27 octubre 2012

La habitación de al lado (Segunda parte)

Te recomiendo leer primero la primera parte de la historia.

A medida que aumentas la intensidad de tus caricias yo siento como todos los músculos de mi ser se tensan en el camino hacia el delirio; lo único que me mantiene en pie a pesar del ligero temblor de mis piernas es el miedo a que pares. Pero eso importa poco, porque tú no estás dispuesto a que todo termine tan pronto, y te separas de mí antes de que mi orgasmo sea inevitable.

Gimo y te miro a los ojos con una mezcla de furia y súplica, pero tu mirada congela las palabras en mis labios. Sin decirme nada, me coges por las caderas y me das la vuelta a la vez que con una mano me obligas a inclinar un poco el cuerpo hacia adelante, de forma que quedo totalmente expuesta a ti. Tu lengua se desliza por mis nalgas hasta mi sexo, mientras tus manos se dirigen a mis pechos y se agarran a mis pezones, estirándolos y girando, apretando mis senos y provocando que toda la piel de mi espalda se erice.

Abandonas mis pechos para deslizar una mano hasta mi pelo y sujetarlo con firmeza, echando mi cabeza hacia atrás, forzando la curva de mi espalda y haciendo mi respiración más superficial. Guías la otra mano a mi sexo y jugueteas con tus dedos entrando y saliendo, mordiendo mis nalgas en el punto justo en el que mis muslos acaban, junto a las sujeciones del liguero, llevándome a la línea fronteriza entre el dolor y el placer.

Noto cómo me acerco cada vez más al orgasmo, mi corazón late más deprisa y me siento mareada de ansiedad... De repente me abandonas y quedo suspendida justo antes de la liberación, con todos los músculos tensos y la impresión de desamparo extendiéndose por todo el cuerpo. Cuando estoy a punto de darme la vuelta para pedirte explicaciones, tu voz vuelve a hacerme temblar:
- Date la vuelta y arrodíllate frente a mí.
Olvido mi rencor cuando me doy la vuelta y me encuentro con tus ojos oscuros, tu rostro conteniendo la excitación, y se me escapan las palabras cuando me arrodillo frente a tu miembro, todavía preso de tus vaqueros:
- Sí, amo.

(Continuará el próximo jueves 1 por la noche)

Fotografía de Angel Place


23 octubre 2012

La habitación de al lado (Primera parte)

No sabría explicar lo que me ha traído frente a tu puerta. Tal vez el silencio sepulcral de la casa vacía, el saber que sólo estamos tú y yo, o puede que la mirada que he notado sobre mí cuando has llegado a casa haya sido suficiente para encender mi deseo.

Apoyo suavemente la mano en la puerta entornada y empujo despacio. Lo primero que veo es tu cama, y a ti sentado en ella, mirándome sin parpadear. De repente, me siento tímida, y bajo la mirada, iniciando un gesto de retirada, arrepentida. Pero tú no tienes intención de dejarme marchar, y con voz queda y gutural pronuncias una sola palabra:
- Acércate.

Siento un pinchazo suave en la entrepierna y me apresuro a acercarme con paso felino, notando cómo la excitación crece en mi interior cada vez que mis zapatos de tacón resuenan sobre el parqué. Cuando estoy a medio metro de ti, sin levantarte, me coges por la cintura y me sitúas frente a ti, de modo que tu nariz queda a la altura de mi ombligo.

Tus dedos reptan por mis muslos y levantan mi falda hasta arrugarla en torno a mi cintura. Mi respiración se acelera cuando me atraes un poco más hacia ti y empiezas a besarme el vientre, desde el ombligo, siguiendo la línea de mis caderas hasta las medias, sujetas por un liguero, mientras tus manos se pierden en mi trasero.

Quiero agarrarte del pelo, pero levantas la cabeza y me miras, y de nuevo tu voz, intensa y cargada de deseo, hace vibrar todas las fibras de mi ser:
- No te muevas.
Con un gesto rápido, me bajas las braguitas y pierdes tu nariz en mi sexo húmedo, gimiendo y lanzando tu lengua hacia adelante a la vez que acercas mi trasero a tu cabeza, para acariciar mi clítoris muy despacio, en círculos, mientras yo me dejo llevar por una espiral lenta y de dolorosa expectativa.

(Continuará el próximo domingo 27 por la tarde)

Fotografía de Angel Place