26 diciembre 2012

Tarde de Spa (Segunda y última parte)

Aquí podéis leer la primera parte de la historia.

Las manos de Jesús se acercan peligrosamente a mis pechos y siento cómo el deseo me recorre. Quiero que me toque. Es que es la primera vez que me dan un masaje y no sé si es normal que sus dedos se dirijan ahora hacia mi ombligo, acariciando mi vientre y deslizándose hacia abajo, pero me encanta.

Respiro hondo, cierro más los ojos, y trato de concentrarme en las yemas del chico, que presionan mis caderas contra la camilla. Su pecho está muy cerca de mi cara, me atrapa en su perfume, y yo sólo me dejo llevar por la música, sintiendo cómo sus manos se acercan a mis muslos.

Las suyas son unas caricias duras, fuertes, que me permiten notar cómo mis músculos se tensan y se relajan a su paso. Sin dejar de hablarme y de susurrarme que me relaje, se aleja de mi lado y se coloca junto a mis piernas. Sus manos suben ahora por mis rodillas, y en cuanto toca el interior de mis muslos mi cuerpo se arquea. No me dice nada, y yo centro mi atención en mi respiración. Un dedo juguetón se acerca a mi clítoris y juega con él durante un instante.

Me abandono sin pensar en las consecuencias de la situación, dejo que me acaricie, que introduzca sus dedos en mi sexo. Mi boca se abre ansiosa, tengo miedo de gemir, pero él lo soluciona acercándose a mí y besándome. No puedo evitar tensarme, mover mi cuerpo a su ritmo, dejando que la toalla se deslice y mi cuerpo quede expuesto ante él, que me susurra al oído que tengo un cuerpo delicioso.

Entonces empieza su recorrido de besos y lengua por toda mi anatomía. Me desorienta, y ya no sé si lo que se enreda en mis pezones es su saliva o sus dientes. Sigue jugueteando con sus dedos hasta que los sustituye por su boca hambrienta, que fogosa deja escapar una lengua impulsiva que me lleva hacia un orgasmo completamente alucinante, dejándome más relajada que nunca.

Voy a tomarme unos días de descanso, aprovechando que se acaba el año. Espero que tengáis una FELIZ Y SENSUAL entrada en el 2013. Nos vemos, con la próxima historia, el próximo 13 de enero de 2013.

Fotografía de Juan David Escobar

18 diciembre 2012

Tarde de Spa (Primera parte)

Llevo meses aguantando el estrés. El 90% de mi vida transcurre en torno al trabajo; incluso mis relaciones sociales tienen que ver con él... Pero no hoy.

Ayer decidí dedicarme un día a mí misma, desconecté el móvil y cerré el portátil, apagué el despertador y cerré las persianas. He dormido hasta que mi cuerpo ha dicho basta, me he levantado dejando que las sábanas se deslizaran por mi cuerpo desnudo, he tomado café y me he preparado para pasar la tarde en un Spa.

Los chorros de agua, el calor de la sauna y los vapores mentolados del baño turco han ablandado todos mis músculos. Para terminar la tarde, pido un masaje. La recepcionista me pregunta si deseo ser atendida por alguien especial. Miro las fotografías de los masajistas que están colgadas en la pared, junto a su nombre y su especialidad. Me decido por Jesús, un chico joven, moreno de piel y pelo, con unos ojos negros penetrantes, y la recepcionista me recomienda el masaje con aromas eróticos.

Dudo un instante, pero qué demonios, un día es un día, así que accedo y la chica me conduce a una habitación donde suena una música suave que no sé ubicar, tal vez algo hindú. La iluminación es cálida y suave, y la camilla está cubierta con sábanas burdeos. La recepcionista me indica que debo desnudarme y tumbarme boca arriba, con la toalla cubriéndome el cuerpo. Sigo sus instrucciones y ella me cierra los ojos y me coloca unos algodones con agua de rosas en los ojos. Enciende lo que supongo debe ser incienso y oigo cómo abandona la sala.

Al rato llega el masajista y me saluda con voz suave, y siento cómo se acerca a mí. Me indica que debo respirar hondo y relajarme, no pensar en nada....

Sus manos se posan sobre mis hombros y empieza a moverlas suave pero firmemente, siento cómo mis hombros se relajan en sus manos, respiro y el incienso entra en mis pulmones... Despacio, Jesús va bajando sus manos hasta el inicio de la toalla, sin parar de presionar con sus dedos, recorre las clavículas, se acerca hacia el esternón y sus manos se pierden por debajo de la toalla, cerca, muy cerca de mis pechos...

(Continuará el próximo 26 de diciembre de 2012)

09 diciembre 2012

Buscando inspiración

Recorro con mi lengua tu nuca... te saboreo. Miro cómo tu piel se eriza con el contacto húmedo de mis labios... te observo. Deslizo mi nariz por tu cuello aspirando el suave olor que desprendes... te huelo. Mis manos siguen la curva de tus muslos y se internan buscando tu sexo... te acaricio. Tu boca se entreabre y un suspiro escapa de tu garganta... te oigo.

