21 agosto 2007

Látex



El tejido se ciñe, aprisionando mis pechos, marcando los pezones erectos y dispuestos, impidiéndome los movimientos bruscos, convirtiéndome en la gata negra que deseo ser para ti.

Siento en mi entrepierna el calor del látex, alimentado por mi excitación al ver cómo me observas acercarme, golosa, taladrando tus pupilas con miradas libidinosas, prometiéndote humedades, aventurándote noches inolvidables.

Las botas dejan al descubierto mis muslos, contraste de blancos y negros sin gris, suaves como la tela que cubre mis nalgas, provocativos como mis labios, enrojecidos y brillantes de deseo.

En un susurro, grave y solemne, me pides que me acerque a cuatro patas, para subir por tus piernas hasta tu pene, para lamerlo, mirarte desde abajo y mostrarte mi escote desde tu privilegiada posición. Y obedezco, porque me gusta enardecerte, estimular tu imaginación y tu lascivia. Y te inflamas de poder, pensando que obedezco tus designios cual esclava dócil y sometida. Y no sabes que estas haciendo lo que más me gusta; ignoras que soy yo la que te guía a través de los caminos que me deleitan. Inocente, desconoces que eres mi siervo. Ahora y siempre.


16 agosto 2007

La oficina

Me empujas contra la mesa, obligándome a apoyar las manos sobre la dura superficie de madera. Te siento tras de mí, respirando con la dificultad de quien es presa del deseo feroz, caliente y cercano, mordiéndome el cuello con avidez, deslizando la lengua por mi nuca y las manos por mis muslos.

No acierto a moverme, la pasión del momento me mantiene quieta y solícita, mientras subes mi falda y dejas al descubierto mi ropa interior. Recorres con tus dedos la tela húmeda de mis braguitas, provocándome, bajándolas con suavidad, temeroso de que te diga, indignada, que pares.

Miro a mi alrededor, y no acabo de creerme que estemos en mi oficina, expuesto mi sexo ante ti, desabrochada la camisa, erectos los pezones, empapada de lujuria y perversión. No quiero gritar y ahogo mis gemidos en la sensualidad del momento, centrando mi atención en el pene que se acerca y me penetra, lentamente al principio, con violencia comedida a medida que coges confianza.

Sabes que me gusta, que me muero por dentro cada vez que la siento entrar; tienes la seguridad de que disfruto, pero pretendes oírme vociferar mi impudicia, y me agarras fuertemente de las caderas, acercas tu boca a mi oído y estallan las palabras obscenas, la reproducción de tantas escenas, vividas o no, en las que yo soy protagonista, y siento como una oleada de placer sube desde mi entrepierna hasta mi garganta y se derrama en forma de gemido, un sonido tan animal, tan cargado de lascivia, que nos conduce a un orgasmo intenso, denso, demoledor.

Al observar mi mesa y ver el teléfono descolgado, los papeles desordenados, la mancha de sudor que dejaron mis manos,... sé que nunca podré volver a trabajar sin que el sexo inunde mis sentidos.

Imagen extraída de www.angelplace.com


08 agosto 2007

Sabor a mar




En una playa cualquiera, allí donde el agua nos cubre y los bañistas escasean, me pierdo en tus ojos .

Te acercas suavemente para amarrarte a mi boca, húmeda de sal. Nuestros cuerpos se encuentran, y cubre mi desnudez tu piel ardiente.

Erectos, mis pezones provocan, juguetones e impacientes, tus caricias.

Abrazados, mis piernas rodeando tu cintura, mi dulce humedad confundiéndose con el mar.

Deseo creciente y sonriente, traviesas miradas, manos revoltosas, besos alocados y risas nerviosas.

Noto tu dureza chocando contra mi ingle y regalándote mi mirada más pícara, te bajo el bañador y retiro mis braguitas para invadirte.

Y nos mueven las olas, perdidos mis gemidos entre el salitre, y somos agua y cielo y las gaviotas que planean sobre nosotros.


31 julio 2007

Atada


Siento las cuerdas en mis muñecas, afianzándome a tu cama. Tu boca recorre mi estómago y huye para aparecer de nuevo entre mis piernas. Lames con ansia y yo, vendados los ojos, adivino tu presencia a través de tu aliento.

La humedad de mi sexo moja mis muslos y tu barbilla. Esclavo del deseo, mi cuerpo se tensa entre tus manos. Agarras con fuerza mis pezones y pasas la lengua por mis labios.

Yo me derrito entre gemidos de impaciencia...

Desapareces, alejándote de mi tacto anhelante, para aparecer de nuevo sobre mí; tu miembro duro sobre mi vientre, ávido de humedades.

Siento tu apetito latiendo en mi ombligo; desciendes y me penetras de un sólo movimiento; un grito se forma en mi garganta y escapa de mis labios, el placer es tan intenso que siento como se ensanchan mis pulmones para coger aire; mis manos no pueden tocarte, mis ojos no te ven y mi boca no alcanza a besarte; pero siento todos los rincones de mi cuerpo, cada centímetro de mi piel, cada poro, como nunca los había percibido antes.

Mis contracciones se funden con las tuyas, rodeándose, rindiéndonos al deleite de nuestros sudores. Sonrío, vencida; consagrada a un instante de pasión.


26 julio 2007

El garaje

Bajas del coche y te diriges a mí, felino y decidido, con esa mirada cargada de lujuria que me vuelve loca. Quedo a la espera de tus manos, que recorren mis muslos para liberarme del tanga y lanzarte al mar de mis muslos.

Apoyada contra el coche, sólo veo tu cabeza bajo mi falda, y sigo con la mente el recorrido de tu lengua por las cimas de mi sexo. Mi respiración se acelera y escapan de mis labios suspiros breves e incontrolados.

Miro alrededor, buscando ojos indiscretos que puedan observarnos, pero me puede la lascivia, y me abandono a la voluptuosidad de tus caricias, disfrutando de cada trozo de piel por el que deambulas.

Cuando al fin te das por satisfecho, y de nuevo frente a mí me provocas con tu mirada, y mis labios beben del sabor de mi excitación, y sabes que el vicio me ha calado en las entrañas,... Es entonces cuando me penetras, aprisionando mi espalda contra el duro acero, moviéndote con ímpetu, constante y demoledor, encerrando mis gemidos entre tus dientes, poseyéndome, sin importar el dónde, impúdico y libertino; llevándome más allá de este garaje en penumbra, más allá de la decencia; allí donde el placer se hace agua y los terremotos nos liberan.