11 diciembre 2013

Los mejores deseos

Parece que el blog ha quedado algo abandonado estos últimos meses. No tengo el tiempo que me gustaría tener para actualizarlo y a la vez mantener un mínimo de calidad.

Pero no se me olvida que algunos de vosotros seguís transitando por aquí de vez en cuando, así que os deseo que paséis unas fiestas inolvidables, cargadas de sensualidad y nuevas experiencias, que os invito a contarme con todo lujo de detalles.

Es posible que nos volvamos a ver el año que viene, por ahora no lo sé... aunque siempre que ha habido un parón en este blog, he vuelto con las pilas recargadas, así que no perdáis la esperanza, yo tampoco lo hago.

Muchas gracias por leerme y mil besos sensuales para vuestras noches de insomnio.

Feliz Navidad y próspero 2014

Fotografía de Marc Lagrange


01 agosto 2013

Detenida (Tercera y última parte)

Este relato erótico está basado en una fantasía de una lectora. Aquí podéis ver la primera y la segunda parte.

El agente Beckett la penetró rítmicamente durante un par de minutos, dejando escapar gruñidos de placer y agarrando con fuerza sus nalgas, de forma que ella podía sentir sus dedos clavándose con fuerza en la carne. Hacía ya un rato que no era dueña de si misma ni de su cuerpo, que excitado humedecía el sexo erecto del agente.

Cuando Miller abandonó la oscuridad de detrás del espejo y entró en la habitación, Beckett la agarró del pelo y le giró la cara para que pudiera verle. Se inclinó sobre ella hasta que su cuerpo estuvo pegado a su espalda, y con movimientos firmes condujo su pene a su trasero.

Miller se acercó, pero ni siquiera la tocó, sólo la miró más de cerca, disfrutando con una sonrisa de los gestos con los que ella intentaba disimular su excitación. El agente Beckett empezó a penetrarla por detrás muy despacio, hasta introducir todo su miembro, y antes de moverse, empezó a masturbarla. Le susurraba cosas incomprensibles al oído, frases en un idioma desconocido, y acariciaba su clítoris a la vez que se movía buscando su orgasmo.

Ella no podía evitarlo, la visión de Miller de pie, frente a ella, con el miembro aprisionado en sus pantalones, y las embestidas de Beckett, cada vez más rápidas, fueron más fuertes que su voluntad, y acabó corriéndose mientras se mordía el labio para no gritar. Su orgasmo provocó espasmos que condujeron a Beckett a su propio clímax, derramándose y dejándose caer sobre ella.

Fotografía de angelplace.com

24 julio 2013

Detenida (Segunda Parte)

Aquí podéis leer la primera parte del relato erótico. Está basado en una fantasía que me contó una lectora a través del e-mail, ya sabéis que si tenéis alguna historia o fantasía picante que queréis ver reflejada en el blog, sólo tenéis que contactar conmigo.

El agente Miller notaba su erección empujando los vaqueros mientras observaba a Beckett, su compañero, obligando a la detenida a levantarse y apoyarse contra la mesa de interrogatorios. Ella se revolvía, pero eso sólo conseguía que Beckett se excitara más.

La colocó de forma que su torso y sus pechos quedaban aplastados contra la mesa, las manos esposadas a la espalda, y su culo alzado en pompa, justo a la altura de su miembro completamente duro. Con movimientos rápidos, esposó cada uno de los pies de la chica a las patas de la mesa, y tirando de sus brazos hacia atrás, le levantó la falda, dejando al descubierto el liguero y el tanga, y empezó a masturbarla. Pese a sus gritos ahogados y a sus protestas, pronto comenzó a excitarse: su cuerpo la estaba traicionando.

Durante unos minutos, Beckett intercaló las intensas y duras caricias en su clítoris con las palmadas en el trasero, y a medida que su piel se iba enrojeciendo, ella se debatía entre seguir luchando por liberarse o entregarse sin reservas al placer que sentía. El agente no paraba de decirle cosas soeces, gritándole que se callara, y ella seguía hipnotizada por su propia imagen en el espejo de la sala, intentando imaginar quién podía estar mirando.

Deseó que esa persona tras el cristal fuera un hombre, imaginó que entraba y la obligaba a lamer su miembro, se excitó trazando mentalmente la sensación de un sexo grande y duro en su boca y a Beckett penetrándola con fuerza. Por eso, cuando al fin Beckett la penetró sin previo aviso, lo que salió de su garganta no fue un grito de inconformismo, sino un gemido de placer...

La continuación de la historia, el próximo miércoles 31 de agosto


Imagen de @CoffeTableSex

17 julio 2013

Detenida (Primera Parte)

**Esta historia está basada en una fantasía que me contó una lectora a través del e-mail.


Llevaba una hora sentada en la sala de interrogatorios, y empezaba a impacientarse. Las esposas que la mantenían atada a la silla se le estaban clavando en las muñecas, y no entendía por qué sus pies también estaban atados a las patas de la silla, de forma que se veía obligada a hacer fuerza para mantener las rodillas juntas y que no se le viera la ropa interior.

Cuando el policía entró, ella empezó a quejarse con insistencia, pero una bofetada del agente la hizo callar y mirarle fijamente. Afirmó que ella haría todo lo que él quisiera, sin rechistar, y acto seguido le cogió del pelo y echó hacia atrás su cabeza, besándola con furia.