Intento abarcar todo lo que tengo a mí alcance, tus reacciones, tu piel, tu contacto. Ansiosa te muerdo, te beso y te desnudo, y cada trozo de tu piel queda grabado en mi mente, anoto cada punzada que siento en la entrepierna cuando me acaricias y te agarras a mis pezones. Mis cinco sentidos están alerta, te disfrutan, te devoran. Mi mente se abre, te absorbe, y mi sexo te recibe impaciente.

Me penetras con un ritmo tan lento que incluso resulta doloroso. Suave, queriendo prolongar el placer todo lo que la noche nos permita. Y yo me dejo hacer, correspondiendo con mis caderas a tu vaivén, agarrándote del pelo para guiarte a mis pezones, que engulles hasta perder la respiración. El deseo te posee, y te mueves con él, sobre mí, dentro de mí, mientras tu pulgar me lleva cerca del cielo, al borde cristalino donde el orgasmo es casi inevitable. 

Y te detienes, vuelves a ralentizar el ritmo, sólo un instante, para que coja aire y pueda expulsarlo después con mis gemidos, llenando la habitación a la vez que mi cuerpo se tensa y se destensa en contracciones tan intensas que te conducen a ti también al orgasmo, hasta rendirte, sudoroso y agotado.

03 diciembre 2012

Fotografiándote

La sesión fotográfica empieza como tantas otras, con mi ayudante y yo preparando el estudio. Es una tarde de viernes, y el chaval tiene ganas de salir, así que una vez que hemos colocado los focos y los paraguas, le dejo que se vaya.

Miro el reloj y suspiro... otra modelo que llega tarde. No falla. Al fin aparece, y tengo que admitir que me quedo alucinado al verla. Se nota que ha llegado corriendo, la sangre se agolpa en sus mejillas y su respiración es acelerada, pero lo que más me llama la atención es su pelo, azul y completamente despeinado.

Le pido que se cambie deprisa, dejando entrever mi malhumor, y la observo mientras se desviste. No es pudorosa, y eso me gusta. Elige un vestido negro para empezar la sesión, y el contraste con su melena azul y su piel pálida es impresionante. Le pido que se quite el sujetador para evitar las marcas en la piel y ella lo desliza con gestos enérgicos, sin quitarse el vestido.

Me concentro, voy haciendo fotos y ella se va moviendo por el estudio. Me acerco para deslizar un tirante por su hombro, y ella se deja hacer, seduciendo a la cámara. Se baja el otro tirante, y empieza a actuar como si yo no estuviera. Se estira como un gato, se descalza y camina alrededor del estudio, acercándose a una ventana, mientras va dejando que el vestido se deslice por su cuerpo dejando sus pechos al descubierto.

Ya no me importa la luz ni la revista de moda para la que trabajo, sólo quiero capturar su esencia, ese algo de felino que provoca en mí una erección que me empuja y convierte mis vaqueros en un tormento. Me mira a través de sus largas pestañas y deja caer el vestido del todo. Se acerca a mí, y yo no puedo dejar de retratarla mientras se acerca, me roza el hombro a su paso y se tumba en el sofá.

Empieza a acariciarse lentamente y yo me pierdo en sus manos, en su sexo húmedo. La cámara queda inerte, sólo puedo mirarla y disfrutar de sus gestos. Sus dedos rozan su clítoris, sus muslos, se pierden en su interior, y yo sigo inmóvil, sin salir de mi asombro. Sigue tocándose y provocándome hasta que llega al orgasmo con un gemido suave. Cuando su respiración se normaliza, se levanta, se acerca a mí y me dice:

- Creo que no has hecho demasiadas fotos. Voy a por otro vestido.

Fotografía de Elizabeth Zusev


26 noviembre 2012

Tu amigo

Me susurras al oído que estás deseando hacerme el amor mientras tu amigo nos mira. Me ruborizo, ¿cómo lo sabes? Pensé que había disimulado bien la atracción que me produce... Clavo mis ojos en los tuyos, esperando encontrar enfado, burla tal vez, pero lo que veo supera mis expectativas: me miras con ansia, con un ardor desconocido, y sí, también con súplica.

Ronca por la sorpresa, consigo susurrar un "¿por qué?" que suena más a disgusto que a curiosidad. Tus ojos se abren un instante, puedo sentir cómo tu respiración se acelera y tu mano aprieta ligeramente la mía. Temes que te diga que no.

- No lo sé... por favor...
Y me doy cuenta, asombrada de nuevo, de que no sabes que tu amigo me gusta. Por un instante fantaseo con la idea de confesarte que no quiero que sólo mire, que deseo que me posea con furia, sobre la mesa del comedor, pero me arrepiento y decido concederte el capricho.

