24 octubre 2012

Mis "50 sombras"... de Grey


No puedo más que admitir que he leído la trilogía de "50 Sombras" de forma apasionada. Y creo que merece un post en este blog. Aviso: es una reseña a los tres libros de la serie "50 Sombras", así que tal vez sea más larga de lo habitual. Por otra parte, no os preocupéis, os avisaré de los spoilers (revelación de detalles sobre la novela) al principio del párrafo que los contenga, de forma que podréis pasar al siguiente sin necesidad de abandonar la lectura.

Hacía mucho tiempo que una novela erótica no levantaba tanto revuelo (podéis ver algunas de las críticas en su web). Poco podemos decir que no se sepa ya, pero haremos un breve resumen para aquellos que no están al día del fenómeno Grey (que incluye cientos de foros y páginas donde se discute cuales serían los protagonistas perfectos para la próxima versión cinematográfica de los libros).

Escrita por E.L. James, una mujer de cincuenta años, acomodada y dedicada a su familia y a su carrera hasta hace poco, esta trilogía ha sido la revelación erótica de muchas mujeres, hasta el punto de que la revista Time ha nombrado a la autora como una de las cien personas más influyentes del año.

¿A qué viene tanto escándalo? Pues bien, digamos que la parte erótica de la novela muestra unas prácticas muy poco usuales, pero que generan gran curiosidad entre todas las mujeres. Lo habéis adivinado: la dominación y el BDSM.

La historia se centra en una chica completamente inexperta (virgen), Anastasia Steele, y un joven, exitoso, altamente experimentado y guapísimo ejecutivo llamado Christian Grey. Grey no hace el amor, sino que "folla duro". Él no tiene novias con las que practica el sexo "vainilla"; él tiene sumisas. Os podéis imaginar que ante estas promesas de contraportada, me faltó tiempo para atacar con todas las ganas las casi 1.900 páginas de la trilogía.

Ahora bien, una vez sumergida y empapada de Grey, ¿merece la pena leer "50 sombras"?

23 octubre 2012

La habitación de al lado (Primera parte)

No sabría explicar lo que me ha traído frente a tu puerta. Tal vez el silencio sepulcral de la casa vacía, el saber que sólo estamos tú y yo, o puede que la mirada que he notado sobre mí cuando has llegado a casa haya sido suficiente para encender mi deseo.

Apoyo suavemente la mano en la puerta entornada y empujo despacio. Lo primero que veo es tu cama, y a ti sentado en ella, mirándome sin parpadear. De repente, me siento tímida, y bajo la mirada, iniciando un gesto de retirada, arrepentida. Pero tú no tienes intención de dejarme marchar, y con voz queda y gutural pronuncias una sola palabra:
- Acércate.

Siento un pinchazo suave en la entrepierna y me apresuro a acercarme con paso felino, notando cómo la excitación crece en mi interior cada vez que mis zapatos de tacón resuenan sobre el parqué. Cuando estoy a medio metro de ti, sin levantarte, me coges por la cintura y me sitúas frente a ti, de modo que tu nariz queda a la altura de mi ombligo.

Tus dedos reptan por mis muslos y levantan mi falda hasta arrugarla en torno a mi cintura. Mi respiración se acelera cuando me atraes un poco más hacia ti y empiezas a besarme el vientre, desde el ombligo, siguiendo la línea de mis caderas hasta las medias, sujetas por un liguero, mientras tus manos se pierden en mi trasero.

Quiero agarrarte del pelo, pero levantas la cabeza y me miras, y de nuevo tu voz, intensa y cargada de deseo, hace vibrar todas las fibras de mi ser:
- No te muevas.
Con un gesto rápido, me bajas las braguitas y pierdes tu nariz en mi sexo húmedo, gimiendo y lanzando tu lengua hacia adelante a la vez que acercas mi trasero a tu cabeza, para acariciar mi clítoris muy despacio, en círculos, mientras yo me dejo llevar por una espiral lenta y de dolorosa expectativa.

