19 febrero 2013

Bajo el sol

El sol de primavera les calentaba la piel, y el agua del lago las mecía suavemente. Ana propuso poner la sombrilla a un lado de la barca, y ambas se tumbaron debajo, completamente relajadas.

La mano de Elena se acercó suavemente a la de Ana, acariciándola, y se miraron. Casi sin darse cuenta, sus bocas estaban entrelazadas en un profundo beso, del que escaparon con las mejillas encendidas y el aliento entrecortado.

Con un gesto gatuno, Elena retiró el bikini de los pechos de Ana, dejando al descubierto sus pezones erectos y sus pequeños pero firmes senos. Besó la tersa piel y la recorrió con su lengua, perdiéndose en el dulce olor que el cuerpo desprendía. Se deslizó por el estómago, dejando un rastro de saliva junto a su ombligo, provocando que la piel se erizara.

Ana entreabrió las piernas y Elena deslizó los dedos entre sus muslos, se inclinó más y descubrió con su lengua el hinchado clítoris, el húmedo sexo palpitante, ansioso de caricias. Fue lenta como la tarde, explorando todos los rincones, sin vacilar nunca en el ritmo, y recibió el orgasmo de Ana con una sonrisa.

El beso que le dio después sabía como un trozo de cielo.

La próxima historia, el martes 26

La foto es de Fäulein, extraída de la selección de El Cultural

12 febrero 2013

Los besos, esos besos

Hoy no me apetece contaros ninguna historia. Hoy me apetece hablaros de los besos.

A veces olvidamos la importancia de los besos, y los relegamos a un segundo plano, sobre todo cuando la relación avanza y se afianza. Una auténtica lástima, porque para mí no hay nada más excitante que un beso bien dado. Es más, si un chico no besa bien, pasa directamente a la lista de los amantes desastrosos.

Imaginaos ese momento justo antes del beso, cuando vuestras bocas están tan cerca una de la otra que sentís la respiración del otro sobre vuestros labios, que se entreabren expectantes, y parece que arden por las ganas de contacto con esos otros labios tan ansiados. El acercamiento es el máximo momento de expectativa, sea rápido o lento, cuando al fin los labios se unen y las bocas se entreabren, y las lenguas juguetonas invaden suavemente la boca del otro... Tal vez os guste juguetear con los dientes, un pequeño mordisquito o un mordisco apasionado, agarrar la nuca del otro y perder los dedos en su pelo, recorrer los dientes con la punta de la lengua, retirarse cuando el beso todavía sabe dulce, antes de agotar la pasión... Todos tenemos nuestros trucos.

Recordad por un instante ese escalofrío que sentís en la columna vertebral cuando recibís un buen beso, esa punzada instantánea en el bajo vientre, esa sensualidad y sexualidad que despierta de repente y os inunda, os hace desear más y más...

Aunque siempre podemos encontrarnos con uno de esos besos que te hacen desear salir corriendo y dejarlo/a allí, con la boca abierta. Porque si algo hay que evitar es el choque de dientes, el exceso de saliva, la invasión bestial no correspondida (no hay nada más odioso que te metan la lengua hasta la garganta en un primer beso) o cubrir por completo la boca del otro (somos personas, no helados).

No sé cómo se conquista el corazón de una chica, pero os puedo asegurar que su cama se conquista a base de besos apasionados, sí, pero también bien dados.

La próxima historia, el 19 de febrero

03 febrero 2013

Burbujas

Estoy tumbada en la bañera, el agua cubriéndome hasta los pechos y las burbujas cosquilleándome en los hombros.

Te agachas fuera, sobre la mullida alfombra, junto a mi cabeza, y tus manos se hunden en el agua caliente para pellizcar mis pezones. Tus labios recorren mi nuca mojada y me muerdes el cuello.

Suspiro, me relajo y entreabro las piernas para que te abras camino hacia mi sexo, rodeas mi ombligo y tus manos juegan con mi clítoris  Tu boca se cierne sobre la mía en un beso intenso, tus dedos me penetran y la humedad de mi entrepierna se mezcla con el agua y las burbujas.

Dibujas espirales que me acercan al clímax, arqueo la espalda y mis labios te reciben ansiosos. Muerdes mi barbilla, no abandonas el ritmo, me llevas lentamente hacia la locura. Mi deseo crece y se expande en ondas que remueven el agua, estallando en gemidos que quedan atrapados en tus besos. La tensión se acumula en mis músculos, apoyo los tobillos en los laterales de la bañera para que puedas meter tus dedos más profundamente. Me vuelvo loca con tus caricias, y cuando al fin el orgasmo me atenaza la garganta, me recibes con un abrazo en el que mis convulsiones se pierden.

La próxima historia, el 12 de febrero.

Acompañado con música de Marvin Gave. La fotografía, de Angel Place

27 enero 2013

A mí merced

Tras observar un rato a las dos bellezas morenas que se le ofrecían como sumisas, se dirigió a su habitación para ponerse más cómodo. Vestido sólo con un batín, volvió al salón y se sentó en un sillón para mirar con deleite las largas piernas y las curvas generosas que esperaban, sin impaciencia notable, sus órdenes.