Deslizó su mano por la camiseta y la subió de un tirón, dejando al descubierto su sujetador. La seguía besando con violencia mientras le manoseaba las tetas, pellizcándole con fuerza los pezones. Ella se revolvía, pero cada movimiento dejaba más al descubierto sus muslos, y le enrojecía las muñecas.

Él se retiró un poco y le susurró al oído que aquello acababa de empezar, que iba a saber lo que era bueno, y acto seguido se irguió y sin soltar su cabellera, se desabrochó los pantalones y los bajó hasta la mitad del muslo, dejando que su pene erecto rozara su mandíbula. Con un movimiento firme, guió su boca hasta la punta de su miembro, y lo introdujo lentamente, empezando un vaivén cada vez más rápido.

Ella tenía la cabeza completamente aprisionada, y sentía cómo el sexo del policía se endurecía cada vez más, mientras no podía quitar la vista del espejo de la otra sala, donde imaginaba había alguien observando la escena.

No se equivocaba, pues al otro lado, el agente Miller miraba cómo su compañero se aprovechaba de la detenida, esperando el momento preciso para intervenir.

Continuará el próximo miércoles 24 de julio

La fotografía, de Christopher Vaughan

03 julio 2013

Tormenta (Segunda y última parte)

Cuando llego me quedo anonadada ante la visión que me ofreces: te lo has quitado todo excepto la camiseta, que deja un hombro al descubierto, pegada a tu cuerpo, completamente empapada y dejando entrever tus pezones. Me acerco a ti y te beso suavemente los labios, las mejillas, el cuello... aprovechando la ocasión para deshacerme de mi ropa.

Deslizo la toalla por tu espalda, tus hombros, te quito la camiseta y rodeo tus pezones con la lengua, rozo mis dientes en ellos, los siento erizarse en mi boca. Tus manos recorren mi nuca, me empujas firmemente hacia abajo, poniéndome de rodillas ante ti y guiándome hacia tu clítoris hinchado. Lo lamo, me agarro a él con los labios apretados, y mis dedos se pierden en tu sexo.

Muevo adelante y atrás la mano, y de repente veo la toalla que ha quedado abandonada en el suelo. Sin dejar que mi boca abandone tu clítoris, sin dejar que tus gemidos me despisten de mi objetivo, la recojo y empiezo a secarte los muslos, apretándola contra tus nalgas, apretándote contra mi boca. Noto cómo tiemblan tus piernas, la rendición está cerca, así que acelero mis movimientos y vuelvo a introducir mis dedos entre tus piernas.

Estás tan excitada que tu humedad impregna mis dedos con tu perfume. Me levanto y te llevo en volandas hasta el sofá, donde me coloco sobre ti, y empiezo a masturbarte sin dejar de besarte, empujando mi mano con la rodilla para penetrarte más fuerte, dejando que nuestros pechos libren una batalla de pieles erizadas.

Y entonces llega el momento en el que tu espalda se arquea, tus piernas se tensan y aumenta la presión de tu sexo, el orgasmo te sacude y me muerdes los labios para no gritar. Nos besamos durante un largo rato, y cuando consigo separar mi boca de la tuya te propongo una copa de vino y volver a empezar. Por supuesto, a respuesta es sí.


El próximo relato erótico, el miércoles 17 de julio

Fotografía de MP Photograph encontrada en la galería de Harris Boma


26 junio 2013

Tormenta (Primera Parte)

Cuando salimos del local está empezando a llover, pero ambas llevamos dos copas de más y decidimos volver andando a mi casa. Vamos riéndonos, jugando a empujarnos, hablando sonrientes de lo bien que lo hemos pasado esta noche y de lo genial que es ese local de ambiente.

Las gotas de lluvia se quedan colgando de tu pelo y de tus labios, y todos los sentimientos reprimidos empiezan a burbujear dentro de mí. Definitivamente, me gustas más que como amiga. Quiero desnudarte y lamerte enterita.

En cuestión de minutos, la llovizna se convierte en una lluvia torrencial y corremos las dos manzanas que nos faltan, corriendo y gritando como adolescentes. Llegamos y entramos en el portal con el corazón acelerado y la respiración entrecortada, mojadas de arriba a abajo. Nos miramos con la risa todavía prendida en nuestros labios y el tiempo se para.

Me acerco a ti y te acaricio la cara, acerco mi boca a la tuya sin besarte, sólo para sentir el calor de tu aliento, para provocarte el mismo deseo que arde en mi sangre. Aguantas tan sólo unos segundos, después me besas como si fueras un náufrago y yo tu isla desierta.

Subimos en el ascensor sin dejar de besarnos y mordernos, desabrochándonos la ropa empapada y dejando al descubierto trozos de piel erizada, subo tu camiseta y me lanzo a morder tus pezones erectos. Me agarras fuerte del pelo y llevas mi mano a tu entrepierna.

El ascensor llega a su destino y en un segundo hemos cerrado la puerta del piso detrás de nosotras. Respiro hondo y te beso una vez más. Quiero que esto dure toda la noche, así que te pido que me esperes mientras voy a por una toalla.

Continuará el próximo miércoles 3 de julio


19 junio 2013

El camarero

Estoy sentada en la terraza de siempre, mirando cómo las olas juguetean con la arena. Hace calor, y el hielo de mi tinto de verano se derrite rápidamente, aunque aquí, bajo la sombrilla, no se está tan mal. Además, puedo observarte ir y venir entre las pocas mesas ocupadas, con tus anchos hombros marcándose bajo esa camiseta roja.