En lugar de contestarte, deslizo mis manos por tus muslos hasta tu miembro, acariciándote sobre la ropa y cerrando los ojos para abandonarme a las caricias. Me concentro en mí misma y desabrocho varios botones de mi camisa, dejando al descubierto mis pechos desnudos. En estos momentos agradezco nuestra costumbre de no ponernos ropa interior si vamos a quedarnos en casa. Tu polla crece, aprisionada por los pantalones, y yo abro ligeramente los ojos, para descubrirte mirándole mientras él me mira.

Con la habilidad que me da la experiencia, te desabrocho los vaqueros, liberando tu erección, y me coloco sobre tus rodillas, dándole la espalda a tu amigo. Levanto mi falda y dejo que la camisa se deslice por mis hombros, y tú mueves las caderas para facilitar la penetración. Cierro de nuevo los ojos, y empiezo a moverme despacio, disfrutando de la sensación de unos ojos nuevos taladrándome.

Tú suspiras sin parar de mirarle, le haces un gesto y él se acerca. Ahora puede ver el vaivén de mis pechos y mis manos deslizándose hacia mi clítoris, buscando el orgasmo. Mis movimientos son cada vez más rápidos,  te agarras a mis pezones, y cuando te siento a punto de explotar, contengo el ritmo hasta llegar a tu altura. En ese momento abro los ojos y me abandono al orgasmo sin parar de moverme, mirando a tu amigo y sintiendo cómo su excitación me acaricia a la vez que tus manos.

18 noviembre 2012

La habitación de al lado (Sexta y última parte)

Aquí puedes leer la primera parte, la segunda parte, la tercera parte, la cuarta parte y la quinta parte de la historia.

Él se queda quieto entre mis rodillas, así que tengo que darme la vuelta levantando una pierna, de forma que quedo completamente expuesta ante él. Cuando estoy colocada, noto cómo la postura provoca que se destense un poco la tela que me ciñe las muñecas y puedo mover más las manos, pero la nueva libertad dura poco, pues me coges de las caderas y me atraes hacia ti, provocando que las ataduras vuelvan a inmovilizarme.

Te colocas sobre mí, con los brazos a cada lado de la cabeza y las piernas entre las mías, sin tocarme. Vas besándome la cara, los labios, me muerdes. Gimo y me pides silencio:
- Shhh. No te muevas.
Tu voz es sensual, provocativa, me funde por dentro mientras vas bajando y me muerdes los pezones, suave al principio, más fuerte después, llegando al umbral del dolor. Siento que casi no puedo controlarme, que me muero por sentirte dentro de mí, pero tú alargas el momento, deslizando tu lengua por mi ombligo, para llegar de nuevo a mi húmedo sexo.

- Eres deliciosa.
Me dices mientras te arrodillas de nuevo entre mis piernas, agarrándome de las rodillas y obligándome a flexionarlas. Te colocas justo en la entrada de mi sexo, te inclinas hacia mí y me besas intensamente. De repente me muerdes y a la vez me penetras de golpe; el placer me invade y gimo tan fuerte que casi es un grito. Entonces empiezas a moverte sin dejar de besarme, cada vez más rápido, y siento que tu erección aumenta, noto como se tensan tus músculos, mantengo las piernas flexionadas y tensas bajo tus brazos, y te oigo gemir en mi boca.

Cuando estás a punto de correrte, hago un esfuerzo por liberar mis piernas y rodear tus caderas, acoplándome a tu ritmo y tensando los músculos de mi vientre. Te dejas hacer, y acabas derrumbándote sobre mí con un suspiro.

Me desatas las manos y nos quedamos a medio camino del abrazo, intentando normalizar el ritmo de nuestra respiración. Y justo antes de levantarme para abandonar tu habitación, me agarras la cara y, justo antes de besarme de nuevo, me dices:
- Creo que te volviste a mover cuando te pedí que te quedaras quieta...
Y yo me derrito ante la promesa que encierran tus palabras.


La fotografía, de nuevo, de Angel Place

12 noviembre 2012

La habitación de al lado (Quinta parte)

Aquí puedes leer la primera parte, la segunda parte, la tercera parte y la cuarta parte de la historia.

Sales rápidamente de mí, dejándome con una sensación de vacío indescriptible, pero no tengo tiempo de asimilarla antes de agarrarme de las caderas y darme la vuelta, obligándome a apoyar las rodillas en la cama y dejando mis brazos cruzados y estirados, las cuerdas más tensas todavía, y mi cara apoyada contra las sábanas.

Me acaricias las nalgas, y yo me derrito ante la expectativa. Tus manos son suaves y delicadas, pero los nervios me carcomen, la sombra de la amenaza de un castigo me mantiene tensa, incapaz de abandonarme al placer que me proporcionan tus manos.

