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26 febrero 2013

Huellas en la arena - Relato 7

Como comenté en el relato inicial de huellas en la arena, estos relatos están basados en mis vivencias personales, y son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos unodostrescuatrocinco y seis.


La nuestra fue una conexión inmediata. Cuando te conocí, sentí como si pudieras acariciarme sólo con mirarme. Clavaste tus ojos en mí y me sentí desnuda y ansiosa. Quería besarte, morder esos labios tiernos y jugosos, pero esa primera tarde, ni siquiera me tocaste, y nos despedimos con un simple gesto al aire. Pensé que nunca más volvería a cruzarme contigo.

Pero el destino es juguetón, y nos unió de nuevo, y esta vez nos sentamos el uno junto al otro. Tuve que controlarme para no abalanzarme sobre ti y me limité a juguetear con mi pelo, mordiéndome los labios en un gesto de divertida frustración, sonriéndote sin cesar, inclinando mis rodillas hacia ti y dejando que mi falda se levantara unos centímetros por encima de mi rodilla. Quiso la suerte que ese día llevara un vestido muy escotado, adornado con un pañuelo que escondía mis pechos, lo justo para provocar que cada movimiento mío para coger la cerveza o darle una calada al cigarro dejara al descubierto un trozo de piel suave que te atraía tanto como a mí me atraía tu boca.

La noche pasó entre risas, la gente fue abandonando la mesa y acabamos en un bar de esos que siempre están abiertos cuando uno más los necesita, y de repente la conversación se congeló en nuestras bocas, me besaste, enterraste tu lengua en mí y sentí como se liberaba toda la tensión, envolviéndonos en esa espiral de sobra conocida, que empieza con un cosquilleo en el bajo vientre y termina entre las sábanas de una cama al amanecer.

No te quedó nada por explorar de mi cuerpo, no me quedó ni un rincón de tu cuerpo por lamer. Y esta vez nos despedimos satisfechos y risueños, con la promesa otro posible encuentro.

Banda sonora: "Inta Eyh" de nancy Ajram (https://www.youtube.com/watch?v=X4ICDHjGImA)

La próxima historia, el martes 5 de marzo

La fotografía, de ЛЕНИН

18 noviembre 2011

Huellas en la arena - Relato 6

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos, trescuatro y cinco.


Dos cosas son las que más recuerdo de él. Sus ojos, azules, ventanas al mar de verano que tanto adoro, eran capaces de hacerme temblar sólo con un vistazo. Siempre tuve la sensación de que era capaz, no sólo de desnudarme con la mirada, sino también de modelarme. Y sus manos, grandes y fuertes, pero suaves; manos de violinista, experto en las sutilezas de las curvas femeninas, arrancaban de mi garganta los más eróticos acordes.

Guiado por sus manos, mi lengua recorrió todo su cuerpo, descubriendo el placer del sabor ajeno. Mientras, tras las ventanas la tarde se convertía en noche, y sólo abandonábamos la habitación para reponer fuerzas, ante las cómplices miradas de sus compañeras de piso. Tensó mis cuerdas y logró que mis armónicos llegaran hasta lo más primitivo de mí misma.

Como muchas de las cosas buenas de la vida, aquello llegó y se fue en un tiempo breve, pero me dejó una cálida sensación de gozo... y ahora, cada vez que oigo un violín, me tiemblan la piernas.

Banda sonora: "Minoush"(https://www.youtube.com/watch?v=HOews0yBWZo)

17 marzo 2011

Huellas en la arena - Relato 5

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos, tres y cuatro.


Desde niños, lo peligroso nos seduce, lo prohibido nos produce una atracción irresistible. Algunos, al crecer, procuramos controlar ese instinto, pero a veces... no podemos. Con él fue como en aquella canción de Ana Belén en que a la noche se le va la mano, sólo que a la que se le fue la mano fue a mí.

