30 abril 2011

Frente al ordenador

Me siento frente al ordenador con el corazón palpitando acelerado, esperando que tu muñequito gris del msn se vuelva verde y empieces, como cada noche, a seducirme.

Ansío el momento en el que me pides que me acaricie donde tú me indicas, y relatas una historia imposible, en la que ambos estamos en el mismo lugar, en la que eres tú quien me tocas y me haces temblar... te gusta mirarme, afirmas, y me suplicas que ponga la webcam. Nunca puedo decirte que no, y me alejo del teclado para ponerme cómoda, para que puedas observarme a gusto. Tú nunca la conectas, no sé cómo es tu cara ni sé si lo sabré jamás, y eso contribuye a excitarme.

Tus instrucciones son precisas: mis dedos pellizcan mis pezones hasta que no puedo retener un gemido, recorro mi vientre para llegar a la entrepierna, húmeda y ardiente, acaricio mi clítoris al ritmo de tus teclas... a veces incluso me pides que utilice uno de los muchos juguetes que me has regalado, y entonces me agarro a él como si fuera una pequeña parte de ti. Te imagino penetrándome, apoyando con fuerza tus manos en mis muñecas, moviendo tus muslos al compás de mis caderas. Imagino tu cuerpo desnudo sobre y tras de mí, empujándome con violencia y mordiéndome el cuello, a veces incluso te siento estallar de placer.

Pasan los minutos y las horas, y yo sigo siendo esclava de tus palabras. Cuando el amanecer se acerca inexorable, me pides que me corra susurrando tu nick, y yo estallo entre convulsiones y me tumbo boca arriba, aspirando con fuerza el aire viciado de mi habitación, dejando que mi cuerpo se relaje y el sueño acuda a mis párpados. Nunca estás ahí cuando despierto, pero sé que estarás de nuevo cuando el sol se esconda, y sean los grillos los únicos testigos de nuestro encuentro.

Y como siempre, cuando empiezo a pensar que no vendrás esta noche, el gris se torna verde.