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01 mayo 2012

Cerca de ti

Hoy me ha vuelto a pasar. Te has vuelto a colar en mis pensamientos justo cuando mi cuerpo desnudo tocaba las sábanas.

He imaginado tu aliento en mi nuca y casi he podido sentirlo, mi piel se ha erizado ante un contacto inexistente y mis pezones se han endurecido al instante. No puedo atar mi mente cuando tú te introduces así en ella, y mis manos obedecen el recuerdo de las tuyas sobre mi vientre.


Mis dedos se han deslizado como si fueran los tuyos, recorriendo mis pechos y apretándolos, subiendo hasta mis labios para humedecerse para perderse después entre mis piernas. En mi mente, yo estaba a cuatro patas y tú me susurrabas al oído lo mucho que te gustaba mi cuerpo mientras me penetrabas con fuerza. En mi cama, los sudores aumentaban y mi espalda se arqueaba.

El deseo controlaba mis movimientos, que cada vez eran más intensos y rápidos, hasta que he tenido que morderme la mano para no gritar en voz alta tu nombre y llenar de desconcierto la realidad. Con los ojos cerrados, ha sido tu mano la que se posaba sobre mi boca, y en lugar de mis dedos, era tu pene el que se movía con soltura entre mis muslos. Eran tus manos las que acariciaban mi clítoris dilatado hasta llegar al orgasmo y sumirme en un estado de trance entre la vigilia y el sueño. Más cerca de ti que nunca.

22 abril 2012

El primer beso

Tus labios se acercan a los míos, y antes de besarme ya anticipio el cosquilleo en mi lengua. Mi cuerpo te desea, y se abre a ti; se relaja para dejarse llevar. Entreabro los labios y te recibio, y si acaso opongo alguna resistencia, es sólo juguetona, traviesa, la niña que llevo dentro y que desea hacerse de rogar.

Siento cómo arde mi piel al contacto con la tuya, mientras con tu lengua te abres paso tímidamente para acariciar mi labio superior. Mis dientes toman la iniciativa y te muerdo suavemente el labio inferior. Es justo la provocación que necesitabas para apretar más tu boca contra la mía y agarrar con firmeza mi nuca. Siento cómo quieres invadirme y un escalofrío de placer me recorre la espalda y siento una contracción en mi vientre.


La humedad de nuestras bocas se traslada a mi entrepierna, y siento que ya no puedo más, que te necesito sobre y en mí. Nuestras cabezas se inclinan para acoplarse más si cabe, para acercarnos más y unirnos en ese beso que parece contener todo el deseo del mundo.

Nuestros cuerpos se aproximan, los corazones bombean con fuerza, y las manos se precipitan a la cintura, el pecho, los muslos, evitando ir demasiado deprisa hacia las zonas realmente interesantes de la anatomía. Son caricias tímidas, esas que algún día serán firmes y confiadas pero que, hoy por hoy, no son más que los primeros ensayos de la gran función final.

16 abril 2012

Chocolate

El chocolate caliente cae por mi pecho, acariciándome y encontrándose con tu lengua anhelante. Con los ojos vendados, sólo puedo intuir tu presencia, y anticipar cuál será el siguiente lugar que devorarás.

Siento tu aliento en mi cuello, la piel se me eriza y la impaciencia me carcome. Arqueo la espalda para hacerte partícipe de mi ansiedad, pero sólo consigo que te rías, juguetón. 


Me pides que abra los labios, y un chorrito de chocolate se cuela hasta mi lengua. Me besas, y la dulzura  se derrama. Abres mis piernas y te deslizas hacia mi sexo, dejando el tuyo al alcance de mi boca. Me bañas la entrepierna en chocolate y lo lames con intensidad, provocando gemidos que ahogo para no perder la concentración y disfrutar al notar cómo se tensa tu pene, tan cerca del orgasmo que tienes que pedirme que pare.