Recorro tu cuerpo moreno de arriba abajo, deteniéndome un instante en tu trasero, justo cuando te agachas a recoger una chapa de coca-cola. Juraría que lo has hecho aposta, porque cuando vuelves a erguirte, me miras descaradamente, casi podría decir que me desnudas con la mirada. Creo que voy a derretirme, y que la temperatura ya no tiene nada que ver con el calor que siento. Recorro mis labios con la lengua... estás para comerte.

Atardece, los pocos clientes se van retirando, y sólo quedamos tú y yo, y nuestras miradas. Ahora estás detrás de la barra, limpiando para cerrar, y apagas las luces de la terraza. Me acerco a ti y te pido la cuenta, dirigiéndome después al baño. Me retoco el maquillaje, y tal y como esperaba, a los pocos segundos puedo ver tu reflejo esperando en la puerta.

Me doy la vuelta y te hago un gesto para que te acerques. No dudas ni un instante, me besas con toda la pasión de la que eres capaz y nos envolvemos en una guerra de lametones, gemidos y mordiscos, mientas me subes la falda y me levantas para sentarme en el lavabo. Hábil, saco un condón de mi bolso, que te colocas con un rápido movimiento para penetrarme un instante después.

El baño se llena de sudores y pasiones, de tirones, súplicas y de un sexo visceral y violento que nos lleva a ambos a la cresta de un orgasmo agotador.

Decididamente, el verano que viene repito.


La próxima historia, el miércoles 26 de junio.

09 junio 2013

La llamada

El teléfono suena justo cuando estoy terminando de arreglarme para nuestra cena  de aniversario. Me llamas para decirme que vas a trabajar hasta tarde, y que quieres compensarme. "Ya que no te voy a poder llevar a cenar, deja al menos que te dé el orgasmo que te mereces..." me dices juguetón. Y yo, que me he preparado durante horas, me rindo a tu voz acaramelada y me deshago de los tacones. Sigo tus instrucciones mientras me ordenas que me siente en el sofá y me desabroche el vestido, imagino que son tus manos las que acarician mi clítoris y me dejo llevar por tus susurros y la promesa de que tú también te estás masturbando.

Te imagino en tu despacho, la puerta cerrada y los pantalones desabrochados, acariciándote sin dejar de hablarme, y mis dedos cobran vida propia, se tensan mis músculos y la respiración se convierte en jadeos que provocan tu orgasmo. Te oigo gemir, y sin embargo, continúas provocando mi imaginación para que sienta tu lengua recorriendo mis pezones, mordiéndome, hasta que el orgasmo me invade y me dejo caer sobre la alfombra, olvidando incluso que tú sigues al otro lado de la línea.

La próxima historia, el miércoles 19 de junio

31 mayo 2013

La sauna (Segunda y última parte)


Me encuentro atrapada entre su cuerpo caliente y la madera ardiente de la sauna. El sudor empieza a empapar mi nuca y su pecho, pero la verdad, no me importa en absoluto. Es más, toda esta situación me excita como nunca habría imaginado. La sangre abandona mi cabeza y ya no puedo ni pensar, sólo soy consciente de sus manos pellizcando mis pezones, de su pene erecto contra mi muslo, de sus besos furiosos y su lengua invadiendo mi boca.

Estoy húmeda de pasión y ansiedad, le quiero dentro de mí, pero me siento incapaz de hablar, tengo miedo de que si abro la boca y abandono sus labios no voy a poder evitar gritar. Pero es él quien abandona mi boca para morderme el cuello, y yo me aferro a su pelo con una mano mientras con la otra guío su miembro duro hacia mi sexo. Él me mira durante un instante y de repente me penetra con todas sus fuerzas, invadiéndome. Me abro para él  empiezo a mover las caderas.

Él sujeta mis manos sobre mis hombros con una sola mano, se mantiene quieto y deja que yo me mueva, y desliza su otra mano hacia mi clitoris. Sus movimientos son circulares, firmes pero suaves, y yo me adapto a él, busco mi placer sin pensar en el suyo. Mi propio egoísmo me excita y me lleva a la cima de un orgasmo que le envuelve y provoca el suyo.

La próxima historia, el domingo 9 de junio

22 mayo 2013

La sauna (Primera Parte)

Salgo del jacuzzi, me quito el bañador y me dirijo a la sauna. Entonces me doy cuenta de repente de que la gente ha ido abandonando el Spa, y que ya sólo quedo yo y un hombre que me mira desde el otro lado de la piscina. Es alto, fibroso, con una barba incipiente que decora sus pómulos marcados y unos ojos verdes profundos que se clavan en mí... Siento una punzada de deseo en el vientre cuando empezamos a andar los dos hacia la sauna.
Llegamos casi a la vez, y él se apresura para abrir la puerta y dejarme pasar, rozándome el brazo con su movimiento y haciéndome estremecer. Soy consciente de que la situación me excita, de que él tiene el cuerpo de un Adonis, y de que como se acerque y me provoque, me va a encontrar. Y eso también me excita, el saber que sería capaz de acostarme con un desconocido, en una sauna a la que cualquiera puede entrar...

Me quito la toalla de espaldas a él, la coloco sobre el banco de madera, quedándome totalmente desnuda y me doy la vuelta. Él sigue de pie en la puerta, sin moverse, con la toalla cubriéndole lo que parece ser una erección de lo más interesante. Yo, descarada y notando cómo se humedece mi sexo, me siento sobre la toalla y entreabro las piernas mientras me inclino hacia adelante, desafiante.

