13 abril 2009

Sacrilegio


Los alrededores de la ermita están oscuros y mudos, la luna llena brilla en un cielo negro lleno de estrellas, y en el parking, en el asiento trasero de un mini, tú y yo intentamos acomodarnos y disfrutar de la noche y nuestros cuerpos. Estamos incómodos, y de repente, te quedas callado mirando hacia la puerta del santuario:

- Vamos allí dentro - me dices con mirada suplicante, refiriéndote al templo.

No lo dudo ni un momento, en el coche hace calor y no logramos sentirnos a gusto. Entre risas acalladas por besos, abrazos y sobeteos, nos acercamos a la puerta y empujamos. Nos recibe un interior adusto y un silencio sobrecogedor, pero coges mi mano y me diriges hacia el altar sin dilación en tus gestos ni miedo en tus ojos. Al llegar, me abrazas por la cintura y sumerges tu lengua en mi boca, aplacando mis temores y disparando mi lujuria. Tus dedos recorren mi espalda y se deslizan bajo mi camiseta para retirarla y besarme el pequeño lunar de mi pecho. Mis manos se agarran a tu trasero y desatan el cinturón. Gemimos, y el eco nos responde.

Sigues imparable tu camino, subes mi falda y te deshaces de mi ropa interior; me coges a pulso y me apoyas contra la mesa sagrada, penetrándome y elevándome al cielo de los mortales, el orgasmo que llena el espacio de gritos ahogados, mientras la luz de la luna se filtra por los ventanales, proyectando la sombra tenue de una cruz sobre mi espalda.

19 marzo 2009

A por mi fantasía (Parte 3 y final)


Qué electrizante me parece tu piel, la comparo con aquel jersey de lana que atraía con electricidad estática mi pelo, pero que seguía poniéndome por cómo me mirabas cuando lo llevaba al despacho. Eres tan sexy que te besaría sin parar hasta que no me quedaran fuerzas ni para suspirar, ahí sentado, tratando de mantener la compostura y la distancia, quizá planteándote con desespero carnal las mismas escenas que yo me invento: de rodillas frente a ti, bajando suavemente la cremallera que encierra tu deseo, acariciándote lentamente por encima de la ropa, sin dejar de mirarte a los ojos, paseando mi lengua por mis labios para anticiparte mi siguiente movimiento,...

Sé que no me engaño, que tras tu fachada distante se esconde la morbosidad y el anhelo, el ardiente propósito de seducirme y sumergirme en un baño de lujuria incontenida; sé que no son divagaciones, que me observas cuando crees que no te veo, que te acercas un centímetro más de lo debido, que te apetece revolverte conmigo en un mar de sudores y escalofríos,...

No puedo ir más allá, te levantas y comentas que esperas una llamada. Es la señal de alarma, la pared que interpones cuando sientes que estas demasiado cerca de la línea que deseas cruzar. Y yo, de nuevo, claudico y salgo por la puerta con una sonrisa tímida y triste en los labios. Quizá la semana que viene, cuando venga a entregarte mi próximo informe, pueda diluir esa frontera.

04 marzo 2009

A por mi fantasía (Parte 2)



No sé muy bien lo que estoy haciendo aquí; ayer por la noche, después de elevarme al cielo pensando en ti, me parecía muy buena idea acudir a tu despacho... pero nada está saliendo de acuerdo con ninguna de las situaciones que me había planteado y para las que tenía una respuesta preparada.

No sé qué decirte para que abandones tu trono más allá de la mesa y te acerques a mí, la opción de acercarme yo me parece demasiado descarada; opto por preguntarte qué opinas sobre mi último informe y, por fin, me invitas a ver algo del papel que reposa frente a ti; decido dejar mi timidez sentada en la silla y me acerco sugerente, hasta situarme a tu lado e inclinarme hasta que la camisa que cubre mis pechos se entreabra y mi brazo roce tu hombro.

Ahora puedo notar tu turbación, la piel erizada de tus antebrazos, la vacilación en elegir las palabras, y las miradas de soslayo que diriges constantemente más allá de mi cuello. Me deseas, te deseo, te imagino tomando mi mano entre las tuyas y besándome salvajemente, apartando sin delicadeza las cosas de la mesa y lanzándome sobre ella... Pero sigues ahí, incapaz de dar un paso más, como yo, atados por lazos invisibles que no podemos arrancar.

(Continuará)

16 febrero 2009

A por mi fantasía (Parte 1)


Toco a la puerta y espero impaciente a oir tu voz al otro lado permitiéndome la entrada a tu santuario.

- Pasen

Tu voz suena ardiente y madura, como siempre, cálida y provocativa; y yo, sintiendo los latidos de mi corazón acelerarse y con mil mariposas en mi estómago, agarro el pomo y empujo suavemente, deslizándome tímida y mirándote de reojo en el despacho.

- Ah, eres tú, ¿qué te trae por aquí?

Has cambiado el tono, y percibo la nueva entonación, ligeramente más suave. Sonríes y me miras sin pudor.

- Acércate, vamos, no me dirás que te asusto

A mi mente acuden todas las fantasías que he tenido sobre este encuentro, se agolpan y me sonrojan, pero ahora estoy aquí, así que te miro mientras ruego que disciernas lo que estoy pensando y te lances a mis labios.

- ¿Cómo va todo? ¿algún problema?

- No, simplemente pasaba por aquí y pensé en venir a verte...

- Me alegra verte - te levantas y te acercas a mí extendiendo tus manos hacia mis hombros, contengo la respiración, tenso los músculos e inclino la cara hacia un lado. Recuerdo aquellos sueños en que me tomabas bajo una lluvia cálida de verano, tu lengua recorriendo mi vientre y la lluvia goteando por tu espalda...

- ¿Te cuelgo la chaqueta?

- Sí, por supuesto - esbozo una mueca que pretende ser una sonrisa y dejo que me quites la chaqueta; y mientras tomamos asiento uno a cada lado de el viejo escritorio voy pensando que esto va a ser más difícil de lo que pensaba...

(Continuará)

25 enero 2009

Qué se le va a hacer


Me pones. Qué se le va a hacer si mis labios se entreabren, húmedos y palpitantes, a la espera de ese beso que sé que será desgarrador. Mi cuerpo se anticipa al calor del tuyo; le espera como agua de mayo, para que venga a calmar mi sed. No provoco esa calidez que se expande desde el epicentro de mis muslos hasta el alba cálida de mis muslos hasta el alba cálida de mis pezones erectos. Ansiosos por que los toques, apenas el roce de la camisa les desata, en mi entrepierna la embriagadora ansia de tu sexo amigo; amante. Nada puedo desear salvo tu lengua, por mi vientre y en mi boca, recorriendo suavemente mi piel ardiente y desesperada.
Eres la cara oculta de la luna próxima a desvelar su misterio entre arañazos y gemidos, en lo más profundo de mí, en el cielo de mi lecho.