04 diciembre 2008

Sin actualizar

Hace mucho que no actualizo, y simplemente quería daros una explicación, aunque sé que no hace falta ;)


Como algunos de vosotros ya sabéis, estoy estudiando la licenciatura de Comunicación Audiovisual. Pues bien, antes de irme de vacaciones de Navidad tengo que entregar 4 trabajos y, además, desde ayer soy una de las actrices principales en el capítulo piloto de una serie que están montando los de 4º curso. Por lo tanto, no tengo tiempo para pensar en sexo, y mucho menos para escribir sobre él (el poco tiempo que tengo me dedico a practicarlo :P).

Espero que podáis perdonarme y tener paciencia hasta las Navidades.

Un besazo a todos

24 noviembre 2008

Ainoa

Estaba tan cerca de mí que podía notar su aliento en mis labios. Me miraba, seductora, haciendo temblar mis rodillas. Cerré los ojos y me abandoné a la sensación que me producía el deseo extendiéndose por todo mi cuerpo; el primer contacto fue casi imperceptible, apenas un roce suave que se fue intensificando; se entreabrieron nuestras bocas, saboreé la calidez de su lengua. Sus manos se deslizaron por mi cintura, treparon por mi espalda; su cuerpo se pegó al mío, abrí los ojos y pude ver su sonrisa, traviesa y lujuriosa, invitándome a descubrirla. Agarré su mano y nos alejamos de la gente.

En un rincón apartado, ella me rodeó las caderas desde atrás, y con su lengua juguetona fue recorriendo mi nuca; sus dedos serpentearon por mi vientre hasta mi pecho para pellizcar mis pezones con suavidad. Me di la vuelta, agarré su trasero con fuerza y la besé de nuevo, con furia lasciva, casi obscena; ella me correspondió lanzándome sobre la arena y sentándose a horcajadas sobre mí. Ainoa sabía, como sólo las mujeres pueden saberlo, que era la primera vez que me acostaba con una chica, lo que no fue un impedimento para que empezara a repartir besos por todo mi cuerpo.

Se deslizó sobre las mariposas de mi estómago, mientras con su mano experta subía mi falda y se sumergía en mi sexo. Gemí, sonrió, y tras unos breves instantes su lengua ya recorría mi clítoris. Aprovechando su posición, lamía mis muslos y me mordía suavemente. Yo enloquecía, conquistada por sus dedos hábiles. Se acercó a besarme y me ofreció su cuerpo.

Con la punta de los dedos, acaricié su cuello, su pecho, su vientre, rodee su ombligo y me situé tras ella antes de decidirme a masturbarla. Mi aliento en su nuca, mis pezones erectos rozando su espalda, mi mano perdida entre sus piernas en un interminable vaivén, sus gemidos contenidos, su movimiento de caderas, su piel erizada, su pelo rojo revuelto, mi ansia de mujer colmada entre sus labios, su orgasmo mojando mis dedos, nuestras miradas prendidas. No me cansé de su cuerpo ni de su sexo. El orgasmo que la sacudió no fue suficiente para saciar mi hambre de mujer ni mi deseo por aquella piel pecosa cuya diosa se había abierto a mí sin pudores.

Pero era el momento de ofrecerme, sus ojos así me lo indicaban, y lo hice mirándola a los ojos con toda la franqueza de la lujuria que ardía en mí, recostando mi espalda en la arena y esperando, observando con impaciencia cómo se acercaba. Tentadora, temblando en sus manos el ansia de recorrerme, sonriendo en sus labios la travesura gatuna, retiró rápidamente la falda que aún se replegaba en mis caderas y se estiró a mi lado, con la cascada roja de su pelo reposando sobre mi pecho. Sus dedos ágiles volaban erizándome el vello de los muslos, y sentía su aliento caliente acercándose lentamente a mis pezones, provocando aún más el deseo que nacía en lo más hondo de las entrañas. Aquello no era amor, pero se le parecía tanto que dudaba realmente que pudiera llegar a apartarme de ella.

Me abrazó hasta que empezó a amanecer. No paramos de besarnos, de amarnos, de llegar al cielo y descender para subir de nuevo como en una montaña rusa de placer desconocido.

Las gotas de sudor recorrían nuestras frentes, se deslizaban por las espaldas y se suicidaban por nuestros vientres en una fiesta de confesiones secretas. El sol interrumpió nuestras intimidades, quise yo desayunar con ella en mi habitación del hotel, se negó ella con el pretexto de unos padres inquisidores y acabamos despidiéndonos con un enlace de lenguas duradero y feroz, ante la atónita mirada de un recepcionista al que le dimos tema de excitación para mucho tiempo.

Subí al ascensor con tiempo para verla desaparecer calle abajo, para enfrentarme a una cama fría y vacía, para soñar en el verano que me quedaba por delante, lleno de promesas de sexo placentero.