Es la señal que él necesitaba: se acerca a mí como un rayo y me besa con fiereza, inclinándose sobre mí y empujándome contra la pared. No puedo evitarlo, y un gemido escapa de mis labios.

Continuará el miércoles 29 de mayo...


15 mayo 2013

Cómic erótico

Hoy no hay historia sexy, pero a cambio, os dejo algo que creo que excitará la imaginación de más de uno (y de una): una recopilación de cómics eróticos que podéis ver y descargar.

Ahora que se acerca el verano, es buen momento para empezar a ponerse al día, y nada mejor que la recopilación que ha hecho el autor de este blog, donde podemos encontrar historietas publicadas en la Play Boy.

Espero que lo disfrutéis y nos vemos el próximo miércoles 22.


08 mayo 2013

De aquí a la eternidad

Se acerca el verano, y con él, una fantasía que a muchos les atrae: el sexo en la playa. Aunque cada vez es más difícil encontrar un lugar tranquilo lejos de las masificaciones, si tenéis oportunidad, os lo recomiendo.

El sol nos calienta y las olas arrastran con ellas el calor de esta tarde de verano. Me besas y siento cómo me derrito entre tus brazos. Tu piel caliente contrasta con el agua fría que lame nuestros cuerpos. Rodamos por la orilla desierta, reímos, nuestras bocas juegan a ir y venir como la marea que nos acaricia, te provoco alejándome de ti sólo para venir a buscarte al instante.

Al fin te colocas sobre mí y nos miramos, risueños y con las respiraciones aceleradas, excitados por la proximidad de nuestros cuerpos y el miedo a que alguien venga a interrumpirnos. Te beso de nuevo con toda la intensidad de la que soy capaz, entreabro las piernas y te atrapo en mí. Te mueves con el vaivén de las olas, penetrándome hasta las entrañas y sin dejar de mirarme. Acompasamos nuestros movimientos al mar y olvidamos lo que nos rodea. Gimes, jadeo, y cuando llegas al orgasmo me besas con tanta fuerza que se me olvida respirar.


Minirelato inspirado en la escena de la playa de "De aquí a la eternidad", una escena que, aunque bastante "light", es también evocadora. "Nunca nadie me había besado así antes", murmura una emocionada Deborah Kerr a Burt Lancaster. La fotografía es un fotograma de esa misma escena.

La próxima historia, el 15 de mayo.

29 abril 2013

Sintiendo sin ver

La seda se desliza por tu rostro cuando te ato el pañuelo, y suspiras. Anticipas que será un juego divertido, a pesar de que no te suele gustar ponerte a mi merced. Sujeto fuerte la tela, no quiero que me puedas ver ni por la más mínima rendija.

Despacio, te voy desnudando, a la vez que me deshago yo también de mi ropa. Intento que mis movimientos sean lo más suaves posibles, para no descubrirte con los sonidos dónde estoy ni cual va a ser mi próximo movimiento.


Me acerco a ti y acerco mi boca a la tuya todo lo que puedo, pero sin tocarte. Respiro para que notes mi presencia, y tú estiras la cara para darme un beso. Pero la ventaja está de mi parte, y me retiro antes de que puedas alcanzarme. Después deslizo mi lengua por todos los lugares que se me ocurren: los hombros, las orejas, los pezones, el cuello, el ombligo, la barbilla... y al fin te beso, recibiendo toda el ansia que has acumulado.

Te abandono de nuevo para lamerte el sexo, despacio, disfrutando cada centímetro de piel ardiente y dura, recorriendo con mis dedos tus muslos, arañándote. Me siento a horcajadas sobre ti y te envuelvo en mi humedad, gimes desesperado, quieres tomar el control, así que me coloco erguida y dejo que te sientes y lleves el ritmo de la penetración, aunque la venda siga firmemente asentada sobre tus ojos.

Frenético, te mueves cada vez más deprisa hasta que el orgasmo te sacude y sin que me dé tiempo a replicar te deshaces de la venda y me miras jugetón:
- Tu turno.

La próxima historia, el martes 7 de mayo (voy a dejar de intentar publicar el domingo, pues está claro que nunca llego a tiempo)

21 abril 2013

Dedos suicidas


Te veo aparecer en la puerta del salón acompañada por el maître, y me quedo sin aliento. Estás espectacular.

Mis ojos te siguen, hambrientos, mientras recorres el restaurante: llevas un vestido negro hasta la rodilla que se ajusta sin apretar a cada una de tus curvas, unos zapatos de tacón, y esas medias con liguero que sabes que me vuelven loco.

Al llegar a la mesa, me levanto y me saludas con un suave beso en los labios, como un suspiro que me incendia, y retiro la silla de mi derecha. Al sentarme yo, nuestras rodillas se rozan. En cuanto el encargado se da la vuelta, tú cruzas las piernas y tu vestido trepa por tus muslos. Coges mi mano y la depositas suavemente en tu rodilla.

Y aquí es cuando pierdo el control de mi deseo, y mis dedos suicidas deciden adentrarse entre tus muslos, para descubrir la ausencia de ropa interior y el fácil acceso a tu ya húmeda entrepierna. Colocas el mantel cubriéndote la falda, y te masturbo despacio, mientras vamos bebiendo vino y manteniendo una conversación aparentemente normal. Pero bajo la mesa, arden los cimientos.