Ahora siento tu cuerpo sobre mí, y me penetras con fuerza. Me muerdes los labios chocolateados y te mueves al ritmo de mis caderas. Ardemos los dos en el fuego del deseo y el delirio. En la hoguera de uno de los placeres más antiguos.


09 enero 2012

Masaje

Tumbada boca abajo, siento cómo se eriza mi piel al contacto de las manos expertas del masajista, mi mente vuela hacia paraísos de pieles desnudas.

Esos dedos recorren mi espalda y bajan hacia mi culo, rodeando mis caderas y empujándome contra la camilla y consiguiendo que mis pensamientos ardan de deseo. Siento cómo mis músculos se tensan cuando sus dedos abandonan mis pantorrillas para subir por mis muslos y perderse un poco más allá de donde el decoro pone su límite.


No puedo evitarlo, estoy caliente y húmeda como una flor bajo el rocío de la primavera. Mis piernas se abren un poco, es un movimiento involuntario e instintivo, muy sutil, pero que sin embargo sé que él lo ha percibido, porque ahora ha profundizado un poco más, y uno de sus dedos ha empezado a acariciar mi clítoris por encima del tanga.

Aunque sé que debería pararle, estoy tan excitada que mi mente no responde a mi pudor, y me dejo llevar mientras el masajista se inclina sobre mí y me besa el cuello, paseando sus dientes por el lóbulo de mi oreja, y sin parar de deslizar su mano arriba y abajo, retirando la tela húmeda y penetrándome con sus dedos.

Ya no sé el tiempo que ha pasado, pero empiezo a notar cómo las cosquillas previas al orgasmo suben por mis pies, tensando mis músculos doloridos y llevándome al límite, hasta explotar con una risita nerviosa. Me susurra al oído "eres deliciosa", y al fin yo me relajo, liberadas todas las tensiones entre sus manos.

02 enero 2012

Nochevieja

Se acercaba la medianoche, y todo el mundo buscaba su copa de champán y se preparaba para tomar las uvas. Todos menos Salomé, que se había quedado prendida de los ojos de un desconocido que la miraba fijamente desde el umbral, insinuando una invitación muda.


Salomé era chica de parcas palabras y poco amiga de las multitudes, así que decidió seguir su instinto y se acercó a aquel hombre de grandes manos y amplias espaldas. Ella pronto olvidó por qué se dejó llevar al guardarropa, y por qué, entre abrigos y bolsos, se dejó bajar la cremallera de su vestido y se quedó desnuda ante aquel Adonis que se agachó frente a ella y le besó los pies, enjaulados en unas preciosas sandalias de tiras negras.

Salomé agarró su cabello y le condujo hasta su sexo, agarrándole fuerte la nuca mientras el chico se perdía en los recovecos húmedos de su feminidad. La llevó cerca del orgasmo, tan cerca que ella sentía temblar sus piernas, pero paró para besarla, pegar su cuerpo contra el de Salomé y sentirla, ardiente y fiera, deseosa. Fuera, la gente brindaba emocionada mientras ella se sentía flotar entre este mundo y el otro.

Él la tomó por las caderas y la penetró mientras ella se agarraba de un perchero, medio suspendida en el aire, con las piernas rodeando la cintura masculina. Se sentía desfallecer en manos de aquella mujer, cuyo vaivén le había hipnotizado desde el primer momento que la vio. Ya no era él el que se movía, era ella la que dominaba la situación, conduciéndose a sí misma al orgasmo.

Cuando estuvo cerca del final, sus manos abandonaron la barra del perchero y se abrazaron a él mientras le mordía el cuello para no gritar. El clímax llegó entre gemidos apagados, rodando ambos por el sueño, extasiados.

20 diciembre 2011

Carnaval

Cada año, en esta noche sin rostro, te acercas a mí y me coges por la cintura, deslizas tus labios por mi cuello y me susurras ardientes palabras de deseo: "quiero hacerte subir al cielo", afirmas con misterio, y me citas en un hotel, deslizando entre mis manos la llave de una habitación.