Tu voz rompe el silencio, que hasta ahora notaba tenso:
- Tienes un culo precioso.
No me das tiempo a reaccionar antes de sentir la primera palmada, fuerte, justo en el lugar en que la nalga se convierte en muslo. La sorpresa cede ante el cosquilleo y el inevitable pinchazo de placer en la entrepierna. A medida que me azotas, procurando no golpear nunca demasiado fuerte ni en el mismo lugar, alternando el dolor con caricias que me estremecen, siento cómo me humedezco. Estoy completamente a tu merced, y la excitación crece sin que yo pueda pararla.

Sin poder evitarlo, muevo las caderas intentando calmarme. Te acercas a mí y siento tu pene erecto rozando la piel rosada y dolorida, acariciándome. Tu mano se pierde entre mis piernas, roza mi sexo y varios dedos se pierden en mi interior. Entran y salen durante un rato, vas rozándome el clítoris con el dedo gordo, y de nuevo siento el orgasmo cada vez más cerca.

- Pídemelo.
Tu voz es un susurro, una súplica y una orden. Las palabras salen de mi boca y no me esfuerzo en detenerlas:
- Haz que me corra
Siento vergüenza y me sonrojo, porque me excita tanto pedírtelo, y tu mano no para, aumenta el ritmo, y oigo cómo gimes, alentado por mi deseo, y todo me da vueltas cuando al fin llegan las convulsiones, y muerdo las sábanas para ahogar un grito, y tengo que concentrarme en no derrumbarme.

No pasan ni treinta segundos cuando oigo de nuevo tu voz:
- No creas que he terminado contigo. Date la vuelta.

(Continuará el próximo domingo 18 por la noche)

La fotografía, de nuevo, de Angel Place


08 noviembre 2012

La habitación de al lado (Cuarta parte)

Aquí puedes leer la primera parte, la segunda parte y la tercera parte de la historia.


Estoy tumbada sobre tu cama, expectante, con las piernas abiertas y las manos sobre la cabeza. Debido a mi postura, la falda me cubre sólo parcialmente, dejando a la vista las medias, el liguero, y parte de mi sexo. Siento cómo la vergüenza tiñe ligeramente mis mejillas. Tú sigues de pie, observándome mientras te liberas de la camiseta y miras a tu alrededor... ¿buscando qué?
- Cierra los ojos.
Y yo me abandono agradecida de poder evitar tu mirada sobre mi piel. La vergüenza se diluye en una nueva sensación, la de la expectativa. Siento cómo me atas las manos con ¿un pañuelo? ¿una corbata? y luego las estiras para fijarlas al cabecero de la cama. Siento que te alejas de nuevo.

Ahora te inclinas sobre mí desde los pies de la cama y con un rápido movimiento me estiras desde los tobillos, tensando mis brazos para que no pueda moverlos. Sigues con un dedo el perfil de mis medias, subes por mis muslos, tiras y sueltas el elástico del liguero, y yo adelanto un poco las caderas.
- Quieta.
Tu voz es suave como un susurro, pero a la vez es potente como si una mano invisible me retuviera contra el colchón. Contengo la respiración mientras tu dedo roza suavemente mi pubis.
- Voy a desnudarte, quiero verte las tetas.

Con un par de movimientos rápidos, coges mi top y lo deslizas hacia arriba, por mis brazos, hasta dejarlo sobre las ataduras de mis manos. Juntas mis piernas para librarte de mi falda, pero vuelves a abrirlas, estirándolas. Mi imaginación se desborda al imaginar cómo me ves ahora mismo, vestida tan sólo con las medias y el liguero, completamente abierta y con las manos atadas. Intento deleitarme con esa sensación, pero tu voz me interrumpe:
- Mírame.

Te encuentro de rodillas entre mis piernas, erecto, y de nuevo el rubor tiñe mis mejillas.
- No dejes de mirarme - dices mientras coges mis tobillos y me obligas a flexionar las piernas. Apoyas levemente tu peso sobre mis piernas y conduces tu sexo hacia el mío, que te espera, mojado y palpitante desde que me dejaste tan cerca del orgasmo. Me torturas un poco más, esperando un momento antes de penetrarme de repente, con un sólo movimiento, hasta el fondo, y pese a todos mis esfuerzos no puedo retener ese gemido que escapa de mis labios, la corriente de placer que me obliga a arquear la espalda y, por un instante, dejar de mirarte.

Cuando mi mirada vuelve a ti me estremezco. Una expresión lasciva cubre tu rostro, y tu voz, tranquila y grave, abre un mundo nuevo para mí:
- Me has desobedecido. Te dije que me miraras. Voy a tener que castigarte.


(Continuará el próximo lunes 12 por la noche)

La fotografía, de nuevo, de Angel Place


01 noviembre 2012

La habitación de al lado (Tercera parte)

Aquí puedes leer la primera parte y la segunda parte de la historia.

Una sonrisa lasciva se dibuja en tus labios con mis palabras. Me supiste sumisa desde el instante en el que me conociste, antes incluso de que yo lo supiera. Preparaste el terreno durante meses, con miradas y comentarios aparentemente inocentes. Y ahora al fin me tienes frente a ti, de rodillas, mirándote suplicante. Tu voz provoca un tirón en mi vientre:
- Voy a follarte la boca.

