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17 octubre 2008

Sms

Me mandó un sms al móvil:

"T spro n l aeropuerto. Pont falda. Sin ropa interior"

Me sorprendí, y con razón, pues no era dado a efusividades sexuales y mucho menos a fantasías de macho dominante... al reponerme de la sorpresa no pude menos que plantearme si aquello iba en serio o no, y es que, aunque mi entrepierna se hubiera humedecido, algo de pudor y vergüenza asomaba a mi razón, ¿debía hacerlo?

Llegó el ansiado día del viaje y me arreglé con espero, frente al espejo de cuerpo entero, me pareció demasiado evidente la ausencia del sujetador bajo la camisa y me sentí desnuda al notar la tela de la falda rozando mis nalgas; así que, pese a la curiosidad que despertaba la nueva experiencia me puse la ropa interior con la intención de deshacerme de ella o guardarla en el bolso al llegar a mi destino. Pero una vez allí, la ansiedad por ver a mi amante me distrajo y olvidé por completo las instrucciones.

Cuando las puertas de la recogida de equipajes se abrieron y fui a su encuentro pude ver cómo su amplia sonrisa se tornaba en una mueca de desaprobación al intuir mi sujetador; expresión que se tornó de enfado al rozar mi culo y notar la costura delantera del culote.

Sin besarme, acercó sus labios a mi oído y me susurró que el castigo sería ejemplar... un escalofrío recorrió mi columna y sentí la instantánea reacción de mis pezones. Has sido muy mala, me dijo, y yo me derretí entre sueños de fetichismo.

Si te ha gustado, vótame en los premios 20Blogs

Esta historia continúa en Una cena muy especial

21 mayo 2008

Sin cuartel


Culebras salen de tus labios y se enredan en mis muñecas, "puta", susurras en mi oído y atraviesas mis barreras, me pones a mil aunque yo pretenda evitarlo, esconderlo o negarlo; lo notas en mi entrepierna cada vez más húmeda, "zorra", me dices mirándome con odio y yo no sé si lo estás fingiendo o de verdad te repugna que una cosa así pueda gustarme, y sin embargo sigues insistiendo, nombrando palabras que ahora no puedo pronunciar por el rubor que me provocan, letras enlazadas que me erizan la piel y me endurecen los pezones. Tu mano se dirige con fuerza hacia mi trasero, me pegas sin delicadeza, sueltas tu rabia contenida, me castigas, me muestras todo aquello que yo tenía miedo de aprender. Mis caderas te llaman, te buscan y te encuentran, erecto y ansioso, dispuesto a usar toda la violencia que eres capaz de engendrar. Puedes ver el miedo reflejado en mis pupilas pero me embistes como un animal atacando a su presa, sin cuartel, sin descanso. No es sólo sexo, es más que eso, lo noto en mis entrañas, te noto cabalgándome como nunca y sé que te está gustando tanto como a mí; siento que se acerca mi orgasmo, se abate sobre mí, implacable, imparable, me tensa los músculos a su paso, exploto, sorprendido me miras y pareces volver al dormitorio, coges mi melena y me obligas a darme la vuelta para penetrarme de nuevo, por atrás, buscas tu placer, sin importar los quejidos que emite mi garganta, y cuando al fin te derrumbas convertido en un jirón de espasmos incontrolados sé que hemos transgredido las normas inútiles que yacen ahora, rotas, a los pies de la cama.

06 mayo 2008

Recuerdo

- ¿Te acuerdas? (la voz tiembla)

- Quizá... (ella empieza a sentirse acorralada, se le tensan los músculos de la espalda imperceptiblemente)

- Solía agarrarte fuerte de las caderas y empujar, tomarte como algo de mi propiedad... (se ríe, jocoso, disfruta del momento) me gustaba amarrarme a tu culo, siempre tan duro.