Los minutos entre nuestro breve contacto y la hora fijada para vernos es un suplicio. Nunca he visto tu rostro, siempre escondido tras un antifaz negro. Tú tampoco has visto el mio, escondido también tras un antifaz morado. Pero eso es lo de menos, conocemos nuestros cuerpos a la perfección. Y por eso me pongo nerviosa, impaciente, mientras charlo con desconocidos enmascarados, sólo puedo pensar en la fuerza de nuestros abrazos.


Cuando al fin abro la puerta de la habitación, mi respiración se parece a un jadeo animal, el deseo se escapa por mis poros, y no media palabra entre tú y yo. Sólo besos y caricias nos llevan a lanzarnos ferozmente sobre la cama, sin saber nunca quién de los dos ha caído en las redes del otro. Subes la falda de mi disfraz mientras yo te arranco la camisa y te araño la espalda. Te desabrocho los pantalones y apenas te los bajas lo suficiente para penetrarme, agarrándome fuerte por las caderas, y empujando con toda la fuerza que llevas acumulando todo el año.

Miradas pasionales, labios impúdicos, pieles que arden en manos del otro, pero nunca rostros descubiertos. Cuando la pasión acaba me despido susurrando un hasta pronto, sabiendo que no volveré a verte hasta el próximo carnaval.

06 diciembre 2011

Flor de loto

Aquella noche Elena se dejó llevar por su deseo, y cuando David la invitó a subir a su habitación, le dijo que sí sin dudar. Él la condujo, cogida de la mano, entre sonrisas y charla superflua, hasta la cama. Se sentaron ambos, el uno junto al otro, y la atracción de sus cuerpos les acercó hasta que sus labios se tocaron.

La barba de David le hizo cosquillas a Elena, los dientes de ella rozaron los labios de él, y las risas y juegos enlazaron sus lenguas y subieron la temperatura del cuarto hasta que sus bocas se abrieron en busca de aire y sus respiraciones se aceleraron. Entonces los dos decidieron quitarse la ropa el uno al otro, y cada trozo de piel que dejaban al descubierto era besado, lamido y aprendido de memoria. Cuando estuvieron completamente desnudos, casi sin saber qué hacer, dejaron que el instinto les guiara.


En la flor de Loto que formaron sus cuerpos, Elena sintió cómo era penetrada por primera vez, y cómo sus cuerpo se abría a la presencia de David, acogiéndole en su seno. Él sintió como si toda la magia del mundo le envolviera, y sus dedos se deslizaron entre ellos para acariciar el clítoris de Elena. La pasión hizo asomar lágrimas de amor a los ojos de ambos. El deseo se tornó lujuria y furia revelada en sus movimientos, cada vez más rápidos, hasta que no pudieron más y se dejaron invadir por la satisfacción, reposando desnudos en la cama, el uno junto al otro, sintiéndose completos por fin.

18 noviembre 2011

Huellas en la arena - Relato 6

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos, trescuatro y cinco.


Dos cosas son las que más recuerdo de él. Sus ojos, azules, ventanas al mar de verano que tanto adoro, eran capaces de hacerme temblar sólo con un vistazo. Siempre tuve la sensación de que era capaz, no sólo de desnudarme con la mirada, sino también de modelarme. Y sus manos, grandes y fuertes, pero suaves; manos de violinista, experto en las sutilezas de las curvas femeninas, arrancaban de mi garganta los más eróticos acordes.

Guiado por sus manos, mi lengua recorrió todo su cuerpo, descubriendo el placer del sabor ajeno. Mientras, tras las ventanas la tarde se convertía en noche, y sólo abandonábamos la habitación para reponer fuerzas, ante las cómplices miradas de sus compañeras de piso. Tensó mis cuerdas y logró que mis armónicos llegaran hasta lo más primitivo de mí misma.

Como muchas de las cosas buenas de la vida, aquello llegó y se fue en un tiempo breve, pero me dejó una cálida sensación de gozo... y ahora, cada vez que oigo un violín, me tiemblan la piernas.

