20 noviembre 2007

El cliente



Llevé mis manos a la espalda acariciándome la cintura... suave, lentamente, cerní los dedos alrededor del cierre y lo abrí, mientras seguía moviendo mis caderas a breves centímetros de tu cara. Se te notaba, en la incomodidad que suscitaba mi cuerpo semidesnudo, que no eras cliente asiduo; ni de este ni de ningún lugar similar.

Me sujeté los pechos y dejé los tirantes se deslizaran por los hombros al ritmo de mi baile, sin dejar que los pezones asomaran por encima de mis antebrazos.

Cerré los ojos, como siempre, invadida por la música que inundaba el local e impedía cualquier contacto verbal entre bailarina y espectador. Aunque también porque me sentía débil ante miradas como la tuya, inocente y pura, una alma arrastrada al antro donde yo exhibía mi cuerpo, con la voluntad en el corazón de otra mujer, y sin embargo siempre acabáis cayendo en la red del deseo.

Cuando liberé mis pechos frente a ti pude verme reflejada en tus pupilas dilatadas, tus manos se cernieron sobre mi piel, y me miraste suplicante y lujurioso, rogando por un beso.

Una seña mía bastó para que un gorila de dos metros te sacara a empujones del local, perdida ya la voluntad que mantenía impoluta tu alma; captada la esencia del libertinaje. Otro cliente habitual.


Foto de Rafael Robas


Si os aburrís, echadle un vistazo a los resultados de las encuestas, como mínimo, son interesantes y de alguno incluso me atrevería a decir que es revelador...

13 noviembre 2007

Mirada

Me sentí desnuda al advertir tu mirada taladrándome; tus pupilas recorrían mi cuello como si un dedo se deslizase suavemente por él, erizando mi piel. No sólo notaba como si pudieras despojarme de mi ropa clavando tus ojos en mí; supe que también veías mi alma, mis dudas, y por supuesto, la leve excitación que empezaba a sentir humedeciéndome la entrepierna.

Al girarme, descubrí dos pozos oscuros, llenos de deseo y perversión, prometiendo lujurias y pasiones escondidas; ordenándome una rendición sin articular sonido; atándome las muñecas sin mover un sólo músculo.

La curiosidad, ese sentimiento diminuto que crecía en mi interior salvajemente me llevó a acercarme a ti, parándome apenas a dos centímetros de tu cuerpo, esperando sin duda tu muda aprobación; una sonrisa que iluminase tu cara y descubriese tu rostro; me encontré con una mano que se acercó a la mia y la sostuvo un segundo más de lo necesario, un nombre murmullado a media voz, un leve gesto de tu cabeza indicando la salida; tú alejándote de la multitud, esperándome en el umbral; yo siguiendo tu estela, sabiéndome perdida en la lascivia...



30 octubre 2007

Petite mort


Porque esto es exactamente lo que siento cuando decides sumegir tu lengua en mí, porque este vídeo me recuerda la visión de tus cabellos negros entre mis muslos, porque mañana es fiesta y no tengo ganas de escribir, porque, de vez en cuando, me merezco un paréntesis...



Visto en El sexo hiperbólico


22 octubre 2007

Por mi propia voluntad

Pasaste frente a mí y te sentaste en la silla vacía de mi derecha; despacio, permitiéndome observarte detenidamente; disfrutaste de la turbación que provocó el cruce de nuestras miradas cuando terminé de examinarte, y supiste que me gustabas por el rubor que asomó a mis mejillas.

En ese momento empezó un juego en el que sólo tú conocías las reglas; me deseabas, y nada iba a impedirte que me tendiera en tu cama... por mi propia voluntad. Sacaste a relucir tu sonrisa, esa que te marca un hoyuelo encantador, para provocar mi interés, mis ganas conocer el secreto de tus ojos marrones. Dos besos inocentes en la mejilla marcaron el inicio de mi caída.

Tu cuerpo se convirtió en el centro de mi espiral; podía sentir tu presencia cuando aparecías en una fiesta, llamándome, y me lanzaba desesperada en una absurda carrera hacia el breve contacto de nuestros cuerpos al acercar mi pecho al tuyo para el saludo de rigor. Mis manos fueron acostumbrándose a tocarte el antebrazo, el hombro, la rodilla; y con cada avance mi corazón se desbocaba, temerosa de tu reacción. Se alargaron las palabras de cortesía; las sonrisas se hicieron más cómplices, se multiplicaron y llenaron nuestras conversaciones. Y yo seguía sin saber que anhelabas mi cuerpo ansioso, víctima de mi propia ceguera, luchando sin saber muy bien lo que debía evitar.

La primera vez que sentí tu aliento en mi cuello creí que me derretía, un escalofrío recorrió mi columna vertebral y provocó la inmediata reacción de mi sexo; por primera vez, noté la humedad de una manera tangible y terrenal. Seguiste tu camino tras acercar tus labios a mi nuca y depositar un beso tierno y demoledor; me dejaste con ganas de más y una dulce quemazón en la piel.

En un bar rompiste mis barreras y me besaste, entrelazamos nuestras lenguas con la avidez de dos adolescentes, nuestras manos se deslizaron sobre la ropa buscando rincones vedados; te seguí a casa sumida en mi propio interior, percibiendo mi feminidad desatada, enredándonos en cada portal, buscando tus caderas con las mías, inquiriéndote erecto y febril.

Al cruzar el umbral te inmovilicé contra la pared y fui desprendiéndome de la ropa mientras mis labios recorrían tu cuerpo. Mis ojos atravesaron tus pupilas y me dirigí a tu habitación únicamente en ropa interior; sensual y lujuriosa. Segura de mi misma, me tumbé en la cama y gocé al verte acercarte; creyendo conquistarte sin saber que me tenías dónde me querías: en tu cama... por mi propia voluntad.


09 octubre 2007

Esperando

A que me acaricies, suave y turbador
o a que muerdas mis nalgas, febril y provocador.

Mi piel te espera, ansiosa
y mi boca húmeda te anhela.

Arde mi sexo,
se enardece mi deseo.

Intenso, preciso, fervoroso,
un impulso irrefrenable.

Fogosa, libidinosa, lujuriosa,
te espero
.
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Foto estraída del blog
http://tiedgirls.blogspot.com/