Los entrantes llegan y se van, picoteamos ausentes los primeros, me miras y coges una guindilla, sé que es el momento para acelerar el ritmo y confundir al personal acerca del rubor de tus mejillas. Mis dedos se vuelven locos, y puedo sentir cómo estrangulas mi mano cuando el orgasmo te sacude y tensas los músculos para evitar un gemido que sorprendería a todo el restaurante. La guindilla se desliza entre tus dientes, desciende por tu garganta, y yo me derrito.

La fotografía, de Leszek Kowalski.

La próxima entrada, el domingo 28 de abril.



14 abril 2013

El albañil curioso

Lamento el retraso, pero las vacaciones a veces tienen la facultad de desconectarnos tanto del mundo real, que necesitamos varios días para recuperar el ritmo. Pero vamos a lo que vamos, y comencemos nuestra historia...

La luz de la mañana del sábado entra por la ventana, sacándome de mi letargo. Entreabro los ojos, y a través de las persianas entreabiertas descubro que un albañil, encaramado a un andamio, me observa intrigado. Sus ojos verdes brillan y se dibuja en sus labios una sonrisa.

Tardo unos minutos en asimilar que los chicos que arreglan la fachada deben trabajar también en sábado, y le respondo con otra sonrisa. Me estiro, y de repente soy consciente de que duermo desnuda, y de que si salgo de la cama para cerrar la persiana o para vestirme, le voy a dar una vista completa de mi anatomía.

Me muerdo el labio, y le miro disimuladamente, esperando que se dé la vuelta. Lejos de eso, él me mira intensamente y se pasa una mano por el pelo. Sin saber muy bien por qué, me excita su interés, y me muevo un poco para dejar mi espalda al descubierto. Ahora no puedo verle, pero sé que me mira, y mis manos se dirigen a mi entrepierna sin que pueda pararlas.

Mi mente se llena de imágenes en las que él irrumpe en la habitación saltando por la ventana y colocándose tras de mí. Voy intensificando mis movimientos, y acabo dándome la vuelta para ofrecerle mis pechos, con los ojos entreabiertos para comprobar que sigue mirándome, luchando contra esa vergüenza que inflama mi deseo en lugar de hacerme parar. Abro las piernas, y me ofrezco a él mientras sigo masturbándome. Me gustaría que él también se tocara, pero la cercanía del orgasmo me nubla la vista y ya no distingo más que su silueta.

Respiro agitadamente, aumento el ritmo, deslizo mis uñas por mi pecho y me arqueo, abandonándome a la sensación de mi clítoris hinchado y los músculos tensos. Le imagino sobre mí, tomándome con furia, y un gemido escapa de mis labios cuando al fin alcanzo el clímax.

No puedo, no quiero, averiguar si sigue ahí. Con los ojos cerrados, sintiendo el sol en mi piel, intento relajarme y vuelvo a mi sueño poblado de ojos verdes.

La fotografía, de Jane Ros.

La próxima entrada, el domingo 21 de abril.



22 marzo 2013

Exhibición (Tercera y última parte)

Te recomiendo que leas antes la primera y la segunda parte


Mi amo me da la vuelta, coge mis caderas y me obliga a echarme hacia atrás en el almohadón, de forma que mi espalda queda arqueada y la cabeza me cuelga, mientras que mi culo está bien apoyado sobre la superficie aterciopelada. Me penetra con fuerza, separándome las piernas al máximo, hasta que siento la piel y los músculos tirantes.

Me embiste con fuerza, y los cinco chicos se acercan a mi cabeza. Puedo ver sus miembros erectos muy cerca de mí; algunos incluso se están masturbando por encima de la tela vaquera. Está claro que él le excita la situación, porque puedo notar cómo su pene se endurece dentro de mí, y cómo sus embestidas son cada vez más duras. Me cuesta mantenerme cuerda, las miradas lascivas de nuestros invitados me excitan más que las caricias, y mi amo se mueve de forma que con cada vaivén su pelvis roza mi clítoris y me vuelve loca.

Entonces su voz se oye en un murmullo:
- Podéis tocarla si queréis
Y eso desencadena diez manos sobre mi cuerpo, manoseando mis pechos, el cuello, las piernas... Unos dedos se introducen en mi boca y yo los chupo con ganas, deseando que mis jadeos no se oigan, arqueando la espalda, tan cerca del orgasmo que resulta a la vez excitante y doloroso.

La vista se me nubla y dejo de ser consciente de quién me está tocando. Alguien muerde los dedos de mis pies, siento otros dientes en mis pezones, me retuerzo ante la ola que me recorre y me eriza la piel, intento resistir al estallido final, pero entonces una boca se cierne sobre la mía y la profundidad y fuerza de su lengua  me descontrola y tengo un orgasmo intenso que me sacude durante unos segundos.

Vuelvo en mí justo para darme cuenta de que me he corrido antes que él, que se derrama sobre mi vientre y me abandona para tomarse una copa con los chicos y despedirse, mientras yo me limpio y me retiro silenciosamente a uno de los divanes.

Cuando al fin nos quedamos a solas, no es su actitud cariñosa la que me recibe, sino una bofetada y un beso ardiente:
- Te has portado muy mal. Mereces un castigo, y te lo voy a dar.

Inconscientemente aprieto mis muslos ante esa erótica promesa.

Voy a tomarme unas merecidas vacaciones, volveré el viernes 12 de abril con el castigo prometido

La fotografía, cómo no, de Marc Lagrange.