Banda sonora: "Minoush"(https://www.youtube.com/watch?v=HOews0yBWZo)

16 septiembre 2011

Luna llena


Los dos estaban tumbados en la cama, con el calor acumulándose bajo las sábanas, mientras la luna se filtraba a través de las persianas, iluminando la espalda masculina. Ella abrió suavemente los párpados, consciente de repente de su piel rozando el cuerpo de su amante. Involuntariamente, se movió un poco, lo justo para que sus pezones erectos se pegaran al pecho de su pareja. Él, ajeno al deseo que provocaba, seguía durmiendo mientras ella deslizaba despacio la mano por su espalda, su pecho, sus muslos... Con mucho cuidado, pero deseando en el fondo que él abriera los ojos, se dio la vuelta y pegó sus nalgas a la entrepierna de él, sintiendo cómo reaccionaba a las caricias que ella le había dado.

Estaba muy excitada, y empezó a masturbarse, intentando no moverse demasiado, para no despertarle. Cerró los ojos con fuerza e imaginó que él le cogía la cintura, apretándola contra sí y penetrándola desde atrás, mientras le acariciaba el pecho como sólo él sabía hacerlo. Sentía cómo se aceleraba su respiración, y abrió la boca con la intención de que no se oyera tanto. Su cuerpo empezó a contraerse, y miró a la luna mientras sentía acercarse el orgasmo.

De repente, sus dedos se multiplicaron. La mano de él se coló junto a las suyas y empezó a moverse; su lengua se deslizó por el cuello femenino, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Ella arqueó la espalda y se dejó llevar al orgasmo mientras deslizaba sus dedos por el pelo de él, agarrándose más fuerte cuando sintió las oleadas de placer invadiéndola. El último gemido se disolvió con un beso, y ambos volvieron a dormirse, dejando que la luna llena acunara sus sueños.

03 agosto 2011

Tres en la habitación (segunda parte)

Aquí podeis leer la primera parte de la historia... ¿cómo conocieron Marco y Toni a Darío?

Silvia buscaba las llaves en su bolso para abrir el portal del edificio donde vivía cuando les vio llegar por la calle en penumbra. Esa noche, Marco y Toni iban acompañados por un chico desconocido. La curiosidad le pudo, y decidió remolonear un poco para tener la oportunidad de subir con ellos en el ascensor.


Al llegar junto a ella, Marco la besó en los labios y le presentó a su nueva adquisición: Darío. Era un chico muy guapo, de mandíbula cuadrada y barba de dos días. Tenía, además, un cuerpo de adonis bronceado. Sonreía con los labios y con los ojos, mientras su mano se deslizaba por la espalda de Marco hasta su trasero, ante la resignada mirada de Toni. Marco mordió con suavidad el labio inferior de Darío y luego agarró a Toni por la cintura y le besó con fuerza, sin dejar que su mano abandonara la nuca de Darío.

Silvia sintió cómo su excitación se reflejaba en sus ojos, y decidió llamar al ascensor a pesar de que deseaba que no llegara nunca. Seguía viendo a través del reflejo en las puertas plateadas cómo los tres chicos subían el tono de sus juegos. Darío había desabrochado la camisa de Toni, que ahora recibía las caricias de Marco en sus muslos, y los suaves besos de Darío en su espalda.

Las puertas se abrieron, y todos entraron. Sin preguntar, Silvia pulsó el botón del ático y se volvió había el espejo. Marco y Darío cuchichearon un poco y, un instante más tarde, Darío empujó a Toni contra una de las paredes y se situó detrás de él, impidiendo que se moviera. Le desabrochó el pantalón y, bajándolo un poco, empezó a masturbarle mientras le mordía el cuello, cada vez más fuerte.

Los gemidos de Toni llenaban el ascensor y los oídos de Silvia, que los observaba extasiada a través del espejo, consciente de la humedad que mojaba ya sus muslos. Marco se acercó y rodeó con un brazo la cintura femenina, mientras con la otra mano levantaba la falda y deslizaba los dedos bajo el tanga. El altavoz emitió un pitido y las puertas se abrieron. Al salir, Toni abrió la puerta del décimo A y condujo a Darío al interior.