- Si, me acuerdo (un poco molesta quizás, no piensa darle lo que él ansía. Ya no le hace tanta falta)

- Te gustaba que te cogiera la coleta y tirara de ella... (la voz se vuelve más suave, evocadora) la mayoría de mis castigos eran por eso, debías decir "No", y en cambio no parabas de pedirme más. Cuántos latigazos te podrías haber ahorrado... (acaricia la mano femenina que reposa, tranquila, sobre la mesa)

- Sí (le interrumpe, no quiere oírlo). Ahora ya no hago esas cosas (ahora la que se ríe es ella, juguetona, se sabe en posesión de otra realidad, y retira la mano con disimulo, como si la necesitase para atarse la cabellera)

- Deberías hacerlo, estabas muy guapa suplicando que te permitiera tener un orgasmo, que te lo regalara yo (pícaras, las palabras intentan en vano perforar la máscara de ironía de la chica)

- Y tú te regodeabas en tu poder... (su voz se desvanece suavemente, transportada al pasado), me enseñaste mucho...

- Nunca supiste agradecérmelo como debías (una carcajada se le escapa, quiere recuperar el dominio sobre ella y recurre a trucos ya obsoletos)

- ... (no contesta, no sabe si complacerle o mantenerse distante)

- Pero me daba igual, porque me volvías loco (la mira directamente a los ojos, persigue minar su resistencia)

- Sí, aunque al final, eso no sirvió de mucho (busca de reojo el reloj y hace un gesto que indica que se ha hecho tarde). Debo irme... (se levanta, sus labios se acercan a la mejilla del hombre y posan sobre la mejilla un beso dulce)

- ¿Tan pronto? (parece sorprendido, aunque no lo está)

- Sí, va siendo hora de que deje descansar un poco a mi esclavo (coge una correa que descansa en el respaldo de la silla) ¿verdad, cariño? (susurra dirigiéndose a un chico que espera, sentado a su lado, que la cuerda le guíe a la salida)

Él la observa marcharse, erguida y felina como se le impone a una buena ama, y rememora con un nudo en la garganta aquellos tiempos en que fue la sumisa más dominante que jamás conocería.

21 agosto 2007

Látex



El tejido se ciñe, aprisionando mis pechos, marcando los pezones erectos y dispuestos, impidiéndome los movimientos bruscos, convirtiéndome en la gata negra que deseo ser para ti.

Siento en mi entrepierna el calor del látex, alimentado por mi excitación al ver cómo me observas acercarme, golosa, taladrando tus pupilas con miradas libidinosas, prometiéndote humedades, aventurándote noches inolvidables.

Las botas dejan al descubierto mis muslos, contraste de blancos y negros sin gris, suaves como la tela que cubre mis nalgas, provocativos como mis labios, enrojecidos y brillantes de deseo.

En un susurro, grave y solemne, me pides que me acerque a cuatro patas, para subir por tus piernas hasta tu pene, para lamerlo, mirarte desde abajo y mostrarte mi escote desde tu privilegiada posición. Y obedezco, porque me gusta enardecerte, estimular tu imaginación y tu lascivia. Y te inflamas de poder, pensando que obedezco tus designios cual esclava dócil y sometida. Y no sabes que estas haciendo lo que más me gusta; ignoras que soy yo la que te guía a través de los caminos que me deleitan. Inocente, desconoces que eres mi siervo. Ahora y siempre.


31 julio 2007

Atada


Siento las cuerdas en mis muñecas, afianzándome a tu cama. Tu boca recorre mi estómago y huye para aparecer de nuevo entre mis piernas. Lames con ansia y yo, vendados los ojos, adivino tu presencia a través de tu aliento.

La humedad de mi sexo moja mis muslos y tu barbilla. Esclavo del deseo, mi cuerpo se tensa entre tus manos. Agarras con fuerza mis pezones y pasas la lengua por mis labios.

Yo me derrito entre gemidos de impaciencia...

Desapareces, alejándote de mi tacto anhelante, para aparecer de nuevo sobre mí; tu miembro duro sobre mi vientre, ávido de humedades.