13 marzo 2013

Exhibición (Segunda Parte)

Te recomiendo que leas antes la primera parte


Mi mirada se pierde en sus ojos, mientras la suave piel de mi trasero se va enrojeciendo. No sé si es su mirada o las nalgadas, pero no puedo evitar excitarme cada vez más. Noto cómo me arde la piel, y todo desaparece menos mi amo y la sensación de calor.

Mi amo se levanta y se desata la bata, dejando su miembro al alcance de mi boca. Me pide que me quede quieta e intuyo que les hace alguna seña a los visitantes, porque las nalgadas cesan y los cinco hombres se dirigen a los divanes y se sientan.

Ahora sí, él se acerca y se introduce en mi boca. Está muy duro y caliente, y mis labios le reciben ansiosos. Mientras él mueve las caderas adelante y atrás, mi lengua va recorriendo su glande, me deleito en sus movimientos y en su sabor, y puedo sentir cómo tiembla ligeramente justo antes de retirarse y dirigirse a mi espalda.

Colocada como estoy a cuatro patas, puedo ver cómo los cinco hombres nos observan. No puedo ver a mi amo, que ahora está detrás de mí y me acaricia la espalda, siguiendo la columna vertebral. La caricia se convierte en un arañazo que me provoca un escalofrío. Con una mano se agarra a mi cadera y con la otra juega con sus dedos en mi clítoris.

La simple visión de los chicos mirándome descaradamente me acelera el corazón. Me muerdo los labios y cierro los ojos para controlar la excitación y los gemidos, pero es inútil. Emito un gruñido y él me corresponde con un manotazo en el muslo.

- ¡Quieta!

Y yo tenso los músculos y vuelvo a morderme los labios, tentada por el pensamiento de volver a gritar para que siga castigándome...


Continuará el viernes 22 de marzo

La fotografía, cómo no, de Marc Lagrange.

05 marzo 2013

Exhibición (Primera parte)

De repente me encuentro en un salón completamente rojo. De la pared cuelgan unas cortinas que cubren las paredes y en el centro hay un almohadón grande, forrado de terciopelo. A los lados, pegados a las paredes, hay unos divanes tapizados del mismo color burdeos del suelo, y un mueble bar completamente equipado.

Mi amo me conduce hacia el centro y con un gesto rápido retira mi túnica, dejándome desnuda.

- Y ahora túmbate boca arriba en el almohadón, con las piernas colgando, y no te muevas.

Obedezco sin rechistar, y me premia con un pellizco en los pezones. Gimo, abandona mis pechos y me muerde muy fuerte el lóbulo de la oreja. Sé que eso indica que debo estar callada, y que luego me castigará por mi descaro. No ahora, pues tiene otros planes.

El tiempo transcurre lentamente y la espera me va poniendo nerviosa. Y por qué no admitirlo, también excitada. No tengo ni idea de qué tendrá preparado mi amo, que ahora me observa desde uno de los divanes. Al fin oigo pasos y murmullos. La puerta de la habitación se abre y entran cinco hombres. No puedo verlos bien, pues mi postura me lo impide, pero todos van vestidos sólo con vaqueros.

Él les recibe con soltura, sirve copas, y uno a uno se acercan para observarme. Yo siento sus miradas lascivas y noto cómo se humedece mi sexo, pero sigo sin moverme. No me tocan. Mi amo me ordena que me dé la vuelta y lo hago, ofreciéndoles inmejorables vistas de mi trasero. Una mano desconocida se desliza suavemente por mi nalga, pero se aparta, y tras un momento de expectación, siento la palmada firme y la carne ardiendo. Me muerdo los labios y cierro los ojos con fuerza para no gemir, y otra vez la mano desciende.

Entreabro los ojos y veo que él está frente a mí. Me levanta la barbilla, me besa con pasión y me dice que le mire mientras las palmadas en mis nalgas no cesan.


Continuará el miércoles 13 de marzo

La fotografía, de Marc Lagrange, uno de mis fotógrafos favoritos

26 febrero 2013

Huellas en la arena - Relato 7

Como comenté en el relato inicial de huellas en la arena, estos relatos están basados en mis vivencias personales, y son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos unodostrescuatrocinco y seis.


La nuestra fue una conexión inmediata. Cuando te conocí, sentí como si pudieras acariciarme sólo con mirarme. Clavaste tus ojos en mí y me sentí desnuda y ansiosa. Quería besarte, morder esos labios tiernos y jugosos, pero esa primera tarde, ni siquiera me tocaste, y nos despedimos con un simple gesto al aire. Pensé que nunca más volvería a cruzarme contigo.

Pero el destino es juguetón, y nos unió de nuevo, y esta vez nos sentamos el uno junto al otro. Tuve que controlarme para no abalanzarme sobre ti y me limité a juguetear con mi pelo, mordiéndome los labios en un gesto de divertida frustración, sonriéndote sin cesar, inclinando mis rodillas hacia ti y dejando que mi falda se levantara unos centímetros por encima de mi rodilla. Quiso la suerte que ese día llevara un vestido muy escotado, adornado con un pañuelo que escondía mis pechos, lo justo para provocar que cada movimiento mío para coger la cerveza o darle una calada al cigarro dejara al descubierto un trozo de piel suave que te atraía tanto como a mí me atraía tu boca.

