. Darío había desabrochado la camisa de Toni, que ahora recibía las caricias de Marco en sus muslos, y los suaves besos de Darío en su espalda.

Las puertas se abrieron, y todos entraron. Sin preguntar, Silvia pulsó el botón del ático y se volvió había el espejo. Marco y Darío cuchichearon un poco y, un instante más tarde, Darío empujó a Toni contra una de las paredes y se situó detrás de él, impidiendo que se moviera. Le desabrochó el pantalón y, bajándolo un poco, empezó a masturbarle mientras le mordía el cuello, cada vez más fuerte.

Los gemidos de Toni llenaban el ascensor y los oídos de Silvia, que los observaba extasiada a través del espejo, consciente de la humedad que mojaba ya sus muslos. Marco se acercó y rodeó con un brazo la cintura femenina, mientras con la otra mano levantaba la falda y deslizaba los dedos bajo el tanga. El altavoz emitió un pitido y las puertas se abrieron. Al salir, Toni abrió la puerta del décimo A y condujo a Darío al interior.

Marco cogió la mano de Silvia, que ya se dirigía al décimo B, y quedaron frente a frente, mirándose. Los ojos de Marco prometían una noche inolvidable, y Silvia, tras dudar unos instantes y por primera vez, se dejó guiar y entró, precedida por Marco, en el 10ºA.

25 junio 2011

Tres en la habitación (Primera parte)

Sostenía una cerveza en la mano, mientras buscaba en la penumbra del bar una mirada que le hiciera estremecer. Dos chicos se besaban al fondo del bar, recorrió con deleite aquellos dos cuerpos que se movían al ritmo de la música y una punzada de placer se manifestó en su bajo vientre.

El más alto de los dos le miró, y pudo sentir el inicio de una erección, todavía leve, pero prometedora. No sabía cómo acercarse a ellos, pero en su pecho crecía el deseo y la promesa de una experiencia inolvidable.

Sin dejar de mirarle, aquel chico le susurró algo a su pareja, que asintió en silencio y se dirigió hacia mí. Medía alrededor de un metro setenta, era bastante delgado, y su pelo negro brillaba, engominado, bajo los focos ochenteros del bar de copas. Una vez frente a mí, miró de nuevo al chico alto durante un instante y acercó sus labios a los míos, mirándome suplicante, para que le besara.

Lo hice, tímidamente al principio, pero mi deseo era ya ingobernable, y acabé introduciendo mi lengua en su boca con furia, mordiendo sus labios cuando intentaba escaparse. Se presentó a sí mismo como Toni, y al chico alto, que nos miraba con una sonrisa en los labios, como Marco.

Tras decirme sus nombres, fue él mismo quien empezó a besarme el cuello, mientras me proponía al oído compartir su lecho durante aquella noche. Sin compromisos ni sentimientos, algo que quedaría entre los tres, al abrigo de unas sábanas inmaculadas, que ya habían sido testigos de otras tantas aventuras, que yo imaginaba excitantes. Mientras Toni me decía aquello, yo no podía apartar mis ojos de Marco, que seguía apoyado contra la pared, esperando, entre juguetón y expectante, mi respuesta.

No pude resistirme. Asentí con la cabeza y con la voz, mientras lanzaba un billete sobre la barra para pagar mi copa.

19 junio 2011

Re-encuentro

Una noche como tantas, mis amigas y yo entramos en un bar, animadas y eufóricas, celebrando la pequeña victoria que una de nosotras ha conseguido arrancarle a la vida.

Yo voy como siempre, despistada, riendo y mirando hacia atrás. De repente, me choco contigo. Al girarme, tus ojos y los míos se encuentran y se paran. Apenas diez centímetros nos separan, y tiemblo, sacudida por una corriente eléctrica. Para el resto del mundo, no es más que un segundo; para mí, es un instante que se dilata y que contiene toda la eternidad.

Una amiga me arrastra hacia la barra y yo me dejo llevar, a pesar de que mi mente se ha quedado prendida en tu mirada. Disimulo, más mal que bien, fingiendo que no noto cómo me miras, que no siento cómo te acercas y te sitúas detrás de mí. Percibo tu aliento cálido en mi nuca, y se nubla todo lo demás.

Somos dos cuerpos rozándose en un mar de gente. Tu mano se dirige a mi cintura, te acercas más, y cobijas tus labios en mi cuello. De nuevo, un impulso me estremece y se concentra en mi vientre; siento el pinchazo del deseo. Capturo el momento, imprimo en mi memoria el contacto de tu cuerpo, y sonrío cuando me giro hacia ti y te beso suavemente.

