12 noviembre 2012

La habitación de al lado (Quinta parte)

Aquí puedes leer la primera parte, la segunda parte, la tercera parte y la cuarta parte de la historia.

Sales rápidamente de mí, dejándome con una sensación de vacío indescriptible, pero no tengo tiempo de asimilarla antes de agarrarme de las caderas y darme la vuelta, obligándome a apoyar las rodillas en la cama y dejando mis brazos cruzados y estirados, las cuerdas más tensas todavía, y mi cara apoyada contra las sábanas.

Me acaricias las nalgas, y yo me derrito ante la expectativa. Tus manos son suaves y delicadas, pero los nervios me carcomen, la sombra de la amenaza de un castigo me mantiene tensa, incapaz de abandonarme al placer que me proporcionan tus manos.

Tu voz rompe el silencio, que hasta ahora notaba tenso:
- Tienes un culo precioso.
No me das tiempo a reaccionar antes de sentir la primera palmada, fuerte, justo en el lugar en que la nalga se convierte en muslo. La sorpresa cede ante el cosquilleo y el inevitable pinchazo de placer en la entrepierna. A medida que me azotas, procurando no golpear nunca demasiado fuerte ni en el mismo lugar, alternando el dolor con caricias que me estremecen, siento cómo me humedezco. Estoy completamente a tu merced, y la excitación crece sin que yo pueda pararla.

Sin poder evitarlo, muevo las caderas intentando calmarme. Te acercas a mí y siento tu pene erecto rozando la piel rosada y dolorida, acariciándome. Tu mano se pierde entre mis piernas, roza mi sexo y varios dedos se pierden en mi interior. Entran y salen durante un rato, vas rozándome el clítoris con el dedo gordo, y de nuevo siento el orgasmo cada vez más cerca.

- Pídemelo.
Tu voz es un susurro, una súplica y una orden. Las palabras salen de mi boca y no me esfuerzo en detenerlas:
- Haz que me corra
Siento vergüenza y me sonrojo, porque me excita tanto pedírtelo, y tu mano no para, aumenta el ritmo, y oigo cómo gimes, alentado por mi deseo, y todo me da vueltas cuando al fin llegan las convulsiones, y muerdo las sábanas para ahogar un grito, y tengo que concentrarme en no derrumbarme.

No pasan ni treinta segundos cuando oigo de nuevo tu voz:
- No creas que he terminado contigo. Date la vuelta.

(Continuará el próximo domingo 18 por la noche)

La fotografía, de nuevo, de Angel Place


2 comentarios:

Dr,tomby dijo...

la esta poniendo tibia jijiji

Si no es el mejor relato que has escrito,es de los mejores....

Sherezade dijo...

No diría yo que ella se esté quejando... ;)

Me alegra que te haya gustado :)