La noche pasó entre risas, la gente fue abandonando la mesa y acabamos en un bar de esos que siempre están abiertos cuando uno más los necesita, y de repente la conversación se congeló en nuestras bocas, me besaste, enterraste tu lengua en mí y sentí como se liberaba toda la tensión, envolviéndonos en esa espiral de sobra conocida, que empieza con un cosquilleo en el bajo vientre y termina entre las sábanas de una cama al amanecer.

No te quedó nada por explorar de mi cuerpo, no me quedó ni un rincón de tu cuerpo por lamer. Y esta vez nos despedimos satisfechos y risueños, con la promesa otro posible encuentro.

Banda sonora: "Inta Eyh" de nancy Ajram (https://www.youtube.com/watch?v=X4ICDHjGImA)

La próxima historia, el martes 5 de marzo

La fotografía, de ЛЕНИН

19 febrero 2013

Bajo el sol

El sol de primavera les calentaba la piel, y el agua del lago las mecía suavemente. Ana propuso poner la sombrilla a un lado de la barca, y ambas se tumbaron debajo, completamente relajadas.

La mano de Elena se acercó suavemente a la de Ana, acariciándola, y se miraron. Casi sin darse cuenta, sus bocas estaban entrelazadas en un profundo beso, del que escaparon con las mejillas encendidas y el aliento entrecortado.

Con un gesto gatuno, Elena retiró el bikini de los pechos de Ana, dejando al descubierto sus pezones erectos y sus pequeños pero firmes senos. Besó la tersa piel y la recorrió con su lengua, perdiéndose en el dulce olor que el cuerpo desprendía. Se deslizó por el estómago, dejando un rastro de saliva junto a su ombligo, provocando que la piel se erizara.

Ana entreabrió las piernas y Elena deslizó los dedos entre sus muslos, se inclinó más y descubrió con su lengua el hinchado clítoris, el húmedo sexo palpitante, ansioso de caricias. Fue lenta como la tarde, explorando todos los rincones, sin vacilar nunca en el ritmo, y recibió el orgasmo de Ana con una sonrisa.

El beso que le dio después sabía como un trozo de cielo.

La próxima historia, el martes 26

La foto es de Fäulein, extraída de la selección de El Cultural

12 febrero 2013

Los besos, esos besos

Hoy no me apetece contaros ninguna historia. Hoy me apetece hablaros de los besos.

A veces olvidamos la importancia de los besos, y los relegamos a un segundo plano, sobre todo cuando la relación avanza y se afianza. Una auténtica lástima, porque para mí no hay nada más excitante que un beso bien dado. Es más, si un chico no besa bien, pasa directamente a la lista de los amantes desastrosos.

Imaginaos ese momento justo antes del beso, cuando vuestras bocas están tan cerca una de la otra que sentís la respiración del otro sobre vuestros labios, que se entreabren expectantes, y parece que arden por las ganas de contacto con esos otros labios tan ansiados. El acercamiento es el máximo momento de expectativa, sea rápido o lento, cuando al fin los labios se unen y las bocas se entreabren, y las lenguas juguetonas invaden suavemente la boca del otro... Tal vez os guste juguetear con los dientes, un pequeño mordisquito o un mordisco apasionado, agarrar la nuca del otro y perder los dedos en su pelo, recorrer los dientes con la punta de la lengua, retirarse cuando el beso todavía sabe dulce, antes de agotar la pasión... Todos tenemos nuestros trucos.

Recordad por un instante ese escalofrío que sentís en la columna vertebral cuando recibís un buen beso, esa punzada instantánea en el bajo vientre, esa sensualidad y sexualidad que despierta de repente y os inunda, os hace desear más y más...

Aunque siempre podemos encontrarnos con uno de esos besos que te hacen desear salir corriendo y dejarlo/a allí, con la boca abierta. Porque si algo hay que evitar es el choque de dientes, el exceso de saliva, la invasión bestial no correspondida (no hay nada más odioso que te metan la lengua hasta la garganta en un primer beso) o cubrir por completo la boca del otro (somos personas, no helados).

No sé cómo se conquista el corazón de una chica, pero os puedo asegurar que su cama se conquista a base de besos apasionados, sí, pero también bien dados.

La próxima historia, el 19 de febrero

03 febrero 2013

Burbujas

Estoy tumbada en la bañera, el agua cubriéndome hasta los pechos y las burbujas cosquilleándome en los hombros.

Te agachas fuera, sobre la mullida alfombra, junto a mi cabeza, y tus manos se hunden en el agua caliente para pellizcar mis pezones. Tus labios recorren mi nuca mojada y me muerdes el cuello.

Suspiro, me relajo y entreabro las piernas para que te abras camino hacia mi sexo, rodeas mi ombligo y tus manos juegan con mi clítoris  Tu boca se cierne sobre la mía en un beso intenso, tus dedos me penetran y la humedad de mi entrepierna se mezcla con el agua y las burbujas.

Dibujas espirales que me acercan al clímax, arqueo la espalda y mis labios te reciben ansiosos. Muerdes mi barbilla, no abandonas el ritmo, me llevas lentamente hacia la locura. Mi deseo crece y se expande en ondas que remueven el agua, estallando en gemidos que quedan atrapados en tus besos. La tensión se acumula en mis músculos, apoyo los tobillos en los laterales de la bañera para que puedas meter tus dedos más profundamente. Me vuelvo loca con tus caricias, y cuando al fin el orgasmo me atenaza la garganta, me recibes con un abrazo en el que mis convulsiones se pierden.

La próxima historia, el 12 de febrero.