La pasión te puede, me muerdes el labio inferior y me aprietas contra ti. En ese momento todo vuelve a nuestras mentes: nuestro primer encuentro, las largas noches de pasión, el amor... y es como volver a la casa que sabes que siempre te esperará.

Pero cuando me separo un poco, percibo las lágrimas asomando a tus ojos, y veo que también recuerdas el dolor, las peleas, la decepción... la despedida. Tus manos sueltan despacio mi cintura; prometimos que nunca volveríamos a estrellarnos contra esa orilla, y ha llegado el momento de cumplirlo.

Me vuelvo hacia mis amigas y vuelvo a bucear en su alegría, y unos minutos después, al buscarte entre la gente, ya no te veo.

30 abril 2011

Frente al ordenador

Me siento frente al ordenador con el corazón palpitando acelerado, esperando que tu muñequito gris del msn se vuelva verde y empieces, como cada noche, a seducirme.

Ansío el momento en el que me pides que me acaricie donde tú me indicas, y relatas una historia imposible, en la que ambos estamos en el mismo lugar, en la que eres tú quien me tocas y me haces temblar... te gusta mirarme, afirmas, y me suplicas que ponga la webcam. Nunca puedo decirte que no, y me alejo del teclado para ponerme cómoda, para que puedas observarme a gusto. Tú nunca la conectas, no sé cómo es tu cara ni sé si lo sabré jamás, y eso contribuye a excitarme.

Tus instrucciones son precisas: mis dedos pellizcan mis pezones hasta que no puedo retener un gemido, recorro mi vientre para llegar a la entrepierna, húmeda y ardiente, acaricio mi clítoris al ritmo de tus teclas... a veces incluso me pides que utilice uno de los muchos juguetes que me has regalado, y entonces me agarro a él como si fuera una pequeña parte de ti. Te imagino penetrándome, apoyando con fuerza tus manos en mis muñecas, moviendo tus muslos al compás de mis caderas. Imagino tu cuerpo desnudo sobre y tras de mí, empujándome con violencia y mordiéndome el cuello, a veces incluso te siento estallar de placer.

Pasan los minutos y las horas, y yo sigo siendo esclava de tus palabras. Cuando el amanecer se acerca inexorable, me pides que me corra susurrando tu nick, y yo estallo entre convulsiones y me tumbo boca arriba, aspirando con fuerza el aire viciado de mi habitación, dejando que mi cuerpo se relaje y el sueño acuda a mis párpados. Nunca estás ahí cuando despierto, pero sé que estarás de nuevo cuando el sol se esconda, y sean los grillos los únicos testigos de nuestro encuentro.

Y como siempre, cuando empiezo a pensar que no vendrás esta noche, el gris se torna verde.

31 marzo 2011

Piel para dos (Segunda y última parte)

Tal vez te interese leer la primera parte de esta historia

Carla tomó la iniciativa: sentó a Pedro en el sofá y empezó a bailar para él, moviendo las caderas suavemente. Yo la miraba indecisa, dudando entre sentarme con él o desnudarla. Ella resolvió la duda agarrándome de las manos y dirigiéndolas a su cintura. Me besó, y noté sus dedos trepando por mi espalda, liberando mis pechos del enredo del sujetador y siguiendo después por mis piernas.


Sólo me dejé puesto el liguero y los tacones, y yo hice lo mismo con ella. Me agaché para lamerle el vientre, deslizando mi lengua desde el centro de sus pechos hasta su monte de venus, recorriendo luego sus muslos mientras entreabría sus piernas y empezaba a acariciarle el clítoris.


No habíamos prestado atención a Pedro, que se había desnudado, hasta que se situó detrás de Carla y comenzó a acariciarla. Primero los hombros, soplándole en la nuca, luego los pezones, mordiendo el lóbulo de su oreja...



Yo abandoné el cálido sexo de Carla para abrazar con mis labios el pene de Pedro. Él gimió, y Carla se dio la vuelta para besarle.


Me senté en el sofá y Carla acudió a mí para sumergir su lengua en mi entrepierna. Pedro se agarró a sus nalgas y la penetró desde atrás mientras la lengua y los dedos de mi compañera de piso me conducían al cielo. Gemí, grité y acerqué mi boca a la de Carla para beber de mí.


