03 diciembre 2012

Fotografiándote

La sesión fotográfica empieza como tantas otras, con mi ayudante y yo preparando el estudio. Es una tarde de viernes, y el chaval tiene ganas de salir, así que una vez que hemos colocado los focos y los paraguas, le dejo que se vaya.

Miro el reloj y suspiro... otra modelo que llega tarde. No falla. Al fin aparece, y tengo que admitir que me quedo alucinado al verla. Se nota que ha llegado corriendo, la sangre se agolpa en sus mejillas y su respiración es acelerada, pero lo que más me llama la atención es su pelo, azul y completamente despeinado.

Le pido que se cambie deprisa, dejando entrever mi malhumor, y la observo mientras se desviste. No es pudorosa, y eso me gusta. Elige un vestido negro para empezar la sesión, y el contraste con su melena azul y su piel pálida es impresionante. Le pido que se quite el sujetador para evitar las marcas en la piel y ella lo desliza con gestos enérgicos, sin quitarse el vestido.

Me concentro, voy haciendo fotos y ella se va moviendo por el estudio. Me acerco para deslizar un tirante por su hombro, y ella se deja hacer, seduciendo a la cámara. Se baja el otro tirante, y empieza a actuar como si yo no estuviera. Se estira como un gato, se descalza y camina alrededor del estudio, acercándose a una ventana, mientras va dejando que el vestido se deslice por su cuerpo dejando sus pechos al descubierto.

Ya no me importa la luz ni la revista de moda para la que trabajo, sólo quiero capturar su esencia, ese algo de felino que provoca en mí una erección que me empuja y convierte mis vaqueros en un tormento. Me mira a través de sus largas pestañas y deja caer el vestido del todo. Se acerca a mí, y yo no puedo dejar de retratarla mientras se acerca, me roza el hombro a su paso y se tumba en el sofá.

Empieza a acariciarse lentamente y yo me pierdo en sus manos, en su sexo húmedo. La cámara queda inerte, sólo puedo mirarla y disfrutar de sus gestos. Sus dedos rozan su clítoris, sus muslos, se pierden en su interior, y yo sigo inmóvil, sin salir de mi asombro. Sigue tocándose y provocándome hasta que llega al orgasmo con un gemido suave. Cuando su respiración se normaliza, se levanta, se acerca a mí y me dice:

- Creo que no has hecho demasiadas fotos. Voy a por otro vestido.

Fotografía de Elizabeth Zusev


1 comentario:

Dr.tomby dijo...

ejem....si quieres nos hacemos una sesion de esas jaja ;)

Y de paso haber si mas gente se anima a comentar, que me apena ver la escasez de comentarios