05 noviembre 2008

Una cena muy especial (3ª y última parte)

Pilar resultó ser una reina exultante de energía erótica. Nuestro nada inocente juego durante el postre nos dejó con muchas ganas de seguir la fiesta en un lugar más privado. Pere y Joan, incapaces de asumir lo que sus ojos estaban viendo, no tardaron ni dos minutos en proponer un baño en la piscina del segundo, y nos dirigimos hacia allí.

Veinte minutos después estábamos Pere, Joan y yo estábamos dándonos el lote, desnudos, en el agua templada de la piscina, cuando Pilar salió de la cocina con una botella de cava y algunas copas. La miré fijamente mientras se desnudaba y dejaba al descubierto un conjunto de ropa interior de lencería que mostraba más que cubría.

No podía apartar mis ojos de su cuerpo joven y terso, era una diosa que conocía de sus encantos. Se sabía poderosa, y se sentó en una silla desde la que se dedicó a observarnos mientras se acariciaba las rodillas, los muslos, el pecho,... Se colocaba provocativamente y de vez en cuando retiraba parte de la ropa interior para dejar ver un pezón erecto, un pubis depilado y húmedo, un ombligo seductor.

No pude evitarlo, salí de la piscina y me acerqué a ella andando a gatas lo más sugestivamente posible, repté por sus piernas y me perdí en su sexo a la vez que ella se agarraba a mis cabellos como si fueran su única salvación. Subí por su cuerpo, mordí sus turgencias y me perdí en sus caderas, besé sus labios como las cerezas y olvidamos por completo a los dos hombres que nos observaban, alucinados, desde el agua.

Nos recorrimos hasta el alba, y al volver la vista alrededor nos dimos cuenta de la ausencia de nuestros machos que, cansados de nuestro juego, se habían esfumado.

Para los aficionados a la fotografía, el autor de esta es Carlo Pieroni

01 noviembre 2008

Cómo me pone


Estoy viendo la tercera temporada de "The L word", y hay que ver cómo, en unas pocas imágenes, consiguen que mi imaginación se dispare... Si queréis pasar un buen rato, os la recomiendo fervorosamente: chicas guapas, sexo libre, lios amorosos, escenas de sexo light,... ¿Qué más se puede pedir?

Aquí tenéis un enlace al trailer de la 5ª temporada (Youtube no me permite introducirlo en el blog porque es para mayores de 18 años).

Si os interesa, las 3 primeras temporadas están disponibles para bajar en español a través del emule. La 4ª y la 5ª están en inglés subtitulado.

P.P.: El lunes o el martes prometo publicar la tercera y última parte de la historia anterior.

28 octubre 2008

Una cena muy especial (2ª Parte)

Quedan 5 días para votar en los premios 20 blogs. Podeis votar mi blog aquí.
A todos los que os decidáis a hacerlo: Muchas gracias.


Esta es la segunda parte de Una cena muy especial. También está íntimamente ligada con: Sms; aunque no hace falta leerla para seguir la historia.

Podía sentir cómo el pie de Pere subía por mi pierna y me acariciaba el muslo. Me estaba excitando, y casi sin darme cuenta mi mano se dirigió a la bragueta de Joan. Pilar, mientras tanto, permanecía ajena al juego que se desarrollaba bajo la mesa, que cada vez estaba más animado.

Pere ya había alcanzado mi entrepierna y se dedicaba a rozarme levemente y a animarme con la mirada a que me acercara a Joan. A mí todo aquello me empezaba a gustar y sin darme cuenta fui perdiendo el miedo a posibles repesalias, y me decidí a meterme de lleno en los pantalones de Joan para acariciar lo que ya era una erección con todas las letras, estaba duro, caliente, y sorprendentemente suave... ¡iba depilado! Fue un placer inesperado al que me dediqué con fruición, así estuvimos hasta la llegada de los postres, en un juego continuo de manos y pies del que excluíamos a Pilar.

Para cuando llegó el postre ya estábamos todos al límite de nuestra lujuria, Pere no se parecía en nada al chico tímido y posesivo al que había conocido, Joan respiraba entrecortadamente y un rubor insólito asomaba a sus mejillas. En cuanto a mí, qué decir de mí, la lascivia me corroía, podía notar cómo la humedad de mi sexo se derramaba por mis muslos, mi mano se negaba a abandonar el objeto de mi deseo, porque tengo que admitirlo, me moría de ganas de ver y lamer aquel miembro desconocido.

La carta de los postres me inspiró una idea que me pareció deliciosa, pedí cerezas y cuando el camarero me sirvió un plato con seis o siete cerezas, cubiertas por chocolate fondant, me levanté del sofá y pedí permiso a Pere para sentarme entre él y Pilar. Asombrado, me lo consintió, cogí una de las frutas y se la ofrecí sensualmente a Pilar, ella aceptó el juego, pícara, i deslizó su lengua por el chocolate que goteaba. Se se anticipó a mis movimientos, y cogiendo la segunda pieza la acercó a mis labios y, mientras yo me acercaba por un lado a la fruta que colgaba, seductora, de sus dedos, ella se acercó por el otro lado, convirtiendo el postre en un largo, dulce y chocolateado beso.

(Continuará)