Pedro propuso intercambiar papeles y esta vez fui yo la que recibió las contracciones de Carla en mi lengua y a Pedro en mi sexo. Cuando Carla alcanzó el clímax, Pedro se tumbó sobre la alfombra, dejando que Carla y yo nos lanzáramos sobre él para lamerle, arañarle, morderle, acariciarle, besarle, pellizcarle... turnándonos para disfrutar de su miembro erecto en los labios, hasta que no pudo controlarse más, y explotó sobre nosotras con un gemido gutural que inundó la habitación de deseo.


Nos tumbamos junto a él y nos quedamos dormidos hasta que el amanecer dibujó un nuevo día cargado de besos y sudores, de horas entre las sábanas y risas juguetonas.


El lunes todo volvió a la normalidad; todo, menos que ahora duermo siempre con Carla.

21 marzo 2011

Piel para dos (Primera parte)

Esa noche queríamos comernos el mundo, así que Carla y yo salimos de casa con toda la intención de terminar con la ausencia de un cuerpo en nuestras camas. Ella llevaba una minifalda que estilizaba sus largas piernas, y una camiseta que, cuando bailaba, dejaba al descubierto una pequeña franja de piel, justo por debajo del ombligo. Yo, en cambio, había elegido un vestido largo pero escotado, con los hombros al aire, y unos taconazos de infarto.

Llegamos al primer bar y no tardamos en fijarnos en un chico que nos espiaba desde el otro lado de la barra. Pretendía fingir que no le interesábamos, y apenas nos dirigía miradas soslayadas de vez en cuando, pero sabía en todo momento en qué lugar nos encontrábamos y quién nos rodeaba.

Tras una breve conversación con Carla, decidimos acercarnos y atacarle las dos con todas nuestras armas, dejando a su elección con cuál de las dos acabaría la noche. Tras cinco minutos, sabíamos que se llamaba Pedro y que vivía con dos chicos más; a los quince minutos, ya nos había invitado a un par de chupitos.

No recuerdo en qué tequila de los muchos que lamí del cuello de Carla empecé a sentir que deseaba besarla. Él provocaba nuestro acercamiento con juegos, coqueteando con ambas por igual. Pidió un hielo y esa fue nuestra perdición, porque cuando a Carla le tocó pasármelo, sus labios no evitaron mi contacto, sino que se aferraron a los míos. Las lenguas no tardaron en salir de su escondite para fundirse y enlazarse en un intenso beso, ante la complacida mirada de nuestro objetivo.

No hizo falta decir nada más. Carla y yo nos miramos y cogimos a Pedro cada una por una mano para conducirle, entre risas, a la puerta del bar. El camino a nuestro piso fue rápido, a pesar de que nos parábamos en cada rincón con penumbra para besarnos, Pedro con Carla, Carla conmigo, yo con Pedro, los tres a la vez...

Al entrar en el ascensor, Carla desabrochó mi cremallera y dejó caer mi vestido, dejándome en ropa interior y agachándose frente a mí para besarme el ombligo. Pedro, a su vez, empezó a morderme el cuello mientras sus manos se dirigían hacia la nuca de Carla.

Llegamos al octavo piso demasiado rápido para mi gusto, y salimos del ascensor conteniéndonos a duras penas, sin pensar siquiera en que algún vecino despistado podía verme en ropa interior. Abrimos la puerta del apartamento y mientras Carla ponía música, yo serví tres copas de vino blanco.

(Continuará)

17 marzo 2011

Huellas en la arena - Relato 5

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos, tres y cuatro.


Desde niños, lo peligroso nos seduce, lo prohibido nos produce una atracción irresistible. Algunos, al crecer, procuramos controlar ese instinto, pero a veces... no podemos. Con él fue como en aquella canción de Ana Belén en que a la noche se le va la mano, sólo que a la que se le fue la mano fue a mí.

Desde la primera vez que le vi, sentí que necesitaba estar en sus brazos. Supe, de una forma casi animal, que era muy apasionado en la cama, y que mis sábanas estarían encantadas de acunarnos toda la eternidad. Le soñé en una isla desierta, bajo una cascada, detrás de mí, agarrándome fuerte de las caderas y acercando sus labios a mi oído, susurrándome lo mucho que me deseaba.

Y cuando lo tuve delante, fui a por él, con el deseo latiéndome en la entrepierna, con un sentimiento entre la pasión y la furia que me desbordaba. Le lancé sobre la cama, sin apenas respirar debido a la fuerza de los besos; me sentía la dueña de la situación, y empecé a besarle el cuello y el pecho mientras le desabrochaba el pantalón e introducía mi mano dentro, descubriendo que estaba tan excitado como yo.