(Continuará el próximo domingo 27 por la tarde)

Fotografía de Angel Place

01 mayo 2012

Cerca de ti

Hoy me ha vuelto a pasar. Te has vuelto a colar en mis pensamientos justo cuando mi cuerpo desnudo tocaba las sábanas.

He imaginado tu aliento en mi nuca y casi he podido sentirlo, mi piel se ha erizado ante un contacto inexistente y mis pezones se han endurecido al instante. No puedo atar mi mente cuando tú te introduces así en ella, y mis manos obedecen el recuerdo de las tuyas sobre mi vientre.


Mis dedos se han deslizado como si fueran los tuyos, recorriendo mis pechos y apretándolos, subiendo hasta mis labios para humedecerse para perderse después entre mis piernas. En mi mente, yo estaba a cuatro patas y tú me susurrabas al oído lo mucho que te gustaba mi cuerpo mientras me penetrabas con fuerza. En mi cama, los sudores aumentaban y mi espalda se arqueaba.

El deseo controlaba mis movimientos, que cada vez eran más intensos y rápidos, hasta que he tenido que morderme la mano para no gritar en voz alta tu nombre y llenar de desconcierto la realidad. Con los ojos cerrados, ha sido tu mano la que se posaba sobre mi boca, y en lugar de mis dedos, era tu pene el que se movía con soltura entre mis muslos. Eran tus manos las que acariciaban mi clítoris dilatado hasta llegar al orgasmo y sumirme en un estado de trance entre la vigilia y el sueño. Más cerca de ti que nunca.

22 abril 2012

El primer beso

Tus labios se acercan a los míos, y antes de besarme ya anticipio el cosquilleo en mi lengua. Mi cuerpo te desea, y se abre a ti; se relaja para dejarse llevar. Entreabro los labios y te recibio, y si acaso opongo alguna resistencia, es sólo juguetona, traviesa, la niña que llevo dentro y que desea hacerse de rogar.

Siento cómo arde mi piel al contacto con la tuya, mientras con tu lengua te abres paso tímidamente para acariciar mi labio superior. Mis dientes toman la iniciativa y te muerdo suavemente el labio inferior. Es justo la provocación que necesitabas para apretar más tu boca contra la mía y agarrar con firmeza mi nuca. Siento cómo quieres invadirme y un escalofrío de placer me recorre la espalda y siento una contracción en mi vientre.


La humedad de nuestras bocas se traslada a mi entrepierna, y siento que ya no puedo más, que te necesito sobre y en mí. Nuestras cabezas se inclinan para acoplarse más si cabe, para acercarnos más y unirnos en ese beso que parece contener todo el deseo del mundo.

Nuestros cuerpos se aproximan, los corazones bombean con fuerza, y las manos se precipitan a la cintura, el pecho, los muslos, evitando ir demasiado deprisa hacia las zonas realmente interesantes de la anatomía. Son caricias tímidas, esas que algún día serán firmes y confiadas pero que, hoy por hoy, no son más que los primeros ensayos de la gran función final.

16 abril 2012

Chocolate

El chocolate caliente cae por mi pecho, acariciándome y encontrándose con tu lengua anhelante. Con los ojos vendados, sólo puedo intuir tu presencia, y anticipar cuál será el siguiente lugar que devorarás.

Siento tu aliento en mi cuello, la piel se me eriza y la impaciencia me carcome. Arqueo la espalda para hacerte partícipe de mi ansiedad, pero sólo consigo que te rías, juguetón. 


Me pides que abra los labios, y un chorrito de chocolate se cuela hasta mi lengua. Me besas, y la dulzura  se derrama. Abres mis piernas y te deslizas hacia mi sexo, dejando el tuyo al alcance de mi boca. Me bañas la entrepierna en chocolate y lo lames con intensidad, provocando gemidos que ahogo para no perder la concentración y disfrutar al notar cómo se tensa tu pene, tan cerca del orgasmo que tienes que pedirme que pare.

Ahora siento tu cuerpo sobre mí, y me penetras con fuerza. Me muerdes los labios chocolateados y te mueves al ritmo de mis caderas. Ardemos los dos en el fuego del deseo y el delirio. En la hoguera de uno de los placeres más antiguos.