31 enero 2012

"Sex Academy" y sus momentos de vergüenza ajena

Parece que compenso mi falta de inspiración con análisis sobre cosas que leo y veo. Pues bien, es así.

Hoy le ha tocado el turno a "Sex Academy", el nuevo reality show de Cuatro, que descubrí en este artículo del blog Vaya Tele (suelo compensar lo poco que veo de la televisión leyendo sobre ella).

Me pudo la curiosidad, a pesar de las críticas, y aproveché la herramienta "mitele" de Cuatro para ver el primer episodio de este programa.

Pues bien, tengo que admitir que comparto muchas de las ideas que comentaba José Díaz en el artículo que os he comentado antes. 



Para empezar, el programa nos sitúa ante parejas muy típicas que, aunque muestran problemas diferentes, no representan en absoluto la diversidad de nuestra sociedad. Son parejas que llevan bastante tiempo juntas, que viven juntas, heterosexuales, jóvenes y físicamente en forma (algunas más que otras). Echo de menos algunas variaciones que podrían existir: alguien con un cuerpo no tan esbelto, alguna pareja homosexual o de una edad más avanzada...

25 enero 2012

La imposición del erotismo

Hoy he leído un artículo en el Blog Eros (de El País) y me ha parecido interesante comentarlo aquí.

El artículo se titula "Erotizadas y superexigidas, las chicas se rebelan", y habla de cómo hoy en día, se espera que las mujeres seamos muy abiertas y dispuestas a todo en el sexo, so pena de que nos tachen de "estrechas".

Creo que el artículo tiene razón en muchas cosas, pues siempre he pensado que en el sexo todo vale, y que su único límite es el respeto. No sólo el respeto por el otro/a, sino también y ante todo, el respeto por uno mismo.

No deberíamos hacer nada que no nos apeteciera, que no nos provocara excitación, y mucho menos por no perder a una pareja o amante. Porque realmente, si esa persona vale la pena, entenderá tu forma de pensar y no te presionará para ir más allá. Y luego está el hecho de que, sobre tod si hay confianza , puedes parar en el preciso instante en que deje de gustarte. Ya sabemos que a veces las cosas pueden no ser como imaginamos, y puede ocurrir que algo que nos parecía una idea genial, deje de gustarnos al llevarlo a la práctica.

Pero no hay que olvidar que muchas prácticas son tabú, y que esos tabús nos influyen a la hora de plantearnos si las queremos llevar a cabo o no. Tener una mente abierta, confiar en la persona con la que compartes lecho, no pensar en lo que puedan decir/pensar los demás de ti, conocer tu propio cuerpo, no escandalizarte con tus propias fantasías, aprender a decir lo que sientes sin vergüenza (o a pesar de ella)... son cosas indispensables para disfrutar de una vida sexual plena, y sana; ya sea con el misionero o haciendo el amor en sitios impensables.

Voy a poner un ejemplo que suele ser controvertido: el sexo anal. Muchas mujeres no quieren probarlo, otras lo han probado y no les gustó, y a otras les encanta. Hasta hace poco, las mujeres a las que les gustaba solían ocultarlo, pues las demás solían escudarse en frases como "qué asco", "qué dolor", "eso es una perversión", "es antinatural"... no sé si ahora será diferente, pues hace mucho que no tengo una conversación "de chicas" sobre este tema, pero me imagino que no.

Bien, pues dentro de ese respeto del que hablo, también deberíamos aprender que hay que respetar tanto a la mujer (o hombre) que prefiere la cama y el sexo sin florituras, como a la que le encanta experimentar y hacer "gimnasia". Incluso si nos parece que se está perdiendo grandes cosas, el desprecio no es un buen camino.

Todas las opciones son aceptables, siempre que no perdamos ese respeto, que además debería ser la base de todas las relaciones de la sociedad (amistad, amor, trabajo...).

09 enero 2012

Masaje

Tumbada boca abajo, siento cómo se eriza mi piel al contacto de las manos expertas del masajista, mi mente vuela hacia paraísos de pieles desnudas.

Esos dedos recorren mi espalda y bajan hacia mi culo, rodeando mis caderas y empujándome contra la camilla y consiguiendo que mis pensamientos ardan de deseo. Siento cómo mis músculos se tensan cuando sus dedos abandonan mis pantorrillas para subir por mis muslos y perderse un poco más allá de donde el decoro pone su límite.


No puedo evitarlo, estoy caliente y húmeda como una flor bajo el rocío de la primavera. Mis piernas se abren un poco, es un movimiento involuntario e instintivo, muy sutil, pero que sin embargo sé que él lo ha percibido, porque ahora ha profundizado un poco más, y uno de sus dedos ha empezado a acariciar mi clítoris por encima del tanga.

Aunque sé que debería pararle, estoy tan excitada que mi mente no responde a mi pudor, y me dejo llevar mientras el masajista se inclina sobre mí y me besa el cuello, paseando sus dientes por el lóbulo de mi oreja, y sin parar de deslizar su mano arriba y abajo, retirando la tela húmeda y penetrándome con sus dedos.

Ya no sé el tiempo que ha pasado, pero empiezo a notar cómo las cosquillas previas al orgasmo suben por mis pies, tensando mis músculos doloridos y llevándome al límite, hasta explotar con una risita nerviosa. Me susurra al oído "eres deliciosa", y al fin yo me relajo, liberadas todas las tensiones entre sus manos.

02 enero 2012

Nochevieja

Se acercaba la medianoche, y todo el mundo buscaba su copa de champán y se preparaba para tomar las uvas. Todos menos Salomé, que se había quedado prendida de los ojos de un desconocido que la miraba fijamente desde el umbral, insinuando una invitación muda.


Salomé era chica de parcas palabras y poco amiga de las multitudes, así que decidió seguir su instinto y se acercó a aquel hombre de grandes manos y amplias espaldas. Ella pronto olvidó por qué se dejó llevar al guardarropa, y por qué, entre abrigos y bolsos, se dejó bajar la cremallera de su vestido y se quedó desnuda ante aquel Adonis que se agachó frente a ella y le besó los pies, enjaulados en unas preciosas sandalias de tiras negras.

Salomé agarró su cabello y le condujo hasta su sexo, agarrándole fuerte la nuca mientras el chico se perdía en los recovecos húmedos de su feminidad. La llevó cerca del orgasmo, tan cerca que ella sentía temblar sus piernas, pero paró para besarla, pegar su cuerpo contra el de Salomé y sentirla, ardiente y fiera, deseosa. Fuera, la gente brindaba emocionada mientras ella se sentía flotar entre este mundo y el otro.

Él la tomó por las caderas y la penetró mientras ella se agarraba de un perchero, medio suspendida en el aire, con las piernas rodeando la cintura masculina. Se sentía desfallecer en manos de aquella mujer, cuyo vaivén le había hipnotizado desde el primer momento que la vio. Ya no era él el que se movía, era ella la que dominaba la situación, conduciéndose a sí misma al orgasmo.

Cuando estuvo cerca del final, sus manos abandonaron la barra del perchero y se abrazaron a él mientras le mordía el cuello para no gritar. El clímax llegó entre gemidos apagados, rodando ambos por el sueño, extasiados.