Desde la primera vez que le vi, sentí que necesitaba estar en sus brazos. Supe, de una forma casi animal, que era muy apasionado en la cama, y que mis sábanas estarían encantadas de acunarnos toda la eternidad. Le soñé en una isla desierta, bajo una cascada, detrás de mí, agarrándome fuerte de las caderas y acercando sus labios a mi oído, susurrándome lo mucho que me deseaba.

Y cuando lo tuve delante, fui a por él, con el deseo latiéndome en la entrepierna, con un sentimiento entre la pasión y la furia que me desbordaba. Le lancé sobre la cama, sin apenas respirar debido a la fuerza de los besos; me sentía la dueña de la situación, y empecé a besarle el cuello y el pecho mientras le desabrochaba el pantalón e introducía mi mano dentro, descubriendo que estaba tan excitado como yo.

No me dejó hacer más, me cogió por la cintura y se dio la vuelta para colocarse sobre mí y desnudarme. La noche avanzó entre suspiros, gemidos y sudores, mordiscos que pretendían arrancar un trozo del alma del otro, luchas ficticias por un poder inexistente, desesperados intentos de salir vencedores de una guerra en la que nadie podía ganar.

Ilustración de David Palumbo
Banda sonora: "La ciudad parece un mundo" de Ismael Serrano (https://www.youtube.com/watch?v=y-Uk7N0hYBA)

12 septiembre 2010

Huellas en la arena - Relato 4

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno, dos y tres.


Cuando le conocí, nunca habría imaginado acabar en sus brazos. Nada en él anticipaba las maravillas de las que era capaz, las largas horas de sudorosos gemidos seríamos capaces de disfrutar juntos.

Le gustaba morderme los pezones hasta el límite de mi excitación, ansiaba perderse una y otra vez en mi húmeda entrepierna para conducirme sin descanso a la cumbre del orgasmo y conseguir que me derritiera entre convulsiones. Me gustaba deslizar mi lengua por su ombligo, acariciar su sexo con mi lengua para hacerlo desaparecer después entre mis labios, ansiaba sentir sus embestidas impetuosas, mientras me dejaba dominar sabiendo que yo también conducía el juego.

Nuestro lecho era una dimensión donde no existía nada más; nos devorábamos a la espera de un fin del mundo que no llegó jamas. Me aprendí de memoria el color de su piel, sus curvas y rectas, los lugares en los que el vello era más oscuro y sus debilidades; exploté como pude aquel inmenso y cálido océano. Olvidamos la inexistencia de la deidad a la que aclamábamos entre espasmos liberadores, para acabar mirándonos fijamente, entre respiraciones aceleradas y gotas de sudor recorriendo nuestras frentes.

Banda sonora: "Nueche d'insomniu" de Toli Morilla (https://www.youtube.com/watch?v=iaI-YcLGpd0)

09 enero 2010

Huellas en la arena - Relato 3

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer los relatos uno y dos.


Hubo un tiempo en el que odiaba los fines de semana, no tenían nada especial; de lunes a viernes, en cambio, cuando se acercaba la hora, mis rodillas temblaban. Hubo un tiempo en que todas las noches, él aparecía en mis sueños como un Adonis merecedor de mis más húmedos parajes; era mi hombre Cola Light. Pero incluso las fantasías más arraigadas terminan tarde o temprano, y aquello que nos unía en el mismo lugar cada tarde estaba a punto de terminar.

Aquella última noche fue, por mi parte, la realización de un acto desesperado; cuando la recuerdo, pienso que el ansia por tenerle debía percibirse con la misma claridad que la luna llena; por supuesto, él lo supo, porque me condujo discreta y elegantemente lejos de las miradas ajenas, a un lugar solitario desde donde podía contemplarse lo que yo creía que era todo mi mundo.

Rememoro ahora sus caricas maduras y mi sexo palpita... Me miraba, ni un instante dejó de clavar sus ojos en mí; y eso me encantó, era el primer amante que no se abandonaba ante mis caricias inmerso en sus pensamientos y con los párpados caídos. Sus palabras me electrizaban, elevándome, acercándome a las estrellas que nos observaban. Las conservo intactas en la memoria, envejecidas por el tiempo y repetidas hasta la saciedad por otros amantes; y aunque no parecen más que alientos insignificantes, cobran de nuevo todo su sentido cuando las traslado a aquel mirador perdido.