Se recostó, y con un gesto, les indicó que debían quitarse los vestidos. Una se deshizo de su ropa pasándola por encima de la cabeza, estirando sus brazos y mostrando sus pechos desnudos, turgentes, que temblaron al liberarse de la prisión del vestido. Quedó en bragas y con las medias ciñéndole los muslos. La otra, en cambio, deslizó los tirantes por sus hombros y dejó que la tela resbalara hasta el suelo, descubriendo un body negro de encaje, que le ceñía las caderas y rodeaba sus tetas dejando los pezones al aire, desafiantes.

La mano del hombre cogió la mano de la más desnuda y la acercó a él, obligándola a agacharse frente a él. Descubrió su sexo erecto, y le ordenó que se lo metiera en la boca. Ella inició los movimientos expertos de la felación, disfrutando de que él la agarrara por el pelo y la guiara. Él llamó a la otra chica y la hizo colocarse a horcajadas sobre el sillón, de forma que su culo casi rozaba la cabeza de su amiga y él tenía a su disposición los dos oscuros pezones que sobresalían de la ropa interior. 

Le ordenó que no se moviera, y empezó a morder con ansia aquella piel que se erizaba con su contacto. La chica abrió la boca, emitiendo gemidos que parecían pequeños gritos, y él le dio un azote. Sabía que ella entendería que no debía emitir ningún gemido, y para asegurarse, mordió todavía más fuerte. Ella respiró fuerte, pero ningún gemido escapó de sus labios entreabiertos.

Mientras notaba cómo se acercaba el orgasmo, intercalaba los azotes en las nalgas de la chica que tenía delante con los tirones de pelo a la chica que seguía arrodillada, regalándole una sesión de sexo oral impresionante. El ritmo se acrecentó poco a poco, hasta que él no quiso aguantar más y estalló sin dejar de coger la cabeza de su sumisa, y mordiendo tan fuerte el pezón de la otra chica que al momento aparecieron seis marcas rosadas de dientes.

Por supuesto, eso le excitó más que todo lo que había ocurrido hasta ese momento...

La próxima historia, el 3 de febrero

Banda Sonora Recomendada: Je t'aime... moi non plus

Fotografía de Helmut Newton

Podéis encontrar más trabajos de Helmun Newton en Artsy.net


15 enero 2013

Cena con cuatro sentidos

Espero que sepáis perdonar mi retraso de dos días en publicar :)

Estoy sentada en la mesa completamente desnuda. Sobre mis ojos siento el encaje que me impide ver, y en mi pecho, el frío acero de las cadenas que me mantienen atada a la silla con las manos inmóviles. De fondo, una música suave que cubre con sensualidad los movimientos de mis dos anfitriones.

El juego promete ser divertido, así que me relajo, aunque es por poco tiempo. Siento una presencia detrás de mí, y unas manos que acarician mis hombros, bajando lentamente y deteniéndose en mis pezones. Los pellizcos son suaves, y ahora alguien más acerca a mis labios un trozo de comida. Huelo la salsa, picante, y mis labios se entreabren.

La lengua y los labios me escuecen e intento tragar rápidamente, casi al instante, unos labios se unen a los míos y me pasan un cubito de hielo, frío, que rueda por nuestras lenguas y abandona de nuevo mi boca. El  ardor del chili no se desvanece, y el primer hombre sigue estimulando mis pezones, pero ahora mucho más fuerte, y no puedo evitar gemir con fuerza a la vez que el hielo, en manos de mi segundo anfitrión, se desliza por mi vientre y recorre mi sexo.

Echo la cabeza hacia atrás, decidida a abandonarme al placer de sus dedos fríos penetrándome, pero la boca del primero me atrapa, me muerde los labios. Gimo más fuerte y abandona mis pechos, los dedos juguetones abandonan mi entrepierna y ya no sé quién hace qué, sólo noto una lengua sobre mi clítoris y chocolate ardiendo derramándose por mi boca y por mi pecho. Lamo un pene duro que me penetra hasta la garganta, noto las corrientes del orgasmo acercándose y deteniéndose cuando él para. Me remuevo en la silla a pesar de que mi cabeza está firmemente sujeta por unas manos fuertes que me agarran el pelo de la nuca.

Algo entra en mi sexo con delicadeza. No sé lo que es, pero muevo las caderas para que entre más adentro. Siento el sabor amargo de mi amante y sus contracciones en la boca, siento sus besos y luego se coloca tras de mí para seguir masturbándome. El otro ocupa su lugar y me deja juguetear con mi lengua, a lo largo de su miembro, por su escroto, hasta que mis labios se cierran en torno a él y empiezo a moverme adelante y atrás, disfrutando al sentirle tan duro como el miembro falso que me penetra sin cesar. No tarda en dominarme la furia del orgasmo, y es tan fuerte que no soy consciente, entre gemidos y escalofríos, de que mi otro anfitrión también se ha corrido, dejándome en la lengua el sabor del sexo.

La próxima historia, el 27 de enero...

La fotografía, de Marc Lagrange