Acompañado con música de Marvin Gave. La fotografía, de Angel Place

27 enero 2013

A mí merced

Tras observar un rato a las dos bellezas morenas que se le ofrecían como sumisas, se dirigió a su habitación para ponerse más cómodo. Vestido sólo con un batín, volvió al salón y se sentó en un sillón para mirar con deleite las largas piernas y las curvas generosas que esperaban, sin impaciencia notable, sus órdenes.

Se recostó, y con un gesto, les indicó que debían quitarse los vestidos. Una se deshizo de su ropa pasándola por encima de la cabeza, estirando sus brazos y mostrando sus pechos desnudos, turgentes, que temblaron al liberarse de la prisión del vestido. Quedó en bragas y con las medias ciñéndole los muslos. La otra, en cambio, deslizó los tirantes por sus hombros y dejó que la tela resbalara hasta el suelo, descubriendo un body negro de encaje, que le ceñía las caderas y rodeaba sus tetas dejando los pezones al aire, desafiantes.

La mano del hombre cogió la mano de la más desnuda y la acercó a él, obligándola a agacharse frente a él. Descubrió su sexo erecto, y le ordenó que se lo metiera en la boca. Ella inició los movimientos expertos de la felación, disfrutando de que él la agarrara por el pelo y la guiara. Él llamó a la otra chica y la hizo colocarse a horcajadas sobre el sillón, de forma que su culo casi rozaba la cabeza de su amiga y él tenía a su disposición los dos oscuros pezones que sobresalían de la ropa interior. 

Le ordenó que no se moviera, y empezó a morder con ansia aquella piel que se erizaba con su contacto. La chica abrió la boca, emitiendo gemidos que parecían pequeños gritos, y él le dio un azote. Sabía que ella entendería que no debía emitir ningún gemido, y para asegurarse, mordió todavía más fuerte. Ella respiró fuerte, pero ningún gemido escapó de sus labios entreabiertos.

Mientras notaba cómo se acercaba el orgasmo, intercalaba los azotes en las nalgas de la chica que tenía delante con los tirones de pelo a la chica que seguía arrodillada, regalándole una sesión de sexo oral impresionante. El ritmo se acrecentó poco a poco, hasta que él no quiso aguantar más y estalló sin dejar de coger la cabeza de su sumisa, y mordiendo tan fuerte el pezón de la otra chica que al momento aparecieron seis marcas rosadas de dientes.

Por supuesto, eso le excitó más que todo lo que había ocurrido hasta ese momento...

La próxima historia, el 3 de febrero

Banda Sonora Recomendada: Je t'aime... moi non plus

Fotografía de Helmut Newton

Podéis encontrar más trabajos de Helmun Newton en Artsy.net


15 enero 2013

Cena con cuatro sentidos

Espero que sepáis perdonar mi retraso de dos días en publicar :)

Estoy sentada en la mesa completamente desnuda. Sobre mis ojos siento el encaje que me impide ver, y en mi pecho, el frío acero de las cadenas que me mantienen atada a la silla con las manos inmóviles. De fondo, una música suave que cubre con sensualidad los movimientos de mis dos anfitriones.

El juego promete ser divertido, así que me relajo, aunque es por poco tiempo. Siento una presencia detrás de mí, y unas manos que acarician mis hombros, bajando lentamente y deteniéndose en mis pezones. Los pellizcos son suaves, y ahora alguien más acerca a mis labios un trozo de comida. Huelo la salsa, picante, y mis labios se entreabren.

La lengua y los labios me escuecen e intento tragar rápidamente, casi al instante, unos labios se unen a los míos y me pasan un cubito de hielo, frío, que rueda por nuestras lenguas y abandona de nuevo mi boca. El  ardor del chili no se desvanece, y el primer hombre sigue estimulando mis pezones, pero ahora mucho más fuerte, y no puedo evitar gemir con fuerza a la vez que el hielo, en manos de mi segundo anfitrión, se desliza por mi vientre y recorre mi sexo.

Echo la cabeza hacia atrás, decidida a abandonarme al placer de sus dedos fríos penetrándome, pero la boca del primero me atrapa, me muerde los labios. Gimo más fuerte y abandona mis pechos, los dedos juguetones abandonan mi entrepierna y ya no sé quién hace qué, sólo noto una lengua sobre mi clítoris y chocolate ardiendo derramándose por mi boca y por mi pecho. Lamo un pene duro que me penetra hasta la garganta, noto las corrientes del orgasmo acercándose y deteniéndose cuando él para. Me remuevo en la silla a pesar de que mi cabeza está firmemente sujeta por unas manos fuertes que me agarran el pelo de la nuca.

Algo entra en mi sexo con delicadeza. No sé lo que es, pero muevo las caderas para que entre más adentro. Siento el sabor amargo de mi amante y sus contracciones en la boca, siento sus besos y luego se coloca tras de mí para seguir masturbándome. El otro ocupa su lugar y me deja juguetear con mi lengua, a lo largo de su miembro, por su escroto, hasta que mis labios se cierran en torno a él y empiezo a moverme adelante y atrás, disfrutando al sentirle tan duro como el miembro falso que me penetra sin cesar. No tarda en dominarme la furia del orgasmo, y es tan fuerte que no soy consciente, entre gemidos y escalofríos, de que mi otro anfitrión también se ha corrido, dejándome en la lengua el sabor del sexo.

La próxima historia, el 27 de enero...

La fotografía, de Marc Lagrange