Coges mi barbilla y me das un beso suave en los labios, apenas rozándome, a la vez que desabrochas tus vaqueros. Te levantas, y ahora de veo desde abajo, imponente, mientras deslizas tus vaqueros y calzoncillos y los tiras a los pies de la cama. Vuelves a sentarte, y ahora tu pene erecto está frente a mí.

Entreabro los labios y los humedezco con la lengua. Sigues sonriendo, agarras mi cabellera y me atraes hacia ti, abriendo más las piernas para darme completo acceso a tu sexo. Cuando mi lengua recorre tu glande y mis labios se abren para abrazar tu erección, me siento una diosa dándote placer. Mueves las caderas a mi ritmo, acoplándote a mis subidas y bajadas, relajando la garganta y respirando más deprisa.

Perlas de sudor aparecen en tu frente, agarras más fuerte mi nuca y me inmovilizas. Ahora eres tú quien marca el ritmo, y yo abandono un poco mis labios, cubriendo apenas los dientes, y juego con mi lengua cada vez que te retiras, deseando que entres una vez más y me llenes, presionando el inicio de mi garganta. Siento cómo creces y te expandes, y justo cuando empiezo a creer que vas a correrte en mi boca, paras, jadeante, y me estiras cogiéndome todo el pelo y parte de la nuca para sentarme sobre tus rodillas.
Me miras un instante, y la sonrisa vuelve a tu rostro cuando me dices:
- Te quiero tumbada boca arriba en mi cama, con las piernas abiertas y los brazos estirados hacia arriba.
Dudo un instante, pero tu mirada se endurece y tu orden me obliga a levantarme rápidamente:
- Ahora.

(Continuará el próximo miércoles 7 por la noche)

La fotografía, de nuevo, de Angel Place

27 octubre 2012

La habitación de al lado (Segunda parte)

Te recomiendo leer primero la primera parte de la historia.

A medida que aumentas la intensidad de tus caricias yo siento como todos los músculos de mi ser se tensan en el camino hacia el delirio; lo único que me mantiene en pie a pesar del ligero temblor de mis piernas es el miedo a que pares. Pero eso importa poco, porque tú no estás dispuesto a que todo termine tan pronto, y te separas de mí antes de que mi orgasmo sea inevitable.

Gimo y te miro a los ojos con una mezcla de furia y súplica, pero tu mirada congela las palabras en mis labios. Sin decirme nada, me coges por las caderas y me das la vuelta a la vez que con una mano me obligas a inclinar un poco el cuerpo hacia adelante, de forma que quedo totalmente expuesta a ti. Tu lengua se desliza por mis nalgas hasta mi sexo, mientras tus manos se dirigen a mis pechos y se agarran a mis pezones, estirándolos y girando, apretando mis senos y provocando que toda la piel de mi espalda se erice.

Abandonas mis pechos para deslizar una mano hasta mi pelo y sujetarlo con firmeza, echando mi cabeza hacia atrás, forzando la curva de mi espalda y haciendo mi respiración más superficial. Guías la otra mano a mi sexo y jugueteas con tus dedos entrando y saliendo, mordiendo mis nalgas en el punto justo en el que mis muslos acaban, junto a las sujeciones del liguero, llevándome a la línea fronteriza entre el dolor y el placer.

Noto cómo me acerco cada vez más al orgasmo, mi corazón late más deprisa y me siento mareada de ansiedad... De repente me abandonas y quedo suspendida justo antes de la liberación, con todos los músculos tensos y la impresión de desamparo extendiéndose por todo el cuerpo. Cuando estoy a punto de darme la vuelta para pedirte explicaciones, tu voz vuelve a hacerme temblar:
- Date la vuelta y arrodíllate frente a mí.
Olvido mi rencor cuando me doy la vuelta y me encuentro con tus ojos oscuros, tu rostro conteniendo la excitación, y se me escapan las palabras cuando me arrodillo frente a tu miembro, todavía preso de tus vaqueros:
- Sí, amo.

(Continuará el próximo jueves 1 por la noche)

Fotografía de Angel Place


24 octubre 2012

Mis "50 sombras"... de Grey


No puedo más que admitir que he leído la trilogía de "50 Sombras" de forma apasionada. Y creo que merece un post en este blog. Aviso: es una reseña a los tres libros de la serie "50 Sombras", así que tal vez sea más larga de lo habitual. Por otra parte, no os preocupéis, os avisaré de los spoilers (revelación de detalles sobre la novela) al principio del párrafo que los contenga, de forma que podréis pasar al siguiente sin necesidad de abandonar la lectura.

