22 marzo 2013

Exhibición (Tercera y última parte)

Te recomiendo que leas antes la primera y la segunda parte


Mi amo me da la vuelta, coge mis caderas y me obliga a echarme hacia atrás en el almohadón, de forma que mi espalda queda arqueada y la cabeza me cuelga, mientras que mi culo está bien apoyado sobre la superficie aterciopelada. Me penetra con fuerza, separándome las piernas al máximo, hasta que siento la piel y los músculos tirantes.

Me embiste con fuerza, y los cinco chicos se acercan a mi cabeza. Puedo ver sus miembros erectos muy cerca de mí; algunos incluso se están masturbando por encima de la tela vaquera. Está claro que él le excita la situación, porque puedo notar cómo su pene se endurece dentro de mí, y cómo sus embestidas son cada vez más duras. Me cuesta mantenerme cuerda, las miradas lascivas de nuestros invitados me excitan más que las caricias, y mi amo se mueve de forma que con cada vaivén su pelvis roza mi clítoris y me vuelve loca.

Entonces su voz se oye en un murmullo:
- Podéis tocarla si queréis
Y eso desencadena diez manos sobre mi cuerpo, manoseando mis pechos, el cuello, las piernas... Unos dedos se introducen en mi boca y yo los chupo con ganas, deseando que mis jadeos no se oigan, arqueando la espalda, tan cerca del orgasmo que resulta a la vez excitante y doloroso.

La vista se me nubla y dejo de ser consciente de quién me está tocando. Alguien muerde los dedos de mis pies, siento otros dientes en mis pezones, me retuerzo ante la ola que me recorre y me eriza la piel, intento resistir al estallido final, pero entonces una boca se cierne sobre la mía y la profundidad y fuerza de su lengua  me descontrola y tengo un orgasmo intenso que me sacude durante unos segundos.

Vuelvo en mí justo para darme cuenta de que me he corrido antes que él, que se derrama sobre mi vientre y me abandona para tomarse una copa con los chicos y despedirse, mientras yo me limpio y me retiro silenciosamente a uno de los divanes.

Cuando al fin nos quedamos a solas, no es su actitud cariñosa la que me recibe, sino una bofetada y un beso ardiente:
- Te has portado muy mal. Mereces un castigo, y te lo voy a dar.

Inconscientemente aprieto mis muslos ante esa erótica promesa.

Voy a tomarme unas merecidas vacaciones, volveré el viernes 12 de abril con el castigo prometido

La fotografía, cómo no, de Marc Lagrange.

13 marzo 2013

Exhibición (Segunda Parte)

Te recomiendo que leas antes la primera parte


Mi mirada se pierde en sus ojos, mientras la suave piel de mi trasero se va enrojeciendo. No sé si es su mirada o las nalgadas, pero no puedo evitar excitarme cada vez más. Noto cómo me arde la piel, y todo desaparece menos mi amo y la sensación de calor.

Mi amo se levanta y se desata la bata, dejando su miembro al alcance de mi boca. Me pide que me quede quieta e intuyo que les hace alguna seña a los visitantes, porque las nalgadas cesan y los cinco hombres se dirigen a los divanes y se sientan.

Ahora sí, él se acerca y se introduce en mi boca. Está muy duro y caliente, y mis labios le reciben ansiosos. Mientras él mueve las caderas adelante y atrás, mi lengua va recorriendo su glande, me deleito en sus movimientos y en su sabor, y puedo sentir cómo tiembla ligeramente justo antes de retirarse y dirigirse a mi espalda.

Colocada como estoy a cuatro patas, puedo ver cómo los cinco hombres nos observan. No puedo ver a mi amo, que ahora está detrás de mí y me acaricia la espalda, siguiendo la columna vertebral. La caricia se convierte en un arañazo que me provoca un escalofrío. Con una mano se agarra a mi cadera y con la otra juega con sus dedos en mi clítoris.

La simple visión de los chicos mirándome descaradamente me acelera el corazón. Me muerdo los labios y cierro los ojos para controlar la excitación y los gemidos, pero es inútil. Emito un gruñido y él me corresponde con un manotazo en el muslo.

- ¡Quieta!

Y yo tenso los músculos y vuelvo a morderme los labios, tentada por el pensamiento de volver a gritar para que siga castigándome...


Continuará el viernes 22 de marzo

La fotografía, cómo no, de Marc Lagrange.

05 marzo 2013

Exhibición (Primera parte)

De repente me encuentro en un salón completamente rojo. De la pared cuelgan unas cortinas que cubren las paredes y en el centro hay un almohadón grande, forrado de terciopelo. A los lados, pegados a las paredes, hay unos divanes tapizados del mismo color burdeos del suelo, y un mueble bar completamente equipado.

Mi amo me conduce hacia el centro y con un gesto rápido retira mi túnica, dejándome desnuda.

- Y ahora túmbate boca arriba en el almohadón, con las piernas colgando, y no te muevas.

Obedezco sin rechistar, y me premia con un pellizco en los pezones. Gimo, abandona mis pechos y me muerde muy fuerte el lóbulo de la oreja. Sé que eso indica que debo estar callada, y que luego me castigará por mi descaro. No ahora, pues tiene otros planes.

El tiempo transcurre lentamente y la espera me va poniendo nerviosa. Y por qué no admitirlo, también excitada. No tengo ni idea de qué tendrá preparado mi amo, que ahora me observa desde uno de los divanes. Al fin oigo pasos y murmullos. La puerta de la habitación se abre y entran cinco hombres. No puedo verlos bien, pues mi postura me lo impide, pero todos van vestidos sólo con vaqueros.

Él les recibe con soltura, sirve copas, y uno a uno se acercan para observarme. Yo siento sus miradas lascivas y noto cómo se humedece mi sexo, pero sigo sin moverme. No me tocan. Mi amo me ordena que me dé la vuelta y lo hago, ofreciéndoles inmejorables vistas de mi trasero. Una mano desconocida se desliza suavemente por mi nalga, pero se aparta, y tras un momento de expectación, siento la palmada firme y la carne ardiendo. Me muerdo los labios y cierro los ojos con fuerza para no gemir, y otra vez la mano desciende.

Entreabro los ojos y veo que él está frente a mí. Me levanta la barbilla, me besa con pasión y me dice que le mire mientras las palmadas en mis nalgas no cesan.


Continuará el miércoles 13 de marzo

La fotografía, de Marc Lagrange, uno de mis fotógrafos favoritos