Marco cogió la mano de Silvia, que ya se dirigía al décimo B, y quedaron frente a frente, mirándose. Los ojos de Marco prometían una noche inolvidable, y Silvia, tras dudar unos instantes y por primera vez, se dejó guiar y entró, precedida por Marco, en el 10ºA.

25 junio 2011

Tres en la habitación (Primera parte)

Sostenía una cerveza en la mano, mientras buscaba en la penumbra del bar una mirada que le hiciera estremecer. Dos chicos se besaban al fondo del bar, recorrió con deleite aquellos dos cuerpos que se movían al ritmo de la música y una punzada de placer se manifestó en su bajo vientre.

El más alto de los dos le miró, y pudo sentir el inicio de una erección, todavía leve, pero prometedora. No sabía cómo acercarse a ellos, pero en su pecho crecía el deseo y la promesa de una experiencia inolvidable.

Sin dejar de mirarle, aquel chico le susurró algo a su pareja, que asintió en silencio y se dirigió hacia mí. Medía alrededor de un metro setenta, era bastante delgado, y su pelo negro brillaba, engominado, bajo los focos ochenteros del bar de copas. Una vez frente a mí, miró de nuevo al chico alto durante un instante y acercó sus labios a los míos, mirándome suplicante, para que le besara.

Lo hice, tímidamente al principio, pero mi deseo era ya ingobernable, y acabé introduciendo mi lengua en su boca con furia, mordiendo sus labios cuando intentaba escaparse. Se presentó a sí mismo como Toni, y al chico alto, que nos miraba con una sonrisa en los labios, como Marco.

Tras decirme sus nombres, fue él mismo quien empezó a besarme el cuello, mientras me proponía al oído compartir su lecho durante aquella noche. Sin compromisos ni sentimientos, algo que quedaría entre los tres, al abrigo de unas sábanas inmaculadas, que ya habían sido testigos de otras tantas aventuras, que yo imaginaba excitantes. Mientras Toni me decía aquello, yo no podía apartar mis ojos de Marco, que seguía apoyado contra la pared, esperando, entre juguetón y expectante, mi respuesta.

No pude resistirme. Asentí con la cabeza y con la voz, mientras lanzaba un billete sobre la barra para pagar mi copa.

19 junio 2011

Re-encuentro

Una noche como tantas, mis amigas y yo entramos en un bar, animadas y eufóricas, celebrando la pequeña victoria que una de nosotras ha conseguido arrancarle a la vida.

Yo voy como siempre, despistada, riendo y mirando hacia atrás. De repente, me choco contigo. Al girarme, tus ojos y los míos se encuentran y se paran. Apenas diez centímetros nos separan, y tiemblo, sacudida por una corriente eléctrica. Para el resto del mundo, no es más que un segundo; para mí, es un instante que se dilata y que contiene toda la eternidad.

Una amiga me arrastra hacia la barra y yo me dejo llevar, a pesar de que mi mente se ha quedado prendida en tu mirada. Disimulo, más mal que bien, fingiendo que no noto cómo me miras, que no siento cómo te acercas y te sitúas detrás de mí. Percibo tu aliento cálido en mi nuca, y se nubla todo lo demás.

Somos dos cuerpos rozándose en un mar de gente. Tu mano se dirige a mi cintura, te acercas más, y cobijas tus labios en mi cuello. De nuevo, un impulso me estremece y se concentra en mi vientre; siento el pinchazo del deseo. Capturo el momento, imprimo en mi memoria el contacto de tu cuerpo, y sonrío cuando me giro hacia ti y te beso suavemente.

La pasión te puede, me muerdes el labio inferior y me aprietas contra ti. En ese momento todo vuelve a nuestras mentes: nuestro primer encuentro, las largas noches de pasión, el amor... y es como volver a la casa que sabes que siempre te esperará.