Hacía mucho tiempo que una novela erótica no levantaba tanto revuelo (podéis ver algunas de las críticas en su web). Poco podemos decir que no se sepa ya, pero haremos un breve resumen para aquellos que no están al día del fenómeno Grey (que incluye cientos de foros y páginas donde se discute cuales serían los protagonistas perfectos para la próxima versión cinematográfica de los libros).

Escrita por E.L. James, una mujer de cincuenta años, acomodada y dedicada a su familia y a su carrera hasta hace poco, esta trilogía ha sido la revelación erótica de muchas mujeres, hasta el punto de que la revista Time ha nombrado a la autora como una de las cien personas más influyentes del año.

¿A qué viene tanto escándalo? Pues bien, digamos que la parte erótica de la novela muestra unas prácticas muy poco usuales, pero que generan gran curiosidad entre todas las mujeres. Lo habéis adivinado: la dominación y el BDSM.

La historia se centra en una chica completamente inexperta (virgen), Anastasia Steele, y un joven, exitoso, altamente experimentado y guapísimo ejecutivo llamado Christian Grey. Grey no hace el amor, sino que "folla duro". Él no tiene novias con las que practica el sexo "vainilla"; él tiene sumisas. Os podéis imaginar que ante estas promesas de contraportada, me faltó tiempo para atacar con todas las ganas las casi 1.900 páginas de la trilogía.

Ahora bien, una vez sumergida y empapada de Grey, ¿merece la pena leer "50 sombras"?

23 octubre 2012

La habitación de al lado (Primera parte)

No sabría explicar lo que me ha traído frente a tu puerta. Tal vez el silencio sepulcral de la casa vacía, el saber que sólo estamos tú y yo, o puede que la mirada que he notado sobre mí cuando has llegado a casa haya sido suficiente para encender mi deseo.

Apoyo suavemente la mano en la puerta entornada y empujo despacio. Lo primero que veo es tu cama, y a ti sentado en ella, mirándome sin parpadear. De repente, me siento tímida, y bajo la mirada, iniciando un gesto de retirada, arrepentida. Pero tú no tienes intención de dejarme marchar, y con voz queda y gutural pronuncias una sola palabra:
- Acércate.

Siento un pinchazo suave en la entrepierna y me apresuro a acercarme con paso felino, notando cómo la excitación crece en mi interior cada vez que mis zapatos de tacón resuenan sobre el parqué. Cuando estoy a medio metro de ti, sin levantarte, me coges por la cintura y me sitúas frente a ti, de modo que tu nariz queda a la altura de mi ombligo.

Tus dedos reptan por mis muslos y levantan mi falda hasta arrugarla en torno a mi cintura. Mi respiración se acelera cuando me atraes un poco más hacia ti y empiezas a besarme el vientre, desde el ombligo, siguiendo la línea de mis caderas hasta las medias, sujetas por un liguero, mientras tus manos se pierden en mi trasero.

Quiero agarrarte del pelo, pero levantas la cabeza y me miras, y de nuevo tu voz, intensa y cargada de deseo, hace vibrar todas las fibras de mi ser:
- No te muevas.
Con un gesto rápido, me bajas las braguitas y pierdes tu nariz en mi sexo húmedo, gimiendo y lanzando tu lengua hacia adelante a la vez que acercas mi trasero a tu cabeza, para acariciar mi clítoris muy despacio, en círculos, mientras yo me dejo llevar por una espiral lenta y de dolorosa expectativa.

(Continuará el próximo domingo 27 por la tarde)

Fotografía de Angel Place

01 mayo 2012

Cerca de ti

Hoy me ha vuelto a pasar. Te has vuelto a colar en mis pensamientos justo cuando mi cuerpo desnudo tocaba las sábanas.

He imaginado tu aliento en mi nuca y casi he podido sentirlo, mi piel se ha erizado ante un contacto inexistente y mis pezones se han endurecido al instante. No puedo atar mi mente cuando tú te introduces así en ella, y mis manos obedecen el recuerdo de las tuyas sobre mi vientre.


Mis dedos se han deslizado como si fueran los tuyos, recorriendo mis pechos y apretándolos, subiendo hasta mis labios para humedecerse para perderse después entre mis piernas. En mi mente, yo estaba a cuatro patas y tú me susurrabas al oído lo mucho que te gustaba mi cuerpo mientras me penetrabas con fuerza. En mi cama, los sudores aumentaban y mi espalda se arqueaba.

El deseo controlaba mis movimientos, que cada vez eran más intensos y rápidos, hasta que he tenido que morderme la mano para no gritar en voz alta tu nombre y llenar de desconcierto la realidad. Con los ojos cerrados, ha sido tu mano la que se posaba sobre mi boca, y en lugar de mis dedos, era tu pene el que se movía con soltura entre mis muslos. Eran tus manos las que acariciaban mi clítoris dilatado hasta llegar al orgasmo y sumirme en un estado de trance entre la vigilia y el sueño. Más cerca de ti que nunca.