No me dejó hacer más, me cogió por la cintura y se dio la vuelta para colocarse sobre mí y desnudarme. La noche avanzó entre suspiros, gemidos y sudores, mordiscos que pretendían arrancar un trozo del alma del otro, luchas ficticias por un poder inexistente, desesperados intentos de salir vencedores de una guerra en la que nadie podía ganar.

Ilustración de David Palumbo
Banda sonora: "La ciudad parece un mundo" de Ismael Serrano (https://www.youtube.com/watch?v=y-Uk7N0hYBA)

10 marzo 2011

La noche de Eva

Preparé este relato hará unos meses, para locutarlo en la radio como un cuento de cinco minutos. Tenía la intención de hacer una animación para subirlo, pero si sigo así, nunca lo publicaré, así que ahí va el audio, y el texto para el que lo prefiera:


La noche clara se va cerrando sobre el Mediterráneo, dibujando constelaciones y definiendo una luna llena, inmensa, cada vez más lejos del horizonte.

En la terraza de su apartamento, Eva espía la noche y envidia la suave caricia salada que recibe la arena. En el silencio juegan los grillos, se percibe el leve rumor de la música de un bar, y la brisa ligera mece suavemente los pinos del jardín. Eva se siente acunada, su espera se acorta en la misma medida que su corazón se acelera cuando, al fin, el coche de Sebas cruza la barrera del edificio.

Eva entra en el dormitorio y sustituye su camiseta vieja por un camisón de seda, que se desliza por su piel morena y que cubre escuetamente su desnudez. Intuye, más que oye, el saludo de Sebas al portero, sus pasos decididos hacia el ascensor, su dedo dirigiéndose al 8º y subiendo. Eva se impacienta, se examina ante el espejo y sale de nuevo a la terraza del comedor. Se recuesta en una hamaca, desde donde poder verle cuando llegue; cruza las piernas, deja caer un tirante, e intenta normalizar el sonido punzante de los latidos de su corazón.



Ahora sí se oyen los pasos de Sebas por el pasillo, la llave en la cerradura, su suspiro de alivio al entrar en la estancia. Eva le observa, impaciente, esperando que la vea. Sebas deja caer su maletín en el recibidor y cuelga su americana en el perchero; el cansancio ha arraigado en su esqueleto, encogiéndolo, marcando un rictus indiferente en sus labios. Busca a Eva con la mirada y sus ojos se iluminan al encontrarla.

Sonríen, y él se acerca despacio, mientras se deshace de su corbata y desabrocha su camisa. Junto al sofá abandona los zapatos, pulsa el “play” de la minicadena, recoge dos copas y una botella del minibar. No deja de mirarla.

Eva sigue los movimientos de su amante, comprueba con satisfacción que no ha olvidado nada de lo que ella había preparado, y se inclina hacia delante para recibir un beso en los labios. Sebas sirve el tinto y le ofrece una copa a Eva; ella bebe, y una gota roja como la sangre se escapa y recorre su barbilla. Él la recoge con su lengua, la besa de nuevo, y se sienta junto a ella, apoyando la cabeza en su vientre.

Sebas siente la respiración de ella y sus propios latidos, nota cómo el vino le caldea el ánimo, se sumerge en el vaivén del jazz. Eva juega con su pelo, él desliza una mano por sus piernas, subiendo un poco el camisón. Ella deja escapar un gemido, y él se enardece. Se coloca de rodillas y estira las piernas de Eva, separándolas y obligándola a tumbarse. Empieza a besarla por el cuello, los hombros, los pechos, baja los tirantes del camisón y lo deja arrugándose en la cintura.

Su deseo crece, y la muerde levemente, se pierde en la dorada piel de sus muslos, los aprieta, su lengua se dirige al sexo de Eva, y ella arquea la espalda y agarra con fuerza el pelo de Sebas.
Él no se detiene, y juega con sus labios, entremezclando su saliva con su excitación, la penetra con la lengua, al ritmo del saxofón; la abandona, la recupera, agarra con fuerza sus caderas y percibe cómo se tensan los músculos de su pelvis.

Ya no oye la música, sólo el gemir quedo de Eva, la respiración acelerada, sus uñas en la espalda.
Cuando la petite mort la alcanza, Sebas bebe de ella entre convulsiones, sintiendo el placer en cada poro de su piel. Se tumba junto a ella y la abraza por la espalda, besando con suavidad el punto exacto de su nuca donde el vello se convierte en cabello.

Ella sonríe y recupera el aliento, se gira hacia él y se funden en un beso. Intenso, frenético, con sabor a sal y a sexo. La música acaba y Eva mira a Sebas sonriendo:

- Habrá que poner otro CD.