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12 noviembre 2011

Pasión incontrolable - tercera y última parte

Le dejó respirar un instante, lo justo para colocar sus rodillas junto a su cabeza, una a cada lado, y ofrecerle la visión más impresionante que él había visto jamás. Erguida y recta, sus pechos recortándose contra el techo, su sexo a la altura de sus labios. No dudó, sólo se sumergió en aquellas aguas ardientes, saboreando con su lengua los labios hinchados de poder.


Ella guiaba su boca, moviéndose adelante y atrás, ahogándole entre sus muslos, dejándole espacios cortos de tiempo para coger aire. Y él asistía sin poder moverse, atadas las manos a la espalda, a la explosión de sensualidad de su mujer. Nada podía hacer más que obedecer las órdenes que ella le daba.

"Saca la lengua", le dijo, y le cabalgó mientras le cogía el pelo y gemía cada vez más fuerte, estrechando sus piernas contra su cara, llevándole al límite de la excitación. El orgasmo de la chica le dejó la cara húmeda y el corazón desbocado, y sintió llegar el máximo placer cuando ella descendió de las alturas para lamer sus labios y susurrarle que quería que se masturbara para ella. Le desató y le ofreció sus pechos para que se corriera en ellos, mientras ella le miraba, gratamente sorprendida de la excitación a la que le había conducido.

Cuando él llegó al clímax, y sudoroso se acurrucó en el regazo femenino, ella le acarició el pelo y le susurró "ahora tendrás que limpiarme", y con una sonrisa seductora le condujo hacia el baño.

Pero eso, queridos lectores, es otra historia...

06 noviembre 2011

Pasión incontrolable - segunda parte

Si quieres saber por qué está esperando el protagonista, puedes leer la primera parte del relato.

Ella tardó apenas dos minutos; los 120 segundos más largos de su vida. No paraba de repetirse que merecería la pena, y luchaba por mantener sus manos quietas, y evitar la tentación de masturbarse para calmar sus ansias.


Cuando ya empezaba a pensar que no lo conseguiría, ella apareció con un foulard en las manos. Sin mediar palabra, le cogió las muñecas y le ató las manos a la espalda, dejándole boca abajo, completamente desnudo. Se tumbó sobre él, con los pezones erectos aprisionados contra su espalda, y le ordenó masturbarla con las manos atadas, mientras ella se movía para facilitarle la tarea. Él no veía nada, tenía la cabeza contra las sábanas y sólo podía guiarse por los gemidos de placer de su amada.

Ella le mordía el cuello con fuerza, y él sentía cómo su pene erecto se endurecía más y se clavaba en su bajo vientre. La mano femenina se deslizó entre la cama y sus muslos para acariciarle el miembro, hasta que él casi no pudo retener el orgasmo que se agolpaba en su entrepierna.

"Todavía no", dijo muy seria, y le dio la vuelta para besarle, primero suavemente y cada vez con más violencia, hasta morderle el labio inferior. "Antes tienes que complacerme", le dijo mirándole a los ojos.

Continuará....


05 octubre 2011

Pasión incontrolable - Primera parte

Siempre había dejado que su pareja llevara la voz cantante en la cama, pero aquella noche, frente a la visión del cuerpo desnudo de su marido, un impulso se adueñó de ella, haciéndola sentir presa de una pasión que toda su vida recordaría como incontrolable.


Le miró a los ojos con rabia y deseo a partes iguales, con la emoción galopando en su corazón y, sin mediar palabra, le empujó y se colocó a horcajadas sobre su estómago. Él intentó replicar."¡Cállate!", respondió la amazona recién descubierta, a la vez que le ponía las manos sobre la cabeza y le obligaba a lamerle los pezones.

El placer del poder recorrió su espalda. De vez en cuando, presionaba su pecho contra la nariz y la boca de él, cortándole casi la respiración, para acto seguido arrancarle la miel de los labios con un movimiento rápido. Él, erecto y excitado como nunca, se revolvía sin mucha convicción, temiendo que ella volviera a ser la muñeca lánguida de siempre.

Su asombro creció de repente cuando ella se irguió, concediéndole una visión impresionante de su cuerpo, y mirándole a los ojos, muy seria y con un brillo especial en los ojos, le dijo: 
"Voy a buscar un pañuelo para atarte. 
No se te ocurra moverte, o no volverás a verme desnuda".

Continuará...