Era delicioso sentir su cuerpo ardiente tan cerca del mio, dejarme arrastrar por su torbellino, tan preocupada por gustarle, tan niña y tan mujer entre sus manos, completamente entregada, absorbiendo todos los detalles para revivirlos más tarde, en un delirio de fantasías y caricias a escondidas. Me hizo sentir como una diosa, cuyas manos contenían todo el placer del mundo.

Su sabor perduró mucho tiempo en mi memoria, excitante y único; creía que gracias a él había aprendido a gustarme sin reparos, a dejarme llevar; pensé que había madurado de golpe y porrazo; pero, aunque tardé un tiempo, descubrí que lo que realmente me había enseñado era que el sexo es mucho mejor cuando se trata de dos personas que disfrutan de él. Algo que sigo teniendo muy presente...

Banda sonora: "Bella, de vos so enamoros" de Raimon (https://www.youtube.com/watch?v=pxWJH-19m5o)

19 octubre 2009

Huellas en la arena - Relato 2

Estos relatos son independientes el uno del otro; no obstante, si la curiosidad te puede, puedes leer el primer relato.

"La lluvia empapaba la ciudad y resbalaba por las ventanillas del coche; en el asiento trasero, el vaho de nuestra respiración nos aislaba de miradas ajenas.

Durante largas tardes de invierno creamos un mundo propio, alejado de aquellos de quienes no podíamos huir; lejos de ogros y brujas, de temores y miedos.

El primer beso fue algo natural; debía llegar, tarde o temprano, coloreando nuestros amistosos abrazos con un matiz sexual que nos convirtió en amantes. Deseábamos desnudar con las manos los cuerpos que tantas veces habían ardido con nuestras miradas. El placer nos unió, enlazando conversaciones con caricias, bellas palabras mientras mordías mis muslos; yo volaba lejos gracias a tu lengua, a paraísos de jadeos, me elevaba hasta las cumbres del cielo, más allá de mi yo mundano."

Banda sonora: "Puta" de Extremoduro (https://www.youtube.com/watch?v=qJPQRpnWNiI)

06 octubre 2009

Huellas en la arena - Relato 1

Nuestro paso por la vida nunca es sigiloso, de él queda una huella impresa en la arena de la memoria ajena. Algunas huellas son profundas, podemos verlas perfectamente al mirar atrás, hundidas y rodeadas de recuerdos borrosos, disueltos ya por las olas del tiempo.

En mi orilla, se perciben las sombras de varios amantes, haciendo que a veces desee, con todas mis fuerzas, revivir las pasiones que me sacudieron en aquel instante. Pero sólo es válida la dirección que me aleja y, aunque no pueda evitar mirar con nostalgia las marcas que dejaron, es en el futuro donde espero hallar más experiencias que atesorar...

No obstante, es desde el pasado desde donde voy a escribir esta serie de relatos, independientes entre sí, y cuya única conexión soy yo...

Hace tiempo ya que no te busco tras el cristal de mi habitación; quizá porque la ventana desde la que miraba hace años que no está frente a mi cama, quizá porque la adolescencia quedó atrás hace demasiado tiempo.

Éramos jóvenes e inexpertos, no sabíamos mentir ni obsesionarnos con falsas apariencias, y nos entregábamos con fruición a los juegos eróticos que se nos ocurrían; el mar fue testigo a veces de calentones memorables, hasta aquel día definitivo, escondidos de miradas ajenas en algún rincón que ya no consigo rememorar, llegamos donde nunca nos imaginamos que llegaríamos, a la orilla del placer que todos los amantes anhelan. Recuerdo aún tu cara, el brillo de tus ojos y tus labios abiertos, jadeantes, susurrándome que era una diosa, tu diosa.

Hubo otras veces, otros lugares, pero fuimos los primeros. Memorables."

Banda sonora: "Lunas rotas" de Rosana (https://www.youtube.com/watch?v=HoJ75NojkYU)