Pero cuando me separo un poco, percibo las lágrimas asomando a tus ojos, y veo que también recuerdas el dolor, las peleas, la decepción... la despedida. Tus manos sueltan despacio mi cintura; prometimos que nunca volveríamos a estrellarnos contra esa orilla, y ha llegado el momento de cumplirlo.

Me vuelvo hacia mis amigas y vuelvo a bucear en su alegría, y unos minutos después, al buscarte entre la gente, ya no te veo.

17 marzo 2011

Huellas en la arena - Relato 5

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos, tres y cuatro.


Desde niños, lo peligroso nos seduce, lo prohibido nos produce una atracción irresistible. Algunos, al crecer, procuramos controlar ese instinto, pero a veces... no podemos. Con él fue como en aquella canción de Ana Belén en que a la noche se le va la mano, sólo que a la que se le fue la mano fue a mí.

Desde la primera vez que le vi, sentí que necesitaba estar en sus brazos. Supe, de una forma casi animal, que era muy apasionado en la cama, y que mis sábanas estarían encantadas de acunarnos toda la eternidad. Le soñé en una isla desierta, bajo una cascada, detrás de mí, agarrándome fuerte de las caderas y acercando sus labios a mi oído, susurrándome lo mucho que me deseaba.

Y cuando lo tuve delante, fui a por él, con el deseo latiéndome en la entrepierna, con un sentimiento entre la pasión y la furia que me desbordaba. Le lancé sobre la cama, sin apenas respirar debido a la fuerza de los besos; me sentía la dueña de la situación, y empecé a besarle el cuello y el pecho mientras le desabrochaba el pantalón e introducía mi mano dentro, descubriendo que estaba tan excitado como yo.

No me dejó hacer más, me cogió por la cintura y se dio la vuelta para colocarse sobre mí y desnudarme. La noche avanzó entre suspiros, gemidos y sudores, mordiscos que pretendían arrancar un trozo del alma del otro, luchas ficticias por un poder inexistente, desesperados intentos de salir vencedores de una guerra en la que nadie podía ganar.

Ilustración de David Palumbo
Banda sonora: "La ciudad parece un mundo" de Ismael Serrano (https://www.youtube.com/watch?v=y-Uk7N0hYBA)

12 septiembre 2010

Huellas en la arena - Relato 4

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos y tres.


Cuando le conocí, nunca habría imaginado acabar en sus brazos. Nada en él anticipaba las maravillas de las que era capaz, las largas horas de sudorosos gemidos seríamos capaces de disfrutar juntos.

Le gustaba morderme los pezones hasta el límite de mi excitación, ansiaba perderse una y otra vez en mi húmeda entrepierna para conducirme sin descanso a la cumbre del orgasmo y conseguir que me derritiera entre convulsiones. Me gustaba deslizar mi lengua por su ombligo, acariciar su sexo con mi lengua para hacerlo desaparecer después entre mis labios, ansiaba sentir sus embestidas impetuosas, mientras me dejaba dominar sabiendo que yo también conducía el juego.

Nuestro lecho era una dimensión donde no existía nada más; nos devorábamos a la espera de un fin del mundo que no llegó jamas. Me aprendí de memoria el color de su piel, sus curvas y rectas, los lugares en los que el vello era más oscuro y sus debilidades; exploté como pude aquel inmenso y cálido océano. Olvidamos la inexistencia de la deidad a la que aclamábamos entre espasmos liberadores, para acabar mirándonos fijamente, entre respiraciones aceleradas y gotas de sudor recorriendo nuestras frentes.

Banda sonora: "Nueche d'insomniu" de Toli Morilla (https://www.youtube.com/watch?v=iaI-YcLGpd0)

09 enero 2010

Huellas en la arena - Relato 3

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno y dos.


Hubo un tiempo en el que odiaba los fines de semana, no tenían nada especial; de lunes a viernes, en cambio, cuando se acercaba la hora, mis rodillas temblaban. Hubo un tiempo en que todas las noches, él aparecía en mis sueños como un Adonis merecedor de mis más húmedos parajes; era mi hombre Cola Light. Pero incluso las fantasías más arraigadas terminan tarde o temprano, y aquello que nos unía en el mismo lugar cada tarde estaba a punto de terminar.