22 abril 2012

El primer beso

Tus labios se acercan a los míos, y antes de besarme ya anticipio el cosquilleo en mi lengua. Mi cuerpo te desea, y se abre a ti; se relaja para dejarse llevar. Entreabro los labios y te recibio, y si acaso opongo alguna resistencia, es sólo juguetona, traviesa, la niña que llevo dentro y que desea hacerse de rogar.

Siento cómo arde mi piel al contacto con la tuya, mientras con tu lengua te abres paso tímidamente para acariciar mi labio superior. Mis dientes toman la iniciativa y te muerdo suavemente el labio inferior. Es justo la provocación que necesitabas para apretar más tu boca contra la mía y agarrar con firmeza mi nuca. Siento cómo quieres invadirme y un escalofrío de placer me recorre la espalda y siento una contracción en mi vientre.


La humedad de nuestras bocas se traslada a mi entrepierna, y siento que ya no puedo más, que te necesito sobre y en mí. Nuestras cabezas se inclinan para acoplarse más si cabe, para acercarnos más y unirnos en ese beso que parece contener todo el deseo del mundo.

Nuestros cuerpos se aproximan, los corazones bombean con fuerza, y las manos se precipitan a la cintura, el pecho, los muslos, evitando ir demasiado deprisa hacia las zonas realmente interesantes de la anatomía. Son caricias tímidas, esas que algún día serán firmes y confiadas pero que, hoy por hoy, no son más que los primeros ensayos de la gran función final.

16 abril 2012

Chocolate

El chocolate caliente cae por mi pecho, acariciándome y encontrándose con tu lengua anhelante. Con los ojos vendados, sólo puedo intuir tu presencia, y anticipar cuál será el siguiente lugar que devorarás.

Siento tu aliento en mi cuello, la piel se me eriza y la impaciencia me carcome. Arqueo la espalda para hacerte partícipe de mi ansiedad, pero sólo consigo que te rías, juguetón. 


Me pides que abra los labios, y un chorrito de chocolate se cuela hasta mi lengua. Me besas, y la dulzura  se derrama. Abres mis piernas y te deslizas hacia mi sexo, dejando el tuyo al alcance de mi boca. Me bañas la entrepierna en chocolate y lo lames con intensidad, provocando gemidos que ahogo para no perder la concentración y disfrutar al notar cómo se tensa tu pene, tan cerca del orgasmo que tienes que pedirme que pare.

Ahora siento tu cuerpo sobre mí, y me penetras con fuerza. Me muerdes los labios chocolateados y te mueves al ritmo de mis caderas. Ardemos los dos en el fuego del deseo y el delirio. En la hoguera de uno de los placeres más antiguos.


31 enero 2012

"Sex Academy" y sus momentos de vergüenza ajena

Parece que compenso mi falta de inspiración con análisis sobre cosas que leo y veo. Pues bien, es así.

Hoy le ha tocado el turno a "Sex Academy", el nuevo reality show de Cuatro, que descubrí en este artículo del blog Vaya Tele (suelo compensar lo poco que veo de la televisión leyendo sobre ella).

Me pudo la curiosidad, a pesar de las críticas, y aproveché la herramienta "mitele" de Cuatro para ver el primer episodio de este programa.

Pues bien, tengo que admitir que comparto muchas de las ideas que comentaba José Díaz en el artículo que os he comentado antes. 



Para empezar, el programa nos sitúa ante parejas muy típicas que, aunque muestran problemas diferentes, no representan en absoluto la diversidad de nuestra sociedad. Son parejas que llevan bastante tiempo juntas, que viven juntas, heterosexuales, jóvenes y físicamente en forma (algunas más que otras). Echo de menos algunas variaciones que podrían existir: alguien con un cuerpo no tan esbelto, alguna pareja homosexual o de una edad más avanzada...

25 enero 2012

La imposición del erotismo

Hoy he leído un artículo en el Blog Eros (de El País) y me ha parecido interesante comentarlo aquí.

El artículo se titula "Erotizadas y superexigidas, las chicas se rebelan", y habla de cómo hoy en día, se espera que las mujeres seamos muy abiertas y dispuestas a todo en el sexo, so pena de que nos tachen de "estrechas".

Creo que el artículo tiene razón en muchas cosas, pues siempre he pensado que en el sexo todo vale, y que su único límite es el respeto. No sólo el respeto por el otro/a, sino también y ante todo, el respeto por uno mismo.

No deberíamos hacer nada que no nos apeteciera, que no nos provocara excitación, y mucho menos por no perder a una pareja o amante. Porque realmente, si esa persona vale la pena, entenderá tu forma de pensar y no te presionará para ir más allá. Y luego está el hecho de que, sobre tod si hay confianza , puedes parar en el preciso instante en que deje de gustarte. Ya sabemos que a veces las cosas pueden no ser como imaginamos, y puede ocurrir que algo que nos parecía una idea genial, deje de gustarnos al llevarlo a la práctica.