Siento tu apetito latiendo en mi ombligo; desciendes y me penetras de un sólo movimiento; un grito se forma en mi garganta y escapa de mis labios, el placer es tan intenso que siento como se ensanchan mis pulmones para coger aire; mis manos no pueden tocarte, mis ojos no te ven y mi boca no alcanza a besarte; pero siento todos los rincones de mi cuerpo, cada centímetro de mi piel, cada poro, como nunca los había percibido antes.

Mis contracciones se funden con las tuyas, rodeándose, rindiéndonos al deleite de nuestros sudores. Sonrío, vencida; consagrada a un instante de pasión.


15 julio 2007

Diosa sometida

Tu mano se cierra sobre mi muñeca y me impide escapar. Sucumbo a tus besos y mi respiración se acelera. Sigo intentando deshacerme de tu abrazo, pero caigo por los acuíferos del deseo, empapándome sin que tus dedos cedan ni un milímetro. Inmovilizada en tus brazos, esclava de mi propio deseo, encadenada a tus ojos, atada a tus labios. Voz muda que grita en silencio sin desear que me sueltes. Es tan intenso el placer que cede paso al dolor, para regresar y demostrarme que soy capaz de disfrutar más.



Me entrego sin replicar a la firmeza de tu sexo, olvidada mi batalla perdida. Doblegando mi voluntad a tu cuerpo, estallando en gemidos mal disimulados, ahogándome en las olas del deleite. Existo por, para y únicamente en ti. Me inventas con tus caricias y me consumes en tu cama. Diosa sometida entre tus sábanas.


06 febrero 2006

Fóllame

No me vengas con historias,
¿no ves que me tiemblan las manos?
¿no notas mi respiración acelerada en tu cuello?
¿no sientes mi humedad en tu rodilla?
¿no intuyes mis movimientos en tu cadera?

Si es cierto que me deseas, bésame,
no dejes que mis labios inflamen el aire que nos rodea.
Si de verdad mi tentación es enorme, fóllame,
no dejes que mi ansia consuma mi piel y embriague mis sentidos.

Fóllame,
sin parar un solo momento,
sin dejarme respirar,
sin darme tiempo a pensar.

Fóllame,
te lo suplico,
te lo ordeno,
te lo imploro.

Fóllame.

02 enero 2006

Deseo


Puedo sentir tu aliento cortante en la nuca, erizándome el vello, quemándome la piel.
Noto en mis muñecas el tacto áspero de las cuerdas que me inmovilizan, obligándome a seguir erguida mientras tú deslizas las manos por mi espalda.
Provocas el miedo, alargando la espera, atrapando el tiempo en este mundo de desesperado erotismo.

Te deseo...

No me obligues a llamarte, no quiero ser la que pierda el juego otra vez. Temo y deseo tu castigo, el momento en que tus dedos se conviertan en garras, ese instante en que te agarras a mi pelo y me obligas a mirarte a los ojos, a suplicarte que me beses, que me muerdas los labios hasta hacerme sangrar.
Te apoderarás de mí, clavándome los dedos en las caderas, poseyéndome con furia desbocada, provocando en cada embestida más dolor y más placer, haciéndome perder el sentido.

Te deseo...

No me obligues a confesarlo, quiero que estos instantes duren para siempre...

19 octubre 2005

Pecado


Me coge las muñecas, atrapándome con los brazos en alto, y muerde mis pezones. Me gusta a pesar del ligero dolor que me provoca pero no quiero que lo sepa, así que transformo en quejidos los gemidos de placer que escapan de mis labios.

Espero el siguiente paso, su mano recorriendo mi vientre y adentrándose con fuerza en mi sexo húmedo de placer. Aumento mis quejidos y, casi sin querer, me muerdo los labios.

Intento sin muchas ganas oponer resistencia, pero eso parece darle fuerza, y vuelve a morderme los pechos con violencia renovada.

