06 octubre 2009

Huellas en la arena - Relato 1

Nuestro paso por la vida nunca es sigiloso, de él queda una huella impresa en la arena de la memoria ajena. Algunas huellas son profundas, podemos verlas perfectamente al mirar atrás, hundidas y rodeadas de recuerdos borrosos, disueltos ya por las olas del tiempo.

En mi orilla, se perciben las sombras de varios amantes, haciendo que a veces desee, con todas mis fuerzas, revivir las pasiones que me sacudieron en aquel instante. Pero sólo es válida la dirección que me aleja y, aunque no pueda evitar mirar con nostalgia las marcas que dejaron, es en el futuro donde espero hallar más experiencias que atesorar...

No obstante, es desde el pasado desde donde voy a escribir esta serie de relatos, independientes entre sí, y cuya única conexión soy yo...

Hace tiempo ya que no te busco tras el cristal de mi habitación; quizá porque la ventana desde la que miraba hace años que no está frente a mi cama, quizá porque la adolescencia quedó atrás hace demasiado tiempo.

Éramos jóvenes e inexpertos, no sabíamos mentir ni obsesionarnos con falsas apariencias, y nos entregábamos con fruición a los juegos eróticos que se nos ocurrían; el mar fue testigo a veces de calentones memorables, hasta aquel día definitivo, escondidos de miradas ajenas en algún rincón que ya no consigo rememorar, llegamos donde nunca nos imaginamos que llegaríamos, a la orilla del placer que todos los amantes anhelan. Recuerdo aún tu cara, el brillo de tus ojos y tus labios abiertos, jadeantes, susurrándome que era una diosa, tu diosa.

Hubo otras veces, otros lugares, pero fuimos los primeros. Memorables."

Banda sonora: "Lunas rotas" de Rosana (https://www.youtube.com/watch?v=HoJ75NojkYU)

23 septiembre 2009

Inevitable

Tenía la sensación de que me estaba metiendo en un callejón sin salida y, a pesar de todo, acepté su invitación; dejé que me descalzara y me recosté en el sofá de terciopelo negro, que me acogió como un buen amigo.

El alcohol era lo único inocente de aquella habitación; sobre la repisa de la chimenea descansaba un ejemplar del Kama Sutra; en la pared, varias litografías de carácter erótico iluminadas apenas por las velas; sobre la mesa, dos copas de vino tinto; en el equipo de música, notas suaves de un piano llenando la habitación. Me levanté, sintiendo en los pies el suave tacto de la alfombra, y cogí con delicadeza el libro, ojeándolo. Las manos de él no supieron esperar y reptaron buscando mi cintura. El libro cayó y me abrazó. Podía sentir su aliento en mi nuca.


El beso que siguió me recordó los amores de verano y los nostálgicos atardeceres de otoño. No esperó mi reacción; simplemente me tumbó allí mismo, dulcemente, y deslizó el vestido por mi vientre; hundió su lengua en mí, gemí y sus ojos se perdieron en los míos. Me dejé llevar por la tormenta de su cuerpo, moviéndome al ritmo que las olas de placer que nos imponían. Los latidos desbocados desgarraron la noche y la calma placentera vino a sentarse a nuestro lado. Dormí abrazada a su cintura y desaparecí cuando la suave luz del amanecer bañó sus párpados.

26 agosto 2009

Reflexiones

Hoy, cosa rara, estaba viendo la televisión y prestándole atención (normalmente la tengo puesta y me dedico a otras cosas) cuando una escena de la serie "Cinco hermanos" me ha llamado la atención: En resumen, una pareja que está empezando, se ve en una situación un poco tensa; al final, la comunicación fluye y ambos se confiesan que se quieren y "se importan" mucho, pero no quieren acostarse juntos, puesto que han cometido muchos errores y quieren ir despacio.

Anonadada me he quedado; no es que no me crea que hay gente que lo hace, pero me parece un tanto extraño: si alguien te importa poco te acuestas con él; es decir, te abres completamente, te quedas desnudo e "indefenso", pones en sus manos algo tan importante como tu placer; pero si la otra persona te importa, evitas algo tan sano, divertido e íntimo como el sexo. No lo entiendo....

Por cierto, ¿Son manías mías o Calista Flockhart cada día está más delgada?


09 junio 2009

Primavera

El erotismo se esconde en los sitios más insospechados: esperando en un semáforo, una persona al otro lado de la calle nos mira con una intensidad que nos estremece; la chica que toma el café en la mesa contigua se acaricia suavemente el cuello mientras lee con fruición el periódico; un chico se cruza con nosotros y su brazo nos roza; una bella mujer cruza las piernas dejando al descubierto parte de un muslo suave y bronceado; el autobús te obliga a situarte cerquísima de alguien que te parece tremendamente atractivo;...

Inevitable, parece surgir con más ímpetu en verano, cuando las chicas dejamos al descubierto nuestros hombros y escotes, mostramos las piernas y los ombligos salen a la luz. Los colores oscuros desaparecen y un mundo de colorido atrae nuestras miradas hacia los puntos más calientes de la anatomía.

Bendita primavera, cuando el calor permite deshacerse de cuellos altos y chaquetas que esconden la figura, pero todavía no es tan apremiante como para provocar molestos sudores e incomodidades. El sol acaricia suavemente y los ánimos suben por las nubes; las emociones, a flor de piel, a veces nos traicionan y nos descubrimos mirando con deseo y fijación.

Espero que lo estéis disfrutando al máximo, nos quedan cuatro meses por delante para aprovechar el buen tiempo; luego, de nuevo el frío invierno...

Siento mis largas ausencias, pero los exámenes y las clases me absorben por completo. Esperemos que en breve pueda disfrutar de unas merecidas vacaciones (aunque sólo sean ficticias).

13 abril 2009

Sacrilegio


Los alrededores de la ermita están oscuros y mudos, la luna llena brilla en un cielo negro lleno de estrellas, y en el parking, en el asiento trasero de un mini, tú y yo intentamos acomodarnos y disfrutar de la noche y nuestros cuerpos. Estamos incómodos, y de repente, te quedas callado mirando hacia la puerta del santuario:

- Vamos allí dentro - me dices con mirada suplicante, refiriéndote al templo.

No lo dudo ni un momento, en el coche hace calor y no logramos sentirnos a gusto. Entre risas acalladas por besos, abrazos y sobeteos, nos acercamos a la puerta y empujamos. Nos recibe un interior adusto y un silencio sobrecogedor, pero coges mi mano y me diriges hacia el altar sin dilación en tus gestos ni miedo en tus ojos. Al llegar, me abrazas por la cintura y sumerges tu lengua en mi boca, aplacando mis temores y disparando mi lujuria. Tus dedos recorren mi espalda y se deslizan bajo mi camiseta para retirarla y besarme el pequeño lunar de mi pecho. Mis manos se agarran a tu trasero y desatan el cinturón. Gemimos, y el eco nos responde.

Sigues imparable tu camino, subes mi falda y te deshaces de mi ropa interior; me coges a pulso y me apoyas contra la mesa sagrada, penetrándome y elevándome al cielo de los mortales, el orgasmo que llena el espacio de gritos ahogados, mientras la luz de la luna se filtra por los ventanales, proyectando la sombra tenue de una cruz sobre mi espalda.