Pero no hay que olvidar que muchas prácticas son tabú, y que esos tabús nos influyen a la hora de plantearnos si las queremos llevar a cabo o no. Tener una mente abierta, confiar en la persona con la que compartes lecho, no pensar en lo que puedan decir/pensar los demás de ti, conocer tu propio cuerpo, no escandalizarte con tus propias fantasías, aprender a decir lo que sientes sin vergüenza (o a pesar de ella)... son cosas indispensables para disfrutar de una vida sexual plena, y sana; ya sea con el misionero o haciendo el amor en sitios impensables.

Voy a poner un ejemplo que suele ser controvertido: el sexo anal. Muchas mujeres no quieren probarlo, otras lo han probado y no les gustó, y a otras les encanta. Hasta hace poco, las mujeres a las que les gustaba solían ocultarlo, pues las demás solían escudarse en frases como "qué asco", "qué dolor", "eso es una perversión", "es antinatural"... no sé si ahora será diferente, pues hace mucho que no tengo una conversación "de chicas" sobre este tema, pero me imagino que no.

Bien, pues dentro de ese respeto del que hablo, también deberíamos aprender que hay que respetar tanto a la mujer (o hombre) que prefiere la cama y el sexo sin florituras, como a la que le encanta experimentar y hacer "gimnasia". Incluso si nos parece que se está perdiendo grandes cosas, el desprecio no es un buen camino.

Todas las opciones son aceptables, siempre que no perdamos ese respeto, que además debería ser la base de todas las relaciones de la sociedad (amistad, amor, trabajo...).

09 enero 2012

Masaje

Tumbada boca abajo, siento cómo se eriza mi piel al contacto de las manos expertas del masajista, mi mente vuela hacia paraísos de pieles desnudas.

Esos dedos recorren mi espalda y bajan hacia mi culo, rodeando mis caderas y empujándome contra la camilla y consiguiendo que mis pensamientos ardan de deseo. Siento cómo mis músculos se tensan cuando sus dedos abandonan mis pantorrillas para subir por mis muslos y perderse un poco más allá de donde el decoro pone su límite.


No puedo evitarlo, estoy caliente y húmeda como una flor bajo el rocío de la primavera. Mis piernas se abren un poco, es un movimiento involuntario e instintivo, muy sutil, pero que sin embargo sé que él lo ha percibido, porque ahora ha profundizado un poco más, y uno de sus dedos ha empezado a acariciar mi clítoris por encima del tanga.

Aunque sé que debería pararle, estoy tan excitada que mi mente no responde a mi pudor, y me dejo llevar mientras el masajista se inclina sobre mí y me besa el cuello, paseando sus dientes por el lóbulo de mi oreja, y sin parar de deslizar su mano arriba y abajo, retirando la tela húmeda y penetrándome con sus dedos.

Ya no sé el tiempo que ha pasado, pero empiezo a notar cómo las cosquillas previas al orgasmo suben por mis pies, tensando mis músculos doloridos y llevándome al límite, hasta explotar con una risita nerviosa. Me susurra al oído "eres deliciosa", y al fin yo me relajo, liberadas todas las tensiones entre sus manos.

02 enero 2012

Nochevieja

Se acercaba la medianoche, y todo el mundo buscaba su copa de champán y se preparaba para tomar las uvas. Todos menos Salomé, que se había quedado prendida de los ojos de un desconocido que la miraba fijamente desde el umbral, insinuando una invitación muda.


Salomé era chica de parcas palabras y poco amiga de las multitudes, así que decidió seguir su instinto y se acercó a aquel hombre de grandes manos y amplias espaldas. Ella pronto olvidó por qué se dejó llevar al guardarropa, y por qué, entre abrigos y bolsos, se dejó bajar la cremallera de su vestido y se quedó desnuda ante aquel Adonis que se agachó frente a ella y le besó los pies, enjaulados en unas preciosas sandalias de tiras negras.

Salomé agarró su cabello y le condujo hasta su sexo, agarrándole fuerte la nuca mientras el chico se perdía en los recovecos húmedos de su feminidad. La llevó cerca del orgasmo, tan cerca que ella sentía temblar sus piernas, pero paró para besarla, pegar su cuerpo contra el de Salomé y sentirla, ardiente y fiera, deseosa. Fuera, la gente brindaba emocionada mientras ella se sentía flotar entre este mundo y el otro.

Él la tomó por las caderas y la penetró mientras ella se agarraba de un perchero, medio suspendida en el aire, con las piernas rodeando la cintura masculina. Se sentía desfallecer en manos de aquella mujer, cuyo vaivén le había hipnotizado desde el primer momento que la vio. Ya no era él el que se movía, era ella la que dominaba la situación, conduciéndose a sí misma al orgasmo.

Cuando estuvo cerca del final, sus manos abandonaron la barra del perchero y se abrazaron a él mientras le mordía el cuello para no gritar. El clímax llegó entre gemidos apagados, rodando ambos por el sueño, extasiados.