16 septiembre 2011

Luna llena


Los dos estaban tumbados en la cama, con el calor acumulándose bajo las sábanas, mientras la luna se filtraba a través de las persianas, iluminando la espalda masculina. Ella abrió suavemente los párpados, consciente de repente de su piel rozando el cuerpo de su amante. Involuntariamente, se movió un poco, lo justo para que sus pezones erectos se pegaran al pecho de su pareja. Él, ajeno al deseo que provocaba, seguía durmiendo mientras ella deslizaba despacio la mano por su espalda, su pecho, sus muslos... Con mucho cuidado, pero deseando en el fondo que él abriera los ojos, se dio la vuelta y pegó sus nalgas a la entrepierna de él, sintiendo cómo reaccionaba a las caricias que ella le había dado.

Estaba muy excitada, y empezó a masturbarse, intentando no moverse demasiado, para no despertarle. Cerró los ojos con fuerza e imaginó que él le cogía la cintura, apretándola contra sí y penetrándola desde atrás, mientras le acariciaba el pecho como sólo él sabía hacerlo. Sentía cómo se aceleraba su respiración, y abrió la boca con la intención de que no se oyera tanto. Su cuerpo empezó a contraerse, y miró a la luna mientras sentía acercarse el orgasmo.

De repente, sus dedos se multiplicaron. La mano de él se coló junto a las suyas y empezó a moverse; su lengua se deslizó por el cuello femenino, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Ella arqueó la espalda y se dejó llevar al orgasmo mientras deslizaba sus dedos por el pelo de él, agarrándose más fuerte cuando sintió las oleadas de placer invadiéndola. El último gemido se disolvió con un beso, y ambos volvieron a dormirse, dejando que la luna llena acunara sus sueños.

2 comentarios:

Dr.tomby dijo...

eso es un buen despertar

Sherezade dijo...

Sí, así da gusto madrugar ;)