Aquella última noche fue, por mi parte, la realización de un acto desesperado; cuando la recuerdo, pienso que el ansia por tenerle debía percibirse con la misma claridad que la luna llena; por supuesto, él lo supo, porque me condujo discreta y elegantemente lejos de las miradas ajenas, a un lugar solitario desde donde podía contemplarse lo que yo creía que era todo mi mundo.

Rememoro ahora sus caricas maduras y mi sexo palpita... Me miraba, ni un instante dejó de clavar sus ojos en mí; y eso me encantó, era el primer amante que no se abandonaba ante mis caricias inmerso en sus pensamientos y con los párpados caídos. Sus palabras me electrizaban, elevándome, acercándome a las estrellas que nos observaban. Las conservo intactas en la memoria, envejecidas por el tiempo y repetidas hasta la saciedad por otros amantes; y aunque no parecen más que alientos insignificantes, cobran de nuevo todo su sentido cuando las traslado a aquel mirador perdido.

Era delicioso sentir su cuerpo ardiente tan cerca del mio, dejarme arrastrar por su torbellino, tan preocupada por gustarle, tan niña y tan mujer entre sus manos, completamente entregada, absorbiendo todos los detalles para revivirlos más tarde, en un delirio de fantasías y caricias a escondidas. Me hizo sentir como una diosa, cuyas manos contenían todo el placer del mundo.

Su sabor perduró mucho tiempo en mi memoria, excitante y único; creía que gracias a él había aprendido a gustarme sin reparos, a dejarme llevar; pensé que había madurado de golpe y porrazo; pero, aunque tardé un tiempo, descubrí que lo que realmente me había enseñado era que el sexo es mucho mejor cuando se trata de dos personas que disfrutan de él. Algo que sigo teniendo muy presente...

Banda sonora: "Bella, de vos so enamoros" de Raimon (https://www.youtube.com/watch?v=pxWJH-19m5o)

19 octubre 2009

Huellas en la arena - Relato 2

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer el primer relato.

"La lluvia empapaba la ciudad y resbalaba por las ventanillas del coche; en el asiento trasero, el vaho de nuestra respiración nos aislaba de miradas ajenas.

Durante largas tardes de invierno creamos un mundo propio, alejado de aquellos de quienes no podíamos huir; lejos de ogros y brujas, de temores y miedos.

El primer beso fue algo natural; debía llegar, tarde o temprano, coloreando nuestros amistosos abrazos con un matiz sexual que nos convirtió en amantes. Deseábamos desnudar con las manos los cuerpos que tantas veces habían ardido con nuestras miradas. El placer nos unió, enlazando conversaciones con caricias, bellas palabras mientras mordías mis muslos; yo volaba lejos gracias a tu lengua, a paraísos de jadeos, me elevaba hasta las cumbres del cielo, más allá de mi yo mundano."

Banda sonora: "Puta" de Extremoduro (https://www.youtube.com/watch?v=qJPQRpnWNiI)

06 octubre 2009

Huellas en la arena - Relato 1

Nuestro paso por la vida nunca es sigiloso, de él queda una huella impresa en la arena de la memoria ajena. Algunas huellas son profundas, podemos verlas perfectamente al mirar atrás, hundidas y rodeadas de recuerdos borrosos, disueltos ya por las olas del tiempo.

En mi orilla, se perciben las sombras de varios amantes, haciendo que a veces desee, con todas mis fuerzas, revivir las pasiones que me sacudieron en aquel instante. Pero sólo es válida la dirección que me aleja y, aunque no pueda evitar mirar con nostalgia las marcas que dejaron, es en el futuro donde espero hallar más experiencias que atesorar...

No obstante, es desde el pasado desde donde voy a escribir esta serie de relatos, independientes entre sí, y cuya única conexión soy yo...