Lento pero imparable se adentra en mí, mojándose con mi deseo, sorbiendo a besos furiosos mi saliva. Ya no reprimo mis gemidos, son inevitables muestras de pasión, atrapada entre sus manos y su sexo, sintiendo con locura creciente sus brutales embestidas.

Y al final, ese intenso instante en que nos diluimos en un orgasmo extraordinario, escapan de nuestras gargantas los gritos felinos de dos animales en celo.

23 agosto 2005

¿Seducción?



















Mi mirada es fuego que abrasa, pero no temas, no peligra tu vida.

Si tardas un poco más voy a derretirme... el calor transforma mi respiración en jadeos incontrolados.

No sabes hasta que punto faltas tú en este sofá. También faltan tus manos en mi ombligo, recorriéndome la piel.

¿No ves mis ojos? Suplican tu presencia, lanzan gritos de protesta ante tu inmovilidad.

¿Quieres jugar? Juguemos, no serás tú quien resista mis insinuaciones.

¿Que deseas? Te seduciré con mis labios entreabiertos, dibujando palabras que jamás me atrevería pronunciar en voz alta. Abriré mis brazos y disfrutaré del premio que te espera si te acercas.

¿Demasiado directa? La espera no siempre es placentera, y a mí me está resultando exasperante.

¿Tienes miedo? Del placer al dolor hay un paso, y no pienso darlo. Te lo prometo.

¿No vienes? Está bien, lo haré yo sola.

Y las caricias se multiplicaron

29 julio 2005

Promesa

Me prometo a mi misma que esta vez no sucumbiré a tus designios, que no me rendiré a tus labios. Me acerco a ti tranquila y serena, seré dama de hielo inalcanzable, impávida. Someteré tu voluntad para no volver a ser débil ante ti.

Me miras el escote deliciosa y salvajemente; intento no imaginar lo que harás si te permito entrar en mi círculo polar y sigo mi avance entre la gente, acercándome lentamente hacia ti.


Me intentas fundir con tus gestos libidinosos, que ahora fingen encontrar mi cuello en el borde de una botella, pero yo me sigo fingiendo inmune a tus encantos, luchando interiormente para no lanzarme corriendo a tus brazos. Témpano de hielo frente al fuego abrasador de tu cuerpo. Ese fuego que tantas noches ha quemado mi espíritu, que tantas marcas de dientes ha dejado en mi piel, ese fuego que tanto tiempo he acogido en mi seno.


Tu deseo escapa por los poros de tu piel, inundando el ambiente, llegando a mí a pesar del humo de cigarros, del olor nauseabundo a alcohol y marihuana, del ruido infernal de la música cada vez más estridente. Y a ti llega la seguridad de que ha cambiado algo, no sabes muy bien de que se trata, pero tu mente empieza a buscar salidas para evitar el enfrentamiento que temes será arduo e ingrato.


Me miras a los ojos, insinúas con la punta de la lengua un movimiento rozando tus dientes. Y yo, ignorando tu predisposición, sigo avanzando lenta e inexorablemente, reduciendo tu posibilidad de escape, tanteando el terreno, observando tu nerviosismo, descubriendo tu punto flaco.


Te considerabas impertérrito, has resultado ser un corderito con piel de lobo feroz.


Miras a tu alrededor incansable, sin parar tus ojos ni un momento en un lugar concreto, sin fijar tu vista en mi, que te alcanzo y te planto un beso en la boca, impulsivo, desesperado, apasionado, inevitable. Mi lengua invade tu boca con la furia de mil mares, con la impaciencia del que ve llegar su victoria.


Sigues mi juego, no sabes lo que te espera, cojo tu mano y el contacto me recuerda tus caricias. Con firmeza te llevo a la salida. El aire frío nos envuelve y me siento más fuerte, mi corazón late acelerado y la parte baja de mi abdomen empieza a reclamar su turno.

Acerco mi boca a tu oreja y con un susurro apenas garabateado te dejo entrever mis intenciones:

- Prometo portarme bien contigo