Hace tiempo ya que no te busco tras el cristal de mi habitación; quizá porque la ventana desde la que miraba hace años que no está frente a mi cama, quizá porque la adolescencia quedó atrás hace demasiado tiempo.

Éramos jóvenes e inexpertos, no sabíamos mentir ni obsesionarnos con falsas apariencias, y nos entregábamos con fruición a los juegos eróticos que se nos ocurrían; el mar fue testigo a veces de calentones memorables, hasta aquel día definitivo, escondidos de miradas ajenas en algún rincón que ya no consigo rememorar, llegamos donde nunca nos imaginamos que llegaríamos, a la orilla del placer que todos los amantes anhelan. Recuerdo aún tu cara, el brillo de tus ojos y tus labios abiertos, jadeantes, susurrándome que era una diosa, tu diosa.

Hubo otras veces, otros lugares, pero fuimos los primeros. Memorables."

Banda sonora: "Lunas rotas" de Rosana (https://www.youtube.com/watch?v=HoJ75NojkYU)

12 octubre 2008

Caliente, árido
el desierto ardiente en que me pierdo
cada noche, bajo sábanas
de suave seda escarlata,
piel que emborracha mis sentidos
curvas leves, abdomen que se tensa
sobre mí,
tras de mí.
Te busco
me encuentras mojada de lujuria,
me penetras entre sonidos que desvelan
el placer que invade nuestros sexos.


A partir de hoy, ya podéis votarme en los premios 20Blogs

08 julio 2008

Preparativos

Se mira al espejo mientras se pinta los pezones con henna, serán rojizos cuando se seque y la pasta caiga, seca, al suelo. Para ese momento ella habrá pintado también sus labios de un granate intenso como la sangre ardiente que ruborizará sus mejillas en el encuentro. La sombra de ojos será dorada, leve, como un suspiro en la nuca. Las uñas, delicadamente afiladas, como a él le gustan. Adornará su pelo un lirio blanco, y cubrirá su piel tan sólo un vestido de algodón, también blanco, a través del cual él adivinará la intensidad que adorna sus pechos y la ausencia de ropa interior.

Se calza, se maquilla, se acaricia mientras se cubre de crema hidratante con olor a lavanda. Será una flor, impúber y fresca, cuando fingiendo inocencia se acerque a su amante y le dé dos besos, tocando levemente sus mejillas.

Con un gesto teatral, escudriña el espejo en busca de imperfecciones, se da la vuelta y observa cuidadosamente la curvatura de su espalda, el inicio de su trasero, la leve marca de los dedos fuertes que él dejó la última vez que la penetró. Son marcas que jamás se borrarán, pues siguen en su mente, las recuerda cada noche, cuando el sol cae y la soledad la acecha, y sus manos vuelan recordándole.

Se recoge el pelo, dejando el cuello al descubierto, la tentación estirada al máximo, desliza el vestido por sus curvas, se examina. Falta más de una hora para verle, pero llena el bolso con lo que necesita, y se hace a la calle, ansiosa, esperando que él también llegue pronto.



24 junio 2008

En soledad


Hoy he llegado a casa, y los ecos del silencio me han dado la bienvenida. No se ha acercado tu perfume a darme la bienvenida, tímido, rozando levemente mi nariz, al abrir la puerta.

Yacía la cama vacía, cual cadáver, atravesada por una franja de luz que se filtraba por la persiana. Sábanas frías y el retumbar de mis pasos en el corredor. ¿Es esto lo que me espera?

¿Dónde quedan tus caricias, mis gemidos, nuestro goce? ¡Si ni mis manos obedecen ya mi deseo! Te has llevado, perdida entre tus libros, mi pasión. Soy un cuerpo inerte, una sombra del ayer perdida en un cajón, olvidada.

Abandonaste mis pechos en las manos heladas del adiós; y a mi sexo, húmedo y ansioso de ti, herido por un ardor insaciable, huérfano de amante, no le quedan ya fuerzas para recordar las vibraciones que antes, con tu lengua, provocabas.